JIMENA BARÓN

Ni un pelo de tonta

Supo que La Tonta sería un hit mientras la componía. Hoy tiene más de 48 millones de visualizaciones en Youtube, suena en los boliches y se agita “tipo hinchada”. El show que dará hoy en el Hotel Radisson fue la excusa para que Jimena Barón hablara de todo fiel a su estilo: auténtica y sin cassette.

Jimena Barón
"La Tonta" - Jimena Barón

—Te criaste en una casa musical, pero postergaste a la cantante por ser actriz, ¿lo volverías a hacer?, ¿te arrepentís?

—No, para nada. No creo que haya sido una decisión consciente. La actuación me agarró de sorpresa cuando era muy chica. Hice la película El Faro (Eduardo Mignona, 1998) con nueve años y no estaba en mis planes seguir por ese camino. Yo no sabía qué iba a pasar. Hay muchos actores que desaparecen un tiempo o no tienen trabajo, pero me encontré laburando mucho siempre. Haber filmado tantas novelas hizo que no tuviera tiempo para otra cosa. Sabía que en algún momento iba a suceder. Pensaba en hacer comedia musical, así que mientras tanto estudié canto, escribí algunas cosas, después fui mamá, y la vida fue pasando. La música era algo a concretar y cuando conocí a Luqui (Lucas Biren), que es mi manager, mi baterista y mi mejor amigo, bajó a tierra el proyecto y me dijo, "lo vas a hacer, y es de esta manera".

La Tonta es un proyecto 100% personal y te ayudó a sanar, ¿te salvó la cabeza?, ¿fue catártico?

—Fue totalmente catártico. Hoy, con el disco ya editado entiendo que necesité vivir y pasar ciertas situaciones para que La Tonta existiera y tuviera el significado que terminó teniendo. Salió en el momento justo: todo lo que está pasando con las mujeres a nivel mundial le dio otra fuerza.

—Estuviste en todo: compusiste, dirigiste, produjiste, hiciste las coreografías, ¿en algún momento sentiste miedo en de mostrar algo tan tuyo por las críticas?

—Cuando cantás tus letras y tus melodías hay una desnudez del alma total. No tenés el caparazón de estar haciendo un personaje con un director que te dice cómo caminar, hablar, y qué decir. Eso es mágico también pero vos estás tratando de hacer lo mejor posible algo que te dice otro. No parás de recibir órdenes. Acá es todo lo contrario. Y más de la manera en que trabajamos nosotros: sin discográfica. Yo me convertí en productora del proyecto y un montón de cosas que nunca había pensado. Es la libertad total, y a veces en esa situación decís, "¿qué hago?" Y sentís que lo tenés que defender con todo tu ser porque es un proyecto súper personal. Eso es maravilloso e impagable.

—La canción La Tonta tiene más de 47 millones de visualizaciones solo en Youtube, ¿por qué pegó tanto?, ¿influyó el hecho de que hayas contado que se la dedicabas a Daniel Osvaldo?

—Con La Tonta se armó una receta infalible y mágica. Desde que hice la canción sentía que tenía alma de hit: era pegadiza, la escuchaba cien veces y no me cansaba. Cae en un momento clave del feminismo: sacarse los delantales y decir, "¿sabes qué? Me tenés harta, chabón, no quiero hacer esto nunca más". El clip fue clave. Insistí mucho en el humor, la ironía y hacer la boluda al máximo. Le pedí a la vestuarista un vestido que tuviera el mismo rosa brillante que el merengue de la torta para ser la más boluda del planeta. "Y después quiero prender fuego la casa", le dije a la directora. Quise que la última toma fuera mi cara y la casa atrás prendiéndose fuego.

—El tema suena hasta en los boliches...

—Eso es algo impensado. Y lo veo en los shows: se vuelven locos cuando llega esa canción, pero como si estuvieran en la cancha. Lo dan todo tipo hinchada. Así la cantan.

