raúl ponce de león

Rigor y humor para estar en lo más alto

Veinticinco años de periodismo, veinte en radio Sarandí y al frente de un programa líder de audiencia. Debutó en radio con 40 años y se enamoró de la profesión, si bien nunca dejó de ejercer como Ingeniero Agrónomo. Informativista serio que nunca se privó de recurrir al humor y la ironía.

Raúl Ponce De León
Conduce "Informativo Sarandí" con Gabriel Pereyra y Sergio Silvestri.

“A veces me pregunto lo que hubiera pasado si se me hubiera ocurrido esto más joven”, reflexiona Rául Ponce De León (65 años). Es que este Ingeniero Agrónomo comenzó a trabajar en los medios de comunicación cuando ya tenía 40 años. “Pasadito de horno”, dijo una vez. Por aquel entonces, era parte del staff de Seragro, consultora a la que Néber Araújo se le ocurrió pedirle candidatos para armar un programa con el cual arrancar las mañanas de Nuevotiempo. Corría octubre de 1993, y Araújo y Jorge Traverso estaban iniciando una nueva aventura radial.

“En Seragro, me nominan a mí y a otros compañeros para encarar el proyecto. Así arrancamos con Agroeconomía. Mirá cómo seríamos de osados que cuando pensamos el primer programa, dijimos: ‘¿vamos a hacer una entrevista?, ¿qué pasa si entrevistamos al Presidente de la República?’. Pedimos la entrevista y a la gente de Presidencia, como tenía referencias nuestras por Seragro, le pareció interesante. Roberto Etcheverri, que era el Secretario de Prensa, se lo propuso a Luis Alberto Lacalle y el Presidente nos recibió en Suárez con el equipo de Seragro. Fue una larga nota, incluso le ganamos al programa de Néber, que venía después. Así arranqué, la primera entrevista que hice en mi vida fue al Presidente de la República”, recuerda Raúl sobre ese debut con el pie derecho del cual ya se cumplieron 25 años.

Entrevista al Primer Mandatario y trabajando nada menos que para uno de los periodistas que más admiraba. “Para mí Néber siempre fue la referencia como periodista en radio, con una voz, con un nivel de gentileza… y cuando se quería poner duro, hacía sudar a los entrevistados. En aquella época no era un entrevistador fácil, en el buen sentido. No te soltaba”, rememora. Un año y medio duró Agroeconomía, momento en que hubo una reestructura de la programación y Raúl pasó a conducir Cierre de Jornada, a las seis de la tarde.

“Ahí salimos de lo agropecuario y empezamos a abarcar otros temas, un poco impulsados por el propio Néber: economía, algo de política…”, apunta el periodista destacando lo mucho que le sirvió haber cursado Facultad de Agronomía. “Te da una formación muy amplia. En términos generales, podés hablar de sociología, de estadística, de botánica, de geología… en cantidad de materias tenés cultura general y eso en el periodismo me ayudó muchísimo, sobre todo a desarrollar el sentido común. Con sentido común y una visión analítica, si lo acompañás con trabajo de información, de estar en la coyuntura, marchás más fácil”.

Cierre de Jornada duró hasta 1997. “Néber se había ido de Nuevotiempo, ya el proyecto para nosotros no era lo mismo y nos fuimos a Sarandí, año 98”, dice sobre otra de esas paradojas de la vida. “De chiquito yo era fanático de Sarandí, pero jamás se me pasó por la cabeza que iba a terminar trabajando ahí y nada menos que durante veinte años. Son esas cosas que te da la vida, son regalos”, apunta sobre su llegada al medio en el que hoy está cumpliendo dos décadas de permanencia.

Fueron tres años de Cierre de Jornada en la nueva casa, hasta que un cambio en el diseño de la programación lo llevó a ese programa emblemático que escuchaba allá por los años 70 y 80: En vivo y en directo. “Me llaman para ver si me quería encargar del programa y lo hacemos con Daina Rodríguez. Fue un año -2001- complicado porque Sarandí decidió cambiar la antena y hubo problemas en la construcción, entonces la recepción de la radio era mala”. Los consultores chilenos contratados por la emisora decidieron entonces terminar con En vivo y en directo como programa largo y dividir la mañana en dos, dando nacimiento a El Diario Sarandí (de 6 a 9), con Raúl en el equipo, seguido de Las cosas en su sitio, que Ignacio Álvarez venía haciendo en FM Disney. “Desde el 2001 hasta ahora, en el horario de 7 a 9, me he mantenido. Más de los que quisiera”, acota el periodista entre risas.

Es que e veces lo asalta la idea del ciclo cumplido, de dejarle el lugar a la gente joven, pero confiesa que en la radio no le siguen la ocurrencia. Entonces se acuerda de los primeros pasos en el aire, cuando era un ingeniero probando hacer radio. “Los primeros tiempos eran de muchos furcios, equivocaciones… pero fuimos haciendo de tripas corazón y aprendiendo. Ahora, sé cómo manejarme y llenar los espacios, controlar la dicción y los tonos. Escucho los casetes de hace veinticinco años y me quiero matar. Pero la vida es una evolución, de eso no hay duda”, señala.

