ENRIQUE HANANÍA

"A Peñarol le hacen bullying"

Durante casi 20 años, fue el relator de Radio Imparcial. En TV, participó de Juego limpio y fue el narrador de los partidos del fútbol inglés que se emitían en Canal 5 durante la época del 90’.En 2008, la carrera de Enrique Hananía dio un vuelco. Dejó de ser periodista neutral y desde entonces es la voz partidaria de Fútbol a lo Peñarol (1010 AM). Hincha carbonero de toda la vida, hoy transmite los partidos del mirasol y solo grita sus goles. Aquí habla de la campaña 2016 del club de sus amores y del controvertido problema de la violencia. “A Peñarol lo señalan como único responsable y no es la realidad”, asegura.

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Enrique Hananía. Foto Ariel Colmegna

—Empezaste tu carrera como relator independiente y desde 2008 sos la voz partidaria de Fútbol a lo Peñarol (1010 AM). ¿Cómo fue tomar esa decisión?

—Fue una decisión que llevó su tiempo. Estuve 15 años al frente de un equipo deportivo, la mayor parte del tiempo en Radio Imparcial. Hice un impasse y quería volver pero con algo diferente y que no fuera tan agobiante desde el punto de vista de la demanda del relato de fútbol. Ser partidario implicaba un riesgo porque sabía que era un camino sin regreso y lo quería hacer con el equipo del que soy hincha. Así que me largué.

—¿Qué crees que pasó con Peñarol este año?

—Desde lo deportivo, el año se puede dividir en dos. En este 2016 Peñarol salió campeón en junio y obtuvo el título 50. Desde el punto de vista de si convenció en los futbolístico, creo que no y eso es una deuda pendiente. Cuando un equino no gana, hay infinitas explicaciones y ninguna es totalmente cierta o falsa. Es una sumatoria de elementos que hacen que un equipo pierda o gane. No hay un receta porque sino sería muy fácil.

—También el año de Peñarol estuvo marcado por episodios de violencia, ¿qué valoración hacés de eso?

—Creo que este es un problema de la sociedad. Peñarol lo tiene, como también otros equipos. Sucede que Peñarol es el club con más hinchas, entonces el problema se manifiesta con mayor intensidad. También considero que a nivel de algunos medios y del propio Ministerio de Interior, se hace una especie de bullying a Peñarol por este tema. No estoy diciendo que no exista el problema, pero sí que parece válido castigar a Peñarol por ello. Hay otros que tienen los mismos problemas, como Nacional o Cerro u otros equipos y sin embargo, no veo la misma persecución hacia ellos de parte de las autoridades.

—¿En qué crees que se fundamenta una diferencia así?

—Creo que siempre es mejor buscar un culpable que buscar la solución. Eso también corre para Peñarol. No quiero decir con esto que el club no tiene su parte de responsabilidad. Este problema se viene arrastrando desde hace mucho tiempo y sobrepasó a todos los protagonistas. La gente dice que Peñarol daba entradas y la realidad es que todos lo hacían. Nacional también. Inclusive había pagos a barras a cambio de protección, como si fuera la mafia. Eso ocurría y estaba avalado, pero como había cierto control, no había problema. Hoy todo se fue de las manos. Creo también que la actitud de dar un paso al costado del Ministerio del Interior agravó el problema. Yo puedo irme de mi casa y olvidarme de trancar la puerta. Capaz que tengo suerte y nadie me roba, pero si pongo un cartel diciendo que está abierta, seguro vienen los delincuentes. Eso hizo el Ministerio en los estadios. Durante mucho tiempo, además, incentivó y convocó a los barras a integrarlos a los operativos de seguridad. Lo hizo en varios partidos de Uruguay y en muchos otros. Y no funcionó. Así que también tiene que hacer su mea culpa por la permisividad que aplicó durante este tiempo.

—Ahora se anunciaron una serie de medidas a aplicar desde el año próximo, ¿qué te parecen?