—¿Solo las mujeres?

—Hombres también pero las mujeres mucho más. Quieren revolear cosas. Lejos de ser bobas como en la canción, la cantan con mucho peso.

—Compartís fotos mostrando tu físico en las redes. Siempre hay alguno que te critica o te tilda de anoréxica, ¿te importa lo que se dice de vos?, ¿lees los comentarios?

—Tengo tres millones y medio de seguidores, si quisiera que todos me amen sería una estúpida, y estúpida no soy. Entiendo cómo son las redes sociales. Me bajé la aplicación, acepté las reglas y hay un espacio en blanco donde cualquiera que tenga una cuenta puede opinar. Después es como en la vida, hay gente mal educada, zarpada y que no entiende nada, pero tienen derecho a poner lo que quieran. Lo máximo que puedo hacer es boludearlos, exponerlos, o reírme de las estupideces que dicen, pero no va a cambiar nunca lo que subo. No es que estoy pensando, "esta foto es mucho". De hecho, sé que siempre van a decir cosas.

—¿Te han acosado en las redes?

—Me han mandado cosas y los he denunciado.

—Se criticó a Marley por exponer mucho a su hijo Mirko en las redes y en TV. Viajaste con ellos a Tokio y grabaste Por el mundo, ¿qué opinas?

—Marley está feliz de ser papá. No es que cuando corta la cámara tira al pibe en el cochecito, está todo el día baboso. Lo muestra todo el tiempo porque lo ama y no puede creer el hijo que tiene. Lo hace desde un lugar de amor enorme. Es su hijo, él sabrá qué hacer, qué no y hasta dónde.

—¿Te has cuestionado vos hasta dónde con tu hijo Morrison (5 años)?

—No es que me lo cuestioné pero hubo un momento en que él me planteó que en la calle lo conocían y no le gustaba. Lo regulo con él. A veces me dice que no quiere que comparta alguna foto y no la posteo pero subimos alguna historia.

—Hiciste un post con tu versión anterior y la actual. Dijiste que tu autoestima no depende de tu peso, ¿sentís que tu cambio físico mejoró tu ego?

—Ay, mi ego está tan bien desde siempre. Es casi un problema que tengo (risas). Mis amigas me dicen, "si te hubiesen visto en Nueva Zelanda que eras una ballena y caminabas como Beyonce por la playa y en tetas". Porque yo siempre estuve en bolas. Almorzaba en topless con amigos. Tuve unos novios que eran unas bestias cuando pesaba veinte kilos más y vivía en Nueva Zelanda.

—¿Qué hacías allá?

—Me cansé del mundo con 18 años y me fui un año a vivir a Nueva Zelanda. Trabajé en un bar, era mucama, cajera de supermercado. Estuvo buenísimo. Yo creo que es una cuestión de actitud y de ovarios. A veces me escriben preguntándome el secreto ¡Y no hay! Yo tengo abdominales porque hago abdominales, no fue que un día me levanté y dije, "wow, ¿qué pasó con mi cuerpo?" Es lo que a uno le haga feliz y lo banque con orgullo, dignidad y felicidad. Si un día te pintó que querés un cuerpo fibroso, andá al gimnasio y cambiá tu alimentación.

—¿Eso hiciste vos?

—Yo empecé a correr cinco kilómetros por día en 2011. Hago deporte con placer, no me significa un esfuerzo. De hecho, encontré en el entrenamiento un lugar para mí. Estoy todo el día con mucha gente, el teléfono explotado, mi hijo, y voy al gimnasio feliz: sé que esa hora y media es para mí. Me hace bien y me calma. A veces me sobra polenta y energía, y eso me pone más mansa. Estoy lejos de la anorexia porque como un montón. Hace años veía a Madonna que tenía unos tubos tremendos y pensaba, "qué bueno esas minas fibrosas, con músculos". Y un día dije, "me coparía tener abdominales", y empecé a entrenar, entrenar.

