Romina Peppers

De La raza y la moda

Su nombre verdadero es Romina Di Bartolomeo, pero su gusto por los Red Hot Chili Peppers le ha cambiado el apellido. Lleva 10 años en la moda, un rubro en el que comenzó casi sin querer y gracias a su altura y presencia.

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Romina Peppers. Foto: Santiago Colinet.

También estudiante universitaria de sociología y dedicada sobre todo a desfilar, Romina (24 años) confiesa que ha llegado el momento de irse del país y apuesta al nacimiento de oportunidades fuera de fronteras. Reconoce que por su condición de modelo afro, muy pocas marcas la eligen para sus campañas.

—¿En qué momento de tu vida decidiste ser modelo?

—No sé si lo decidí en algún momento. Siempre me decían, por la altura y por mi físico, que podría ser modelo. Yo quería convertirme atleta en realidad. Pero en el liceo me hice amiga de una chica que ya trabajaba como modelo y un día la acompañé a un desfile. Cuando terminó se acercó Katherine Gonçalves y me dijo que había un desfile y necesitaban a una chica afro. Yo tenía 14 años y ahí empecé a trabajar. Siempre en el palo de la alta costura.

—¿Cómo definirías tu camino en la moda? ¿Ha sido más difícil por ser una mujer afrodescendiente?

—Sí, claro. Antes que nada, me siento súperagradecida por el reconocimiento que estoy teniendo, sobre todo en el último tiempo. En su momento entré medio de casualidad, llamó mucho la atención mi presencia, mi altura y mi edad. Yo estaba en el liceo en ese momento y luego comencé a tomarlo más en serio. Ahora me siento en un punto reconocida pero al mismo tiempo ya tomé la decisión de partir.

—¿Por qué?

—Por una cuestión económica. No se puede vivir de la moda en Uruguay. Y mucho difícil para una chica afro como yo.

—¿Tenés otro trabajo?

—Sí, tenía en realidad. Renuncié. Trabajaba en una oficina. Ahora necesito adquirir la experiencia de vivir de la moda y ver si funciono en el exterior, si me perfil gusta.

—Hace poco fuiste la cara de Moweek, ¿fue ese tu trabajo más importante?

—A nivel popular sí. La verdad es que yo soy una modelo que tiene mucha visibilidad en redes sociales, que le hacen notas y llamo la atención de los medios, pero no trabajo prácticamente. Para las campañas, las marcas eligen otro perfil de modelo.

—¿Qué otro perfil?

—Blancas. Las modelos afro en Uruguay somos cuatro o cinco, pero no nos eligen. Las que más trabajan encajan en un estereotipo como de aceptación para el común de la gente. A veces a las personas que trabajamos en moda nos parece impresionante una cara, pero para el común de las personas es fea. A mí me han llegado comentarios de que tengo cara de hombre. Puede ser que tenga algún rasgo masculino, depende de la foto que me saque. Un gran modelo uruguaya como Pía Bongoll, por ejemplo, también tiene rasgos masculinos y eso es lo llamativo de ella. Tampoco yo he hecho mucha gráfica. La última tapa de revista fue en el año 2009.

—¿Eso determina tu decisión de irte?

—Sí. Tampoco quiero ser modelo por mucho tiempo más y siento que es el momento de irme y ver qué pasa conmigo en el exterior. En Uruguay no soy muy optimista, a menos que me vaya muy bien afuera y eso cambiaría las cosas. Pero en realidad, las modelos afro no se toman en cuenta para las campañas, que es la actividad principal de las modelos. Para desfiles siempre me tienen en cuenta porque se necesitan chicas altas, pero de desfilar no se puede vivir. Es muy poco lo que se percibe económicamente.

—También eres estudiante de sociología en la Facultad de Ciencias Sociales, ¿vas a seguir esa carrera?

—Sí. También me interesa mucho la música y escribir. Es mi hobbie y escribo todo el tiempo. Me encantaría explorar esas facetas, en especial del guión y con humor.

—Crees que esa condición de estudiante universitaria y en un área humanista, ¿también te ha cerrado puertas en la moda?

—Puede ser. En realidad en la Facultad soy sapo de otro pozo por ser modelo y en el ambiente de la moda por ser estudiante de ciencias sociales. Eso va conmigo en cualquiera de los dos ámbitos. Mi forma de ser puede también complicar las cosas en el trabajo: las modelos suelen ser un poco neutras en la opinión y yo soy más bien arriesgada por ciertas convicciones. Generalmente, las modelos provienen de hogares de clase alta y puede que estén en una comodidad no solo económica, sino de pensamiento.

—¿No es tu situación?

—No, nada que ver. Mi familia es de clase media. Mi mamá es enfermera y mi papá vive en Estados Unidos; se fue en el momento de la crisis. Soy hija única y siempre tuve que trabajar en paralelo a la moda.

—Acabas de renunciar, según has dicho, ¿cuáles es tu proyecto?

—He tendido redes y espero que se concrete alguna posibilidad en el exterior. Aparte de ser modelo, soy una ciudadana uruguaya de 24 años que mi aspiración es independizarme. Estoy poniendo todas las esperanzas en esa posibilidad. Espero que sea pronto.

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