Trayectoria

Comenzó su carrera en los medios en Nuevotiempo, conduciendo "Agroeconomía" (1993). Luego llegaría "Cierre de Jornada", programa con el que pasó a radio Sarandí. Allí estuvo en "En vivo y en directo", "El Diario Sarandí" y finalmente "Informativo Sarandí". También fue colaborador de "Justicia Infinita", "Noveno Mandamiento" y "El Termómetro", e integró el suplemento El País Agropecuario, desde su creación en 1995 hasta 2012. Está jubilado como Ingeniero Agrónomo desde hace cinco años.

De los más escuchados.

El Diario Sarandí se transformó en Informativo Sarandí, programa líder de las mañanas del dial desde hace muchos años. “En algún horario le ganamos a Monte Carlo, de 7 a 9 estamos ahí. Petinatti, con Malos pensamientos, tiene de promedio 68 mil oyentes, nosotros de 8 a 9 tenemos 63 mil, así que estamos bastante pegados”, apunta con orgullo.

Informativo Sarandí se transformó en un programa masivo, nunca me había pasado en mi vida que la gente te reconozca o te escuche desde distintos ámbitos”, dice y se explaya en lo que para él son las claves del liderazgo. “Creo que la marca Sarandí es muy fuerte. A la larga o a la corta, Sarandí traspasó momentos difíciles. Se fueron Néber, Traverso, Lil Bettina Chouy… y a pesar de que el proyecto Nuevotiempo fue en su momento exitoso, Sarandí se mantuvo navegando y volvió a recuperar los niveles de audiencia. Es una marca de mucho reconocimiento, de trayectoria seria, y eso ayuda”.

Otro de los pilares es haber encontrado “la fórmula de la información descontracturada, con cierto nivel de ironía, de ida y vuelta, de discusiones que a veces son forzadas en el sentido de recrear distintas posiciones para que la gente vea la argumentación a favor o en contra de una u otra posición”, detalla sobre el cambio que generaron junto a Gerardo Sotelo. “Se hizo un crack en el estilo, en la forma, en lo coloquial, la información y el humor… se volvió masivo. Lo ves por los mensajes; te escuchan porteros, guardias de seguridad, gente en los ómnibus… hasta ahora no habíamos tenido una audiencia que abarcara todo ese segmento, que es muy importante”.

Y es algo que también se mantuvo con el ingreso de Gabriel Pereyra, que entró a Informativo Sarandí tras el alejamiento de Sotelo, luego de catorce años compartiendo los micrófonos. “Con Gabriel es otro estilo totalmente distinto. Nos llevamos bárbaro también, jamás tuvimos una discusión. A veces tenemos puntos de vista distintos sobre los temas, pero nos complementamos muy bien. Somos totalmente distintos, pero complementarios. Yo tengo un énfasis más en lo económico, en lo empresarial, que en otros temas quizás más sociales. Gabriel es un complemento fantástico en temas que yo no podría profundizar”, destaca.

El tercero del equipo es Sergio Silvestri, quien es además Gerente de Sarandí. “Con Sergio tengo una relación muy particular, nos conocemos de Nuevotiempo de hace millones de años, así que nos entendemos de memoria”, destaca Raúl y no se olvida de nombrar al resto de sus compañeros: la gente de producción, con Gabriela Casullo y Laura Rodríguez; el espacio de agro de Javier Pastoriza, con quien trabajó en el suplemento El País Agropecuario; el deporte con Federico Buysán, “que me sigue el juego de provocación”; o el estado del tiempo con Guillermo Ramis.

“Ramis es un personaje fantástico que ayuda enormemente a la audiencia. Renunció unos meses y fue un drama, por el pronóstico del tiempo y por su personalidad. Logramos convencerlo de que volviera, pero esos dos meses fueron de luto para la audiencia, la gente lo extrañaba porque lo quería matar o porque lo quería escuchar”, apunta como anécdota.

Tampoco olvida la importancia de la libertad e independencia de las que gozan para trabajar. “Jamás tuve un comentario, una presión, desde la empresa en ese sentido. Libertad absoluta los veinte años que llevo en Sarandí y eso no tiene precio”, remarca sobre un valor que también es muy apreciado por los oyentes. “La gente sabe que somos independientes. Si tenemos que pegarle al gobierno, le pegamos, y si tenemos que pegarle a la oposición, lo hacemos. Lo otro es que en el periodismo perdés las pasiones que podías tener de joven, con los cuadros de fútbol o con los partidos políticos, y ves la realidad. En todos lados hay personas buenas y malas, gente inteligente y gente burra, oportunistas y gente laboriosa y comprometida. No hay blancos y negros, hay matices y el tema es saber diferenciarlos y no jugártela por nada, no tener intereses creados. Dar una postura genuina porque vos te podés equivocar también”.

¡Renuncio!

