NOTA DE TAPA

Nelson y Pablo Fernández: "La relación familiar se mezcla mucho con el trabajo"

Los periodistas Nelson y Pablo Fernández revelan la intimidad de una relación de padre e hijo que aprenden a administrar con la competencia televisiva.

Nelson y Pablo Fernández. Foto: Leo Mainé
Nelson y Pablo posaron en el Palacio Legislativo, un escenario que conocen de memoria por su experiencia al cubrir largas sesiones parlamentarias. Foto: Leo Mainé

El periodista Nelson Fernández pasa a buscar a su hijo Pablo por la casa. Adentro del auto no habla nadie. Apenas se escucha el sonido de la música que emite la radio. En cuestión de minutos, ambos disputarán entre sí una competencia feroz. Por eso, sus mentes están ocupadas en repasar las armas con las que cuentan. El vehículo frena en Canal 4. Pablo desciende y su padre sigue camino a Canal 12. Una vez que se instalan en sus respectivas trincheras dejan de ser el padre y el hijo Fernández para convertirse en soldados de la primera línea en la batalla por el rating. El ritual se repite semana a semana.

Nelson y Pablo Fernández protagonizan un fenómeno único en televisión: son padre e hijo enfrentados a la misma hora por la voraz competencia del minuto a minuto. Por un lado, Nelson conduce Séptimo Día, el periodístico de La Tele. Por el otro, Pablo integra el equipo de Santo y Seña, la clásica propuesta de Nacho Álvarez en Canal 4.

Pese a que en sus diálogos frecuentes no hacen más que hablar de actualidad y trabajo, la competencia de cada domingo modificó el tono de sus conversaciones. Es que Pablo se cuida de hablar sobre los contenidos su programa y Nelson hace lo mismo con el propio. A su vez, ambos evitan consultar sobre el programa rival. “Yo quiero saber qué hace la competencia pero no a través de él. Me he impuesto esa barrera”, explica el mayor de los Fernández. Y su hijo comenta: “Yo prefiero no saber lo que va a ser él en su programa porque me puedo ver tentado en hacer algo parecido”. Aunque revela que Álvarez, su jefe, sí le pide que oficie de “infiltrado”. “¡Él me pregunta qué tiene la competencia!”, ríe.

Los dos programas periodísticos se enfrentan por la audiencia, por la primicia, por tener el mejor contenido y la mejor forma de exponer el tema de actualidad. Eso sí, cada uno conserva un estilo bien definido. Mientras que en Séptimo Día prima la sobriedad y el debate, en Santo y Seña brilla la investigación y la denuncia en un contexto desacartonado. “A mí me gusta Santo y Seña”, indica Nelson, quien llegó a integrar el primer piloto de Zona Urbana que luego salió al aire con otro elenco. No obstante, toma distancia de su colega Álvarez en un aspecto: “A Nacho le gusta hacer show y a mí no tanto”. En cuanto al desempeño de Pablo, Nelson intenta abstraerse del vínculo con su hijo pero le es inevitable caer en elogios: “Él tiene buena información y le busca la forma de hacerla entretenida para la gente”. También confiesa una corrección que suele hacerle y que ha sido motivo de discusión puertas adentro de la casa. “Prefiero verlo de saco y corbata y no con la camiseta abajo”, afirma categórico.

Pablo no escatima piropos hacia la competencia: “Hacen un buen trabajo de archivo, tienen un equipo de edición muy bueno, y muchas veces estoy en el control de Santo y Seña mirando la entrevista que hacen ellos y me dan ganas de escucharla”, evalúa sobre Séptimo Día. Sin embargo, critica que “le falta un poco de la desfachatez que tiene Santo y Seña, y explotar más los temas fuera de agenda”.

Pilar, la mamá de Pablo y esposa de Nelson, es la fiel de la balanza. Hace zapping durante toda la noche entre los dos periodísticos y es un enigma saber si se queda más tiempo mirando el programa de su marido o el de su hijo. “A ambos nos dice que mira el programa de cada uno”, bromea Nelson. Pilar también es la primera en preguntar por los datos de audiencia al día siguiente. “Se pone contenta cuando gana uno y cuando gana el otro”, cuenta Pablo. Y relata: “Me acuerdo que un día había ganado Séptimo Día, mi vieja estaba contenta y yo pensaba ‘la p… madre’, pero también me tenía que poner feliz porque es el programa de mi viejo”.

