ENTREVISTA

Juan Sader habla de "Baqueanos" y dice: "No extraño nada de la pelea diaria por la noticia"

El comunicador habla de sus años alejado de la radio y televisión y cuenta sobre "Baqueanos", el programa que se emite en TNU

Juan Sader. Foto: Captura
Juan Sader. Foto: Captura

Luego de tres años ausente de la radio y la televisión, Juan Sader regresó a los medios con el proyecto Baqueanos que se emite los domingos a las 21.00 por TNU. Esta serie documental busca retratar el valor de oficios que forjaron la cultura y son pilares de los hábitos de trabajo de los uruguayos. A través de cada episodio se recogen testimonios de guasqueros, cuchilleros, esquiladores, picapedreros, carboneros, alambradores y ladrilleros, entre otros “trabajos de campo”, junto a antropólogos e historiadores como Daniel Vidart, Leticia Canela, Leonardo Borges o Pablo Atchugarry.

—¿Cómo surge Baqueanos?

—Nace en 2008. Es una idea de José Oliba quien por su trabajo de reportero gráfico y camarógrafo de televisión le ha tocado viajar por todo el país infinidad de veces. En esas vueltas fue conociendo personas y personalidades maravillosas y no podía creer que toda esa gente y profesiones fueran desapareciendo. Entonces arrancó él a filmarlos y a hacerles preguntas que surgían de su curiosidad y vio que había un hilo conductor entre esta gente distinta que hacía cosas distintas, pero que tenía algo en común. Ahí se suma Fabián herrera que es el editor y hace magia, se pusieron a conversar, me llaman, y en seguida dije: lo hacemos. Cuando me sumo digo: falta una cabeza histórica.

Imagen de la serie "Baqueanos". Foto: Difusión
Imagen de la serie "Baqueanos". Foto: Difusión

—Así es que se suma Leonardo Borges.

—Sí, él por su perfil es un tipo muy simpático e informado, un erudito. No por nada Daniel Vidart decía que es el próximo gran historiador del Uruguay. Entonces empezamos a recorrer, primero a registrar y a buscar los oficios que se estaban por perder. Arrancamos con la guasquería y al poco tiempo de filmarlo falleció uno de los entrevistados de ese capítulo. En cada episodio hay un personaje que se roba el capítulo por su forma de ser. Nos pasó con un ladrillero en Florida que tenía un carisma imponente, también en Pedreros, Alcina que es un pedrero de Treinta y Tres es todo un personaje, un tipo que mueve rocas de 100 kilos como yo puedo mover una esponja de baño. Ahora en Baqueanos del cuero, es sin dudas Delmiro Rojas que entrevistamos en 2013 y todo es fantástico, lo que dice y su forma de decir, todo es maravilloso.

—¿Cómo un proyecto que empezó en 2008 se estrena recién en 2020?

—Esa es una muy buena pregunta, pero hay que hacérsela a los directores de los canales privados de televisión y a todos los que han pasado por Canal 5. En este caso surge porque hace tres años que estoy totalmente desvinculado del periodismo, y cuando explota la pandemia, mi socio me pregunta en qué ando y se fueron a reunir con Carlos Muñoz, director de Canal 5 y le llevaron el proyecto. Ninguno de nosotros lo conocía, pero vio el proyecto, le pareció que estaba bueno, que es un proyecto para TNU porque es educativo. Y el canal ha tenido el coraje de darle visibilidad, poniendo el programa en horario central el domingo. Nosotros competimos con los periodísticos y no está en nuestra idea intentar ganarle a esos programas, el objetivo es registrar esto para que quede en el acervo de los uruguayos. Porque la cultura del trabajo y la forma de trabajar nos define como sociedad. Entonces en esta gente está esa cuota de rebeldía charrúa en el sentido original del término. Para los gallegos que llegaron en el período colonizador, charrúas eran los indios que no se adaptaban. Entonces somos todos charrúas y la garra charrúa es real, porque somos un país improbable. Si mirás, proporcionalmente, por nuestra ubicación y demás, hay algo que nos mantiene vivos, creo que es porque somos porfiados. Esa sana terquedad es la forma en la que elegimos hacer las cosas, y este tipo de trabajos tiene su propia forma de trabajar.

Imagen de la serie "Baqueanos". Foto: Difusión
Imagen de la serie "Baqueanos". Foto: Difusión

—¿Cómo es eso?