—Muy bien. Tuvo que intervenir el presidente (Tabaré) Vázquez para que haya un cambio de actitud. Todas las medidas me parecen bien y estoy seguro que la situación va a mejorar.

—¿Crees que el fútbol no puede hacer nada contra ello?

—Puede colaborar. Pero yo no me imagino a los dirigentes yendo a las tribunas a detener barra bravas o enjuiciarlos. Ese es un rol de la policía y de la justicia. También creo que la quita de puntos o la suspensión de escritorio de los partidos no han sido eficaces. En 15 años de tomar esas medidas, la situación de violencia empeoró. Así que la respuesta que ha dado el fútbol desde el punto de vista legal fue contraproducente y encrespó más los violentos.

—¿El clásico debió reprogramarse?

—Sí, por supuesto. Todos los partidos tienen que empezar y terminar en la cancha. Aquel River y Boca del gas pimienta tenía que haberse jugado también. Me parece injusto que los partidos terminen en los escritorios. Las sanciones deberían pasar por multas económicas u otro tipo de penas, pero no es bueno afectar la esencia del deporte. Porque de otro modo ganan los que tienen mejor abogados o mayor peso político y el deporte se termina transformando en una disciplina jurídica. Por otra parte, se le otorga un poder a las barras porque en definitiva son ellos los que resuelven a quién le dan los puntos.

—¿Cómo se tendría que haber jugado el clásico?, ¿sin público?

—Sí, era una posibilidad. Pero también el Ministerio tenía la posibilidad de hacer prevención. Si sabían con anterioridad, como dijeron, que iba a haber una asonada podría haber pedido que se reprogramara un día u horas antes. Para mí, las autoridades estuvieron omisas. Que digan que el operativo fue un éxito, es una tomadura de pelo. ¿Y si la garrafa caía cinco centímetros más a la derecha y mataba a un policía, era también un éxito o ya no? Me parece que hay un debate mediático con el objetivo de quedar bien ante la opinión pública y en ese sentido el Ministerio quiere mostrarse como el actor que resuelve los problemas y no ha resuelto nada. Y a Peñarol lo señalan como el que causa los problemas. Esa no es la realidad.

—A veces se le carga responsabilidad a los comunicadores de la violencia...

—Sí, todos podemos tener una cuota de responsabilidad. Es cierto que cuando decimos "en este partido nos jugamos la vida", nos estamos extralimitando. Pero es una metáfora que se ha usado siempre. El problema es que estamos en un país que en lo educativo y social ha caído a niveles muy preocupantes y de repente, para algunos esa metáfora es una realidad. Para esa persona el fútbol es lo único que puede sacarlo de la oscuridad en la que vive. También nos hemos vuelto mucho menos tolerantes. Entonces todo el que opina diferente o tiene una camiseta distinta, lo descalificamos y eso nos ha partido. Estás conmigo o contra mí. No hay punto medio. Yo vivía en en un Uruguay en que se podía debatir de política o de fútbol y todo quedaba ahí. Hoy lo estamos perdiendo.

—En estos ocho años de relator partidario, ¿te has arrepentido?

—No, estoy muy contento con lo que hice y muy feliz. La valoración a nivel de la gente es muy buena y nunca tuve un problema con ningún hincha de ningún equipo. Hablamos con pasión pero también con respeto. Lo único que me molesta es esa tendencia de la gente a descalificar porque soy partidiario. Entonces nada de lo que diga es válido. Me rebelo contra eso todos los días.

—Los periodistas no suelen decir de qué equipo son hinchas o confiesan su simpatía por "cuadros chicos". ¿Crees que esa situación debería cambiar?

—Cada uno tiene que hacer lo que le parece y sentirse tranquilo. Salvo algunas excepciones, los colegas saben ponerse en un lugar neutral. Yo me he puesto en ese sitio. En mi caso, lo que me hacía gritar más un gol que otro eran las circunstancias, si fue un gol feo o lindo o importante. Hoy no grito los goles que nos hacen.

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