entrevista

La nueva Jazmín Stuart

La actriz argentina confiesa que le costó adaptarse a la TV y sentirse en su mejor momento desde que se lanzó a escribir, dirigir y actuar en cine.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Jazmín Stuart

Hace dos semanas Jazmín Stuart estrenó en Argentina la primera película que escribe y dirige en solitario, Pistas para volver a casa, uno de los films más aplaudidos del Festival de Cine de Punta del Este.Es una comedia muy disfrutable actuada por los siempre excelentes Érica Rivas y Juan Minujín. Interpretan a dos hermanos cuarentones con vidas abandonadas que por una vuelta del destino deberán buscar un tesoro, convirtiendo al film en una historia de aventuras protagonizada por adultos. Stuart tiene 39 y parece haberla afectado una urgencia al acercarse a los 40. En esta charla repasa los aciertos y traspiés de su carrera actoral y deja entrever un futuro alentador como cineasta, camino que emprendió cuando logró superar inseguridades y se animó a contar, dirigir y próximamente actuar sus propias historias.

—Tu primera vocación fue la dirección cinematográfica, estudiaste en la Universidad del Cine de Buenos Aires.

—Sí, formo parte de una camada de cineastas que fue muy activa en todos estos años. Estudiamos juntos Damián Szifrón (Relatos salvajes), Mariano Llinás (Historias extraordinarias), Ana Katz (Los Marziano), Gabriel Medina (Los paranoicos), Nicolás Entel (Pecados de mi padre), Gianfranco Quattrini (Planta madre)...cada uno con su estilo y súper productivos.

—¿Por qué te alejaste de esa primera intención de dirigir?

—Me recibí de directora, filmé algunos cortos y no sé qué me pasó...no se filmaba tanto en ese momento en Argentina y la opción que tenía era trabajar siendo asistente en publicidad, algo así, más mecánico y menos creativo, y al mismo tiempo empecé a estudiar actuación con Julio Chávez. Había algo de la actuación que se estaba resignificando para mí, la estaba viendo desde un lugar nuevo, que me enamoraba mucho.

—Estudiaste durante 8 años con Chávez.

—Sí, yo soy así, para mí ese era un lugar de pertenencia, de búsqueda. Él como docente fomenta en los alumnos la parte autoral entonces era un espacio donde yo podía probar mucho de dirección y así, sin darme mucha cuenta, empecé a entrenar mi ojo de directora. Creo que fue ese curso lo que me empujó a empezar a actuar como actriz, lo que pasa es que fue muy duro para mí hacer encajar todo el bagaje que tenía de la Universidad del Cine y del entrenamiento con Chávez en la dinámica de trabajo de la tele.

—¿Por qué aceptaste esos primeros trabajos en televisión?

—Lo hice un poco bajo presión, porque necesitaba trabajar y mi familia un poco me dijo "andá a trabajar y curtite, aprendé un oficio". Para mí fueron durísimos los primeros tiempos, no entendía por qué se escribían los guiones de manera tan superficial, por qué no había tiempo para ensayar. Después empecé a entender que es un espacio industrial y que uno tiene que rendir como una pieza de un mecanismo más grande. Igual la tele me enseñó a trabajar en equipo, a cumplir un horario, a aprenderme una letra de un día para otro, a pararme frente a la cámara y a resolver escenas sin pies ni cabeza encontrándole un sentido. Pero se me pasaron seis años de un tirón haciendo televisión...

—¿Es complicado cambiar el rumbo siendo alguien famoso en la pantalla chica?

—Tuve que seguir mucho mi instinto y decir que no a muchas cosas. En un momento tuve que cortar con todo. En 2003 estuve muchos meses sin trabajar, muy sola, escribiendo. Y de ahí surgió la primera obra de teatro que dirigí que se llamó Mujer que al amor no se asoma. Ese fue el puntapié que necesitaba para darme cuenta de que podía escribir una obra, dirigirla, producirla y que el público la podía ver y disfrutar. Estuvo dos años en cartel. Esa fue la base para llevar mi carrera hacia el lado que yo quería y empecé a ser mucho más selectiva.

—¿Cuál fue el trabajo más importante de tu carrera?

—Un programa de televisión que se llamó Historias de sexo de gente común (2004) que fue una experiencia única. Era la primera vez que Endemol producía ficción en Argentina y había mucho entusiasmo, muchas ganas de probar cosas. El director y el guionista eran dos cinéfilos que nos hacían ensayar y corregir. Yo estaba muy enojada con la tele y desde ese momento me di cuenta de que era un espacio muy poderoso y que se podía utilizar con inteligencia.

—¿Y la película Los paranoicos (2008)?

—Fue un antes y un después porque pude ver de cerca a un director como Gabriel Medina haciendo una película desde las vísceras, y tuve la posibilidad de formar parte de una película que con el tiempo se transformó en una de culto. Toda esa época fue un momento muy importante, fue ingresar en otro nivel del trabajo artístico después de tantos años de tiras.

—Con la dirección estás empezando un camino que, comentaste, querés que sea cada vez "más expuesto".

—Es lo que me gustaría. Yo admiro mucho cuando un actor se desnuda espiritualmente y tal vez lo ves por unos instantes pero son muy reveladores. Esa sensación de estar asistiendo a algo privado yo lo disfruto mucho como espectadora y me gustaría generarlo como actriz y como directora.

—¿Crees que como actriz ya tuviste un personaje así?

—No. Pero sé que va a llegar. Este año tengo muchos proyectos en los cuales voy a dirigir y en varios voy a actuar y son todos roles que me interesan muchísimo. Estoy convencida de que ahora empieza mi época de asumir riesgos y crecer no solo en proyectos ajenos sino propios, porque ya me siento más segura como directora y creo que me voy a animar a dirigir y actuar al mismo tiempo. Y creo que el objetivo va a ser ese, saltar al vacío.

