DOÑA BASTARDA

Murga revelación se afila para pelear arriba

Dieron la Prueba de Admisión la misma noche que Los Saltimbanquis y bancaron la presión con el Teatro de Verano lleno. Salen a buscar carcajadas en cada barriada, como dice su bajada, pero tienen armas para dar batalla en el concurso y la respuesta de los tablados los afila.

Foto: Agustina Vilardó
El cuplé de La Cárcel es el punto más alto del espectáculo de la Bastarda Foto: A. Vilardó

El germen de Doña Bastarda se gestó en Murga Joven. Los componentes actuales integran esta movida desde 2013 pero andaban desperdigados en dos grupos: Cartón Piedra y Tripulantes de la Farsa. La inconsciencia de la edad los motivó a jugársela y dieron su primera Prueba de Admisión como Ecos del Camión con un año de experiencia en Murga Joven. Pero quedaron afuera: "Nos mandamos a las ligas mayores de ambiciosos", comenta Camilo Abellá, director, arreglador y letrista. En 2016 hicieron Carnaval como Eterna Madrugada, y en 2017 la gente de La Lunática les cedió el título, y estuvieron a nueve puntos de meterse en la Liguilla. Decidieron armar una murga nueva para depender de sí mismos y generar un proyecto a largo plazo con identidad. "Hacés las cosas bien, al año siguiente cambiás de nombre y la gente no sabe que es el mismo plantel. Muchos dicen que somos la revelación o la sorpresa pero no salimos de la nada, hay un proceso detrás. Somos un grupo artístico que anduvo dando vueltas por títulos prestados y de ahí surge el nombre Doña Bastarda, por el concepto de hijo no reconocido", explica.

Visión global.

Doña Bastarda mantiene el 80% del staff de La Lunática. Este año se integró Imanol Sibes, cupletero de 21 años, que debuta en el Carnaval mayor con tres años de Murga Joven encima en Quién le pegó a la perra. "Mi madre estaba embarazada y me cantaba retiradas de Falta y Resto", cuenta. El debut de La Bastarda y de Sibes salió redondo: convencieron a Pinocho Routin de que les hiciera la puesta en escena.

Emiliano Tuala, también letrista de la murga, se sentó con Camilo Abellá al final del Carnaval 2017 para evaluar los puntos fuertes y débiles que había tenido la murga. Concluyeron que los texto eran buenos, pero que estaban flojos en materia estética. Pretendían armar un espectáculo unitario, y surgió el cuento de terror con monstruos como hilo conductor. Faltaba un puestista que pudiera asesorarlos. "¿Y si hablamos con Pinocho Routin?", propuso alguien. Era un sueño que se colgara. "No perdíamos nada, conseguimos el número a través de un periodista de Carnaval y de atrevidos lo llamamos. Pasó por un ensayo a conocernos y le encantó cómo cantaba la murga. Cuando le mostramos los textos le fascinó más aún".

—¿Qué le imprimió Pinocho a Doña Bastarda?

—(Camilo): En un segundo te baja una idea a tierra. Con un detalle hace milagros.

—(Imanol): El ropero fue idea de él. Llegó al ensayo con una maqueta casera hecha con dos cartones y tres servilletas. Nos pusimos en ronda y nos dijo, "esto es un ropero por el que van a entrar y salir los monstruos y se van a mover a lo largo de todo el espectáculo".

—(Camilo): El ropero quedó gigante, no pasaba por la puerta del Club Congreso y terminamos ensayando un domingo en la plaza del Mercado Agrícola. Llegamos y no paraban de aparecer tambores.

—(Imanol): Cada quince minutos frenábamos para dejar pasar a la comparsa y reenganchábamos. Pensamos que se iba a generar malestar y estrés en la murga, pero pasaban y Pinocho se ponía a bailar candombe.

Letras.

A Pinocho lo conquistaron los caminos creativos novedosos que transita Doña Bastarda sin perder las raíces de la murga tradicional. Camilo dice que eso responde a que salieron de Murga Joven pero se criaron consumiendo títulos clásicos. "Aprendimos a erizarnos con la murga desde ese lugar. El encare artístico y textual puede ser de vanguardia pero al aterrizarlo suele ser tradicional".

Los textos se elaboran desde el detalle y la obsesión. Quedó muy poco de las primeras versiones de los cuplés. "Los reformulamos en un 90% buscando la perfección: no podía haber una cuarteta más floja que la otra". Es más, dos días antes de empezar el Carnaval decidieron sacar el bloque de cierre porque entendían que el nivel estaba por debajo del espectáculo global.

El disparador para arrancar a guionar fue una lista enorme que armó Emiliano Tuala con todos los sucesos vox populi del año renglón por renglón: desde un hecho político hasta el boom del spinner. No hay un solo dato agarrado de los pelos. Cada frase y palabra está pensada de forma minuciosa. Leyeron libros teóricos y tesis de psicología infantil para el cuplé de Los niños. Usaron información estadística y varios conceptos del filósofo Michel Foucault para La Cárcel.