—Es gente que por ejemplo, crea sus propias herramientas, y son únicas. Por ejemplo un señor usó un pedazo de guampa de toro a la que le agregó un pedazo de cuchillo afilado de tal manera que con eso corta el cuero y le da distintos grosores al cuero. Delmiro Rojas, por ejemplo cortaba el cuero a mano; es como agarrar un cuero duro y antipático de cortar, cortaba hilos perfectos de ese cuero para hacer trenzas para hacer una empuñadura o un rebenque. Y parece que fuera una tela, pero eso fue trenzado sobre la madera. Y mirás los dedos, por ejemplo de los guasqueros, y son gruesos y logran una manualidad increíble y trabajan con materiales que a veces miden milímetros.

—Son trabajos casi en extinción, aunque los esquiladores, por ejemplo, fueron a España para enseñarles cómo se hace el trabajo.

—Muchos de estos oficios están vinculados entre sí. La esquila es como un deporte, y cada uno compite con sus compañeros para ver quién esquila más ovejas. Y no es solo esquilarlas, porque la oveja no se puede lastimar porque es un valor en sí misma. Y te da la sensación de deporte porque usan uniforme y están numerados y por cada oveja reciben una chapita. Al final del día es lo que va a cobar, entonces el 327 presentó 53 chapitas, lo que significa que pasaron 53 ovejas por sus manos, y quedaron prolijitas. Es muy impactante el nivel de coordinación, y están todo el día esquilando. Hay muchas cosas que se hacen que se vienen a buscar desde Europa, porque allá se están perdiendo esos oficios. Han venido a buscar el trabajo de los pedreros, por ejemplo, porque no queda mucha gente en el mundo que trabaje con piedras; y aquí tenemos una cantidad interesante.

Imagen de la serie "Baqueanos". Foto: Difusión
Imagen de la serie "Baqueanos". Foto: Difusión

—Pedreros fue el tema del episodio pasado.

—Sí, y ahí entrevistamos a Alcina que trabaja a mano, mientras que su hijo lo hace con máquinas, aunque es consciente que no queda igual. Nos mostraba que se quemaba la piedra y para el ojo no entrenado eran iguales. Y tenés a Marín en Nueva Carrara que es escultor que nació en una cantera y veía el producto terminado pero no sabía cómo se hacía. Quería hacer esculturas y siendo chico agarró una forja porque pensó que se tenía que derretir la piedra para ponerla en un molde y poderla trabajar. La forja la hizo bolsa intentando derretir mármol, aunque descubrió que así no era. Ya más grande se viene a Montevideo para trabajar en una marmolería cuando cierra la cantera y le roba el oficio a los italianos y españoles que hacían los ornamentos mortuorios, pero también para edificios. Y no sabe matemáticas, ni dibujar, pero reproduce lo que le pongan delante: le saca a la piedra lo que sobra, porque la escultura está adentro. Y eso mismo nos dijo Pablo Atchugarry. Entonces estás hablando de un tipo en Pan de Azúcar y a un escultor de nivel mundial que dicen lo mismo. Porque en el fondo, más allá de sus estudios y viajes, Atchugarry es un pedrero y tiene esa misma pasión y conocimiento del material que solo te lo dan horas y horas con el material.

Juan Sader. Foto: Captura
Juan Sader. Foto: Captura

—¿Cómo han sido estos tres años alejado de la comunicación?

—Es una vida distinta, me dediqué al comercio minorista, me encantó y trabajaba mucho con turistas porque es una tienda de recuerdos y cerré uno de los dos locales. Pero muy en paz he estado. Del ajetreo no extraño nada. Los otros días tuve que grabar una nota a las corridas y Fabián me decía, me había olvidado lo que era la adrenalina y lo miraba con cara de enojado. Hoy no quiero la adrenalina ni los días de cierre en mi vida. Te acostumbrás y no extraño nada de la pelea diaria por la noticia. Y los amigos siguen siendo amigos, así que eso no cambia.

—Te quedaste con lo mejor de la profesión y te alejaste de lo peor del oficio.

—Creo que sí. Y ahora esta vuelta ha sido tan en mis términos, estéticamente estamos de acuerdo, de contenido también, no hay cuestiones terminales o graves a discutir con el equipo. No es nada estresante, es otro ritmo.

—Además haciendo televisión que es distinto a la radio.

—Había hecho televisión hace unos cuantos años. Cuando me fui de Sarandí me dediqué un año a la producción audiovisual y ese año me fue muy bien porque hice muchas cosas, y económicamente también fue un buen año. Después, cuando me ofrecieron sumarme a El Espectador, y hacer todos los días un periodístico que trabajaba con Florencia Pereira, no te deja mucho margen porque la realización te come tiempo y requiere que tengas la cabeza libre de estrés para que puedas crear cosas. Es muy difícil ponerte creativo cuando tenés que llegar a las seis de la tarde con un programa pronto. Más en radio, y en aquel momento era un formato muy informativo y tenía flashes cada hora, de eso no extraño nada.

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