HISTORIA DE VIDA

Jenifer Suárez: la ganadora de Yo me llamo que salió del clóset y se dio contra el sistema

La cantante que se coronó por su interpretación de canciones de Whitney Houston se casó tras tres años de relación con Carolina. Sigue cantando en los ómnibus y por el verano, en Atlántida. 

Jenifer Suárez
Jenifer Suárez

A Jenifer Suárez le gusta decir que ha tenido una vida “intensa”. Cantante en los ómnibus desde niña, madre por primera vez a los 15 años, a las 21 ya tenía tres hijos y dos de ellos con capacidades especiales. A los 24 se coronó como la ganadora del reality Yo me llamo, que produjo Teledoce y donde emocionó a todos con su calidad vocal para interpretar a Whitney Houston.  

Hoy, con 28 años, las cosas siguen al mismo ritmo. Sus últimas noticias provienen del Registro Civil: en setiembre se casó con Carolina, luego de tres años de noviazgo y una salida del clóset que le permitió encontrar su identidad sexual y afectiva.

“Tuve un despertar emocional. Recién ahora estoy aprendiendo a ser yo, a quererme y amarme”, asegura Jenifer en diálogo con Sábado Show. Antes, las preocupaciones de una madre soltera y pobre, el trabajo informal en los ómnibus y los problemas de vivienda no le permitían centrarse en sus propias inquietudes.

“Vengo de una familia humilde. Somos siete hermanos. Vivíamos en Ciudad del Plata. El día que perdí la virginidad quedé embarazada. El padre me dijo: “O abortás o no me ves más”. No lo vi más. Yo no era consciente de nada. Yo era mujer y él era varón y estaba bien lo que estábamos haciendo. Buscaba la felicidad y eso, para mí, se hacía formando una familia y teniendo hijos”, recuerda.

Así nació Nicole (13 años), la mayor. Luego se repetirían historias similares para la llegada al mundo de Alan (10) y de Andrea (7). Cuando nació su hija menor, decidió ligarse las trompas. A pesar de que tenía 21 y la ginecóloga le insistía que lo reconsiderara, ella estaba convencida: “No puedo seguir teniendo hijos”.

La casa. Durante los fines de semana de verano se puede ver y escuchar a Jenifer Suárez en la peatonal de Atlántida, donde ofrece un show a la gorra. Los días de semana prosigue con su labor de artista callejera en los ómnibus, en especial por las líneas de 8 de octubre o Gral. Flores. Su objetivo diario: obtener un jornal de al menos 600 pesos, con los que solventa su vida como jefa de hogar.

Vive en una humilde casa en Piedras Blancas, cuya compra floja de papeles es el desenlace de otra historia de lucha y de derrota contra el sistema de acceso a la vivienda para personas de bajos recursos.

El 18 de diciembre de 2014 Jenifer Suárez ganó el reality Yo me llamo al obtener el 31% de los votos entre cuatro finalistas. Recibió un auto 0 km como premio. Emocionada, Suárez anunció en cámara que iba a vender el vehículo con el objetivo de comprar una vivienda para ella y sus hijos. Un sueño que acariciaba después de vivir en pensiones o “taperas” de una pieza alquiladas.

Con los 14.000 dólares que obtuvo por el auto se presentó en el Banco Hipotecario y también en la Agencia Nacional de Vivienda. Pero allí le hablaron de ingresos formales mínimos y de antigüedad laboral, dos condiciones imposibles para una trabajadora de la voz en el transporte.

“Yo tenía un dinero para hacer una entrega y podía comprometerme a una cuota mensual, producto de mis ingresos en los ómnibus. Uno sabe lo que puede pagar y lo que no. Yo podía financiar lo que me faltaba y hacerme cargo. Pero me di de lleno contra un sistema perverso”, asegura.

Conclusión: Jenifer Suárez compró en el “mercado negro” de la vivienda los derechos posesorios de una casa en un complejo en Nuevo París.

Aunque sin los títulos, esa fue su primera propiedad. El siguiente problema refirió al microclima en el complejo de viviendas. El bullying permanente a sus hijos con limitaciones cognitivas y luego a ella misma por su conversión al lesbianismo hicieron que se fuera. “A los nenes les tomaban el pelo o les robaban los juguetes. Y a mi mujer se la cargaban delante mío”, describió.

Jenifer Suárez
Jenifer Suárez el día de su casamiento en setiembre con Carolina. 

Dado ese clima insoportable, vendió en Nuevo París por 280.000 pesos para comprar en Piedras Blancas por 200.000.

“Todo en negro, obviamente”, asegura Jenifer Suárez sobre la transacción. “Ahora vivimos en una casa al fondo y estamos mucho más tranquilas”, complementa.

En el Mides tampoco obtuvo respuestas cuando solicitó ayuda en sus peores momentos. Los hijos mayores (Nicole y Alan) padecen de un trastorno del desarrollo, lo que hizo que la niña usara pañales hasta los 6 años y no hablara hasta los 4. Cuando nació Andrea, Jenifer vivía sola en una “tapera” de una pieza que se llovía y se inundaba.

Saturada por niños demandantes y angustiada por la soledad, un día se presentó en Mides para hablar de su vida “intensa”. Pero le respondieron que estaba sobrecalificada (porque terminó ciclo básico) y que tenía ingresos (por su labor en los ómnibus). Sobre las condiciones habitaciones, la sugerencia de la asistente social fue que se metiera de okupa en otra vivienda.

Encima, cuando le preguntaron si ella o sus hijos habían pasado hambre, dijo que no. También fue negativa su respuesta a la consulta de si era adicta a las drogas o si había estado presa.

“Te motivan a mentir: diciendo que no ganás nada y que no sirvís para nada. O directamente te motivan a no ganar nada ni servir para nada. Muchas gracias pero paso. Prefiero seguir siendo pobre a perder mi dignidad y mis ganas de superarme”, cuenta ahora la artista.

Jenifer Suárez
Jenifer Suárez junto a su esposa Carolina y los tres hijos. 

El closet. Jenifer Suárez se define hoy como lesbiana. Pero no supo que lo era hasta los 25 años, tres hijos y un reality de TV.

Coincidió que luego Yo me llamo, se separó del novio que tenía en ese momento. “Yo sospechaba que algo raro pasaba en mí a nivel emocional porque nunca me costó separarme de mis parejas heterosexuales. No había duelo, no se involucraba jamás el sentimiento. Hoy estás, mañana no. Todo bien. Hasta luego”, cuenta Suárez.

Soltera, entonces, comenzó a vivir una especie adolescencia tardía a los 25 años. Los fines de semana frecuentaba los boliches montevideanos. Una noche, en busca de un local bailable que pasara electrónica (“porque bailás como querés y está bien”), terminó en la disco Il tempo, frecuentada por personas de la comunidad LGTB.

Jenifer Suárez, que por lo general salía sola, se movía en la pista cuando se acercó una chica. Le dijo: “Bailamos”. Ella se dejó llevar y a los dos minutos, la joven le dio un beso. “Me sorprendió, pero no me disgustó”, recuerda ese primer beso gay.

Cuando llegó a la casa de su madre, quien le cuidaba a los niños durante sus salidas nocturnas, le dijo: “Mamá, sabés que estaba en el baile y una chica me dio un beso. No estuvo mal. Es más, me gustó. No sé si soy lesbiana, bisexual o una curiosa. Te aviso para que sepas y no haya sorpresas”.

“Está bien. Es tu vida. Si te hace feliz, adelante”, fue la respuesta de su madre.

A partir de entonces, Jenifer Suárez comenzó un proceso de investigación sobre la sexualidad femenina y sobre sí misma. Se involucró en grupos de Facebook de lesbianas y siguió saliendo con chicas.

“Me di cuenta de que mis parejas hombres no me habían gustado nunca. Las tenía porque era lo normal”, asegura.

A su actual esposa la conoció en otro boliche, con una modalidad ya conocida: baile y beso. “La conexión fue inmediata. A la semana ya estábamos viviendo juntas”, relata Jenifer.

Hoy, Carolina se comporta como otra madre para los hijos de Jenifer. De hecho, según la cantante, su compañera tiene aún más interacción con los niños que ella. Mientras Jenifer canta en los ómnibus o en Atlántida, Carolina cuida a la prole.

Nicole tiene 13 y se viene superando: habla fluido, lee y escribe. Pasó a quinto de escuela y ya no va tanto a los médico, ni requiere de tanta atención. Alan, de 10, fue promovido a cuarto pero la madre no está de acuerdo con la determinación de la maestra. “Me lo pasaron pero el niño todavía no sabe leer ni escribir”. Ninguno de los padres de los niños sigue en contacto. “El de Alan venía a ver cada tanto pero hace tres años despareció. Lo normal”, dice Jenifer.

El plan de la familia de ahora en más refiere a mejorar la casa de algunos desperfectos. La única contra es el barrio, que se está poniendo muy pesado. Más de una vez, amigos de lo ajeno quisieron entrar a la casa.

Cuando Jenifer Suárez hace sus presentaciones nocturnas en Atlántida, su esposa Carolina pasa nerviosa hasta que la cantante regresa. Jenifer se cuida. “Yo trabajo hace 20 años en la calle, pero no soy de la calle”, dice.

La canción. Jenifer Suárez canta desde niña. Empezó a capela como medio vida en los ómnibus. Aunque tuvo momentos de autoestima muy baja y prefería vender curitas a la música. “Creía que cantaba mal”.

Un día se enteró de la existencia de un concurso de canto organizado por Maroñas Entertaiment, llamado Show de talentos. Conducía Jorge “Coco” Echagüe.

Sin saber inglés ni canto ni música, ni saber quién era Coco Echagüe, se presentó con una interpretación de la canción I Will Always Love You, Whitney Houston. Había estado ensayando durante 10 días con una pista que se bajó de internet en un cibercafé.

El resto fue subir al escenario y abrir la boca. “Cuando terminé de cantar no entendía nada. La gente estaba de pie, la gente lloraba”, recuerda.

Una de las jurados del certamen, Valeria Lima, le dijo que quería darle clases de canto. La becó en su instituto y ese fue el comienzo de su carrera en la música.

Al año siguiente se presentó al casting de Yo me llamo, que la consagró. Hasta hoy conserva el vínculo con sus compañeros y con Camila Sapin, coach de aquel certamen. También con la jurado Lea Ben Sassón, quien la acompañó aquel día al BHU cuando le dijeron que no podía comprar legalmente una casa.

Hoy, Suárez mejoró su inglés y su canto. En Atlántida y en los ómnibus, Jenifer Suárez interpreta un repertorio con mayoría de temas de soul y blues (Aretha Franklin, Donna Summer y, por supuesto, Whitney Houston). Se presenta con su parlante cargado con las pistas correspondientes.

La novedad refiere a que está incursionando en la composición y, con ayuda de amigos que ha cosechado en la música, tiene por objetivo 2020 confeccionar su primer disco. Ya hizo una primera grabación de un tema, un blues que tituló “Especial”.

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