#IRIS2018

Laurent Lainé: "Ganar como Revelación fue alucinante"

El francés de 56 años se alzó con la estatuilla de Revelación de TV en una noche soñada para Masterchef. En diálogo con Sábado Show, el “Franchute” también habla de su vida personal: enviudó hace un año, puso a la venta su casa en Punta del Este y planifica mudarse definitivamente a Montevideo.

Laurent Lainé. Foto: Gerardo Pérez.
Laurent Lainé. Foto: Gerardo Pérez.

Masterchef se llevó el Iris de Oro y usted el de Revelación en TV, ¿esperaba una noche así?

—No. Fue increíble. Lo del programa podía ser más esperable, pero lo mío ni lo sospechaba. Había mucha otra gente talentosa para ese premio y tuve el honor de que me eligieran. En lo personal fue alucinante porque yo hace mucho tiempo que quería tener un segmento en TV y tuve la suerte de conseguirlo con Masterchef. Llegué a Uruguay hace más de 30 años cuando prácticamente no había ningún desarrollo de la gastronomía y de a poco fue creciendo. Me parecen fundamentales los medios y la televisión en particular para dar a conocer los productos y la importancia de la gastronomía como objeto cultural. La TV tiene que enseñar algo, no puede dedicarse a mostrar mujeres con poca ropa solamente. No somos Shekespeare pero con Masterchef creo que enseñamos algunas cosas, dejamos mensajes.

—¿Cómo fueron los festejos?

—Uhh muy intensos. De Masterchef nosotros somos la cara visible, pero hay muchísimas personas trabajando detrás de cámaras. Sin ellos sería imposible.

—¿Cuánto cambió su vida desde el debut de Masterchef?

—Dio un vuelco. Yo estaba viviendo en balneario Buenos Aires, donde tenía el restaurante El Franchute, prácticamente en el medio del campo, a unas 10 cuadras de la ruta. Supe del casting para el programa y me presenté. A los pocos días me confirmaron y mi vida cambió completamente. Me vine a vivir prácticamente a Montevideo y la gente constantemente me para en la calle. Nos sacamos fotos, me piden consejos. Me gusta esta vida.

—¿Le pidieron algún perfil en particular como jurado?

—No. Al contrario. De algún modo, nosotros pusimos las condiciones en cuanto quedó establecido que la devolución y crítica de gastronomía era 100% responsabilidad nuestra. La producción no tiene incidencia en las críticas de los platos.

—¿Qué tan fácil o difícil es llegar a acuerdos con los otros jurados Sergio Puglia y Lucía Soria?

—A veces no estamos de acuerdo. Sergio tiene una escuela parecida a la mía y Lucía es un poco más moderna. Tenemos algunas diferencias pero en lo esencial estamos de acuerdo. En el mejor y el peor plato siempre coincidimos. Podemos tener matices en los intermedios.

—Ahora el programa está dedicado a participantes profesionales. ¿Cuánto cambia su rol en este caso? ¿Son más exigentes?

—No. La diferencia de trabajar con profesionales es que tienen una base y el intercambio se vuelve más interesante. Las discusiones son a otro nivel. Está muy buena esta temporada.

—Llegó a Uruguay con 20 años, en 1982, para abrir el restaurante Bleu Blanc Rouge en Punta del Este. ¿Qué lo decidió a quedarte?

—Para empezar, lo que hicimos fue un éxito. Aquel restaurante funcionó 10 años y abrimos en Buenos Aires también. En Francia yo había trabajado, pero era un cocinero del montón. Aquí era el jefe de cocina de un restaurante con 100 o 120 cubiertos dedicado a la gastronomía francesa. Si bien no hablaba una palabra de español, me hacía entender y me sentía un rey. Salíamos todas las noches a divertirnos en Punta del Este. Después estuve mucho tiempo en Buenos Aires, donde conocí a quien sería la madre de mi hija. Pero ya sabía que mi vida iba estar en el Río de la Plata, no en Francia. En 1994 cerró el restaurante y me tocó hacer de todo: trabajé en clubs privados y varios restaurantes.

