SE VIENE "THE WALL"

Rafa Cotelo, el conductor del juego

El comunicador estará al frente de The Wall, la nueva apuesta de juegos de Canal 10. Los capítulos ya se grabaron en Brasil, en los mismos estudios donde se produjeron las versiones para toda América Latina. Rafa Cotelo habla de la experiencia de estar al frente de un ciclo auge en el mundo.

Rafa Cotelo conduce "The Wall". Se estrena en breve.
Rafa Cotelo conduce "The Wall". Se estrena en breve.

The Wall implica tu estreno como conductor de programas de juegos, ¿cómo resultó la experiencia?

—Divina. De aprendizaje extremo, concentrado y adrenalínico. Casi que no te da el tiempo de absorber todo lo que estás aprendiendo y cómo tenés que funcionar. Para mí es un rol absolutamente nuevo porque si bien me ha tocado conducir programas, este es un rol más de presentador y de ir llevando el juego. Al mismo tiempo busqué una impronta de cercanía con los participantes porque imaginaba que si me habían elegido no era para darle un toque formal o distante.

—¿Cuál es la relación del conductor con las parejas participantes?

—Para mí la empatía es inevitable. Los programas se grabaron en San Pablo (Brasil) y convivimos toda una semana con las parejas. Todos llegaban con un objetivo y luego con el programa, en la montaña rusa de emociones que implica el juego, estaba desesperado para que ganen. Pero lo cierto es que no podés hacer nada. Al punto de que nadie sabe nada de lo que pasó hasta el instante final, ni ellos, ni yo o los televidentes.

—¿En que consiste el juego?

—Es un programa de preguntas y respuestas. El componente de conocimiento es importante, pero también se necesita de una cuota de estrategia y de suerte. Hay tres tipos de pelotas: verdes que suman dinero, rojas que lo restan y blancas que son las preguntas y que se transforman en verdes o rojas según se haya respondido bien o mal. Las pelotas caen desde la pared que tiene más 12 metros hacia los casilleros que marcan diferentes cifras que se van sumando o restando. Pero en un momento, la pareja de participantes se separa: uno queda en el muro y el otro aislado en una cabina. No ve ni escucha nada y es él quien tiene que responder las preguntas. No sabe si acierta o se equivoca o si las pelotas sumaron poco o mucho dinero. Luego de una serie de preguntas, la producción le propone un contrato para asegurarle determinado dinero estimado. Si lo acepta, se lo lleva y si no, queda a expensas de lo que se marque en el muro, que puede ser más o menos. Cuando se reencuentran los participantes, se produce el desenlace y saben si hicieron lo más conveniente o no. Pasa de todo: es un juego cargado de adrenalina.

—¿Qué sentiste cuando te convocaron para el formato?

—Lo tomé con mucha alegría y con nerviosismo. Yo soy un convencido de que no tengo ningún talento o don especial. Pero eso lo he intentado disimular con capacidad de laburo. Para todo le meto muchas horas. Es lo único que sé hacer. Y así fue. Capaz que se lo daban a Piñe o a Diego (González) y lo sacan al toque. Yo miré todo lo que había You Tube, leí todas las indicaciones, hice resúmenes, tuve mil devoluciones con el productor general y fui a San Pablo varias veces, donde vi cómo grababa Marley la versión Argentina. No sé si salió bien, pero yo le metí todo de mí.

—¿Cómo te sentías en el primer día de grabación?

—Asustado. Estaba nervioso. Igual creo que me vino bien todo lo que estudié y que hicimos un piloto el día antes. Porque la propia dinámica del juego y la ansiedad te llevan a una sobre excitación que yo quiero empezar a ver ahora cuando se emitan los programas. Quiero ver si no salí un par de decibeles más arriba de lo que hubiese deseado y corregirlo para los próximos capítulos.

—¿No has visto nada entonces?

—Avances pero mínimos. Seguramente haremos un asado en casa en el estreno.

—¿Hablaste con colegas que tienen experiencias en este tipo de programas?

