OTRA VIDA

La mutación de Andrea Rincón: De vedette a actriz

La actriz argentina acaba de cumplir 33 años de una vida intensa. Durmió en una plaza en la juventud y sus inicios remiten a Gran hermano. Salió con un perfil de chica sexy, asociada a tapas de revista y escándalos. Hoy ha reinventado su vida y su carrera al destacarse en papeles de series de TV.

Andrea Rincón. Foto: archivo
Foto: archivo

"Cuando decidí cambiar el rumbo y jugarme por lo que quería, fue poner mucho en juego. Estaba bien arriba como vedette y decidirme a ser actriz me costó mucho en todo sentido", asegura Andrea Rincón, de 33 años y cuyos papeles en La leona (2016) y en Un gallo para esculapuio la han posicionado como una de las actrices de mayor crecimiento en Argentina.

El martes pasado, TNT estrenó la segunda temporada de Un gallo para Esculapio. Junto a Peter Lanzani, Luis Luque, Julieta Ortega, Ariel Staltari y Juan Leyrado; Rincón emergió, nuevamente, como una de las voces de ese mundo periférico, delictivo y anárquico que radiografía esta historia de ficción con aires de brutal realidad.

De su vida mediática le quedan cicatrices. Un conductor de televisión la menospreció al aire. En 2012, Moria Casán se trenzó fuerte con ella en una gala de "Bailando por un sueño", donde se reprocharon todo y se dijeron aún peor. Hacía actos de presencia aquí y allá y hasta se daba el lujo de contonearse frente al exvicepresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, en un reducto nocturno. Ese era el universo Andrea Rincón. Sostenido en un cuerpo de curvas imponentes y en rencillas por doquier.

Sin embargo, hoy, la chica sexy que lloró mucho ante cámaras, y aún más en su intimidad, parece ser alguien bien distinto y asegura que concretó sus sueños en la actuación.

"Casi me desmayo cuando recibí el Martín Fierro. Fue muy importante para mí, tan conmovedor. Me pasaba algo similar cuando volvía a mi casa después de grabar esta serie. Me acostaba a dormir y se me caían las lágrimas", dice al recordar cuando fue premiada por su labor en La leona.

—Hay una máxima que dice: "Cuidado con lo que soñás porque se te puede cumplir". Algo de eso sucedió con tu carrera...

—Me emociono con todo esto, es el sueño de mi vida. Hice una apuesta muy grande para lograrlo. Todo me costó mucho. Mi historia es especial. Yo venía de dormir en una plaza.

—¿Por qué tuviste que recurrir a eso? ¿Fue por estrictas razones económicas?

—No. Éramos de clase media baja, pero con mi papá pensábamos muy distinto en muchas cosas y la verdad es que nunca llegábamos a ningún acuerdo. Antes de bajar la cabeza, me fui a vivir a la plaza.

—¿Eras muy chica?

—Aún no había terminado la secundaria. Me bañaba en una estación de servicio y después me cruzaba a la escuela. Hice esa vida durante unos meses. Luego, conseguí casas de amigos para dormir. También paré en una pieza de pensión y en lo de una pareja hasta que entré en Gran Hermano.

—Y luego llegó la vedette...

—Hice teatro y me desnudaba para las tapas de las revistas, llegué a hacer nueve tapas.

—Y te sometías a una mirada que te cosificó.

—Fue tremendo aguantar frases ofensivas de conductores de programas.

—En algún momento un conductor de TV te dijo "para lo único que servís es para mostrar..."

—Este señor tiene una responsabilidad muy grande al estar al frente de un programa. Cuando me lo dijo, sentí que me faltaba el aire. Todo el mundo se reía y yo sentía que me moría. No digo quién fue porque, en realidad, me pasó muchas veces.

—Para alguien que le costó siempre sostener una autoestima alta, imagino el doble dolor. ¿Cómo comienza el cambio?

