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Marco Bustamente: Uruguayo en Crónica TV

Oriundo de Minas (Lavalleja), el periodista Marco Bustamante decidió hace 10 años probar suerte en Buenos Aires. Desde hace 5, integra el staff de movileros de Crónica TV, donde también produce ciclos especiales.

Marcos Bustamante
Marco Bustamante.

Le toca cubrir política, policiales, movilizaciones o, como en los últimos días, la fiebre mundialista. “La gente está como loca con el Mundial. Se vive con mucha pasión, como en Uruguay”, dice. Defiende el estilo del canal, al que define como de cercanía con la gente. “Crónica es pueblo”, dice y admite que algunos pueden tildarlo de sensacionalista pero ya no muestran sangre ni muertos.

—¿Quién o cómo se hacen las famosas placas de Crónica TV?

—Hay uno o dos redactores de placas por cada turno. Generalmente se trata de poner al aire frases espontáneas y creativas. Algunas son muy geniales y por algo se terminan viralizando. Facundo Pedrini, un joven de 29 años, es el redactor principal de las placas, que le dan un sello distintivo al canal.

—¿Cómo definirías el estilo de Crónica TV?

—Crónica es pueblo. La gente sabe que cuenta con el canal para expresarse. En Crónica los periodistas somos los que atendemos el teléfono, nos organizamos por turnos. No hay una telefonista que filtre. La gente sabe que llama con un reclamo o una denuncia de robo y lo atiende el periodista. Y a la hora de las coberturas, tratamos de darle voz y ponernos de su lado. Nos metemos en todos los barrios, en todas las movilizaciones. No hay bajada de línea política, como puede ocurrir en otros medios argentinos. El único criterio es el editorial.

—Muchas voces lo tildan de sensacionalista. ¿Cuál es tu visión?

—Puede ser. Aunque el canal ha cambiado en los últimos años. Ahora hay una apuesta a la calidad de imagen. Desde hace dos años somos HD y se está haciendo un trabajo muy fuerte a nivel de escenografía. Tampoco tenemos aquel contenido bizarro de otros tiempos. A lo que sí apostamos es a cierta picardía, un encare menos impostado de las noticias, con frescura, con alguna broma, sin faltar el respeto. No nos reímos si alguien la está pasando mal pero si da para el chiste, lo hacemos. Como lo que ocurre en las placas. Si los medios más convencionales ponen el límite a un metro, nosotros lo corremos a dos o a tres metros. Pero a eso yo no lo llamaría sensacionalismo, sino complicidad con la gente. Si por ejemplo yo hiciera una nota con la cara de Néber Araújo, todo serio y hablando de usted, no es Crónica. La audiencia espera que hables su lenguaje y que vos lo sorprendas, que juegues con las notas.

—La crítica proviene sobre todo por la exposición de sangre o de información policial...

—Eso ya no sucede tanto en Crónica. Cubrimos ese tipo de información por supuesto. Pero desde la ley de medios en Argentina está prohibido mostrar a un muerto, por ejemplo. También hay que tener mucho cuidado con los testimonios de menores.

—Estás en el equipo de Crónica desde 2013. ¿Cómo es tu rutina diaria?

—Desde la mañana estoy muy pendiente de la información, de todo lo que dan los canales y diarios. Al mediodía llego a la redacción y se me asignan los destinos para la tarde. Allá vamos con el móvil. La característica de Crónica es que no hay periodistas asignados a secciones. Todos hacemos todo. Me puede tocar una noticia política, una movilización, un homicidio o algo deportivo. Eso te exige estar informado en todas las áreas. El desafío es encontrarse con la gente y exponer sus historias. En esta ciudad eso abunda, por suerte. Hay muchísima gente, movilizaciones, reclamos y la gente está como en ebullición permanente y dispuesta a hablar a los micrófonos, sobre todo a los de Crónica.

—¿Te han coberturas difíciles, con alta tensión?

—Sí, todo el tiempo. Recientemente hubo unos casos de femicidio muy duros y la gente está con el dolor expuesto. Se busca a los responsables y muchas veces acuden a Crónica como forma de presión a la policía y la justicia, para que actúe con eficiencia. En las movilizaciones también el clima suele caldearse. A veces se dan palos o viene los gases lacrimógenos y nosotros estamos ahí, en el medio. La gente te agradece que estemos con ellos.

—¿Por qué decidiste continuar tu carrera en Buenos Aires?

—Yo comencé a trabajar en Canal 13 de Minas y después tuve un pasaje laboral de mucho tiempo con Abel Duarte, que tenía una emisora en Lavalleja. Le agradezco porque me dio la oportunidad de crecer, pero en cierto momento quise levantar la mira, porque Minas es un mercado muy chico. En Montevideo no tuve oportunidad y decidí venirme a Buenos Aires, sin ningún contacto. Me tenía fe. Llegué hace 10 años con 3.000 pesos uruguayos en el bolsillo. Empecé a recorrer medios, pidiendo laburo. El primer trabajo que conseguí fue como locutor en la madrugada como locutor de una tarotista. Me sirvió para hacer contactos. Luego surgieron más proyecto; fui jefe de prensa de la Embajada de Jamaica hasta que un día me convocaron para Crónica, en televisión y también escribo para el diario

—¿Estás pendiente de la realidad uruguaya?

—Sí. Tengo dos hijos en Uruguay. Miro los informativos, veo el programa de Luis A. Carballo (Algo contigo) los magazines. Me doy cuenta de que la televisión se está "argentinizando", agregando mucho dinamismo y con un estilo muy parecido a los canales de acá. Me parece bien, pero por otro lado se está perdiendo identidad.

—Hace un tiempo la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, dijo que promedialmente había más homicidios en Montevideo que en Argentina. ¿Cuál es tu sensación?

—No creo que sea así. Si lo dijo, supongo que tendrá su sustento estadístico. Pero son realidades incomparables. Solo en la ciudad de Buenos Aires viven dos millones de personas y por día ingresa un millón más a trabajar. Argentina es bastante más violento que Uruguay. Los crímenes tienen otras características, con mucha sangra fría y crueldad. Soy consciente de que la violencia está creciendo en Uruguay y hay mucha alarma en la gente, pero no creo que se llegue a los niveles de este país.

—¿En estos días de Mundial te han tocado coberturas sobre cómo palpitan los hinchas a la selección?

—Sí, las dos caras de la moneda. Argentina clasificó de forma agónica. La derrota ante Croacia fue muy dura para la gente. El partido lo vimos con el móvil en la Plaza San Martín, con hinchas. El gobierno de la ciudad pone una pantalla gigante y después salimos en vivo mostrando las sensaciones de decepción de la gente, que se pone muy crítica con la selección. Cuando Argentina ganó ante Nigeria fue lo contrario. Mostramos la fiesta: en los dos casos tratamos de encontrar las mejores historias; en la crítica o en el festejo.

—¿Sos de los uruguayos que se pone contento cuando a Argentina le va mal deportivamente?

—No. Como digo al aire, soy rioplatense. Las dos son mis selecciones. Al igual que festejo con Uruguay, festejo con Argentina. O me caliento si pierden. A las dos las siento mi selección.

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