ENTREVISTA

Produjo 70 películas, filmó con Francella y Olmedo y hoy trae teatro argentino a Uruguay

El productor Carlos Mentasti habla de su carrera, las películas que ya no haría, las diferencias de producir cine y teatro y habla de la situación del cine hoy

Carlos Mentasti. Foto: Difusión
Carlos Mentasti. Foto: Difusión

Comenzó a producir cine a fines de los años setenta y trabajó con todos los capocómicos de la vecina orilla. Carlos Mentasti tiene una carrera llena de éxitos que incluyen películas de Olmedo, Emilio Disi, Guilermo Francella y Natalia Oreiro, aunque llegó a Montevideo para promocionar una obra de teatro. Se trata de Madres, el musical que protagonizan Viviana Puerta, Sabrina Garciarena, Anita Martínez y Laura Conforte y tendrá funciones el 19 y 20 de agosto en el Teatro Metro. Sobre su carrera, los cambios en el humor, el producir teatro y el presente del cine, habló Mentasti con Sábado Show.

—Comenzaste a producir cine en los años setenta. Aquellas películas como Las puertitas del Sr. López o El manosanta, hoy serían complicadas de hacer, ¿no?

—Me tocás un punto sensible porque El manosanta fue la última película del Negro Olmedo. Teníamos escrita otra para hacer con él, distinta porque no era del Manosanta. Creo que esas películas, hoy, no se estrenarían, porque cambió mucho todo. Eran películas de ese momento y hoy no las haría. Buscaría otra historia o temática para trabajar con ellos. Para mí, y sé que suena raro, eran superhéroes, porque lo que hacía el Negro, o Emilio Disi, o lo que hace Guillermo Francella con esa comicidad, es increíble. Esa sexualización se extendía a todo. En esa época era lo normal, no era solo el cine o la televisión: era la sociedad.

—¿Cuándo cambió?

—En los últimos 10 años, a partir de la valorización de la mujer. Hay una cosa que me molesta y es el chiste a otra persona para ridicularizar, y que eso sea lo normal. Eso es un poco lo que pasaba en ese momento, el reírse del otro o la otra. Me parece que, gracias a Dios, evolucionamos, y esto tiene que ver con la transformación de la sociedad. Mi cabeza hoy tiene que estar alerta a los cambios y a lo que siente la gente. Yo entré en un camino entendiendo y cambiando mis películas, buscando otras cosas. Eso se refleja en mis últimas películas, como Mi obra maestra. Con todo el cariño que le tengo a mis 70 películas, hay muchas de ellas que serían imposibles de hacer ahora. Si uno es necio y sigue jugando con ese estilo, perdés.

Carlos Mentasti. Foto: Difusión
Carlos Mentasti. Foto: Difusión

—Ese cambio también se refleja en la obra Madres, por ejemplo, que producís y viene a presentarse en el Teatro Metro el 19 y 20 de agosto.

—Si. Tiene que ver con un sentimiento de valorización de la mujer. Creo que mi mérito fue armar un equipo 100 por ciento de mujeres y yo estar como un radar, atrás, para dejarlas a ellas que brillen. Eso es lo que permite que la obra sea lo que es, ganadora de premios en todos lados. Esa es la visión del productor. Mucha gente me pregunta cuál es la receta del éxito y para mí es contratar gente más capaz que yo para que mejore lo que yo hago. Entonces, cuando te juntás, en este caso con la obra Madres, yo las escucho y lo único que puedo hacer es orientar la venta del producto, y explicarle a las chicas que cuando termina la función, la visión que tienen ellas es distinta a la que se lleva el público.

—¿Cómo es eso?

—Ellas pueden haberse olvidado de una frase, o haber tenido un furcio, y yo les digo: “No saben lo que pasó con el público, que es algo distinto a lo que pasa con ustedes en el escenario. Que ustedes noten un olvido del texto no tiene nada que ver con lo que transmiten ”. Esa es la función del productor.

—¿Es muy distinto producir cine que teatro?

—Como soy productor de cine, el teatro me lleva a hacer una película todos los días. En el cine estoy todos los días en la filmación y acá tengo que hacer lo mismo, sino no sería yo. Por eso me siento un productor creativo, no soy de lo que están en una oficina. Yo estoy en el terreno, soy de escuchar, compartir y estar con todos, ya sea en la filmación como en las pausas para almorzar. Además, yo trabajo con los ojos de la gente, entonces del teatro a mí lo que me apasiona es la comunidad, el ida y vuelta con el público, y eso lo vivo todos los días.

—Cuando llega un guion a tu escritorio, ¿qué te llama para hacer esa película, serie u obra?

—Yo no acepto guiones, acepto ideas. Les digo: “No me traigas un guion. En una hoja, en 10 renglones, contame la idea”. Si a mí me gusta, el segundo paso es pensar cómo la vendo. Si sé cómo hacerlo, hago la película, o lo que sea. Si no sé vender un producto, no lo hago, porque para mí es tan importante la venta antes que la historia contada en las 70 páginas. Así trabajo.

—Los servicios de streaming están suplantando al cine y una serie hoy es como un gran largometraje de ocho horas. ¿Cómo es encontrar una historia que sea para un largometraje y no para una serie, o al revés?

—No es lo mismo, porque en una película tengo 90 minutos y en una serie tengo ocho capítulos, 50 o cuatro años de extensión. Lo que hay que considerar es si el producto que tengo me da para hacerlo en una hora y media y puedo cerrar el cuento, o necesito tener una historia abierta para ir contando de a escalones. Aparte, cada capítulo requiere un interés para que la gente lo siga viendo.

—¿Cómo ves el presente del cine en Argentina?

—Es la primera vez que veo que el cine está complicado, y eso que pasé todas las crisis. Acá pasa algo grave y hay una palabra durísima: acostumbramiento. Eso fue lo que nos pasó en este año y medio de la locura que vivimos en Argentina, la gente se desacostumbró a ir al cine. Antes había gente que iba los jueves a los estrenos, los sábados a la noche se ponían saco y corbata e iban al cine; el domingo a la tarde iban mujeres; los miércoles iban porque la entrada estaba a mitad de precio. La pandemia barrió todo eso y nos cambió con la comodidad del “quedate en tu casa”. Ahí no corrés riesgo, no pagás estacionamiento, no te agarra la lluvia y ves la película. Si bien no es lo mismo una experiencia en la gran pantalla que en tu casa, afectó mucho al cine. Esta vez a mí me preocupa, porque volver a eso con el rival grande que tenemos, la pantalla de tu casa, es difícil. Ojalá se recupere, pero va a durar mucho hasta que la gente vuelva y diga: “Las películas se ven en el cine”. El cine es la cosa más maravillosa que hay por la complicidad, la oscuridad de la sala, el asustarse con algo o contagiarse de la risa.

—¿Cómo se sale de eso?

—Hay que luchar con el “mejor nos quedamos”, y eso es complicado. Se sale con tiempo, mejorando los cines y dándole a la gente más calidad.

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