MARTÍN BOSSI

"Necesito imperiosamente que me quieran"

Le duele reconocer que si su padre no hubiera muerto tan joven él no se habría animado a llevarle la contra y a desarrollar una carrera artística. El niño que cerraba los ojos antes de dormir y se imaginaba arriba del escenario con la platea repleta perdió a su padre con 18 años.Martín Bossi necesita “imperiosamente” que lo quieran. Le gustaría mirar a los ojos al Papa Francisco y que le dijera si va por buen camino. A Tinelli le debe la popularidad y lo que aprendió de los grandes comediantes de su programa. No extraña la televisión porque usa internet como pantalla. “China” Zorrilla fue su gran amiga y le enseñó a sentir amor incondicional por la profesión. El actor de Bossi Master Show respondió este cuestionario vía correo electrónico.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Martín Bossi.

—Pasabas el día encerrado en una habitación practicando imitaciones. Tu papá te decía que te salían todas iguales, ¿te frustraba?

—Creo que muchas veces los padres pueden ser un poco crueles, aunque algunos de sus juicios pueden provocar la reacción contraria. Lejos de creerle, quise demostrarle que podía hacerlo bien. Lamentablemente mi padre falleció cuando yo tenía 18 años, y no tuvo la posibilidad de verlo.

—Soñabas con ser conocido, ¿qué te atraía de la fama?

—Tengo un gran amor por mi profesión, y no regulo, doy todo lo que tengo. Acepté la responsabilidad que le toca a los comediantes: hacer reír, divertir y cuestionar desde el humor. Lo otro, "ser conocido" es solo consecuencia, pero no es mi objetivo final.

—¿Qué extrañás de la época en que vivías en un barrio, conocías a todos los vecinos, pero eras anónimo?

—Eso tenía muchas ventajas. La sobrexposición de lo privado en los medios y las redes sociales hoy puede provocar grandes dolores de cabeza, no solo para uno, sino para nuestros seres queridos también.

—Trabajaste para ser querido, ¿es una necesidad en vos?

—Absolutamente. Necesito imperiosamente que me quieran. Es mi debilidad y mi fuerza a la vez.

—¿Te llena el alma el afecto del público?

—Es una gratificación, pero bajás del escenario y volvés a estar solo. Es ahí donde es muy necesario construir tu red de afectos.

—Hiciste reír por primera vez con ocho años en el Club Los Andes. A los 10 debutaste en un escenario e imitaste a Paolo Rockero, ¿ese niño imaginó que podía llenar teatros?

—Lo soñaba. Me imaginaba en el escenario cuando cerraba los ojos antes de irme a dormir.

—En una época jugaste al tenis también, pero dejaste para sacar adelante a tu familia, ¿la pasabas mal en los eventos sociales?

—No, para mí en ese momento era como actuar en el Madison Square Garden.

—Tu padre no quería que te dedicaras al arte y vos no sabías cómo enfrentarlo, ¿no hubieras sido artista si él no hubiera muerto tan joven?

—Creo que no. Mal que me pese.

—En 2009 te surgió la oportunidad de estar en Showmatch, ¿cuánto cambió tu carrera?

—Logré mucha popularidad, pero los basamentos eran los mismos con los que comencé. Nada cambió en ese sentido.

—¿Cómo es pararse a imitar al lado de un monstruo de la televisión como Marcelo Tinelli?

—Él es el uno. Es un animal de TV, tiene un instinto que le hace ver lo que al resto de nosotros no. Si él se ríe, ponele la firma que la gente del otro lado de la pantalla también se ríe.

—¿Cuánto le debés a él y al programa?

—Le debo la popularidad y un gran aprendizaje con ese equipo de comediantes increíbles que me enseñó mucho, mucho.

—Podés vivir sin las cámaras pero no sin el teatro, ¿extrañás algo de la televisión?

—Nada, no extraño la tele. Hoy uno puede seguir generando contenidos masivos fuera de la televisión con más tiempo y mayor dedicación. La tele es un gran medio de comunicación, pero creo que dejó de ser un refugio de artistas.

—Dijiste que te morís por hacer reír, ¿qué sentís cuando no lo conseguís?

—Siento gran frustración si eso que estoy intentando no lo logro ¡Todo por que te rías!

—Los shows hablan de vos y mutan contigo, ¿cómo convivís con los que hiciste en tus inicios?, ¿te identificas o eras otro?

—No me gusta verme. No me analizo. Ya pasó.

—¿Es cierto que tu madre cada vez que le contás que vas a hacer un show nuevo te dice que va a ser un fracaso?

—Sí, sí, absolutamente. Ese es el primer indicio de que va a funcionar. Es mi cábala.

—Sandro te recomendó que si querías tener una buena carrera no se supiera todo de vos. Gasalla te dijo que cuando descubrió que hacía reír se empezó a preguntar de qué quería que se rieran. Fuiste gran amigo de China Zorrilla, ¿qué consejo te dio ella?

—El amor incondicional por la profesión. Eso me enseñó China. Artista de alma, riendo hasta la madrugada aunque los años pesaban cada vez más en su cuerpo. De alguna manera es morir sobre el escenario. (Joaquín) Sabina dice en una de sus canciones "que el escenario me tiña las canas..."

—Desde el lugar que estás hoy, ¿qué consejo le darías al pibe que recién arranca?

—Que estudie. Que empiece por lo primero, lo otro es una consecuencia. Si lo primero es ser famoso, arrancamos mal.

—Hace unos meses suspendiste una función porque falleció un hombre en el teatro. Te acercaste a la familia para apoyarlos. Sos muy creyente, ¿sentiste alguna señal de cómo debías actuar?

—No, fue un hecho muy lamentable. Pero es la vida. Sucede aunque no lo queramos. Sentí que tenía que estar con esa gente, y así lo hice.

—Dijiste que te interesaría ver al Papa Francisco pero no para sacarte una foto sino para estar a solas con él, ¿qué le dirías?

—Que me cuente historias. Que me mire y me diga si voy bien.

—Cuidás mucho tu vida privada dejás ver poco de tu intimidad. Hoy que todo se vuelve viral, ¿qué reparos tomás? Por ejemplo al mandar fotos, vídeos o audios.

—¡De eso nada! Por un segundo de fama todo se vende al mejor postor. Quiero que me conozcan por lo que hago sobre el escenario. Lo demás es para mí.

—De vos se ha dicho que eras pareja de Federico Hoppe, pero te tuvo sin cuidado, ¿cuál fue el peor rumor que tuviste que soportar?

—Ja, ja. Todo se tergiversa. Pero me río, hago humor con eso. Que me acusen de mal amigo sería mucho peor.

—Hace cinco años no pensabas en ser padre e incluso te daba furia imaginarlo. Hoy te encantaría, ¿qué pasó para que cambiaras de idea?

—La vida, los años. Eso. Estoy más maduro, y con menos ego por suerte.

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