ENTREVISTA

Hugo Burel habla sobre su nueva novela negra y dice: "El lenguaje ya es inclusivo"

El reconocido escritor uruguayo habla sobre su nueva novela, "El árbol de la ambición", la Academia Nacional de Letras y el lenguaje inclusivo

Hugo Burel
Hugo Burel. Foto: Darwin Borrelli

La pandemia no impidió que dejara de escribir en estos tiempos tan complejos. El mes pasado Hugo Burel publicó El árbol de la ambición. Se trata de una nueva novela negra de este consagrado autor reconocido con el Libro de Oro y miembro de la Academia Nacional de Letras.

—En medio de la pandemia usted lanza un libro nuevo.

—Sí, lo que pasa es que esa actividad la hago como siempre. Eso no ha cambiado mi rutina, ni siquiera me determinó que escribiera más horas de lo que escribo. Lo tengo incorporado pero por estar más tiempo en mi casa escribo más. He tenido la suerte de publicar todo lo que he terminado, porque el hábito de la escritura es una necesidad para mí. Sin mirar el horizonte posible de una publicación, el escritor escribe. Lo que le resuelve la escritura no puede sustituirlo con otra actividad. Por eso estoy escribiendo siempre. No pensaba publicar nada este año, pero esta novela ha tenido un largo proceso de gestación.

Hugo Burel
Hugo Burel

—¿Cómo surge escribir El árbol de la ambición?

—Empezó como cuento que publiqué en 1985 en mi primer libro, el cuento se llamó La alemana, después tuvo un desarrollo para un proyecto cinematográfico que no terminó de concretarse y fue una novela que escribí para mí para poder desarrollar el guion de esa posible película. Hubo varias alternativas del guion, era un proyecto que teníamos y lamentablemente por la crisis de 2008 y 2009 se cayó eso. Finalmente logré en esta novela cerrar la historia, tal pienso que sucedió. Esa es la felicidad, finalizar un proyecto y tener la posibilidad de verlo publicado. Eso me hace muy feliz y así es el proceso. Escribís y después cuando llega la edición y la publicación el producto ya empieza a pertenecer a los otros, a los lectores.

—¿Cómo es escribir una novela basada en un cuento que ya había escrito?

—Eso es un tema más bien interior. Tenés la necesidad de contar cierta historia. En esa época la había resuelto en un cuento que creo que estaba bien, pero por alguna razón después seguí con esa idea en mi cabeza. La imaginé en una película, escribir parte de ese guion, había una posible financiación de la televisión alemana. Como en tantos proyectos cinematográficos, la idea no cuajó. Entonces decidí resolverla desde el lado literario y la novela tiene una impronta cinematográfica. También la escribí como un homenaje a James Cain, Raymond Chandler, referentes de la literatura negra y quedé totalmente satisfecho con la historia tal como está contada.

Hugo Burel
Hugo Burel, escritor. Foto: Fernando Ponzetto

—El mayor crítico es usted.

—Sí, si lográs distanciarte de lo que estás haciendo podés ser tu propio crítico, pero yo necesité otras miradas, se la mandé a amigos y les gustó la resolución, después a Julián Ubiría de la editorial Penguin me impulsó. Uno siempre tiene dudas porque no siempre lo que uno mira está bien. No soy de darle a leer las cosas cuando no están terminadas, pero cuando termina sí la muestro. Ahora el lector tendrá la posibilidad de ver lo que hice y aprovecharla si le gusta.

—Si bien no está centrada en Montevideo como su trilogía negra, es una novela negra.

—Te diría que es una novela negra que tiene además un contenido humano desde el punto de vista de la psicología de los personajes que es bastante más que lo que uno puede esperar de la novela negra entendida desde un punto de vista del formato. Hay autores como Chandler que desde sus novelas ofrecen más que una trama de misterios, tienen un sustrato existencial. En mi novela analiza un poco lo que es el mecanismo de la ambición. No la ambición de superarse, sino la de cierta condición de desmesura, buscar algo que no es accesible ni está al alcance. Ahí interviene el delito que es una manera de acortar caminos. Es quizás, la novela más negra que escribí, pero además tiene otros elementos incorporados que la hacen distinta a las anteriores. Es esa la ecuación. Además está el aprovechamiento de una cultura, el noir en el cine y la literatura que permanecen. Se conjugaron temas metaliterarios que valen la pena aprovecharlos. Ese fue el sentido de esta escritura.

