la previa al carnaval

Maxi Tuala: cupletero bonachón

Su abuela dice que trae la comicidad en la sangre. Lala se descostilla cuando su nieto hace bromas y no se ríe o “pone cara de estúpido”. Maxi Tuala es rápido, ocurrente, bohemio, hippie y optimista, “siempre ve el vaso medio lleno”, según Susana, su madre.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Cayó la Cabra salió tercera en el Carnaval 2015 con el espectáculo 'Natural'. Foto: Ana Laura de Brito

Calzar 46 le complicó la vida para encontrar zapatos pero sus piernas largas le aseguraron varios triunfos en los juegos callejeros, aunque nunca le importó ganar. En 2014 salió Mejor Figura de Murga, “agarró el premio con cara de nada, no habló y lo dejó olvidado en la mochila de un compañero que lo tiene hasta hoy porque se le pasa pedírselo”, relata Fabricio Speranza, amigo, hermano de la vida y actual integrante de La Gran Muñeca. 

Lala se jacta de que su nieto mayor jamás se olvida de un cumpleaños, "me llama, viene y me come a besos", pero su madre dice que ella tiene que recordarle cuándo es el suyo unos días antes, "la abuela siempre lo defiende".

Es más, hace un tiempito se agarró una costumbre especial: no llama, manda un mensaje con una cantidad de letras amontonadas que no significan nada pero quienes lo conocen descifran que es su saludo. "Lo hace seguido, no solo para los cumpleaños, también cuando se despide en un chat, lo usa como mecanismo para no expresar sus sentimientos, aunque igual sabés lo que te está queriendo decir", lo delata Fabricio.

Es un desastre para las fechas y edades; ir hacia las anécdotas de su infancia le implica un gran esfuerzo. Los padres de Maxi se separaron antes de que él naciera, pero no conoce a ciencia cierta la historia, "capaz que me contaron algo y no me acuerdo, soy un despelotado". Vivió con Lala y Coco desde los 4 a los 13, "ellos me formaron como persona, era el hijo de mis abuelos".

Maxi es el orgullo de Lala, fue el primer nieto, es la luz de sus ojos y ella dice que la acompañó en los momentos más difíciles de su vida. Al contarlo se quiebra, pero en seguida se recompone y cuenta que su esposo hablaba mucho con aquel nene que jamás les dio trabajo, "le decía que con la verdad y la decencia siempre iba a llegar lejos. Creo que lo asimiló porque todos lo quieren".

Es probable que el murguista de Cayó la Cabra no sepa con precisión qué palabras usaba Coco, pero le consta que era "súper jodón, me hacía reír mucho". Coco y Maxi eran muy compinches. El pequeño sabía que el día de Reyes siempre recibía una bicicleta, así que cada 6 de enero salía a dar vueltas manzana con el abuelo.

No sabe qué habrá sucedido con aquella bici que era de Coco pero le hubiera gustado rescatarla para usarla hoy: el bi rodado es el vehículo por excelencia de Maxi. Lala está "furiosa" porque su nieto anda por toda la ciudad sin chaleco, "le voy a comprar uno para que lo use, la calle está peligrosa. Me muero si sé que va a ensayar en bici porque queda muy lejos de su casa".

Lala asegura que Maxi era muy obediente, "nunca nos llamó la directora; tengo guardados todos los carné de la escuela y pasó con muy bueno, muy bueno sobresaliente" e insiste en pasarme el número de teléfono de algún vecino para que me confirmen las bondades de su nieto.

Fabricio recuerda que sus abuelos lo trataban como un "rey", pero había límites, "no lo dejaban faltar a la escuela salvo que estuviera enfermo". Lo sobre protegían y Maxi alguna vez mintió. "Tenía 10 años, le dije a mi abuela que íbamos a las maquinitas con los padres de un amigo pero fuimos solos, quedaba a cinco cuadras pero a ella le daba miedo que anduviera solo en la calle. Me re colgué, miré para afuera y se había hecho la noche, les dije, Colo, Fabri, es de noche, vámonos porque sabía cómo era la cosa. A mitad de camino me crucé con mis tíos, habían salido a buscarme por el barrio. Cuando llegué a casa me ligué un rezongo fuerte".

El mes pasado armó las valijas y se tomó un avión rumbo a Cuba junto al plantel de Cayó la Cabra, la murga amiga Metele que son Pasteles y otros pasajeros que se sumaron a la travesía. "Era impensado, incluso cuando promocionábamos la gira en los tablados lo veíamos como algo lejano, yo por dentro pensaba, si no sale quedamos re pegados".

Disfrutó, paseó y cantó con sus amigos; aún así, "a los tres días ya estaba extrañando y se quería venir", lo delata su madre. Maxi padece el calor, las temperaturas en tierras caribeñas eran altísimas y ponerse el traje resultaba una tortura, así que cada actuación la vivió como "un sufrimiento lindo".

Hicieron dos presentaciones chicas en Varadero y Trinidad, actuaron en un teatro de La Habana y en la calle, "empezó a llover y seguimos cantando, la gente se colgó, estuvo divino. Había cubanos y también estaban los uruguayos que viajaron con nosotros que eran los que nos remaban los chistes".

"La cuarteta de Tenfield sirvió para atraer gente que no nos conocía" Foto: M. Bonjour

Ser artista.

Jugaba a la escondida, el kikiriyá, la mancha, el 25 (fútbol), el SS, la botellita y se "castigaba" con el Conejo para dar los primeros piquitos. Copiaba las figuritas de los Looney Tunes en hojas de garbanzo y "no entendía cómo me podía salir bien si nunca había aprendido".

Su abuela guarda todos sus dibujos como tesoro y la primera caricatura hecha por su nieta que le viene a la mente es una de Líber Seregni donde la sombra de su rostro era la figura de Artigas; es la única que Susana mandó a encuadrar.

Lala le insistió para que explotara esa condición innata, se anotó en un curso con "un tipo que dibujaba en Guambia, un crá, pero me aburrí porque no me salía. Te hacía ver la imagen real y caricaturizarla y yo no lograba pasar al papel lo que imaginaba". Su madre se enteró de que había abandonado cuando fue a pagar.

En casa de sus abuelos sonaba música carnavalera todo el año. Lala repite que no se va a morir sin ponerse un traje de murguista y es gran responsable de que se haya fanatizado por este género: no se perdían un desfile, recorrían ensayos, tablados, iban al Teatro de Verano.

Los tíos de Maxi eran utileros de Los Bubys (humoristas) y junto a Fabricio los seguían, se aprendían los textos de memoria y luego los representaban. Uno de sus tíos le trajo una filmadora de Miami y Lala recuerda que ambos pasaron toda esa noche frente a la cámara haciendo morisquetas.

Era tímido al extremo: no participaba en clase, sufría si tenía que sentarse adelante en la escuela e incluso le daba temor pasar por delante de un grupito de gente que quizá ni lo miraba. Esa vergüenza se hizo a un lado varias veces en la infancia: él y Fabricio juntaban cuatro o cinco vecinos y actuaban, "ellos se cagaban de risa para hacernos la pierna porque era horrible".

Alguna vez habrá dicho, de grande quiero salir en Carnaval pero ese anhelo era muy lejano. Ni siquiera hoy se plantea si es murguista, actor o empleado de la Intendencia (trabaja en el Comunal 4), "vive lo que tiene que vivir, es admirable", dice Fabricio.

Es más, los primeros intentos por meterse en Carnaval fueron fallidos. Rodolfo Rognone, un querido amigo de la familia, le tomó el casting para ingresar a humoristas Los Mikis, quedó, llegó a su casa y escribió el nombre en la pared de su cuarto; el conjunto nunca salió. 

Ensayó un tiempo en La Platense y decidieron no contar más con él; en 2009 dio la prueba de admisión con murga La Coartada, había menos de 50 personas en el Teatro de Verano (familiares y amigos incluidos) y no pasaron. La suerte no lo acompañaba hasta que formó la murga joven Nació de Nalga con sus amigos. Alguno le dijo, hacé este cuplé y le tocó interpretar a un alcohol en gel. Así empezó a soltarse.

Debutó en Cayó la Cabra en 2013 con el espectáculo Madurar, le tocaba decir un parlamento solo previo a la despedida y sufría toda la canción final de pensar que debía recordar la letra. "En un momento dije, vamos a tratar de disfrutar porque me voy a volver loco y cada año lo disfruto más".

Cada vez se afianza más en el escenario y toma confianza. La interacción con el público es su juego preferido, le encanta contar e intentar que no le esquiven la mirada. No apela al chiste, su fuerte es comunicar desde el cuerpo, interpretar, "labura mucho desde la intención, el modo de decir, no es qué dice, sino cómo", opina Fabricio.

El clic.

Meterse en la murga significó un cambio radical para Maxi. La primera metamorfosis empezó a verse a nivel estético. Usó el pelo bien cortito hasta que tuvo necesidad de tapar una cicatriz que tenía arriba de la nuca y se lo dejó un poquito más largo. De adolescente tenía el tic de ponerse el pelo detrás de la oreja y no podía salir de su casa sin peinarse.

"Me mandaban al almacén y yo iba para el baño antes de que me dieran la plata y la listita a ponerme gel". Esas manías quedaron atrás: dejó de cortarse el cabello, lo tenía crespo, le crecía para arriba, unas "lanas horribles".

Un día se le antojó que quería hacerse rastas. Lala dice que lo decidió porque tenía locura por Bob Marley, pero Fabricio la desmiente, "pintó alguna remera y le hizo algún dibujo a la abuela pero no le gustan esos estereotipos, es más, le molestaba que en Cuba lo único que hubiera para comprar fueran remeras del Che Guevara".

El cambio fue paulatino, su madre le decía, "si llegás a venir con rastas dormís afuera. Primero apareció con una, después con tres y al final toda la cabeza". Maxi era clásico y prolijo para vestirse; un día la ropa empezó a importarle muy poco, "si tenía un pantalón roto, no lo tiraba ni lo arreglaba, salía así; si agarraba un buzo al revés sin darme cuenta no me preocupaba por ponerlo del derecho".

Su personalidad también mutó. Fabricio dice que empezó a quitarle trascendencia a lo negativo y a desdramatizar, "si alguien intenta discutir con él, seguro termina indignado". Si se equivocó, pide perdón, te da la razón pero corta cualquier tipo de pelea, no da lugar a que el otro se exprese porque lo resuelve antes.

Evita los enredos. Le gusta estar tranquilo, trata de no cargar su día de actividades complejas, sale en la chiva y se tira en un parque a tomar sol (la entrevista se realizó al aire libre a pedido suyo). "Sabe esperar, piensa que todo va a llegar y vive el día a día", dice su madre.

Gajes del oficio.

Es imposible eludir aquella cuarteta donde Cayó la Cabra trataba a Tenfield de mafiosos y revolucionó el Carnaval 2015. Maxi recibió el llamado de un amigo de la familia que le pidió para hablar en persona, lo fue a buscar al trabajo y le aconsejó que quitaran ese chiste porque podrían sufrir consecuencias a nivel del concurso y televisación. "Así empezó todo, antes ni sabía que existía, me olvidaba". Esa tarde, llegó al ensayo y se encontró con que Lucas Pelu Pintos (director) había recibido un aviso similar.

Se habló de quitar el chiste e incluso lo eliminaron en un par de tablados pero la reacción de los espectadores pesó más: esperaban ansiosos para ovacionar, aplaudían antes. "Fue más fuerte que nosotros, se fue convirtiendo en la cuarteta del público, no la podíamos sacar y le dimos para delante".

Su abuela lo llamó preocupada, "pero él me dijo, Lala, no pasa nada". Maxi no entendía por qué se había armado tanto lío pero "casi ni habló del tema, no se enroscó", acota su amigo.

Los echaron del Club Industria, el 25 de Agosto les abrió las puertas y él lo vivió como si los hubieran sacado de su casa para irse a una pensión, "quedó ese gusto amargo pero no influyó tanto porque seguimos gozando, incluso nos sirvió para traer más gente que nos conoció por ser la murga que tiene el problema con Tenfield".

La popularidad llegó de un día para el otro en la vida de Maxi, "las primeras fotos que me pedían, decía, ¿conmigo?, por qué? Está buenísimo pero te cuesta asimilarlo". Su filosofía de vida se traslada a su visión sobre el concurso. Cayó la Cabra salió tercera en 2015 y eso les permitió trabajar durante el año, pero la mayor conquista fue el cariño y la respuesta de la gente.

"Nos encantaría ganar, sería un mimo precioso pero no nos inquieta". Durante la charla sobre vuela el éxito que vive Agarrate Catalina, Maxi opina que "la competencia pudre todo. Todos los querían hasta que ganaron ¿Por qué? Deseales la misma suerte y energía positiva que antes, vamo arriba, que ganen siempre, a mí qué me importa".

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