Paul Dano pasó de un personaje que casi no hablaba, en Pequeña Miss Sunshine, a otro que habla mucho, en Petróleo sangriento.
-El poder de Eli Sunday reside en sus palabras...
-Tuve la suerte de interpretar a dos personajes muy diferentes en poco tiempo. Yo me aburro con facilidad: si hago lo mismo una y otra vez, realmente no tiene sentido, me canso. Eli adora escucharse hablar. Pienso que a él lo gratifica el sonido de su voz. La manera en la que usa la voz es muy teatral y creo que tiene mucho de actor. Se ha autoconvencido de ciertas cosas, ya sea que las crea o no… su voz es su herramienta principal y creo que su cuerpo sigue a su voz. También creo que le gusta gritar. Hay allí una seducción que me intrigaba: convocar a la gente, hacerla sentir cómoda o en confianza, y luego volverse atrás. Hacer que te amen y luego que te teman. Y eso es parecido a nuestra relación con Dios. Se supone que, cualquiera sea nuestra fe, amamos a Dios, pero también le tememos. Por suerte, las líneas de Paul eran muy divertidas como para jugar con ellas.
-¿Leyó La Biblia?
-Lo que pude. "El Libro de las Revelaciones" me pareció particularmente interesante. También leí cosas acerca de los predicadores evangélicos, no sólo cómo operan sino lo que la gente piensa de ellos. Hay muchos sentimientos encontrados. Sin embargo, la religión es sólo una de las piezas de este rompecabezas, hay mucho más. Simplemente porque Eli es una especie de charlatán. Podríamos pensar en él y en Daniel Plainview reflejándose el uno en el otro, en cierto modo.
-Paul Thomas Anderson dice que le gusta pensar en el film como una "asquerosa lucha entre hermanos".
-Estoy de acuerdo. Creo que Eli está celoso de Daniel porque él tenía el mayor poder en esta pequeña comunidad, pero llega Daniel y lo desplaza. Muchas veces, cuando los hermanos pelean, hay una especie de tire-y-afloje de celos que también proviene del hecho de ser parecidos. Creo que Daniel ve que Eli es de su misma clase. Y me parece que Eli también ve eso en Daniel. Hay semejanzas entre ambos.
-¿Cuál es su relación con el Oeste?
-Adoro los westerns. Este es una especie de western, aunque no monto a caballo ni agito un fusil. Todos los films de Anderson parecen tratarse de California y su curiosidad me resulta fascinante. Yo no comparto hasta ese grado su curiosidad, pero los films y la literatura históricos me parecen enriquecedores y me gustan. Me gustan los westerns, pero también Treasure of Sierra Madre o My Darling Clementine. El libro Oil!, de Upton Sinclair (en que se basa Petróleo sangriento) es fascinante.
-¿Cuánto de Eli hay en las páginas del libro y cuánto es creación de Anderson?
-El personaje de Paul Sunday, el hermano de Eli, es muy importante en el libro. Eli (Watkins en el libro) aparece en escenas en las que baja de una limousine con chicas del brazo. Eso permite ver algo de la época que nos lleva a 1927. Creo que el papel de Eli está mejor en el film que en el libro, pero algo del material se me cruzó por la mente. Tomé cosas del libro, pero mi Biblia es el guión de Paul.
-Virtualmente, la totalidad del film fue rodada en el rancho. ¿Ayudó tener una locación tan específica y estar todo el tiempo juntos?
-Era tan surrealista que lo podíamos hacer. Pasamos un par de meses en esta extraña región de Texas, en el desierto, rodeados de autos antiguos. La gente se viste de determinada manera y uno lo hace seis días a la semana. Salir de esa realidad alternativa es realmente extraño. Cuando se termina la filmación, uno vuelve a casa y se pregunta: "Caramba, ¿dónde estuve?": es como ir de campamento. Uno está en el personaje y esa se convierte en la manera en que uno ve la vida durante un par de meses. Es muy divertido; no puedo creer que ser actor sea un trabajo porque es muy divertido. No podría decirte cuánto tiempo pasé en esa iglesia, simplemente sentado. Me encantaba. La sentía mi iglesia: ¡era mi iglesia! Era un gran placer y una extraña experiencia. Desafortunadamente es una imagen borrosa porque fue muy intenso y concentrado.
-¿Cómo es su relación con su personaje?
-Cada vez que obtengo un papel siento que no tengo ninguna clave. Casi hay que redescubrirla. Hay algo grandioso en ello, pero también atemorizador porque no sabes qué diablos estás haciendo: no hay una manera determinada de hacer las cosas. Creo que uno tiene que amar a sus personajes, tiene que desear pasar tiempo con ellos. Lo que ellos necesitan es más importante que lo que uno necesita. Hay que prestarles un servicio, más allá de uno mismo. A veces se pone mucho de uno en el personaje, a veces se trata de aprender el punto de vista del otro que uno no entiende e intentar encontrar el camino. Y ese es un gran desafío que me parece realmente difícil. Me parece que Daniel es verdaderamente bueno en esto de aprender por completo cómo es la otra persona. Por cierto, he tenido experiencias en las que el personaje influye en mi vida personal de maneras extrañas. Y no estoy tratando de decirlo de una manera estúpida, "actoral". Ni siquiera me gusta la idea de tratar de permanecer en el personaje, pero creo que ocurre. Para mí, simplemente tiene que ser orgánico, más que imponerme alguna forma de caminar, de hablar, o determinado vocabulario. Es como que ocurre durante un tiempo y debería ocurrir más en el inconsciente. Si me lo impongo demasiado, me parece que puede ser peligroso. Hay que trabajar desde adentro hacia afuera.
-Usted ya había trabajado con Daniel Day-Lewis en La balada de Jack y Rose. En ese film, sus personajes también eran antagónicos.
-Daniel era uno de mis actores favoritos antes de tener la oportunidad de trabajar con él. Es una persona muy dulce, muy generosa y encantadora conmigo; e inteligente. Pero en ese film no nos llevamos bien, así que nos distanciamos. Fue la primera vez que lo hice y eso se trasladó a nuestra relación en la pantalla. Fue una gran experiencia de aprendizaje, la primera vez que me involucré de esa manera con un personaje. Fue una especie diferente de compromiso, en parte porque hay que "ponerse las pilas" cuando se trabaja con alguien como Daniel. También fue un gran aprendizaje sobre mí mismo y mi curiosidad por la actuación. Me sentí muy natural en mi relación con Daniel, lo cual es bueno y probablemente sea la razón por la que hemos trabajado dos veces juntos y por la que, aun cuando nuestros personajes no se lleven bien, nos arreglamos para pasarla bien. Aunque parezca que no nos agradamos.
-¿Cuán intensa fue la escena final en la cancha de bolos?
-La rodamos al final de la filmación en dos días y medio. Mi memoria es borrosa porque fue una escena muy intensa; este film fue el más desafiante que he realizado en mi carrera de actor. Y esa escena es monstruosa. Todo lo que recuerdo es que transpiraba como loco y que esas bolas se venían hacia mí. Daniel estuvo simplemente aterrador. Debo decir que con todo lo extraña, intensa y agotadora que fue, esta escena fue una especie de diversión. Una escena muy larga, donde la cámara estuvo encendida 10 minutos. Realmente había que actuar. Muchas veces sólo cuentas con 30 segundos, no es tan frecuente contar con 10 minutos. No recuerdo mucho excepto la vergüenza que me daba, como Eli, gritar como una niña. De verdad, no sé de dónde salió ese grito. Simplemente surgió.