—Y ahora mostrás tu físico orgullosa...

—Como lo mostraba en su momento cuando no tenía Instagram pero andaba en tetas chocha. En Tailandia hubiese subido veinte fotos con mi novio americano. Lo hago también ahora pero porque soy una mina sin mambo con el cuerpo.

—Mantuviste una charla telefónica en un programa radial con Pedro Alonso, el actor que interpreta a Berlín en La casa de Papel, y salió en todos lados…

—Por Dios, ¡qué vergüenza! Nada que ver y aparte me matan las chances. El pibe ve que sale en todos lados y no me va a llamar nunca. Esa es la parte que me indigna: me están cagando todo. Yo no me acuesto con un pibe que hace un comentario y sale en todos lados. Es para quilombo.

—¿Te acostumbraste a que todo lo que hacés sea noticia?

—Te vas acostumbrando. Igual hubo una explosión de popularidad. Un día dije, "che, ¿no es mucho?, ¿tan interesante resulta?" Para mí es un embole. Pero bueno, suben las cosas, opinan, critican.

—Varias veces has dicho que se arman muchas más novelas alrededor de tu vida sentimental que lo que realmente pasa…

—Mucho más y las novelas mías que pasan nunca se las enteran. No son muy astutos conmigo, siempre dicen pavadas. Hay cosas jugosas que digo, "se llegan a enterar de esto y se mueren todos", pero nunca se enteran.

—¿Se han dicho muchas mentiras sobre vos?

—Sí, hace poco dijeron que tenía un espía que contrató mi exsuegro para que me persiguiera. Cosas de Sherlock Holmes. Me mensajeé con Juan (Del Potro) y nos cagamos de risa. A un nivel así me río, pero cuando te agreden no está bueno. Por ahí algo se magnifica, termina en el noticiero, mi vieja y mi abuela se ponen mal o tengo que apagar la tele para que no lo vea mi hijo. Ahí sí decís, "che, ¿qué necesidad?" Aparte yo soy cero drama, no me meto con nadie, ni siquiera con gente con la que podría hacerlo porque me ataca.

Le comentabas fotos a Maluma y después lo tuviste mano a mano, ¿le contaste que le habías escrito?

—No, me hice la re boluda. Me rescaté. Divino Maluma, un genio, aparte me llamó para ser su telonera en Buenos Aires.

—Terminaste tu relación con Del Potro cuando sentiste que podías llegar repetir la misma historia que con Daniel Osvaldo, ¿fue la primera vez que priorizaste tu carrera al amor?

—La verdad que sí. En realidad era un tema de no poder acompañarnos y empezarnos a frustrar por no poder vernos. Juan es una persona con una agenda muy particular, está en un momento maravilloso, y yo tampoco quería ser motivo de que no le vaya como merece. Yo planteé que era momento de trabajar para los dos y eso hacía que no nos pudiéramos acompañar en esas giras de dos meses. Y en nuestras vidas dos semanas es un mundo: me fui a Córdoba, vengo a Uruguay, tengo show acá, allá, empiezo la película, me corto el pelo, me tiño. Era mucho.

—¿Cerraste la puerta?

—Sí, ahora sí. Es raro eso de, "más adelante". No sé qué va a pasar. Ni siquiera sé si voy a vivir acá. Por ahí me rayo y me voy a Groenlandia. No puedo planear muy a futuro.

—¿Te costó rechazar la oferta del Bailando 2018?

—Me costó porque me siguen llamando como un exnovio intenso e insistente, y porque me encanta bailar. Pero te tratan tan mal, no ellos, pero el panel, el programa de atrás, el que viene después. En algún momento te la dan y no tengo ganas de que me maltraten. Tengo 30 años, un hijo, me va re bien con todo lo demás y pienso, "¿es necesario ponerme ahí?"

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