Es más, ese cuplé estaba en la mente de Emiliano y Camilo antes de que terminaran el Carnaval con La Lunática. No sabían con qué murga ni cómo, pero seguro lo cantarían.

Doña Bastarda se abraza a la lucha por cortar con el machismo y los estándares conservadores. Plantean la prisión como un lugar simbólico donde se encierra a quienes hacen las cosas mal. "Pero en la cárcel de la vida los prejuicios son barrotes que te separan de los otros aunque a veces no lo notes", cantan. Y disparan tres citas violentas: lo que diría alguien con prejuicios contra los inmigrantes, hacia la mujer y los pobres.

—(Imanol): Si le hacés una cuarteta a Sendic más o menos te esperás la respuesta del público, pero estos son temas cotidianos y hace falta que la murga te diga que esta es la sociedad en la que vivimos. No lo planteamos desde el lugar, "vos estás mal". La murga es consciente de que carga con sus propios prejuicios. No es un cuplé de crítica sino de autocrítica a la naturaleza humana.

Prueba superada.

Dieron la Prueba de Admisión el 9 de noviembre a las 21:45. Esa noche no cabía un alfiler en el Teatro de Verano ¿La razón? Una hora y media después de Doña Bastarda se mostrarían en escena Los Saltimbanquis y la expectativa estaba puesta ahí: la murga de Enrique Espert llevaba veinte años sin salir y se armó con un plantel prometedor.

Están felices con el retorno de este título grande del Carnaval porque "son tremendos artistas y es un murgón", según Imanol. Es más, la etapa que actuaron Los Saltimbanquis en el Teatro de Verano quisieron terminar temprano los tablados para ir a mirarlos desde el tejido de las canteras: "Son murgas que admiramos". Cuando Imanol supo que compartirían la etapa con ellos lo primero que pensó fue que el Ramón Collazo estaría lleno, pero no imaginó que habría gente colgada del alambrado y sin lugar para sentarse. "Salí a mirar por el costado del telón y explotaba, estaba lleno hasta el tope. Pensé, ¿y ahora qué hacemos? O nos va muy bien o muy mal. En veinte minutos teníamos que mostrar lo mejor que teníamos y era una responsabilidad tremenda".

Esos veinte minutos alcanzaron para que empezaran a hacer ruido entre los fanáticos de Momo. Se habló de la Bastarda como la revelación, se los elogió por la calidad del libreto y la puesta. La repercusión fue inesperada. "Antes, durante y después de la prueba no sabíamos qué iba a pasar. Escuchamos los fallos en el Club Progreso. Prendidos a la radio y cuando dijeron Doña Bastarda explotamos. Fueron ocho meses de meter cabeza, laburar, y éramos conscientes de que podía pasar cualquier cosa porque el nivel de murgas era muy alto", comenta Imanol.

Ese run run se tomó como una presión extra para ir a más desde lo artístico. Tenían dos meses para preparar el espectáculo completo y no estaban dispuestos a bajar el nivel de lo presentado en la Prueba de Admisión. Es más, tenían pronto un cuplé de ocho minutos llamado Las Pesadillas, pero no les terminaba de convencer. Era aceptable pero tenía altibajos, así que decidieron eliminarlo, a pesar de que la murga ya había "masticado la letra" y no dependían del guión. Cuando anunciaron que no iría, los componentes se miraron con un poco de susto porque había que remontar diez minutos de actuación sobre el pucho y a las corridas, pero salió.

En esta historia cargada de debuts les tocó abrir la primera etapa. Imanol es ansioso y detallista pero se subió muy tranquilo a cantar. Cuando tuvo tiempo de mirar a los ojos a sus compañeros, esos con los que había laburado durante meses de calor, frío y jornadas eternas a pulmón, y vio sus caras de emoción supo que era un espejo de su sensación: "Ese fue por lejos el mejor momento del espectáculo en el Teatro de Verano".

—¿La Bastarda sale a ganar?

—(Camilo): En principio salíamos para pasar la Prueba de Admisión, después la idea fue estar entre las diez mejores para lograr estabilidad como murga y como empresa desde lo económico. Pero es un espectáculo muy valorable desde todas las ramas artísticas así que eso puede llegar a generar un peso y que no solo seamos la murga revelación que se cuela en la Liguilla.

—(Imanol): La murga se traza objetivos a medida que avanza. Cuando supimos que habíamos entrado terceros en la Prueba de Admisión no queríamos más nada, ya habíamos superado la meta con creces. Después el objetivo fue emparejar los otros 25 minutos del espectáculo para que estuvieran al mismo nivel. Antes del Teatro de Verano metimos ocho tablados y sentimos que la gente está bien predispuesta: se ríen, aplauden, asienten con la cabeza y eso es maravilloso, da para emocionarse y afilarse un poquito.

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