—Quería hacer otra cosa. Estaba muy arriba como vedette, así que tuve que empezar a rechazar trabajos. Perdí mucho dinero, lo pasé muy mal porque estaba invirtiendo un dineral en las terapias, así que tuve que vender cosas. Perdí mucho, pero me dije: "Voy a aguantar, aguantar, aguantar". Así que ese Martín Fierro fue como la recompensa de haber aguantado tanto.

—¿En qué o quiénes te sujetaste para superar las adiccione y poder tomar un nuevo rumbo laboral?

—Me aferré mucho a los tratamientos que hice y a mis terapeutas. Por supuesto, mi familia y mis amigos me apoyaron en todo y empecé a conocer gente distinta, un nuevo mundo. Soy una persona que da todo. Conozco a alguien y le doy todo porque me entrego.

—¿Eso es malo?

-Antes se abusaban mucho de eso. Hoy, las personas que me rodean me dan tanto como doy yo. Conocí algo distinto de la vida.

—Fue clave entenderlo para mutar.

—Me rodeé muy mal y también, en algún momento, sentí que no quería vivir más.

—¿A qué edad atravesaste el primer intento de suicidio?

—A los 16 años. Con el tiempo, hicimos como una especie de acuerdo con mi familia: dije que me quedaría en este mundo, pero que iba a tratar de cambiarlo porque así como estaba, no me gustaba. Siempre fui intensa. Creo que tiene que ver con el trastorno que tengo. En realidad con el trastorno que dicen que tengo, porque lo que tengo es una sensibilidad muy grande.

—¿Qué dice tu diagnóstico?

-Trastorno límite de personalidad. Tiene que ver con que todo en mi vida era mucho. Era muy dramática. Si tenía que llorar, me ponía a hacerlo debajo de la mesa. Cuando mi viejo tocaba con sus amigos músicos, me subían arriba de la mesa, me daban una guitarra y animaba a los borrachos. Me encantaba, necesitaba llamar la atención de alguna manera. Todo era mucho para mí.

—A partir de visibilizar ese trastorno, mucha gente se puede espejar en vos. Se te ve muy bien. ¿Cómo es tu presente?

—-Me interesa hablar de lo que hoy me mantiene viva. Hasta hice un corto para concientizar sobre bullying. Me ayudaron un montón de actrices para realizarlo. Si sabía que iba a ser así, no me hubiese querido sacar la vida. Hay un montón de gente que está en esa lucha.

—Sos otra mujer.

—Sí, y descubrí que hay un montón de gente que piensa como yo y que ayuda al otro. Estoy en varios proyectos para ayudar.

—¿Pensás en la maternidad? ¿Te ves ejerciendo ese rol?

—Hoy no. No estoy preparada. Seguramente sea madre con el mejor padre del mundo. Sé lo que me merezco, sé lo que tengo para dar. Construyo mucho para eso. Nunca fui madre porque jamás quise que mi hijo me venga a salvar. Soy de las que creen que una tiene que salvar al hijo, no el hijo a la madre y para eso tengo que evolucionar un poco más. Y también espero que haya un hombre que se lo merezca, porque la verdad es que, hasta ahora, ninguno de los hombres que tuve a mi lado fue digno.

—¿Cómo te situás frente al llamado poliamor?

-Creo que en la fidelidad. Soy de las que alimentan el amor y el fuego todo el tiempo. Creo en la virtud de la monogamia. Me parece que cuando estás todo el tiempo con una misma persona, en el plano de la sexualidad, hay algo que se alimenta, que se arma. No es lo mismo cuando estás con distinta gente. En la monogamia, el vínculo crece, se profundiza. La otra persona te reconoce, te toca y se prende el fuego. Mi imaginación es infinita y no hay modo que, con una pareja estable durante mucho tiempo, pierda la sexualidad, así el otro se quede pelado o gordo, o pase lo que pase.

Carrera de saltos

Andrea Rincón fue parte de Gran hermano 2007. Integró varias comedias u obras de teatro de revista como vedette. En 2012 fue parte del Bailando por un sueño. En TV, tuvo papeles en La Leona, Solamente vos y Un gallo para Esculapio.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)