—¿Por qué se fue de Buenos Aires?

—Porque vino la crisis de los 2000 y me harté de los piquetes y los problemas cotidianos. Yo ya estaba casado con Isabelle Weissmann y decidimos venir a Punta del Este. Estuve trabajando en algunos restaurantes hasta que decidimos hacer algo en nuestra casa. Martín Pittaluga (director de La Huella y quien me trajo a Uruguay) nos dio una mano porque yo no tenía nada. Así abrimos El Franchute, con tres o cuatro mesas en mi casa. El primer verano estuvimos sin agua. Venía un carrito tirado por caballo con el tanque de agua todas las mañanas. Era todo muy hippie chip porque a la noche estacionaban los autos de alta gama de los clientes. En el pueblo nadie entendía nada. No hacía plata pero me daba para los gastos y la comida. Con eso es suficiente.

—¿El Franchute lo dejó por Masterchef?

—Estuvimos 10 años con el restaurante abierto. En el último tiempo estaba con el restaurante y el programa, pero lo fui dejando hasta que cerramos.

—¿Hoy vive en Montevideo?

—Prácticamente. Conservo la casa en el balneario Buenos Aires pero hace un año y medio falleció Isabelle y no tengo muchas ganas de vivir solo allí. Así que la puse a la venta pero en este país no es sencillo vender. Mientras tanto, paso gran parte del tiempo en Montevideo y cada tanto voy a hacer algún trabajo de mantenimiento. Mi hija vive en Buenos Aires y al estar yo en Montevideo estamos más cerca para que ella me visite o yo viajar hasta allí.

—Desde los tiempos de Bleu Blanc Rouge se ha dedicado a la cocina tradicional francesa. ¿Es lo que más le gusta o lo que mejor le sale?

—Las dos cosas. Son los platos que conozco desde chico, que se hacían en mi casa. Y bien me salen.

—¿Hace cuánto que no viaja a Francia, a Luçon, su pueblo natal?

—Hace cinco años estuve por última vez. Tengo familia pero yo me fui de mi casa cuando tenía 14 años, así que me verdadera familia está aquí, en Uruguay y en Argentina.

—Cuando llegó no hablaba castellano, ¿le fue difícil aprender?

—No, a pesar de que nunca fui a clases. Hablando con amigos lo fui adquiriendo. Hoy lo tengo incorporado e incluso con mi esposa, que era belga, hablábamos en castellano. Claro que el acento francés no se me va a ir más.

—¿Volvería a trabajar en un restaurante?

—A mi edad pienso que ya no. Más por mi forma de ser en el trabajo. Si soy jefe de una cocina soy el primero en llegar y el último en irme. Estoy en todos los detalles y además me gusta ir al salón y conversar con los clientes, sentarme y tomar una copa con ellos. Tengo 42 años de cocina y pienso que ya no estoy para responsabilidad así, tan exigente y de todos los días. Sí hago eventos o degustaciones. Además, emprender en este país es imposible.

—¿Por qué?

—Por las obligaciones con el personal de BPS y DGI. Es de locos. Antes de empezar a trabajar, tenés que desarrollar una contabilidad cuando tendría que ser al revés. Primero, déjame empezar a trabajar y luego armamos la contabilidad y comenzamos a pagar. Conozco a muchas personas que no emprenden en gastronomía y en otros rubros por esa carga de costos iniciales. Y si encimas te equivocas con una factura, te tratan como a una ladrón.

Laurent Lainé y su novia Analía en los Premios Iris. Foto: Darwin Borrelli.
Laurent Lainé y Ana Lía  Badani aen los Premios Iris. Foto: Darwin Borrelli.

En buena compañía

Laurent Lainé llegó al Centro de Eventos y Convenciones de Enjoy Punta del Este en compañía de Ana Lía Badani, modelo y actriz. La joven lució un traje verde de Tupé y cautivó a todos en la alfombra roja. Ambos participaron también del after party en OVO Nightclub y al otro día se los vio felices en el desayuno.

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