ENTREVISTA

Martín Fablet revela la interna de la salida de Nacho Álvarez de Sarandí: "Había un clima tenso"

El comunicador valora la nueva etapa de Las cosas en su sitio. Asegura que no fue invitado al nuevo proyecto de Álvarez. "Igualmente no hubiera aceptado", dice.

Martín Fablet
Martín Fablet. Foto: Leo Mainé.

—A mediados de año Nacho Álvarez se desvinculó de Sarandí. ¿Te sorprendió?

—Sorprendió al equipo. Porque lo que ocurrió de fondo, que fue una diferencia de plata con la radio, es algo común en las empresas y quizás lo mejor hubiera sido poner en conocimiento a los demás. Decirnos: "Bo, está pasando esto". Pero no fue así. Fue intempestivo. El fin de semana yo estaba preparando un personaje y guiones para el lunes y me avisan que Álvarez no va a estar más en la radio. Lo llamé a él y me dijo que había una diferencia sí, pero el lunes la arreglaría. Pero desde la radio me insistieron: "No lo prepares para él, sino para Jaime Clara". Y fue así. Álvarez no vino más. No se despidió ni vino más a la radio, ni a saludar.

—Por lo que trascendió hubo un intercambio de mails con la dirección el fin de semana y las partes no acordaron...

—Sí. Es una persona muy particular Nacho Álvarez. Atravesamos un año con COVID, donde hubo mucha gente despedida y otros en seguro de paro. Entonces las demandas salariales de los que quedamos trabajando nos parecían no muy pertinentes. Si bien todo el mundo está en su derecho de pedir lo que considera que debe ganar, la radio estaba haciendo un esfuerzo enorme. Porque era un momento muy complicado y sigue siendo. Los medios, con la caída de la publicidad, han sufrido mucho. Se cayeron anunciantes de un día para el otro y en cuanto a los salarios, a todos nos bajaron.

—Después de lo sucedido, ¿han hablado?

-Hablamos solo dos veces con Álvarez. En una primera instancia me preguntó si podía contar conmigo para su nuevo proyecto, una invitación que luego no concretó. Después me llamó para explicarme las razones de su no convocatoria y yo le dije que igualmente no me hubiera ido. En el último tiempo, la relación ya estaba medio desgastada. Yo estoy infinitamente más cómodo ahora...

—Ustedes tenían una relación de amistad, ¿o no?

—Amigos con Álvarez, no. Hemos sido parientes (NdR: Fablet fue pareja y tiene una hija con Mariana Álvarez, hermana de Ignacio). Pero amigos no. Y dentro de la dinámica del trabajo no estaba fluido el vínculo últimamente. Yo no estaba muy cómodo y supongo que él tampoco. El equipo que armó ahora tiene mucho más que ver con lo que gusta a él.

Martín Fablet
Martín Fablet. Foto: Leo Mainé.

—¿Qué le gusta a él?

—Le gusta más la precisión y el periodismo riguroso. Nunca supo entender el valor del outsider, que es la pseudovoz del pueblo y que está bueno corregirlo. Aquel que dice: "A estos hay que mandarlos a todos presos" para luego venga alguien que lo ponga en su sitio. Me parece que eso era lo divertido de nuestra dinámica, entrar en el “disparatódromo” para que haya alguien que marque los límites. Ese era mi rol y en los últimos años empezó a pudrirse un poco. No le gustaba. Se pudrió... supongo porque es un periodista. Y yo no lo soy.

—Decías que hoy, con el equipo actual encabezado por Iliana Da Silva y Juan Miguel Carzolio estás más cómodo...

—Sí. Aunque estamos en las antípodas en cuanto a las convicciones políticas con muchas cabezas que hay ahora, es otra cosa. Es un placer. De todos modos, yo soy hincha de la radio antes que de la gente. Soy hincha de Sarandí. Se dice que los gobiernos pasan y los países quedan. A mí me pasa un poco eso con esta radio. Soy de las más viejos en Sarandí.

—Con Iliana y Juan Miguel tuvieron una discusión fuerte al aire cuando hablaban de los desaparecidos. Afirmaste que algunos familiares obran desde el “revanchismo” y ellos lo cuestionaron. ¿Se saldó en paz eso?

—Sí. Como digo, tenemos visiones distintas. Pero cada uno dice lo suyo y se respeta. Iliana y Juan Miguel son jóvenes, tienen una cabeza diferente y tenemos, a pesar de las diferencias, una linda vinculación. Martín Tocar, que es el nuevo productor, es de gran nivel. Debe ser de los mejores periodistas políticos y es un guacho. La carrera que tiene para hacer es enorme. Estoy muy conforme con cómo se ha armado el equipo. Falta ponerlo en la pista y que salga a rodar. El equipo que armó Álvarez también me parece que está muy bueno.

—Ahora hay una renovación también de los humoristas, propiciada por la salida de Marcel Keoroglian y el ingreso de Germán Medina y Diego de la escucha...

—Sí. A pesar de que Marcel, no por las imitaciones, es de los mejor que hay en humor, me gusta mucho el equipo ahora. Germán Medina hace un análisis muy salado de la realidad. Tiene mucha sintonía con el resto del equipo. Y lo de “Diego de la escucha” me parece de lo más rico. Las cosas que encuentra y cómo lo edita. Me parece que también la parte de divertimento del programa va a estar muy bien. Yo quería salir del humor de las imitaciones. Creo que ya fue. Las imitaciones pueden ser muy válidas en campaña electoral, pero ahora no.

—¿Tu participación cambia en algo?

—Ingobernable. Entro, salgo, digo disparates, hago personajes. Tengo carta libre. Es un placer venir acá. Con el gordo (Jaime Clara) hace 10 años que estamos mano a mano en enero y es una de insultarnos y decirnos cualquier cosa que nos encanta.

—¿El clima laboral cambió con la salida de Álvarez?

—Sí. Antes acá se vivía con el estrés de un conductor que comunicacionalmente es perfecto, como Nacho Álvarez. No hay otro. Si lo tengo que comparar con Iliana y con Juan Miguel, son incomparables. Es perfecto. Pero convivir con él trabajando no es perfecto. No soy yo solo quien piensa eso.

—¿Es muy exigente?

—Como cabeza de grupo generaba una tensión que fue productiva para el programa porque todos salían enchufados. Era bueno para el éxito del programa. No para mí. Cuando te ponés más viejo, empezás a no soportar algunas cosas o ver el trato que tenía con otras personas. Te empieza a pudrir todo. Quizás sea un tema de vejez. A lo mejor a los jóvenes les importaba menos. De hecho, un joven periodista como Mauro Béttega, que estaba acá con nosotros, se fue con él. Se ve que no le preocupaba esa tensión.

—Ahora no se trabaja en esa tensión...

—Estamos en un punto medio. Sería peligroso cambiar la tensión por un "viva la pepa", por un “llegamos y vemos qué hacemos”. Y no es el caso. Otro cambio es que la radio se ha volcado más hacia lo social. Una cosa que pasaba con Álvarez era que las entrevistas no tenían rédito para los entrevistados. Nacho sabe cómo preguntar y te destroza. Entonces no venían. Ahora, con este cambio vienen todos. En esta nueva etapa, por ejemplo, vino Carolina Cosse, que no pasaba ni por la puerta. Me parece que estos chicos (por Iliana y Juan Miguel) encontraron el equilibrio entre apretar al entrevistado pero tampoco que pase mal al punto de que no venga más. Porque necesitamos que venga; enriquece al programa haya otras voces y que no sea solo un monólogo de alguien.

—Hay gente que ha dicho que con el cambio se dio un giro ideológico en Las cosas en su sitio, ¿coincidís?

—Puede ser. Lo que se terminó es el protagonismo absoluto. Ahora está más repartido el juego. ¿Será efectivo o no? Se verá. Por el momento no hay mediciones.

—¿Cómo lo medís a nivel de interacción con la audiencia, a través de los mensajes por ejemplo?

—Para mí lo que pasó fue lo siguiente: vino la gente que no soportaba a Álvarez y se fueron quienes lo querían mucho. Hubo un recambio. Obviamente, los que siguen a Nacho le serán fieles en su nuevo proyecto. Repito: comunicacionalmente, no creo que nadie se le acerque. Periodísticamente hay muchos en su nivel. Pero la manera de comunicar es única. También están los valores de la radio como tal. Sarandí es como una estufa prendida. Le tirás una cubierta y prende. Sigue atrayendo gente.

—¿Cuál es tu visión del primer año de gobierno de Luis Lacalle Pou?

—Cuando las empresas navieras buscan capitanes de barco, reciben a los candidatos para la entrevista laboral. De repente algún aspirante dice que lleva 40 años navegando, pero lo que quieren saber las empresas es por cuántas tormentas pasó. Lo que hace al capitán es la capacidad que tiene en momentos jodidos. Porque navegar cuando está planchado es un bollo. El presidente tiene la oportunidad de trascender como un mandatario que navegó bien en la tempestad que estamos viviendo. Ojalá lo logre.

Martín Fablet
Martín Fablet y Luciana Acuña.

—La relación amorosa con Luciana Acuña atravesó también una “tempestad”. ¿Cómo están ahora?

—Acuña es una persona increíble. Es una compañera de fierro. No se están cruzando como tendrían que cruzarse las curvas de intereses. Pero como nos queremos mucho, seguimos.

—¿Qué tipo de intereses no se cruzan?

—Ella es una mujer que quiere vivir todo como corresponde: la maternidad y la convivencia. Yo eso ya lo recontra viví. Entonces no quiero. Pero es absolutamente entendible, válido y genuino lo que ella plantea. Nos divertimos mucho juntos y no vivimos este cruce de intereses como una pulseada. Se trata de un “a ver qué pasa”. Hay que vivirlo y ves qué sucede. No hay nada escrito.

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