En Punta del Este: Martín Cajal
Con ocho años, Natalia Oreiro empezó a actuar en teatro, luego grabó comerciales para marcas como Coca-Cola y Pepsi, fue paquita en el programa de Xuxa y a los dieciséis se instaló en Buenos Aires donde empezó a actuar en el medio televisivo. A pesar de no renegar nunca de su país natal, el puente al triunfo lo consiguió en Argentina gracias a telenovelas como 90-60-90 Modelos, Ricos y famosos o el fenómeno Muñeca brava (famosa en América e incluso en Rusia, Hungría, Lituania, Rumania, Chipre y Grecia).
Al cine llegaría en 1998 con Un argentino en Nueva York, donde paradojalmente interpreta a una chica que anhela conquistar la fama en el mundo musical. El sueño se trasladó a su vida real debido al éxito de la película, que marcaría el inicio de su otra carrera con Natalia Oreiro, primer álbum de la uruguaya, que en poco tiempo fue Disco de Platino y con el que viajó por Israel, Eslovenia y Grecia. En su segundo trabajo discográfico, Tú veneno, abandonó un poco la balada para coquetear con el pop movido y algo de rock. Turmalina sería su tercer álbum, en el que mostró su lado ecologista. Los tres discos fueron un suceso de ventas.
Activista de Greenpeace, participó en 2006 de la protesta por la instalación de las plantas de celulosa, el año pasado se integró a la campaña contra la caza comercial de ballenas y fue una de las celebridades que formó parte del llamado mundial sobre las consecuencias del cambio climático. Es, a su vez, madrina de la Fundación Peluffo Giguens, y realizó diversas acciones humanitarias para Unicef.
Como si fuera poco abrió su propio local de ropa en el centro de Palermo, junto a su hermana Adriana, un sueño que las Oreiro tenían desde la infancia y que les permitió recuperar la vida en familia.
Inquieta y enérgica, abrazó todo lo que se propuso: modelaje, actuación en teatro, televisión y cine, cantante y hasta diseñadora. Con camaleónica adaptación, supo levantar la bandera de su nombre en su país y en muchos otros. Y casi todo lo que hizo, lo forjó con éxito.
Por si faltaba algo, la artista "rioplatense" arribó por primera vez al Festival Internacional de Cine de Punta del Este para presentar Las vidas posibles, de la directora argentina Sandra Gugliotta (Un día de suerte, 2002) y protagonizada por Ana Calentano y Germán Palacios. En la película, la uruguaya representa un papel atípico con respecto a lo que venía haciendo para tele o cine. La heroína inocente y simpática que interpretó en Muñeca brava, Kachorra o Sos mi vida quedó atrás y arma ahora un personaje complejo, de pocos diálogos, que le significó un gran desafío. Natalia Oreiro habló con SÁBADO SHOW y comentó que le gusta ese desafío de encarnar otros personajes ya que "cuando uno empieza a tener determinadas elecciones la gente empieza a entender un poco más la búsqueda de los actores, porque el ochenta por ciento de los personajes que me llegan son de comedia, y si bien a mí me encanta la comedia, trato de en el cine bucear en distintos personajes justamente para poder enriquecerme y poder transmitir algo distinto".
En este año, la artista manifestó que quiere volcarse a la actuación en cine, por eso está "leyendo y leyendo (guiones) a ver si en alguno encuentro algo para comunicar". Su deseo de meterse de lleno en la pantalla grande la llevó a ser una de las primeras en arrimarle su currículum vitae al director norteamericano Francis Ford Coppola, que filmará este año su próxima película Tetro, en la capital argentina, y que contará con Maribel Verdú y, quizá, Javier Bardem. De todos modos, la elegida fue Leticia Brédice.
Lo cierto es que la Oreiro nunca renuncia al espíritu emprendedor que la caracteriza y sigue recibiendo propuestas. En este momento de su vida, apuesta por papeles cercanos a los que interpretó en su última película. "En Las vidas posibles tengo un personaje muy chico pero justamente con un color muy distinto a lo que venía haciendo y eso está bueno porque nosotros elegimos este trabajo para jugar a ser otros y si siempre tocamos una sola tecla, primero nos aburrimos nosotros y creo que después se aburre la gente, y no crecemos" .
Natalia Oreiro puede gustar o no pero transita por lo que le gusta, le va bien y, sobre todo, añade a lo que hace su propia firma. Ahí está su mérito.