ENTREVISTA

Ignacio Álvarez, el rockstar del periodismo: "Me duele que me digan facho"

El conductor de Las Cosas en su Sitio (Sarandí) y Santo y Seña (Monte Carlo Tv) afirma que le "encanta desconcertar". Presenta su show como cantante en el Bar Tabaré y vuelve a desafiar con su versión más polémica.

Ignacio Álvarez. Foto: Ariel Colmegna
"Grité como nadie los goles de Uruguay, pero hay que buscar otro DT", sentencia sobre la continuidad de Óscar Washington Tabárez. Fotos: Ariel Colmegna

Lleva con orgullo un alto perfil. Marca posición y provoca con declaraciones que lo sumergen una y otra vez en las aguas de la polémica, donde bucea con comodidad. Los viernes caza su guitarra y entona temas de Los Beatles y hasta de Shakira para el delirio de un público que lo conoce desde hace años a través de sus premiados programas de radio y televisión. El rockstar del periodismo disfruta al cuestionar tanto desde su rol de conductor como el de entrevistado. En diálogo con Sábado Show, Ignacio Álvarez habla de la “hemiplejia moral” de muchos uruguayos, arremete contra el Inau y tilda a “medio Frente Amplio” de “antidemocrático y anacrónico”. Un repertorio para todos los gustos.

Ignacio Álvarez. Foto: Ariel Colmegna
"Así como fue bueno que el Frente ganara, ahora es tiempo de volver a alternar el poder", sostiene.

—Vas por la séptima temporada de Santo y Seña, ¿qué es lo que más te motiva a seguir haciendo periodismo?

—Estar convencido de que hago un bien. El periodismo bien hecho sirve a una mejor sociedad y a una mejor democracia. En tiempos de redes sociales, fake news o audios que se viralizan, cualquiera puede propalar un mensaje falso y que muchos compran, así que más que nunca es necesario que haya profesionales que trabajemos seriamente en informar. No hay día que yo no vuelva contento y orgulloso a casa por el programa que hicimos.

—¿Te quedaste con miedo a alguna represalia después de un programa?

—No me acuerdo puntualmente, pero varias veces me ha pasado que cuando estoy volviendo a casa el miércoles de noche, mi mujer me manda un mensaje diciendo que mire bien para los lados antes de entrar. Uno está cada vez más regalado. No somos Brasil ni Colombia pero uno ve que se mata a alguien por nada; un sicario cobra 2000 pesos y no pregunta ni quién es... Pero nunca tuve una amenaza.

—Este año no está la periodista Ana Matyszczyk en el programa, ¿por qué te ha costado conservar el mismo staff con el correr de las temporadas?

—Cada caso fue totalmente distinto y se dio por cosas que fueron públicas. Si arbitrariamente uno toma las cosas que le sirven y deshecha las que no le sirven para demostrar determinada conclusión, va a poder concluir lo que quiera. El tema es ser honesto intelectualmente. Hay muchos integrantes del programa que siguen estando, como Patricia Martín o "el Bicho" Amaral. En el caso de Ana Matyszczyk, fue ella la que decidió irse buscando nuevos horizontes profesionales, según ella misma declaró.

—¿La extrañás?

—No. Fernanda Kosak se ha encargado muy bien de ello (risas).

—¿Qué tipo de informes son los que más disfrutás hacer?

—Hay informes e informes. Hay algunos que son transformadores y nos hacen mejores personas, como el que hicimos sobre los transexuales. Antes de salir al aire yo estaba convencido de que el más conservador de los conservadores no iba a poder evitar conmoverse con un chiquilín que estaba diciendo que habiendo nacido nena se sentía varón. No hay forma de discriminar un sentimiento tan genuino. Esos informes pueden movilizar más que cualquier denuncia porque van al corazón de las personas. Después me encanta cuando hacemos una investigación destapando un tarro, por ejemplo cuando desenmascaramos a los de Remar que se jactan de rehabilitar a los chiquilines pero no tienen un solo técnico, médico ni psicólogo para esa rehabilitación, y no es más que una explotación para hacer guita.

—En el caso de los informes sobre casos de abuso sexual infantil hay quienes dicen que no te hacen mejor persona sino todo lo contrario.

