Por: Miguel Bardesio
La gran campaña uruguaya en Sudáfrica hizo saltar la venta de banderas, gorros, camisetas, elevó la tasa de alegría nacional y el volumen de los bocinazos. Pero para Alberto Sonsol, relator, periodista, el desempeño celeste provocó algo más: "Los periodistas deportivos somos ahora como vedettes. En estos momentos de euforia generalizada, la gente nos sigue más y nos refrescan cada cosa que dijimos antes", asegura con la voz castigada por los gritos celestes.
De hecho, Sonsol no preveía para nada que Uruguay trepara hasta tan alto y peleara hoy por el tercer puesto del Mundial. "Pero nadie imaginaba. Ni el maestro Tabárez ni los jugadores creían que llegarían hasta ahí", dice el relator que tras la partida de Julio Ríos, tomó el micrófono para narrar en Sport 890.
Sonsol, además, se hace más visible porque en tiempos mundialistas le tocó relatar en Canal 12 varios partidos del campeonato. "Estoy a full, creo que en ningún momento de mi carrera tuve tanto trabajo", completa. El resto del trabajo: conduce de La hora de los deportes, ya un clásico dominical y participa en ciclos de VTV como Sin límite y K-pos.
En una pausa previa al comienzo de La hora, Sonsol recibió a Sábado Show y cuenta cómo vive estos momentos de euforia mundial.
-¿Cuándo descansa Sonsol?
-Estos días muy poco. Coincide con que muchísimos periodistas de primer nivel se han ido al Mundial y yo por diferentes motivos, me he quedado. Entonces surge lo de Canal 12, lo de la radio Sport, La hora de los deportes de siempre y además, el basquetbol. Por eso la voz está como está. Pero estoy muy contento.
-Es su segunda etapa como relator en Sport 890, ¿por qué se fue en aquel momento y por qué vuelve ahora?
-Julio Ríos, que era el relator, tuvo una diferencia con la radio y entré yo. Pasó exactamente al revés hace cuatro años. Yo tuve una diferencia con la radio en aquel momento, me fui y entró Julio. Esto no disminuye a Julio, ni me eleva a mí. Tengo una buena relación con él, como con la mayoría de los colegas. La vida es así, y la vida del periodista deportivo es muy así, muy inestable. Un día estamos en un lado, al otro nos toca en otro y después, volvemos...
-¿Extrañaba el relato de fútbol?
-Sí, pero no era con locura porque tenía el relato de básquetbol. El deseo de relatar lo sacaba por ahí. Pero el fútbol es otra cosa. Claro que de ninguna manera me iba a imaginar que iba a volver con Uruguay entre los cuatro mejores del mundo. Uno puede imaginarse cosas, pero esto no estaba en los planes de nadie.
-Salvo de Sergio Gorzy...
-Sí, pero no desde lo periodístico, lo analítico, sino desde otra faceta. Él es así: menos analítico, mucho más pasional, pero es un personaje que yo respeto, acepto y admiro. Me encanta que hoy la cosa se esté dando como él decía.
-En La hora... nunca coinciden...
-A Sergio lo conozco hace 40 años. Y una vez que incursionamos en el periodismo, cada uno con su forma, con su pensamiento, fueron más las veces que opinamos distinto que las compartimos. Por eso, cuando coincidimos siempre decimos que hay algo que está mal.
-¿Nunca ese enfrentamiento se transformó en bronca de verdad?
-El periodismo deportivo lo que tiene es eso: cada uno honestamente da una opinión y después los hechos te dejan hablando solo o te dan la razón. A mi me gusta el periodismo jugado, de opinión, aventurarse a lo que pueda pasar en los partidos, contra un rival o contra el otro. Y yo creo que la gente espera mucho eso. Pensamos lo mismo con varios compañeros y tal vez por eso sea que uno siente que la gente te escucha, te sigue. Podremos estar en las antípodas. Pero, si vos tenés una opinión yo te la respeto, pero lo que no me sirve es que no tengas opinión.
-¿Cómo fue relatar estos partidos finales de Uruguay?
-Todos los partidos tienen un encanto. Ya Uruguay-Corea fue una cosa loca, porque cuando empató Corea todos pensábamos que venía el segundo y de repente, impulsado por una fuerza que no se sabe de dónde vino, el equipo sale y encuentra ese segundo gol. Lo de Ghana tiene ribetes cinematográficos. Ni Hitchcock se hubiera imaginado escribir esto, porque no es normal. Siempre a Uruguay le pasan estas cosas. En el mundial de 2002, perdíamos 3 a 0 con Senegal en el primer tiempo, empatamos 3 a 3 y casi en la hora se dio aquel cabezazo del Chengue… y aquella vez el desenlace no fue feliz y nos fuimos. Esta vez se nos dio.
-¿Siempre quiso ser relator?
-Sí, yo relataba siempre, bobeando de botija. Pero nunca se había dado esa veta en mi vida, hasta que un día se abrió una puerta en el basquetbol. La primera experiencia fue muy chica en Emisora Ciudad de Montevideo, CX 42, como integrante de un equipo. Después estuve en Radio Centenario, ya con un equipo mío. Y uno siempre necesita que le den una mano. A mi me la dio (Alberto) Kesman para entrar a Universal. Y en La Hora de los Deportes, en Radio Sport, Sergio Gorzy y Pedro Abuchalja han sido muy importantes. Pero así mismo yo creo haber cedido muchas postas y le di manos a Rodrigo Romano, a Diego Jokas, muchachos que han mostrado sus cualidades y hoy son lo que son. Y a mí me pone loco de la vida.
-En los tiempos en que no relató, ¿a quién escuchabas?
-Y los escuchaba a todos, para ver qué hacían. Pero si tengo que sacarme el sombrero con uno hoy es con Kesman. Por el carisma, por la trayectoria, por todo.
-¿Después de un partido como el del otro día, cómo bajás a tierra?
-Cuesta. Lo de estos días es incomparable. Nunca me pasó algo así, he relatado partidos de fútbol y básquetbol que fueron locura, pero esto no es normal. La gente en la calle, sin diferencias, sin banderas... Y me está pasando algo ahora que es que llego a casa y están mis hijos. Micaela, que tiene 11 años y no es muy futbolera, pero me acompaña y quiere ir a la rambla a festejar y se pone loca. Mi hijo más grande, Diego, ya tiene 21 y lo analiza de otra manera. Esto de compartirlo con mis hijos es otra cosa. Al margen de mis amigos que me llaman o lo que sea. Eso es alimentar el ego. Pero lo de los hijos alimenta el alma.
-Hace 17 años que integrá La Hora de los deportes, ¿se imagina un domingo sin el programa?
-Feísimo. Es la noche del domingo, es una cosa muy difícil de explicar. A mí el periodismo deportivo me saca de tal manera, que es casi una terapia. Tanto sea para ir a una cancha de básquetbol, de fútbol, al estadio, a la radio, al canal… me saca de mi vida, de la realidad por el tiempo que estoy en eso. Después aterrizo y vuelvo. Y sobre el programa puntual, creo que nosotros hacemos el programa que la gente quiere ver. Porque a esa hora del domingo ya pasó todo: los goles ya los viste, las repercusiones, todo. Y nosotros ¿qué damos? Opinión. Y tipos muy heterogéneos, muy sanguíneos, pero muy honestos.
-¿Y nunca se va enojado?
-A veces se pone espeso. Pero creo que todos sabemos que es parte del show. Lo que yo puedo afirmar es que acá no hay nada guionado, yo digo "buenas noches" y el programa dispara para el lado que sea.
-Te ha tocado relatar para TV, ¿cuál es la diferencia con la radio?
-Es otra cosa, pero uno lo va manejando ahí, mientras ocurre el partido. Fue una experiencia nueva para mí, pero todos en Canal 12 me trataron de novela, desde las autoridades hasta los compañeros, José Carlos (Álvarez de Ron), Damián (Herrera), todos. Me siento muy cómodo, muy bien.