—Sí, con El Piñe sobre todo. Justo el día antes de viajar para grabar tuvimos un asado. Veníamos hablando del programa y en un momento me dijo: "Bo, Rafa, ¿cómo estás con el programa?". "Renervioso", le respondí. "¿No te enojás si te doy un par de piques que a mí me ayudaron y te pondrían venir bien?". Y me dijo tres o cuatro cosas que fueron tal cual. Me sirvió mucho la experiencia de un tipo que viene haciéndolo hace años y encima amigo y generoso.

—¿Con qué tenían que ver esos piques?

—Con algunos recursos a la hora de presentar los distintos momentos y los resultados. Tener un latiguillo o saber qué decir en esos momentos te ordena y es fundamental en este tipo de programas. O la importancia de tener visible las cifras para repasarlas en cualquier momento. Ese tipo de cosas.

—Las grabaciones duraron varios días en San Pablo. ¿Cómo era la dinámica?

—Muy intensa. Hacíamos tres programas por día. Pero nos sentimos muy cómodos y un mundo súper profesional. Endemol tiene el formato muy digerido. Hubo cosas que sorprendieron: por ejemplo, yo tenía un camarín privado con catering especial. Les agradecí pero les dije que no, que iba a comer con mis compañeros. No es falsa modestia, simplemente nosotros trabajamos de otra forma. Pero claro, en ese estudio grabó Argentina, Brasil, México, Estados Unidos...

—Como televidente, ¿te gusta este tipo de programas?

—Sí, me gusta. Me cuelgo a responder. A Escape perfecto he ido a jugar varias veces en la versión de famosos. Es muy entretenido. Salven el millón también me encanta y tiene esa tensión de tener el dinero y cómo buscan la forma de no perderlo. Y me fascina Ahora caigo. Me parece que Arturo (Valls) es un cráck y el mejor trabajo del mundo es el de pulsador en ese programa para que caigan los participantes.

—Juana, tu hija menor, tiene un año, ¿cómo te lleva la paternidad de tres?

—Estamos muy contentos. Juana es divina y muy pegada a la madre, porque es la que mayoritariamente está en casa. Igual, ahora Ana Laura (Romano, su pareja) vuelve a la actividad en el programa Después vemos (TV Ciudad) y en la noche, la niña está mano a mano conmigo. A veces vienen las hermanas (Clara y Ema) y ayudan. Pasamos bárbaro.

—¿Cómo definirías este comienzo de año a nivel profesional?

—Muy bueno. Dejar La mañana en casa, en acuerdo con el canal, me ayudó a ordenarme mucho. Vengo temprano para la radio porque además del programa (La mesa de los galanes) hago cosas para la radio. Estamos muy contentos y la experiencia de Del Sol ha sido muy gratificante.

—¿Qué te pareció el carnaval 2018?

—Vi muy poco. Algo de los Saltimbanquis, de Patos Cabreros y poca cosa más. Estuve con otras cosas y ojalá el año que viene pueda salir. Hace dos años que tengo ganas de volver. Agarrate Catalina capaz que regresa al concurso. Veremos. Hace unos días fui al tablado con las nenas y ellas me dijeron: "Nos gustaría que vuelvas a salir". Siempre su pedido era al revés así que quedé medio helado. El problema para el carnaval es el tiempo. Son muchos meses de ensayo, de meterle horas. Veremos si se da para el 2019.

—Vas a ir a Rusia, ¿cuál será tu función?

—Muchas funciones. Voy a estar por el canal, por el programa Por la camiseta y también por la radio. Ya estuvimos con el sorteo en diciembre. También estoy a cargo de la producción del equipo que viaja por Del Sol y está bravo el alojamiento, por conseguir y por lo caro. Estaba resuelto hasta la semana pasada pero el ruso dueño de los apartamentos no nos quería firmar un contrato y se complicó.

—No sé si es un prejuicio pero a priori, uno piensa que un ruso no es de fiar en este tipo de asunto...

—Es así. Por definición, son complicados para la plata. Pero va a salir.

—Estuviste en Rusia para el sorteo, ¿qué impresión te dio?

—El problema es que estuve cuando había 15 grados bajo cero. Estuvimos 10 días congelados. Es inhumano el frío. No podés estar afuera más de 20 minutos. La mayoría de los programas que nosotros hacemos son de exteriores y era cruel. En verano, supongo que va a cambiar radicalmente. Es un país hermoso y con el Mundial va a estar divino. Ojalá nos vaya bien.

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