Tanto Nelson como Pablo vibran con la adrenalina del minuto a minuto. El primero no tiene reparos en afirmar que para él “el rating es muy importante porque es la respuesta del público” y su hijo llega a admitir que perder en audiencia “le afecta” anímicamente. “Nacho nos dice que no nos podemos enloquecer por los números”, revela sobre su jefe. Nelson lamenta en particular el enfrentamiento entre los dos periodísticos más importantes de la televisión. No solo porque le gustaría ver el ciclo de su hijo en vivo, sino porque “el público se reparte y cada programa podría tener más audiencia”. Este año, la carrera por el rating se concentró los domingos a la noche, espacio en el que cada canal pone al aire uno de sus productos nacionales de mayor relevancia. “Este año el rating es muy importante. Hay una guerra, en el buen sentido”, sostiene Pablo.

A Séptimo Día y Santo y Seña, se le suma Polémica en el Bar en Canal 10. El tercer competidor se diferencia de los otros por no ser un producto periodístico sino uno de debates con varias figuras de la farándula local. “No es el formato que más me gusta”, dispara Pablo. Su padre coincide: “Como televidente no es un programa que me interese”. Aunque finalmente rescata la importancia de que “haya productos como ese o Esta Boca es Mía, que no son periodísticos sino más de entretenimientos, pero hay gente que solo se informa a través de ellos”.

Nelson y Pablo Fernández. Foto: Leo Mainé
"Yo quiero saber qué hace la competencia pero no a través de él, me impuse esa barrera", afirma Nelson. Foto: Leo Mainé

Lazo de sangre.

El vínculo de padre e hijo que une a Nelson con Pablo es bien uruguayo: el fútbol, el carnaval y la política son las pasiones que tienen en común. Una de las primeras salidas que tuvo Pablo cuando era apenas un bebé fue a ir a la cancha a un partido entre Racing y Sudamérica. Y nunca abandonaron la costumbre de ir juntos al estadio. Tal es así que Pablo está convencido de que “potenció” ese interés que le transmitió su padre hasta convertirse en un hincha “enfermo” del Club Atlético Peñarol. Las idas en familia al tablado son otro de los recuerdos que Pablo atesora con especial cariño.

Pero el nexo marcado a fuego entre ambos es la vocación por el periodismo. Pablo jugaba de niño junto a sus hermanos a buscar información y creció entre las paredes de un diario al acompañar a su padre al trabajo en una redacción. Soñaba en convertirse en un periodista como él. Y bajo ese objetivo avanzó en su carrera. No lo detuvo ni el momento en el que le diagnosticaron dislexia y su profesor, el prestigioso periodista Tomás Linn, le aconsejó que se dedique a un rubro por fuera del periodismo escrito. “El click lo hice cuando me llamaron para estar Búsqueda y entendí que ese era mi mundo”, recuerda.

“Yo no lo quería direccionar”, asegura Nelson, pese a que sus tres hijos terminaron siguiendo sus pasos en el rubro de la comunicación. “Fue algo que se dio naturalmente y yo lo llevo con mucho orgullo”, explica. Y continúa: “Mis hijos son mi felicidad más grande, lo mejor que me pudo pasar”. Al ser consultado por los defectos de Pablo, Nelson lo piensa un instante y concluye mirándolo a los ojos: “Yo conozco mis defectos, pero a él no le conozco ninguno”. 

¿Y se podrá ver a la dupla de Fernández trabajando juntos en televisión algún día? Ambos imaginan ese proyecto como una posibilidad en el horizonte. Pablo, de hecho, cuando finaliza Santo y Seña lamenta no estar compartiendo esa alegría con su padre. Pero Nelson hace una salvedad: "A mí encantaría. Pero no por ser padre e hijo, sino porque a mí me gusta trabajar con los mejores", cierra.

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