ENTREVISTA

Moria Casán, la diva under comercial

La dueña de la lengua karateka, así la autodenominó ella, cita a Oscar Wilde: “El mejor amor es el amor a uno mismo”.Esa seguridad, confianza y firmeza con que Moria Casán se despacha es quizá la clave de su vigencia. Lleva cincuenta años arriba del escenario, nunca se tomó un año sabático y es una estrella desde el día uno. Ella piensa que hoy no surgen figuras porque buscan “fama express” en vez de permanencia y ya no hay cultura de trabajo. Todos los años la convocan del Bailando y ella acepta porque Ideas del Sur es su casa. Moria presentóPlumas en la noche en Colonia y Sábado Show conversó con ella mientras esperaba para degustar un rico chivito.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: Archivo El País

—Sos una mujer que innova, estás siempre un paso adelante, ¿los shows se transforman contigo a lo largo del tiempo?

—Yo creo que sí porque en eso me hago mucho autobombo, soy muy vanguardia. Ahora la palabra transgresión se usa pero yo he sido transgresora desde siempre. Primero en que pese a empezar en la revista, hice que no se me cosificara, que no me usaran como objeto. Tuve siempre un papel como de capo cómica femenina, sin querer ocupar el lugar del varón, pero que no me usaran.

—¿Y te respetaron de entrada?

—Obvio, desde siempre, porque de entrada fui figura y lo ponía en mis contratos eso. Me respetaban sí o sí.

—Marcaste la diferencia desde el inicio...

—Marqué la diferencia y fui la primera mujer que habló porque cuando entré a la revista las mujeres eran como objetos. Yo bajaba a la platea, me reía con ellos, no de ellos, y proponía otra cosa: no podían acreditar que una mina importante rompiera esa cuarta pared y bajara a hablar con la gente.

—Además de tener un gran cuerpo, bailar y actuar, hablabas, pensabas, ¿crees que falta eso en el medio hoy?

—Creo que falta porque hay una fama express entonces es una cañita voladora, no hay estrellas, no surgen figuras porque todos están en busca de fama, y no de algo que tenga sustento, entonces es muy difícil que permanezcas. Nosotros hemos dejado un trecho muy importante para que se desarrollen nuevas figuras y sin embargo no pasa. La que surge se desvanece. Cuando yo entré al teatro había una cultura del trabajo, muchos años haciendo banco. Yo entré y enseguida me pusieron a hacer sketches, bailes, enseguida tuve mi lugar. Es trabajo. Quizá la gente de comedia musical sea más dedicada pero no alcanza la popularidad que requiere una estrella. Yo creo que todos los que están en el medio por algo están pero de ahí a que permanezcan...

—¿Ves a alguien con pasta como para continuar tu legado?

—No, yo no veo a nadie porque me parece que todos somos únicos y buscar alguien que continúe el legado de uno no va. Cada uno tiene que tener su estilo, porque si hay alguien que copia deja de ser ella y siempre va a ser un clon tuyo. Los que copian mi estilo son los travestis y la gente transgénero que me dignifican, me honra que me hagan y se ganan su vida con ello. En el combo no veo a nadie: hay muchas chicas lindas, pero la que baila bien no es alta, la que es baja no tiene voz. El combo falta.

—Charlotte Caniggia ha sido la revelación de este Bailando, ¿por qué crees que brilló tanto?

—Porque es muy simpática y no sigue las reglas. Es una rupturista. No le importa nada. No trabaja ni para que la aprueben ni para que la desaprueben. Es espontánea, genuina, entonces está fuera del sistema. Está en el sistema solo porque participa del Bailando.

—¿En eso te reconocés?

—Sí, soy medio under comercial, soy muy rupturista, muy vanguardia. Soy una mujer muy conocida pero me atrevo a hacer cosas que no hace nadie. El año pasado hice Las tres viejas, de Alejandro Jodorowsky, e interpreté a una vieja de 101 años. Después hice en el Konex Una visita inoportuna. Y también revistas populares. En el espectáculo The Hole hice a una maestra de ceremonia donde me enamoraba de una rata. Una locura. Soy multiterreno.

—Sos una figura consagrada que no precisa del Bailando, ¿qué te da el show para seguir eligiendo ser parte?

—Me lo proponen ellos, soy como la maestra ciruela, la más grande, la que hace diez años que está. Me llaman todos los años, quieren mi palabra porque además de saber de baile, hago una análisis de todo. Me contratan y me divierte quedarme en Ideas del Sur porque es como mi casa.

—¿La producción te ha pedido que hicieras algo con lo que no estuviste de acuerdo?

—No, desde la producción no me bajan ninguna línea, hago lo que se me cante.

—Hace pocos meses hiciste una tapa para Playboy, ¿te sentís un sex symbol?

—Me siento una hermafrodita, mitad hombre, mujer. Una cosa rara. Me siento una transgénero desde hace mucho tiempo. Me parece que ya tengo superada la etapa del sex symbol. Me siento como una gran maestra de ceremonias de la vida que hay que celebrarla.

—¿Cómo te sentís cuando se apagan las luces y dejas el personaje de lado?, ¿sos muy distinta?

—Me siento divina. El personaje persona en algún momento se mezclan pero yo no lo hago. O sea, cuando estoy en la silla de Showmatch soy Moria Casán personaje para los demás, pero siempre dentro mío está la persona. Yo tengo un sentido realista de mi profesión, nunca me la creí. Me la creo en cuanto a responsabilidad y profesionalismo, pero nunca me como el personaje porque el personaje persona son lo mismo y soy una mina muy equilibrada y en eje.

UNA MÁGICA DUPLA

Moria Casán y Judy del Bosque se conocieron porque tenían un amigo en común, Daniel Fernández. Y enseguida hubo química y buena onda. Moria invitó a la maga uruguaya a participar de sus shows porque sentía que le aportaba un atractivo novedoso. “Es extraordinaria amiga, gran maga y hace un show que no es visto, muy original”, señaló la diva argentina.

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