ALDO MARTÍNEZ

Parodista con todas las letras

Miraba a Los Gaby’s en la primera fila del tablado y soñaba con ser como Pendota. Aldo Martínez cantaba folclore y Pinocho Sosa lo arrimó al Carnaval. Este año hace a China Zorrilla en Nazarenos y descubrir que tenía un frenillo le salvó la vida para encontrar la entonación ideal. 

Aldo Martínez protagoniza la parodia de China Zorrilla este febrero.
Aldo Martínez protagoniza la parodia de China Zorrilla este febrero. Foto: José Arisi.

Estaba rodeado de artistas pero lo supo después de que le picó el bichito, con diez años. Su madre era profesora de piano, su abuelo materno tenor del Sodre, su abuela violinista y su otro abuelo payador. Aldo Martínez le pidió a sus padres que le compraran una guitarra porque quería ir a clases pero en su casa no le dieron bolilla. Así que alternó el fútbol en la calle con varias idas a lo de su amigo Washington que sí tenía el instrumento. Observaba horas y horas cómo colocaba los dedos en las cuerdas para después copiarlo. Su familia no le creía, así que una tarde de forma casual le pidió a su madre para invitar a un amigo. Washington cayó con la guitarra abajo del brazo y tocaron una y una. "Mi madre miraba y decía, ‘¿cómo sabés guitarra?, ¿dónde aprendiste?’" Aldo no respondía. Se limitaba a cantarle la primera canción que había logrado sacar: Zamba de mi esperanza. Se ve que la conmovió y cuando su padre volvió del trabajo le comentó la escena. Así que ese año le encargaron una guitarra a los Reyes Magos, pero Aldo nunca llegó a tocarla, ni verla sana.

—Estábamos durmiendo y a las tres de la mañana se sintió un ruido. Mi padre se levantó y vio que la guitarra se había partido en dos porque el calor había vencido el brazo. No tenía cambio.

Se quedó sin guitarra, así que cuando armó el dúo de folclore Ecos tocaba con una prestada. Ya era casado cuando su padre, "Dios lo tenga en la gloria", se apareció en su casa con el regalo prometido. "La guitarra que siempre te tuve que haber comprado", le dijo. Hoy la guarda como un tesoro porque se rompió de tanto uso.

Lo primero que se ve al ingresar a la casa de Aldo Martínez es otra viola que era propiedad de Tabaré Cardozo. Se la regaló en 2014, cuando sacó el primer premio con Zíngaros. Tiene muy mala liga con las guitarras. Ese año Pinocho Sosa compró una para que pudieran tocar, y se rompió en la primera rueda, antes de abrir el telón. El mayor de los Cardozo le terminó prestando la suya y le prometió que se la regalaría si ganaban. Así fue. Aldo quiso devolvérsela porque "sé que la guitarra es como la novia de uno" pero no se la aceptó.

Admirador.

Iba a todos los ensayos de Araca La Cana y La Soberana porque salían de los clubes de su barrio, Belvedere. Pero en sus idas al tablado lo hipnotizaban los parodistas porque bailaban, cantaban y actuaban. Era fanático de Los Gabys y siempre los veía en primera fila. Se ría mucho con Mario Fossati y Pendota. Se colgaba a observar esa "ductilidad tan natural" de esta dupla de parodistas. Soñaba con subirse al escenario como esos dos monstruos y se dio el lujo de compartir escenario con Pendota por primera vez en 1990. Su ídolo le dio un consejo y se le grabó a fuego: "Defendé con garra todo rol que te den. No importa si hacés de árbol, tiene que ser el mejor árbol del Carnaval. Si te toca entrar, decir, la mesa está servida y salir, buscá algo distinto para que todos se fijen en ese mozo", le dijo. Aldo siguió la recomendación al pie de la letra: "Cualquier personaje que haga lo encaro como tal. Le busco siempre la vuelta".

Este año le tocó ser la Bestia en la parodia de La Bella y la Bestia y China Zorrilla. Con el primer personaje miró mil veces la película para sacar el "tonito" de la voz. "Pero sabía que donde tenía que cargar baterías era en China para encontrar algo de donde me pudiera prender". Se vio todas las entrevistas habidas y por haber, y muchas de sus películas para sacar los gestos, la forma de caminar y los movimientos. Su técnica consiste en practicar hasta el cansancio frente al espejo. Además, visualiza palabras, muletillas, y se graba hasta lograr tener la entonación deseada. Encontró un detalle: China tenía un pequeño frenillo y eso lo ayudó muchísimo para ir rumbo al tono exacto.

