¿Qué hay de nuevo?

2008-03-15 00:00:00 300x300

En Córdoba: B. Laitano y M. Solomita

Patinar es un vicio. Por lo general, en Europa se comienza a patinar a la edad de 4 años. No es un deporte popular ni fácil: o se hace por diversión o para competir, no hay término medio. Hacía falta tener esto claro cuando, una vez terminado el espectáculo, SÁBADO SHOW observó a los patinadores de cerca y descubrió que en su gran mayoría no superaban los 20 años. "Empecé a patinar cuando tenía 14, pero como era vieja, tuve que entrenarme sola. Practiqué todos los días, varias horas por día, hasta cumplir los 18 años y presentarme a la prueba de Holiday on Ice", comentó Isolte. Francesa, 20 años de edad y dos de gira. Es uno de los personajes esenciales de la obra, en la que tiene que trabajar con un disfraz caluroso y unas patas enormes que envuelven los patines y no le permiten tener una gran movilidad. Su trabajo se basa en gesticular con el cuerpo y seguir al pie de la letra la narración de la historia, aunque esté en español y ella sólo sepa decir pocas palabras.

"Hay veces que me despierto y pienso ¿dónde estoy?". Matthew Francis tiene 25 años, es australiano y, en medio de bromas, discuten con Isolte para demostrar quién tiene mayor participación en la obra, aunque eso puede variar ya que cada uno de los patinadores aprende la coreografía de tres personajes, por si debe reemplazar a algún compañero.

De los 28 patinadores en escena, hay dos argentinos, uno de ellos bastante conocido por haber sido el coach de Claudia Fernández en "Patinando por un sueño". Ariel Schefer forma parte del coro y también interpreta a Passepartout. Coincide en mencionar la exigencia que requiere vivir del patinaje.

Muchos de estos chicos sienten que año a año moverse cuesta más y a medida que pasan los años las lesiones aparecen con mayor facilidad. Es por eso que cuando se acercan a los 40, varios de ellos se proyectan para trabajar como coreógrafos o en cargos que los mantengan cerca del patín. "El casting para entrar en la empresa fue muy difícil. Para mí era un sueño entrar en el equipo, entrené exclusivamente para eso. Estás en el medio del hielo y enfrente tuyo hay varios miembros de la compañía, tomando algo, fumando un cigarrillo y diciéndote lo que tenés que hacer, porque no tenés nada preparado". Hija de madre rusa, Isolte no debió esperar ni una semana para recibir una llamada que la convocaba para integrar el staff de Fantasía. La segunda gira que hizo fue con Bugs Bunny y, aunque desde fuera parece un ritmo de vida totalmente estresante, esto no es del todo cierto.

Treinta minutos antes del espectáculo, seis hombres trepan por unas escaleras diminutas -y a la vista demasiado inseguras- hasta las estructuras de hierro que sostienen las luces. Son los iluminadores, que también podrían ser acróbatas, responsables de gran parte del espectáculo ya que el trabajo de iluminación es fundamental en el show. Poco a poco van apareciendo los personajes principales de la historia, con un vestuario impecable y las mismas voces que conocemos de sus versiones audiovisuales. Luego de plantear el argumento, se ilumina la pista y se realiza la primera coreografía correspondiente a Nueva York. Trajes plateados, coreografías dinámicas y temas que hacen pensar en Frank Sinatra o Liza Minelli. A continuación, se sucede un recorrido de 80 minutos por Arizona, México, Brasil, Australia, China, India, África, Rusia y Francia. Cada destino incorpora a los personajes de Warner Bross que mejor se caracterizan con el lugar, números con vestuarios muy cuidados y bien elegidos y coreografías que siguen el ritmo de canciones conocidas por todos y que buscan un acompañamiento por parte del público. "Cuando suena Follow the leader, en ese momento no podemos más, estamos muy cansados. Y todavía falta la otra mitad del espectáculo", cuenta Clarly Donowick, una de las patinadoras principales dentro del espectáculo ya que tiene cinco apariciones que la exponen sola, en la pista, con miles de ojos pendientes de sus movimientos.

Pero de todas esas miradas, la que más preocupa a los artistas es la de Zdenek Simecek, el performance supervisor que está allí para observarlos y marcarles los errores. Como en cada espectáculo de Holiday on Ice, una cámara registra todo lo que sucede durante el show para que los patinadores vean qué hicieron mal y, por lo tanto, en qué tienen que hacer énfasis durante las horas de ensayo. Los tirones de oreja los dan los dos asistentes de Simecek, una chica encargada de la comunicación con el plantel femenino y un chico para sus pares masculinos. Él solamente habla de manera directa con los patinadores que tienen roles principales. ¿Por qué? Organización: no puede dedicarle todo el tiempo que quisiera a cada uno de las 28 personas que hacen saltar el hielo de la pista. "La cantidad de funciones que hacemos determina que cada número se vaya perfeccionando, así que todo se va puliendo y con el tiempo casi no hay que hacer mejoras. De todas maneras, siempre hay personas que se están yendo y otras que se están integrando, por eso el trabajo es constante", explica. Y de hacer bien el trabajo depende el ascenso de los patinadores, que lógicamente aspiran a integrar los grandes shows de Holiday on Ice, que volverán a presentarse en nuestro país desde el año que viene.

Lo que cabe preguntarse también es cómo se hace para mantener el rendimiento, sin aburrirse, de una obra que se repite día tras días por más de un año y medio. Por un lado, se van mejorando sectores que por el paso del tiempo se fueron descuidando, como el caso de la iluminación en esta obra, y por el otro, el continuo entrenamiento de los patinadores.

Tampoco es que estén más de un año girando por el mundo sin parar. Mientras Clarly subraya que su cansancio es más mental que físico, Matt la acompaña asegurando que siente que está trabajando incluso durante el desayuno, en el hotel de turno. Así que cuando llegan las merecidas vacaciones, que se extienden por poco más de un mes para que puedan estar en casa, ellos descansan ("me paso viendo tele y cocinando", comenta Clarly). Pero, claro, su fanatismo por este deporte que es el patinaje y la gira mundial se vuelve obsesión, así que no pueden tolerar esa "quietud" por mucho más tiempo y esperan con ansia que las esperas en los aeropuertos, los hoteles y las culturas ajenas vuelvan a formar parte de su rutina diaria.

La obra termina y el teatro Orfeo queda vacío. Detrás de la pista de hielo hay una sala con refrescos y bebidas para los patinadores que, en una mezcla de idiomas, hablan de cosas más variadas que el patinaje. Todos menos uno de ellos que aún con el disfraz, está agarrado de un arnés, con las luces apagadas, repitiendo por enésima vez el truco que no fue perfecto en la función.

Holiday on Ice vuelve a Uruguay. Entre el 27 y el 30 de marzo, en el Cilindro Municipal.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar