María José y Alaska

María José Sarasola: la protectora

La bailarina uruguaya que integra el staff de Showmatch pasó por Uruguay especialmente para la producción que reúne a las más bellas protectoras de animales. María José Sarasola es una acérrima defensora de los derechos de las mascotas.

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María José Sarasola

“No hay un respeto hacia los animales”, se queja. La modelo tiene un total de ocho gatos, su animal favorito. “Siempre me gustaron, cuando era chica y veía uno en la calle siempre me quedaba acariciándolo”, recuerda. La historia de la monumental belleza que le hace frente al maltrato animal junto al gatito Alaska, el más reciente integrante de la familia.

María José Sarasola es la primera en llegar a la sesión fotográfica. La modelo uruguaya vive en Argentina donde integra el staff de bailarinas de Showmatch, pero pasó por Montevideo para formar parte de la producción junto a su mascota. La acompaña Alaska, un tímido gato blanco y gris de menos de un año de vida. "Es especial porque tiene una personalidad muy marcada. Es hermoso", lo elogia la orgullosa dueña.

Alaska se esconde en un recoveco hasta el momento de las fotos. Al igual que su ama, el felino es fotogénico y disfruta al posar para la cámara. Aunque claro, la situación se complica cuando arriban al estudio Fidel, Inqui y Telma, los perros de sus colegas. Majo no puede evitar preocuparse, pero con el correr de los minutos, la pequeña mascota ya se acostumbra a la presencia canina.

Alaska no es el único gato bajo la custodia de Majo. La modelo cuenta con cuatro ejemplares en su apartamento de Buenos Aires y otros cuatro en el de Montevideo. "Siempre me identifiqué con los gatos", define. Es que es el animal que la acompaña desde que era bebé. "Nací y ya había gatos en mi casa", explica.

Los primeros fueron Pilú y Chatrán, que cuidaron a Majo en su infancia, pero la que marcó su vida fue Tina, una gatita que su hermano encontró en mal estado. Majo tenía ocho años y la adoptó como su mascota. "Hasta la llevaba a la playa", ríe. Los gatos llaman su atención porque "son independientes, tranquilos, buscan a su dueño cuando realmente quieren amor, saben juegan, hacen reír", enumera, y ríe: "y me gusta su ronroneo".

"Cuando veo gatitos chiquitos en la calle directamente me los llevo, cuando son más grandes, intento ubicarlos en algún lado pero ya tienen más manejo de la calle", explica sobre su afición por la protección animal. Lamenta que parte de la sociedad "esté dormida" en ese aspecto: "Muchas veces los animales son vistos como cosas, no como seres que sienten. Debería haber una pena más fuerte contra el maltrato animal", arremete.

Colaborar con animales le ha brindado regocijo, pero también ha tenido que soportar tragos amargos. Así fue hace dos semanas cuando se tuvo que despedir de un gatito de pocos meses al que intentó ayudar para recuperar de una leucemia. A Majo le tiembla la voz al recordarlo y define la experiencia como traumática:

"Era un gatito que siempre iba a comer a la casa de una amiga mía. Un día, su madre llama para decir que el gato estaba muy mal. Fuimos y estaba en la puerta acurrucado. Cuando llegamos se paró y estaba en un estado horrible. Era piel y hueso y toda la cara congestionada. Lo llevamos a una veterinaria, y con los días fue mejorando pero volvió a decaer. Me quedé con él toda una noche porque a la mañana le íbamos a hacer una transfusión, pero unas horas antes falleció".

¿Cómo ayudar cuando se encuentra un animal abandonado por la calle? La morocha responde que hay varias vías: "Se puede sacar una foto y difundirla en los medios que se pueda para llegar a un refugio de animales. También llevarles comida, agua y hacerles un mimo. Si uno tiene lugar en la casa hay que rescatarlos, y siempre va a haber alguien que lo quiera adoptar", finaliza.

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