—"Para actuar bien hay que saber auto dirigirse", ¿qué quisiste decir?

—La escuela de Chávez tiene una bajada que es esa: no entregar todo al director, al contexto y a la producción sino adueñarte de tu personaje y poder tomar ciertas decisiones. Creo que es así, que hay que buscar el intermedio entre dejarse guiar por el director pero también arriesgarse, probar cosas e imponer decisiones.

—Desde el 2004 estuviste trabajando en el guión de tu segunda película, Pistas para volver a casa, aunque arrancaste codirigiendo Desmadre (2012).

—Yo creo que si Juan Pablo Martínez no me proponía en ese momento hacer Desmadre juntos, yo tal vez tardaba muchos años más en animarme a dirigir porque le tenía miedo.


—¿A qué?

—A no tener las herramientas suficientes. Fue difícil para mí seguir actuando en tiras mientras veía cómo mis compañeros de clase iban haciendo su primer, segunda, tercera película, se convertían en referentes y yo todavía no había empezado con la primera. Era desesperante, me generaba mucha inseguridad, pensé que había olvidado todo lo aprendido y el cine es algo que se aprende en la cancha, tenía que salir a filmar. Me sentía atrasada, en pánico.

—¿Cómo ves hoy a Desmadre?

—Como un experimento, fueron muchas cabezas interviniendo al mismo tiempo. Por un lado está la novela original del mexicano Guillermo Fadanelli y después Juan Pablo y yo como guionistas y adaptadores y pensando la película entre los dos. Fue una mezcla de muchas voluntades, hay partes en las que me reconozco y otras en las que me siento muy ajena.

—¿Pistas (...) se parece más al cine que querés hacer?

—Todavía me falta. Siento que puse el corazón y aprendí mucho y estoy contenta con el resultado pero el cine que quiero hacer es más personal todavía, en el sentido del punto de vista, de la mirada desde la que cuento.

—Querés ser más autora...

—Sí. Me gusta que lo que hago tenga una llegada amplia, no me gusta enrarecerlo solo por el hecho de buscar algo más; es más bien que quiero seguir perdiendo miedos. Cuando uno cuenta historias está el miedo constante a que no se entienda o a que no entretenga y eso le gana a la mirada. Quisiera confiar más en una mirada sensorial, en que las imágenes tienen resonancia por sí mismas, que no hace falta manipular tanto para que algo llegue al espectador.

—Pistas (...) pasa de la comedia al drama permanentemente, ¿cuál fue el género más complejo de dirigir?

—Es muy difícil hacer que los personajes dialoguen y que eso se parezca a la vida y en esta película debía lograr que las escenas de diálogo fueran creíbles y casi todas sucedían en el interior de un auto, que es un escenario de extrema exposición. No me daba miedo buscar la comedia y buscar el drama, me daba más miedo las transiciones, los momentos en que mi pretensión era que el espectador conociera a los personajes.


—Las dos películas que dirigiste insisten con el humor, ¿es un lenguaje que te interesa trabajar?

—Es un efecto colateral de mi personalidad pero quisiera ponerle cada vez menos esfuerzo: si la risa aparece que sea más relajada. Quiero poder ir más hondo, exponer más humanidad, generar más resonancia. Admiro esa sensación de caos y crudeza que tienen los personajes y el cine de John Cassavetes, esa cámara que respira como si fuera un humano, esa mirada impulsiva, ese trabajo actoral en carne viva es lo que quiero encontrar, sin volverme una cineasta inaccesible.

—¿Cuáles son tus puntos de partida para escribir?

—Me inspiran mucho las personas, nunca podría escribir pensando en un género. Necesito ver primero a los personajes, cierta naturaleza, una manera de hablar y ahí aparecen. Y también están los temas que me quitan el sueño como la mujer, qué se espera de una mujer, qué tiene que ser, la sexualidad, la religión, la fe y el caos versus el control: al convivir en un orden social cuánto de algo caótico se vuelve controlado y en qué momento aflora.

—¿Hacer cine te ayuda a equilibrar tu propio caos?

—Para mí escribir, actuar y dirigir es como la ruedita de un hámster: si estoy ahí, estoy bien. Y ya me di cuenta de que hacer películas es adictivo. El rodaje mismo me inspiraba, como filmamos en zonas alejadas de Buenos Aires, luego de 12 horas de rodaje, en los viajes de vuelta me ponía a escribir una nueva historia para una próxima película. Se mueven mucho las ideas en esa situación.

—Tenés una agenda cargada este año.

—Sí, para televisión rodé una serie que tiene mucho de The Office, es una comedia al palo con mucha complicidad con la cámara. Estoy escribiendo una película de terror con Gabriel Medina que voy a protagonizar, es del tipo one survivor. Voy a dirigir y protagonizar La Bestia, que es sobre un hombre y una mujer que se conocen en un momento de crisis y deciden armar un plan de seis misiones bastante políticamente incorrectas para reanimarse espiritualmente. Soy la protagonista de la segunda película de Diego Fried, que es muy difícil de actuar: una mujer se va a casar y la noche previa sufre un episodio de violencia y decide vengarse. Y estoy escribiendo Recreo junto a Hernán Guerschuny (El crítico). Es una película muy generacional que habla sobre la paternidad, la familia, las drogas, la fidelidad, el rock, el éxito y el fracaso, la competencia, la sensación de que la vida se termina y ya no queda tiempo para hacer todo lo que uno quiere hacer. Muchas cosas que creo que tienen que ver con cumplir 40.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)