MATÍAS SINGER, DE LA MÚSICA AL CINE

Todo queda en familia

El hermano menor de Daniel Hendler es uno de los rostros más interesantes de la música y del cine local.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Matías Singer

Matías Singer dice que creció viendo mentir a su hermano mayor, Daniel Hendler. Cada vez que iba al teatro lo veía manipular algunos de sus gestos más propios a disposición de los personajes que le tocaba interpretar. Matías además es músico, y cree que su papel al frente de la banda Los Nuevos Creyentes tiene mucho de actuación.
Ahora, es una de las caras nuevas del cine, donde asumió distintos roles en un tipo de comedia más bien incómoda. Integró el elenco de la serie Piso 8 y de la película La deriva. Y Hendler lo convocó para Norberto apenas tarde, la serie Guía 19172 y El candidato, que acaba de estrenarse.

—¿La carrera de tu hermano te motivó a lanzarte a la actuación?

—Esa fue una de las cosas que me motivó. Desde muy pendejo iba a ver a mi hermano a obras de teatro, cuando tendría unos 6 años, entonces era tener a un actor en casa. Eso generó que todo se fuera dando de forma bastante natural. Yo estudié cine y cuando se filmaban los cortos de egreso siempre me terminaban eligiendo para actuar, hasta que alguien vio uno de esos cortos y me llamó para la serie Piso 8.

—¿Y qué pasó luego de esa experiencia?

—A partir de ahí empecé a ver la actuación como un trabajo buenísimo, porque me re divertía y ganaba plata. Eso hasta me tranquilizó, porque me estaba pasando que no me encontraba mucho en el cine: no era como mis compañeros que iban eligiendo entre dirección de arte, dirección, fotografía. Me di cuenta de que lo que realmente me gustaba era actuar. Entonces ahí sí, influyó eso de haber crecido con un actor en casa.

—¿En qué sentido?

—Es que actuar tiene algo de mentir y de usar cosas tuyas, de ser medio chanta, y yo eso se lo veo a mi hermano desde que somos chicos, veo qué cosas aplica de sus gestos para actuar. Creo que desde un lugar inconsciente chupé todo eso.

—¿Vos hacés lo mismo?

—Supongo que sí. Unos años atrás le pregunté a Daniel a qué escuela de teatro me convenía ir y me dijo que a ninguna, que así estaba bien. Me inculcó el trabajar desde uno, con tus herramientas, con tu propio lenguaje y adaptar todo eso al personaje que te toque.

—¿Tenés algún problema con verte luego en la pantalla?

—En absoluto, me re gusta.

—También sos músico, dijiste que estar al frente de una banda tiene mucho de actuar.

—Para mí es muy parecido porque hay una exposición. Creo que el mérito más grande de todo esto es dejar la vergüenza de lado. Tengo la sensación de que si eso pasa, de que si te olvidás del qué dirán, cualquiera puede cantar y cualquiera puede actuar. Ese es el trabajo que hay que hacer, porque todos tenemos cosas que nos pasan por adentro como para sacar hacia afuera y generar expresiones artísticas.

—Así que hay que liberarse.

—Hay que sacarse el ropaje del ego, que es una armadura pesada.

—A lo largo de los años tuviste varios proyectos musicales, ¿te parece que comenzar a actuar te mejoró como músico?

—Sí, puede ser. Hubo un momento en que tocaba bastante solo y me fui a Buenos Aires para hacer un taller que trabajaba sobre el ego, la vergüenza, tu físico y quedé hecho una lechuguita, súper fresco, no me importaba nada. Entonces, entre tema y tema, que eran más bien melancólicos, hacía stand up. Dejé de hacerlo porque no tenía nada que ver el drama de las canciones con los chistes de los entre tiempos y el público se confundía. Pero, lo que quedó es que me sigo sintiendo muy relajado en el escenario.

—Últimamente también te hiciste cargo de algunas bandas sonoras.

—La primera vez fue para la serie Guía 19172 y a raíz de eso Daniel me pidió que hiciera la de El candidato. Terminó el rodaje, volví a casa y empecé a componer como loco porque estaba copado con hacer música para una película. Se la mostré a Dani, eran 10 temas. Le gustó, pero me dijo que era muy roquero, que no era lo que quería, así que volví a empezar.

SABER MÁS

Nuevos personajes

Está en medio del rodaje de la ópera prima de Juani Monteverdi, una ficción en la que vuelve a compartir elenco con Chiara Hourcade, “pero esta vez somos unos novios terribles y violentos”, anticipa. Además, filmó junto a Daniel Hendler y su cuñada Ana Katz una participación en la serie La división, “queda todo en familia”, dice.

—La película juega con una energía de posible emboscada y el espectador no sabe si está a punto de pasar algo terrible o no, ¿cómo encaraste la música?

—No podía darle el uso típico porque la música no podía quemar nada, tenía que estar en un punto medio y como en la película hay cosas que se van tejiendo por lo bajo, usamos justamente muchos bajos, e instrumentos de madera, alguna percusión, guitarras acústicas, contrabajos, piano, sonidos que tuvieran que ver con la casa enorme y de madera en la que vive el personaje. En realidad hice como tres bandas sonoras distintas.

—¿Fue difícil conformar a tu hermano?

—Muy difícil.

—¿Y actuando?

—Es que él sabe lo que me puede sacar a mí, y yo no puedo hacerlo a medias porque me dice: "eso no". Me exige abundante. Yo noto que conmigo y con Ana (Katz, actriz, cineasta y pareja de Hendler) se pone más tenso en el set, y más intenso. A veces la he llegado a pasar mínimamente mal.

—Cosas de hermanos.

—Claro, porque a un actor cualquiera le puede repetir dos veces la consigna y está todo bien, pero a mí se me acerca al oído y me dice "encará porque no te creo nada".

—¿Y vos?

—Yo me re caliento, pero después me doy cuenta de que tiene razón.

—Tenés un personaje importante en El candidato, ¿cómo lo encaraste?

—Yo lo que hice fue tomar mi costado inocentón: mi personaje es un diseñador gráfico que no sabe bien qué está pasando ahí, por eso mi punto de vista es el del espectador, preguntándose quién es el bueno y quién es el malo. Para mi personaje era una oportunidad trabajar ahí y para mí también, porque mis compañeros de elenco son unas bestias, sobre todo Roberto Suárez, con el que tenía que concentrarme para no reírme y arruinar la escena. Y estar en esa estancia, con su inmensidad, en esa mesa de roble enorme en la que tenía que sentarme para algunas escenas me llevaron a estar completamente convencido de estar viviendo la realidad que plantea la película.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)