—Para hacer a Perón le pediste a Pendota que te hablara como él y lo grabaste en el celular, ¿a quién le pediste consejos para este papel?

—A Pendota. Lo tengo grabado. Él había hecho de China en la parodia de la película Elsa y Fred, y tenía unos piques. Le pedí que me grabara el diálogo final cuando hablo con la muñeca para poder sacarle las pausas mágicas que tiene porque él me enseñó ese tipo de cosas. Es un maestro. Lo guardo y no lo borro.

Para Aldo Martínez Pendota es "un mito" viviente. Esta leyenda del parodismo atraviesa un duro momento de salud y Nazarenos decidió homenajearlo al final del espectáculo. Aldo se quebró y tuvo que salir del escenario cuando apareció la gigantografía de su ídolo, hoy amigo. "En todas las fotos que mostraron hacía dupla conmigo. Yo estaba en Los Walkers cuando hizo a Gandhi, éramos rivales, y yo ni sombra de hacer papeles centrales pero lo miraba y decía, es un maestro. Lo grito a los cuatro vientos: para mí es el mejor". Aldo lo visitó antes de actuar y Pendota lo llamó después de esa primera rueda: "Estaba muy emocionado. Sabía que Miguel (Villalba) iba a cantar un tema dedicado a él pero no tenía idea de ese recorrido de fotos".

Saber perder.

Este hombre que dice ser producto del Carnaval nació en el mismo barrio que Pinocho Sosa. Hoy están distanciados por motivos que se niega a revelar porque "no me gusta ventilar", pero se criaron juntos y pasaba uno en la casa del otro. "Jugábamos al fútbol en la calle y en las fiestas de la primavera del liceo San Francisco de Asís ya hacíamos cosas juntos". Dice que el dueño de Zíngaros siempre fue "nervioso y eléctrico pero ha ido cambiando su personalidad. Ahora está mucho más vehemente". Y reconoce que "siente mucho el Carnaval". De hecho, fue Pinocho quien lo arrimó a Los Charoles e hicieron juntos su primera parodia en 1982. Aldo interpretaba a Romeo y Pinocho a Mercucio, su amigo inseparable. Es más, cuando fundó Zíngaros también lo invitó: "Toda una vida juntos".

—¿No hay marcha atrás con Pinocho?

—Uno no sabe las vueltas de la vida. Nunca digas nunca. De hecho, yo estuve distanciado por equis motivo ocho años, volví y después me peleé ocho años más. Los motivos quedan entre las personas. No me gusta ventilar.

—¿Qué pasa cuando se cruzan en los tablados?

—No nos saludamos, pero todo bien, no hay enfrentamientos. De hecho, hace tres años que estoy en la vereda de enfrente y lo miro por televisión. Soy objetivo.

—¿Te gustó este año?

—Me gustó. Cada conjunto tiene un estilo.

—¿Qué te pasa cuando ves el enfrentamiento que hubo entre Zíngaros y Aristophanes?

—Me da mucha vergüenza. Si bien hay una competencia, se debe valorar el trabajo de todos. Yo tuve la suerte de salir en casi todos los conjuntos y con todos los grandes, el mundo va, viene, y eso hay que respetarlo. Hay artistas muy talentosos y te puede tocar ganar y perder. Hay que aceptarlo. Yo lo fui asumiendo porque me gusta valorar la expresión artística como tal. Yo miro todo: murgas, lubolos, revistas. Pero esas cosas me dan pena. No deberían pasar.

A Aldo no le gusta perder pero disfruta cuando ve el talento de otros componentes en el escenario: "En mi casa me formaron para aceptar el valor de los demás".

—¿Te llevaste muchas desilusiones en Carnaval?

—Algunas: fallos que parecen injustos, pero después corren, o ciertas actitudes de compañeros. Hay que anotarlas. No soy rencoroso. Sé donde estoy parado con cierta gente y no lo ando ventilando. Lo tomo como un aprendizaje.

Revolucionario.

El Carnaval fue la vitrina para que se colara en la música tropical. En 1987 ingresó a Sonora Palacio y ahí empezó a desarrollar sus primeras armas como compositor. Tuvo que estudiar el género porque no le gusta improvisar en nada y no era consumidor de cumbia. Lo máximo que se escuchaba en su casa era un disco de los Wawankó que pertenecía a su padre. "Preguntaba todo, quería saber porque soy muy de mirar, aprender e interiorizarme sobre las cosas nuevas".

Dice que Sonora Palacio le dio todo y su paso por este grupo fue la enseñanza más grande que tuvo en música tropical: recorrió el país, viajó y pudo mostrar su pluma. Tenía algunos borradores de canciones y en 1990 se animó a mostrárselos a un productor. Precisaban temas inéditos y comentó que tenía unos "bosquejos" en formato de balada pero se podían hacer en versión cumbia. Y ahí salieron Te cambió la vida, Corazón de piedra y Te soñaré una vez más. Todo lo que compone va a parar a la música tropical: en un momento a La Pandilla, hoy a Aldo Martínez y su banda porque se tiró como solista.

—Fuiste parte de Sonora Palacio cuando estaba en pleno boom, ¿es difícil no creérsela o comerse el personaje estando tan arriba?

—Yo soy perfil bajo. Nunca me creí más que nadie por la educación que tuve. La vida me dio un don. A todos les dio algo. A mí me dio este y lo agradezco, pero lo tengo que volcar y hacer que la gente disfrute. Soy un laburante como cualquier otro. Me gustaba estudiar, quería ser veterinario pero no pude ir a facultad porque tuve que salir a trabajar. La gente te idealiza por salir en la tele, te ven como inalcanzable pero intento que eso no pase. Las estrellas están en el cielo, cuando bajo del escenario soy igual que cualquiera y trato de que no se pierda esa conexión: no me pesa sacarme fotos, ir adónde me piden, o que me critiquen.

—¿Qué te pasa cuando ves que triunfan pibes como Agustín Casanova y Fer Vázquez?

—Me parece bárbaro. Yo viví casi todas las épocas de la música tropical y ellos hacen una fusión interesante. Se puede estar de acuerdo o no con el estilo, pero hay que reconocer que funciona. Pegó y yo lo celebro porque detrás de eso hay trabajo: sé lo que cuesta sacar un grupo y lo que se invierte.

En la época en que ningún conjunto de música tropical hacía coreografías, a Aldo se le ocurrió incluirlas y lo planteó de atrevido. Armó un show musical y visual para Sonora Palacio y funcionó. También propuso cambiar el traje y la corbata por el satén y la brillantina: "La mentalidad carnavalera puesta en la música tropical", dice. Es que la estética es clave en su vida. Siempre fue extravagante y "un adelantado". Se pone vestuarios que otros no. Mira revistas de moda europea para saber las tendencias y compra toda su ropa en Zara. "Busco estar raro en el escenario y en mi vida cotidiana. Para el Montevideo Tropical me puse una gorrita a cuadros que me habían traído de Canadá. Todos estaban esperando para ver qué elegía porque siempre caigo con algo extraño. Le pongo cabeza al look porque es parte de mi personalidad".

Tiene el pelo largo desde la época de Sonora Palacio. Su cabellera no es tan prominente como en la adolescencia porque a los 20 y pico se le empezó a caer, pero nadie lo nota porque anda siempre con algo en la cabeza. No en vano tiene una colección sombreros.

Es un rupturista pero usa un celular viejo que no tiene whatsapp. Para comunicarse con él hay que recurrir al viejo SMS. "No tengo nada en contra de la tecnología pero no me veo". Aunque sabe que en mayo no le quedará otra opcion que cambiar el teléfono, ya que se irá de gira a Estados Unidos y Canadá con Roberto Abal y Ricardo Gaitán, ex Sonora Palacio, y lo necesitará.

Una pasión.

Jamás fue a clases de canto, actuación o baile pero hace las tres cosas. Por eso se dice que es el parodista más completo. Él lo agradece y asegura que todo lo que sabe lo aprendió en Carnaval. Lleva casi cuarenta febreros de tablado en tablado, y solo dejó de salir en tres oportunidades. En una ocasión se bajó cuatro días antes por diferencias con un conjunto, y las otras dos veces lo hizo porque su actividad en las bandas de cumbia se lo impedía. "Tuve que ser frío a la hora de elegir. Carnaval es una entrada económica importante pero durante todo el año la base de mi trabajo es la música tropical".

No hace planes a largo plazo. Jamás se cuestiona si saldrá al año siguiente o no. Prefiere que fluya. "Cuando sienta que ir a ensayar me pesa tendré que hacer un parate, mientras tanto no". Dejó de bailar porque tiene un problema en la rodilla, pero no se plantea cómo sería su vida sin el Carnaval ¿La razón? Desde hace cinco años también se desempeña como puestista en escena y eso le abre otra puerta: "Si como componente un día decido no salir lo puedo hacer como técnico".

Su primer protagónico llegó de la mano de parodistas Valentinos. Esa vez, fue Eva Perón. Su meta no era sobresalir, ni ser primera figura pero siente que se lo ganó. "Nunca pensé que iba caer todo el peso actoral sobre mí". Según Aldo, el parodista está obligado a hacer reír y a emocionar. Robar carcajadas es difícil pero el reto más grande es lograr callar al Teatro de Verano: "En la segunda parodia se consigue muchas veces que no vuele una mosca ¿Viste cuando sentís el sonido del silencio? Eso se logra mucho con China: sentís que tenés a la gente ahí. Y eso es comunicación también".

—Pasás un mes y medio con un personaje a cuestas, ¿cómo te lo sacás de encima en marzo?

—Termina Carnaval y lo guardo en un baúl. Son como hijos todos los personajes que he hecho, los adoro. Algunos me han dado más resultado que otros, pero cada uno me costó un trabajo y me acuerdo de todos: sé cómo hablaba y cómo era la composición.

—¿Soles quedarte con objetos o vestuario de los personajes?

—No, son muy pocos los elementos con los que me quedé. Tengo la boina que usé con el "Pistola" Marsicano (primer premio con Nazarenos 2017) porque era mía: agarré una que usaba poco, y ahora la tengo como la boina que usó el Pistola. Y tengo guardado un sombrero de cuando hice Al Capone. Nada más.

—No has hecho teatro pero el Carnaval te regaló mil personajes, ¿te queda alguno en el debe?

—El personaje en el debe es el que va a venir y nunca sé cuál va a ser. Por ahí tengo alguno que me gustaría interpretar pero no lo voy a decir. El de este año lo sugerí yo. Mi señora me dijo, "¿por qué no proponés hacer China Zorilla que está bueno?" Salió de la nada. No estaba en mi cabeza.

—Hoy que ya ganaste todo a nivel grupal e individual (primeros premios con los conjuntos y Figura Máxima del Carnaval) ¿subís con otra tranquilidad al Teatro de Verano o nunca deja de importar la competencia?

—La competencia importa, pero con la experiencia cambié los nervios por ansiedad. Quiero que llegue ese momento y se abra el telón. Quiero salir. Soy consciente de que estoy concursando y no puedo fallar, esa responsabilidad siempre está.

No tiene cábalas pero sí rituales. Lo primero que hace Aldo Martínez cuando termina la actuación y baja las escalinatas del Teatro de Verano es fundirse en un abrazo con sus hijos que corren a buscarlo. Disfruta el post en el pedregullo rodeado de familiares, amigos y fanáticos que se arriman y lo felicitan "estando bien o mal.

"Por más frase hecha que parezca, uno de los premios más grandes es el reconocimiento. Yo no estoy pensando en los números cuando actuó, pero sí en la gente, en el grupo, en gustar y en que todo salga bien".

Pistola ganador.

Opina que el parodista tiene la obligación de hacer reír y emocionar. Ambas sensaciones las logró en 2017 cuando encarnó al "Pistola" Marsicano. Es uno de los tantos personajes que atesora en el baúl de los recuerdos, y encima le valió un primer premio. Además, es uno de los únicos de los que conserva un objeto: la boina marrón, ya que era suya, la usaba poco y decidió incluirla como parte del vestuario. Desde entonces pasó a ser la boina del "Pistola", y no de Aldo.

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