La facilidad para moverse en terrenos como el humor y la ironía es algo que Raúl tiene también que agradecer a su participación en programas donde lo hicieron sudar bastante. Empezando por Justicia Infinita (2002, cuando iba por la 91.9), “además estaban los tres -Carlos Tanco, Gonzalo Cammarota y Salvador Banchero- y en la plenitud de su juventud”. Luego seguiría con Noveno Mandamiento (2005, RadioFutura), con el Licenciado Petinatti, “eso también me fogueó bastante. No fue un gran desempeño de audiencia, pero como experiencia fue buena. Me abrió el horizonte en áreas que yo no tenía, de la cultura, de la música”.

Aunque el “sufrimiento” mayor llegaría con El Termómetro, conducido por Gustavo Escanlar y Gustavo Fernández Insúa. “¡Eran fatales! Lo que me hacían sudar no estaba escrito. Ellos jugaban de antigobierno, de niños fatales, y yo tenía que intentar balancear, entonces era una lucha permanente. Escanlar era un tipo fantástico, un provocador, generé con él una amistad… lo sigo extrañando. Esa gente que es incisiva, cuestionadora, hace falta siempre y en periodismo cultural ni que hablar”, destaca quien confiesa que los “Gustavos” lo vencieron. “Si trabajás en el ambiente periodístico informativo no te podés desquiciar demasiado. Entonces un día fui a la gerencia de la radio, que ocupaba Ligia Almitrán, y le dije: ‘bueno, hasta acá llegué, ya no tengo más interés. Me van a desdibujar todo lo que he acumulado en veinte años’. Se había cumplido un ciclo, no daba para mucho más. Nos despedimos y me hicieron una canción de la que todavía tengo la letra”, recuerda entre risas.

Por aquel entonces ya tenía el sueño de un programa propio de música y entrevistas, algo que se ha ido disipando con el tiempo. “Ya no sé si tengo ganas de agregar algo a mi trabajo. En realidad, trato de mechar esos intereses en el informativo, poner algunos piques musicales que me gustan. A veces leo algún poema y la gente lo valora. Creo que ese proyecto ya no lo voy a llevar adelante, pero nunca lo descarto”, afirma demostrando que no es un tema cerrado.

A otra cosa.

Es verdad que no lo dejan pensar en el retiro, su mujer entre muchos porque “sabe que soy muy ansioso, que tengo mucha energía y que en casa soy un peligro”, pero de todas formas Raúl consiguió este año tener que ir a la radio solo en las mañanas. De tarde trabaja desde su casa, en un apartamento con una vista envidiable sobre la rambla de Palermo.

Ya jubilado de Ingeniero Agrónomo (hace cinco años) y con más horas en casa, dispone de tiempo para otras cosas. “Al cine dejé de ir porque no soporto la gente que hace ruido, que atiende el celular, que come pop. Compré un televisor más grande y trato de manejarme con el streaming. Veo series, las más reconocidas las he visto. Me manejo bastante bien con la tecnología, armo todas las cosas electrónicas en mi casa y soy un enamorado de la inclusión financiera”, cuenta quien nunca dejó de hacer gimnasia en la Asociación Cristiana de Jóvenes.

Tiene dos hijos de su primer matrimonio: Mariana, Licenciada en Ciencias de la Comunicación y egresada de Bellas Artes, que es artista y vive en La Pedrera, y Miguel, biólogo y con un muy buen trabajo en Barcelona. A ellos se suma el periodista deportivo Marcos Silva (13 a 0), hijo de su actual esposa, con la que está hace 28 años, y al que Raúl considera su tercer hijo porque lo crió desde que tenía cinco años. “Según mi mujer, es el más parecido a mí” (risas).

Su esposa se jubila el año que viene y allí decidirán qué hacer. Sabe que 2019 no será el año para dejar el periodismo porque es año electoral y, para un periodista político, eso es como el Mundial para los periodistas deportivos. “Así que hasta marzo del 2020 seguro voy a estar en Sarandí. Después veré”, anuncia.

Le gustaría irse a vivir a Punta del Este o al campo, pero duda que eso ocurra porque a su mujer le gusta mucho Montevideo, tener todo cerca. Hincha de Nacional, reconoce que el fútbol ya no lo entusiasma como antes. “Seguí mucho tiempo a Nacional, fui muchos años al Estadio, pero ahora voy poco. Me gusta el Barcelona y poca cosa más”, explica quien también recurre a la imagen del equipo español para definir su presente en Radio Sarandí y justificar que el retiro no es un tema que lo apremie.

“No me puedo quejar, estoy en una radio líder, en un programa que anda muy bien, con un equipo fantástico. Sarandí por lo general se caracterizó por conformar ambientes de trabajo muy estables, nunca se generó mala onda, entonces es muy fácil trabajar así. En lo personal, es como estar en el Barcelona desde hace veinte años. La verdad que soy un privilegiado, hago lo que me gusta”, concluye quien se sabe seguro de haber tomado las mejores decisiones, no importa si fue más tarde o más temprano de lo habitual.

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