Itaú
Hugo Burel . Foto: Archivo

—El inicio hace acordar a Psicosis, donde Marion Crane arma una trama para quedarse con el dinero, aunque en el caso de ella, le pasan cosas en el medio.

—Ese es el juego. Como también pasa en Doble indemnización de Cain que se hizo una película. Hay historias que andan de una manera similar tratando esa ambición o el saltarse las reglas y llegar al delito un poco sin capacidad para cometerlo. Es un poco eso lo que propone la novela.

—¿Por qué ambientarla en los años cincuenta?

—El cuento original ya estaba ambientado en esa época, entonces lo dejé como estaba. Me gusta mucho poder zafar del presente. No quiero cotejarme con lo que está pasando ahora en ningún sentido, entonces la lejanía en el tiempo me beneficia desde el punto de que no tengo que estar atento a lo mediático, a lo que pasa ahora. Prefiero escapar hacia el pasado o el futuro, pero no quedarme con los teléfonos celulares o las redes. Es otra época y son otros recursos a disposición de los personajes que me interesa aprovechar. Esa es la razón.

Hugo Burel escribió "Prefiero el pesebre". Foto: Ariel Colmegna.
Hugo Burel. Foto: Archivo

—Le permite que no haya una comunicación instantánea.

—Claro. Los tiempos, lo que es la distancia, no digo que se haya perdido, pero es muy tentador si tenés una historia contemporánea dejarse llevar por esa instantaneidad. Acá hay un balneario en la costa, con un hotel medio importante, el balneario apareció en mi primer libro. Es una especie de territorio que inventé para ambientar algunas historias en él. Tiene los mecanismos de la calma, la tranquilidad, y a este personaje que llega y le empiezan a pasar cosas que prefiero no adelantar.

—Cambiando de tema, en 2015 ingresó a la Academia Nacional de Letras. ¿Qué implica ese reconocimiento?

—En primera medida representa un gran honor. Cualquier autor o creador, la Academia Nacional de Letras es una institución que tiene muchos años en el país y está vinculada a las Academias de América Latina y muy vinculada a la Real Academia Española. Entro a través de una votación luego de una serie de consideraciones que puedo tener, integro un cuerpo colegiado muy prestigioso con colegas de gran prestigio. Me siento muy bien y entro en contacto con temas importantes y gestiono temas importantes. Pasa que muchas veces la tarea no trasciende o tiene notoriedad, pero es importante. El país necesita una institución como la Academia Nacional de Letras que implica una acción sobre el lenguaje,. Son temas vitales desde el punto de vista del habla y la comunicación, y eso es muy importante.

—En los últimos años surgió un debate en torno al lenguaje inclusivo. ¿Qué opina de eso?

—La incorporación de palabras o términos se produce constantemente, pasa que no es un proceso instantáneo. Además, el hecho de generar un lenguaje inclusivo creado de manera deliberada e incorporado por la obligación, eso de ninguna manera puede ser avalado por la Real Academia Española ni nuestra Academia. No hay un mecanismo que determine que sea obligatorio incorporar eso que a mi modo de ver, una creación no solo artificiosa en el sentido que está deliberada y que se quiere imponer para ciertos grupos o ciertos centros de poder. No es así que funciona el idioma en ningún sentido. Además, alterar las reglas ortográficas y de gramática para beneficiar a esa pretendida presión de un lenguaje que pretende ser inclusivo, no. El lenguaje ya es inclusivo. El tema, si se quiere, es de interpretación de lo que ya existe, y el lenguaje es inclusivo. Porque el lenguaje recoge la existencia del lenguaje en su desarrollo, evolución y la incorporación de vocablos. La lengua es algo vivo pero no se la puede obligar a que adopte el todes, eso es arbitrario, no se puede incorporar la x o el arroba, eso es un disparate.

—El modificar el idioma no es una tarea que sea rápida, mucho menos sencilla.

—Lo que tiene en común la lengua es que evolucione, se enriquezca, cambie e incorpore nuevas palabras. Lo que no es natural es decretar eso. A partir de hoy este término este término se usa así, eso es un disparate. Es un abuso sin dudas y no se puede admitir.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados