ENTREVISTA

Pablo Aguirrezábal: Nueva vida tras la polémica salida de Del Sol FM

El comunicador dejó Del Sol FM porque se sentía “estancado”. Está al frente de un centro cultural en su casa y es parte de la murga La Gran muñeca.

Pablo Aguirrezábal. Foto: Francisco Flores
Pablo Aguirrezábal. Foto: Francisco Flores

-¿Cómo surgió la posibilidad de abrir el centro cultural Caí en Tacuarembó y Guayabos?

-En esta casa funcionaba el videoclub Cordón. Cuando cerró, me vino una angustia porque era un vídeo de autor al que venía mucho. Pasaron los años. Yo volví de unos viajes con el proyecto de alquilar un lugar como centro cultural y para vivir. Llamé a los dueños, quienes me dieron facilidades porque les gustó el proyecto. Y aquí estamos hace dos años. Somos un grupo. Fuimos una cooperativa pero ahora nos estamos reformulando. La gente va y viene, hace talleres, trae sus productos orgánicos para vender. La reestructura que estamos transitando va hacia convertirnos en una escuela de artes sociales.

-¿Cuáles serían?

-Es el desarrollo de capacidades individuales para comprender e influir, con un propósito de integración, en las emociones de otro. La idea es usar artes como la plástica, teatro, humor, música, danza para autoconocerse, gobernarse y saber qué querés para vos en función de un propósito de interés social.

-¿Cómo surgió la sensibilidad tuya hacia lo social y lo político?


-Desde la adolescencia. Yo iba a la Facultad de Ciencias Sociales y como hobbie hacía canciones con un trasfondo social. Un amigo me propuso si no quería escribir canciones para una murga joven que se llamaba La Mojigata. Era el año 1999 y así empezó todo. Mágicamente, en 2003 entró el humor en mí, al darme cuenta de que diciendo las cosas de cierta forma, la gente se reía. A partir de ahí me dedique profesionalmente al humor; hice stand up y fui parte de Océano FM y luego Del Sol. Pero la sensibilidad social y política siempre estuvo.

-Últimamente parece una faceta más acentuada, con el centro cultural y tus tuits...

-Es probable. Después de cinco años en los que me dediqué a viajar y conocer otras comunidades, buscando respuestas a lo esencial del ser humano, volví diferente. Eso me llevó a dejar el alcohol y todas las sustancias que yo sentía que me estaban haciendo daño. Me hice vegano. Conocí el yoga y las constelaciones para focalizar en emociones. El primer cambio es con uno mismo para luego compartirlo.

Pablo Aguirrezábal. Foto: Francisco Flores
Pablo Aguirrezábal. Foto: Francisco Flores

-¿Cómo fue ese proceso de conversión, con el alcohol, por ejemplo?

-Yo tomaba mucho. Un día en 2016 estaba tomando una botella de vino y me dije: “Es la última”. No quería que mi identidad se asociara al alcohol. Con eso lo que hacía era ocultar miedos. Respecto a la carne, la dejé un día en el que estaba invitado a un asado de mi amigo y hermano, Rafa Cotelo. Le dije que no iba porque me convertía al veganismo. Cuando vi todas las alternativas culinarias del veganismo me pareció un mundo sumamente rico. De todos modos, no creo en lo definitivo. “Nunca digas siempre”. En este momento no como carne ni tomo alcohol.

-Dejaste el grupo de radios Del Sol, El Espectador y Urbana ¿por qué?


-El año pasado estuve en El Espectador y ahora iba a estar en Urbana. Fue una escuela para mí. Siento que en este momento me estaba atascando, desde mi perfil artístico y político. La forma de comunicación y de empresa que se estaba armando no era la que me quedaba mejor en este momento de mi vida. Ambas partes nos seguimos viendo y sé que tengo las puertas abiertas para volver. Lo que siento es que, como una pareja, uno decide no seguir. Lo mejor es que sea sano, que vayas con un abrazo y con mucho agradecimiento. Pero no me sentía libre y a mí me gusta volar y provocar con lo que hago.

-La decisión también implica una renuncia económica.


-Lo fundamental es ser valientes. En este momento con el centro cultural estamos lejísimos. Tenemos varias deudas porque la disolución de la cooperativa lleva tiempo y mucho dinero. Pero creemos mucho en lo que hacemos. Hay mucha gente que se ha acercado y pienso que va a fluir.

-En Twitter aclaraste que no sos militante del Frente Amplio, pero sí apoyaste una lista...

-Milito pero no soy militante. No me queda cómodo decir que soy frenteamplista porque el Frente Amplio ha hecho muchas cosas que no me parecieron nada saludables. Pero siento que dentro de los partidos políticos que hay en el mundo es de las mejores expresiones de la democracia. Por eso me parece hermoso poder apoyarlos aunque yo no creo en todo lo que hacen.

-¿Te decepcionaron los resultados de las elecciones?


-Sí. Creí que el Uruguay se iba a volcar más a una propuesta integradora, natural, mucho más comprensiva, en el entendimiento de que el dolor del otro es también tu propio dolor. Sin embargo, siento que la gente se volcó hacia un lado completamente diferente. Me causó un poco de dolor que el Uruguay le diera una vuelta a la administración como esta. Pero bueno, nos coloca en un lugar de mayor atención. Siempre desde la paz , la claridad y la convicción, vamos a expresarnos. Bienvenido este movimiento en el gobierno y estaremos más participativos. Pienso que se abre un período de aprendizaje para todos.

-Sos parte de la murga La gran muñeca. ¿Cómo estás viviendo el Carnaval 2020?

-Es un hermoso grupo. Actúo como un hilo conductor, de enlace entre los couplés. Salgo y pego unos gritos, con lo que algunos se ríen. La ingenuidad que tengo en muchos aspectos de mi vida la traslado al humor. Tengo una sensibilidad muy de niño en lo político y lo expreso desde el humor.

-¿Cuál es tu visión sobre las críticas de las murgas al gobierno entrante aún antes de asumir?

-Hace 15 años que el gobierno era del Frente Amplio, lo que no es lo mismo que decir que era de “izquierda”, aunque históricamente hay muchas coincidencias. Lo cierto es que la política del Frente Amplio va más hacia la justicia social y la igualdad. Está más focalizada en la gente a la que se le complica salir adelante. Como vivimos en una sociedad capitalista, también el Frente Amplio tuvo políticas como UPM y otras cosas que muchos creemos que no está bueno. Ahora aparece un gobierno que acentúa ese camino de favorecer los capitales y la acumulación y era obvio que las murgas expresaran una voz de la clase media y media alta en defensa de la justicia social. No importa que no hayan asumido. El mensaje está acentuado porque, por suerte, las murgas son una manifestación de voz de la gente común.

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