—Yo sé que hay quienes dicen eso. Los invito a que vayan a buscar a las víctimas de abuso que protagonizaron nuestros informes y les pregunten cómo se sintieron. Yo mostré en cámara una hojita con un dibujito de una niña abusada que le había escrito "gracias" a Patricia (Martín), que había hecho el informe denunciando la situación que venía sufriendo desde hacía años. Luego de nuestro programa tuvo un cambio de vida radical, certificado por la psicóloga. Ahora es una chica feliz y ya no vive más con la madre y quien era su pareja, que terminaron en prisión. Nosotros no vamos a buscar niños abusados para contar sus historias y regodearnos con ese morbo, es al revés: son ellos los que vienen desesperados a nosotros, como los que vinieron hace unos programas a denunciar al chofer de una camioneta que transporta escolares.

—¿Para qué sirve entrevistar a una niña que sufrió abuso sexual?

—Hay cosas que sabe solamente esa niña, pero nosotros evaluamos caso a caso si entrevistarla o no, además de requerir la autorización del adulto a cargo. En algunos amerita y en otros no. No todo es revictimizar. El otro día contábamos el caso de una chiquita de diez años que había sido abusada por quien era la pareja de su abuela. A pesar de haber hecho la denuncia en la justicia, no pasó nada y el hombre anda caminando tranquilamente por la vida. Nosotros no denunciamos solamente el abuso, sino también cómo el Estado falla a través del Inau o el sistema judicial. Y en ese caso elegimos no entrevistar a la niña porque cuando Patricia fue a hablar con la familia, no vio que estuvieran dadas las condiciones. No le pareció conveniente ponerle un micrófono y una cámara. Hay un tema de sensibilidad y de sentido común. Hubo otros casos en los que la niña dijo "yo te quiero contar" y hasta pudo haber sido ser liberador. Así lo certificó la psicóloga que trató a la niña, asegurando que al contarlo no se le causó ningún daño psicológico.

—Se discute la forma de la que se expone a la niña por televisión después.

—Ellos vienen a que nosotros hagamos un programa de televisión, no tenemos una ONG. Apuestan a que nosotros mostremos eso y pueda generar algún movimiento, como después generó. A raíz del programa, los abusadores quedaron procesados. Además, por ley y por lógica no mostramos la cara, distorsionamos la voz y no damos ningún indicio de dónde vive para que no la señalen por la calle sabiendo que ella fue abusada.

—¿Por qué el Inau los ha denunciado por este tipo de situaciones?

—Porque cada vez que tocamos un caso de abuso sexual saltan a la luz las ineficiencias del Inau. Al día siguiente que hacemos estos informes nos presentan una demanda. Yo no puedo concluir otra cosa: o están ensañados con nosotros o son unos burócratas que están calentando sillas con nulo criterio del trabajo que tienen que hacer. Les pasa por adelante un elefante y se detienen en un detalle insignificante. ¿Por qué no se preocupan por lo que se tienen que preocupar?

—¿Por qué la justicia falló a favor del Inau?

—Eso es un caso puntual y es demencial. Hay que ver cómo termina. Todavía no se cerró, hay una apelación del canal. Pero apenas fue un tirón de orejas, no hubo una sanción ni una multa. Fue muy traído de los pelos porque en el caso en cuestión la jueza admite que no hubo ninguna persona del público que identificara a la niña, y el sicólogo da fe que no le ocasionó ningún daño. Sin embargo, basada en la ley, la jueza infiere que se invadió la privacidad del menor. Es ridículo y violatorio de sus derechos afirmar que un menor no puede contar el abuso del que fue víctima. Por supuesto que también hay que preservar su identidad, cosa que siempre hicimos.

—¿El fallo fue por una mala interpretación de la ley?

—Sí, obvio.

—¿Has cambiado ideológicamente con los años?

—Nunca tuve ideología. Eso es lo que me da libertad e independencia. En eso sigo siendo igual. Yo analizo las situaciones y aplico mi criterio con la cabeza lo más abierta posible. A mí me encanta desconcertar en ese sentido. Lo que me importa es decir la verdad. En todos los informes políticos que hemos hecho les ha tocado caer a personas del Frente Amplio y también del Partido Nacional y Colorado. No me importa, me da lo mismo.

—En temas como inseguridad pública has marcado posición con un discurso tirando más hacia lo represivo...

—Es inconcebible que en un país de tres millones de habitantes uno no sepa si va a volver vivo a la casa. ¡Y hay que fumarse a Jorge Vázquez diciendo que "nos quieren hacer creer que somos un país inseguro"! Hay cosas que se están haciendo mal y se tienen que hacer de otra manera: más policías, más represión, allanamientos nocturnos. Aunque por otro lado, también digo hay que tratar mejor a los presos en las cárceles y eso me genera muchas críticas desde la derecha. Estas cosas me parecen obvias, pero por lo general se encuentra gente que dice una cosa o que dice la otra.

—¿Eso pasa por la polarización de la sociedad, a la que has hecho referencia varias veces?

—Sí, a eso voy… Veo que hay una polarización. Tiene que ver con un mecanismo psicológico del ser humano. Es un reflejo en el que uno para encontrar su identidad y sentirse seguro se abraza a una causa, a un partido o a una ideología. Se le puede llamar izquierda y derecha, o Frente Amplio, Partido Nacional y Partido Colorado. Ahí se pudre todo porque se pierde la independencia de criterio. Uno le da tanta importancia a esa bandera, que se termina confundiendo con uno mismo, entonces cae en una trampa peligrosa para la sociedad. Eso es lo que vemos tan a menudo: "si el que se manda el acto de corrupción es de mi partido, trato de justificarlo o negarlo; y si es del otro partido cargo las tintas sobre él". Es el doble discurso, usar varas distintas para medir lo mismo, la hemiplejia moral. Y además: "nosotros somos los buenos y los que piensan distinto son los malos, son enemigos". Eso es peligrosísimo. Es una guerra en la que no hay forma de ponerse en el lugar del otro o evaluar que el otro puede tener razón.

—¿Vos sos una víctima de esa polarización?

—Sí. Lo que me encanta es que después termino decepcionando a todos.

—Pero en general te colocan en uno de los dos lados, el de la derecha. ¿Por qué ocurre eso?

—No sé, habrá que preguntárselo a los que lo dicen. La explicación que yo encuentro es cronológica. Nosotros investigamos los actos de corrupción, y por definición en los últimos trece años los actos de corrupción del gobierno fueron los actos de corrupción del Frente Amplio, más allá de alguna intendencia blanca o colorada. Con esta lógica enferma de la que hablo, muchos frenteamplistas que tienen el balde puesto en la cabeza me ven como el enemigo: "si vos criticás a los míos, entonces sos de los otros, ergo sos facho". Pero estos no se acuerdan de las denuncias que yo hice cuando el Partido Colorado estaba en el gobierno. Cuando hicimos el informe sobre los ñoquis en la intendencia de Canelones, que era colorada, hubo frenteamplistas que nos fueron a aplaudir a la salida del canal. Estos comentarios que me hacen ahora no me resbalan, me duelen. Pero una cosa es que me duelan y otra es que me afecten. Yo tengo la tranquilidad de conciencia de hacer las cosas que hago sin que me importe a quién tengo adelante. Y por algo me va como me va.

—¿Te duelen las críticas o lo que te molesta especialmente es que te encasillen en ese lugar?

—No me gusta que me critiquen, me molesta como a todo el mundo. Me duele que me etiqueten y me digan "facho" y todo lo que te puedas imaginar que se dice en las redes sociales. Pero más allá de todas las críticas, tengo el programa periodístico de radio más escuchado y uno de los pocos programas periodísticos de televisión que van quedando, y sin dudas el más visto de todos. En el fondo todo eso supone un reconocimiento a mi forma de laburar.

—¿Qué pensás que puede pasar en las elecciones del próximo año?

—No sé lo que puede pasar, puede ganar tanto el Frente Amplio como el Partido Nacional. Por otro lado, no sé si es fruto de mi edad o que los hechos cada vez rompen más los ojos, pero hay que decir las cosas como son: así como fue bueno que el Frente ganara, ahora es tiempo de volver a alternar el poder. No sólo porque perpetuarse durante tantos años genera todo tipo de actos de corrupción y acomodos como nos hemos cansado de comprobar-, sino porque el país está cargando con un lastre que no le permite hacer lo que se necesita. Llamale TLC, achicar el Estado, o tantas cosas que las izquierdas modernas vienen haciendo desde hace años en el mundo. Y yo puedo creer que Tabaré lo quiere hacer, pero el hecho es que no puede, porque medio Frente Amplio es totalmente anacrónico y se quedó anclado en el pasado, además de ser antidemocrático. ¿Cómo puede ser que tantos sectores respalden a un tipo como Maduro, que mata a manifestantes y encarcela a políticos, mientras hambrea a millones de venezolanos? ¿Sabés qué pasa? Ya no es un tema de izquierda o derecha, porque cualquiera puede tener sus ideas políticas y son perfectamente válidas. Pero la línea que importa es la que separa a los honestos de los corruptos; a los demócratas de los autoritarios; a los verdaderos defensores de los derechos humanos de los que miran para el costado cuando el que los viola es un compañero. Y lo más perverso de todo es que si uno dice estas cosas lo tildan de "facho", cuando lo verdaderamente fascista es descalificar al otro, inclusive siendo de izquierda, como le pasó al pobre Petru (Valensky) que lo putearon todo porque firmó la papeleta del Guapo; o a Franklin Rodríguez, a quien le prohibieron entrar a El Galpón porque dio una opinión incómoda.

—Vos también has manifestado que la reforma constitucional con medidas de seguridad que impulsa Jorge Larrañaga es sensata y necesaria, ¿firmaste para el plebiscito?

—No se me pasó por la cabeza. Dije públicamente que me parecían propuestas sensatas, necesarias y que no eran de derecha, pero no es lo mismo que decir "yo firmo". Estoy encasillado en un rol de observador, miro las cosas de afuera y tomo distancia. Puedo marcar posición, pero si me sacás una papeleta ahora te digo que no, que me dejes pensarlo. Además hay otras cuestiones, ¿está bien que esas cosas vayan en la Constitución de la República? Esa es una discusión compleja y válida.

—¿Sufriste alguna situación violenta de inseguridad?

—Sí, pero en Buenos Aires. Íbamos con mi familia cruzando un parque y de repente vino un guacho y nos apuntó con un revólver. Me dijo "dame todo o te mato al nene". Es lo peor que te puede pasar. Me metió la mano en un bolsillo, y me sacó la cámara de fotos, unos chicles y se fue. Fue horrible y un trauma para mi hijo. Después, en Uruguay me rompieron los vidrios del auto doscientas veces y entraron a mi casa. No he vivido otros episodios de violencia personal, pero conozco casos por todos lados.

El periodista se presenta los viernes en el Bar Tabaré con el show musical "Los Álvarez", acompañado por sus hermanos Bernardo y Mariana.
El periodista se presenta los viernes en el Bar Tabaré con el show musical "Los Álvarez", acompañado por sus hermanos Bernardo y Mariana. 

—¿Sos más hincha de la Selección o de Nacional?

—De la Selección. Lo que siento por la Selección no lo siento con Nacional. Nos une a todos.

—¿Quedaste conforme con su desempeño en el Mundial?

—Terminar quintos el Mundial no está nada mal, pero el tema es el cómo. Desde hace años vengo diciendo que Uruguay no juega a nada, y salvo algún partido, lo acabamos de confirmar. Cuando tenemos que proponer no sabemos llegar al arco contrario. La conclusión que yo saco de lo visto en Rusia es que es más importante aprender a jugar en equipo que tener a dos goleadores infernales como Suárez y Cavani. El fútbol de hoy es mucho más dinámico y lo ves en las selecciones que llegaron a definir, como Bélgica. Yo grité como nadie los goles de Uruguay y llorábamos abrazados con mis hijos los goles frente a Portugal. Pero creo que hay que buscar otro DT. Gracias al Maestro por un proceso de refundación sumamente positivo a nivel grupal y humano, y lo mantendría como Director de Selecciones, pero se impone otra idea futbolística.

—Seguís haciendo el show musical con tus hermanos en el Bar Tabaré, ¿cómo es la reacción de la gente?

—Es el noveno año ininterrumpido. Me cuesta hablar sobre mí y hacer autobombo, pero la gente queda sorprendida y dice que no se imaginaba. Es que de verdad suena muy bien, y además me ven desacatado y medio volado. Yo lo tomo como una catarsis, fluyo desde otro lado. La gente pasa bárbaro y nosotros nos divertimos tocando temas de todos los estilos.

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