ELLE FANNING

La hermana menor

La nueva sensación del cine.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Elle Fanning

Cada vez que Elle Fanning se aburre, escribe el nombre de Bob Dylan en su cuerpo. Especialmente en sus manos, y luego lo borra con saliva, pasando su lengua por arriba de la tinta y refregando la piel que queda manchada, como la de tantos otros niños. Elle Fanning es una estrella de cine en Hollywood, pero se ve a sí misma como una adolescente común.

Cuando está en su casa, la más dorada de las celebridades juveniles pega fotografías en las paredes de su cuarto: de Marilyn Monroe, de Dylan, de modelos que visten esa ropa de alta costura que tanto le gusta ver y lucir en las alfombras rojas.

Elle Fanning llega a las entrevistas con la carcajada en la punta de la lengua, una muletilla que delata que solo tiene 18 años. En una industria plagada de posturas, su dulzura y entusiasmo resulta adorable. "Soy la persona más normal de Hollywood", repite con una sonrisa. "Voy al colegio, hago mis deberes, limpio mi cuarto, salgo con mis amigos, ceno con mi hermana", enumera.

Llegó al cine como su personaje de Jesse en The Neon Demon a la moda. En la película del elogiado director Nicolas Winding Refn la frescura de una modelo inexperta conquista el oscuro mundo de las pasarelas, pero en el camino es devorada por sus colegas, celosas de su irresistible carisma. Eso, asegura, no le va a suceder a ella. "Conozco las tentaciones que me rodean y no voy a caer. Yo estoy centrada y concentrada en lo que quiero hacer". Quiere actuar por el resto de su vida. Quiere diseñar su propia línea de ropa. Quiere estudiar literatura inglesa. Quiere escribir un libro. Y nosotros, que la vimos crecer en la pantalla, desconfiamos del estrellato porque siempre está pronto para hacerle una zancadilla a la felicidad.

Elle Fanning puede ser rubia o pelirroja. Puede ser una niña o una femme fatale. Puede ser encantadora o malvada. Ya lleva 28 personajes siendo lo que se le antoja ser. Para los críticos de cine de Los Angeles Times es la mejor actriz de su generación. La miran desde abajo sus admiradas Jennifer Lawrence y Elizabeth Olsen. Ellen Page, Emma Watson y Robert Pattinson. Pero en la lista no figura su colega favorita: su hermana Dakota, cuatro años mayor.

Todavía vivía en Georgia cuando su madre decidió escuchar los consejos de los amigos que insistían con que sus hijas podrían valer oro como estrellas infantiles. Viajó con Dakota a Los Ángeles y no volvió más. Unos meses después, la familia entera se mudó a la ciudad de los sueños rotos y Elle consiguió sus primeros trabajos como la versión más joven de su hermana mayor, que por es entonces era una niña. Tenía 18 meses la primera vez que actuó, en la película Yo soy Sam. Luego en la serie Taken. Luego en La telaraña de Charlotte; como la nieta del futuro de Dakota ¿Rebuscado? Durante años Elle tuvo que responder que ella no era Dakota.

Cuando los medios, cizañeros, le preguntan cómo dejó de sentirse una sombra, responde que a los 4, durante el rodaje de The door in the floor siendo la hija de Kim Basinger. Pero, últimamente cambió de idea: dice que fue hace solo tres años, a partir de Maléfica, interpretando a uno de sus personajes favoritos, La Bella Durmiente de Disney. A Elle Fanning le gusta hablar de cuando su hermana le presentó a Beyoncé y quedó muda, o de cuando Angelina Jolie la abrazaba en el set y ella aflojaba los nervios y la inseguridad, o del día en que Brad Pitt fue al estudio y lo vio, de lejos, a pesar de que ocho años atrás había sido su hija en Babel. "Es que no habíamos filmado juntos porque él estaba rodando en Marruecos y yo en México", explica. Las trampas del cine, digamos.

Después de todo no se parece tanto a sus amigos. No tiene un perfil en Facebook ni en Twitter. En su cuenta de Instagram, que casi no actualiza, mezcla producciones que hizo para Tiffany & Co. con fotos de hamburguesas recién preparadas, con el póster de Live by nigth (la película que rodó con Ben Affleck), y otra de su fiesta de graduación con una imagen de Ryan Gosling a la que besa apasionadamente, apoyando las manos contra la pared, cerrando los ojos y levantando una pierna en ángulo recto que luce unos stilettos rojos marca Marc Jacobs.

Es probable que sea la más talentosa de las It girls, porque no hay belleza que justifique el protagonismo que le han dado directores como Sofía Coppola (Somewhere, y con quien está rodando ahora mismo), Francis Ford Coppola (Twixt), Alejandro González Iñárritu (Babel), Terry George (Reservation road), David Fincher (El curioso caso de Benjamin Button), Cameron Crowe (Un zoológico en casa), Steven Spielberg (productor de Super 8), Jeff Preiss (Lown Down), Jay Roach (Trumbo) o Sally Potter (Ginger & Rosa). Elle Fanning se mueve como pez en el agua en el cine más comercial y en el más independiente. Lo único que tienen en común todos sus personajes es que los prepara echada en su bañera.

Quizá eso que nos obnubile tenga que ver con la inocencia que demuestra frente a su potencial. Una humildad que es demasiado grande para ser fingida, aun cuando soportó estoicamente un largo abucheo durante el estreno en el Festival de Cannes de The Neon Demon, una película que muchos aman y otros odian. ¿Cómo una niña que creció entre reflectores y guiones millonarios puede asegurar que el cine es algo que hace cuando no está estudiando, ni aprendiendo piano ni practicando ballet tres veces a la semana? Debe ser ese espíritu el que la rescata de convertirse en una versión joven de Nicole Kidman o Grace Kelly y tener un nombre propio entre tantos egos. Y de no ser una de esas estrellas que llega a la mayoría de edad con un prontuario de entradas a clínicas de rehabilitación.

Cuando no está trabajando responde las cartas de sus fanáticos. Han dicho que les envía fotografías con dedicatorias. Se sienta en el escritorio de su cuarto, donde guarda una caja de madera repleta de hadas, un regalo que le hizo el director de Maléfica apenas llegó a Londres para el primer día del rodaje. A sus espaldas, en el ropero, está el antiguo uniforme del liceo junto a sus trajes de marca Gucci. No hay ni un solo jean porque no le gustan, "tienen olor a rutina", explica. Cuando espera, Elle Fanning escucha la música que su padre guardó en su iPhone: casi toda la obra de Bob Dylan. Un artista que conoció mejor durante el rodaje con Cameron Crowe, que antes de dirigir fue un reconocido crítico musical. La canción más escuchada es Tangled up in blue. Si quiere cambiar de ánimo pone a Lady Gaga o a Rihanna o a Beyoncé.

Cuando está sola repite su película favorita, El diablo viste a la moda. "Dicen que mi hermana es la nueva Meryl Streep, si es así yo quiero ser Marilyn", anuncia. El de Marilyn es uno de los primeros disfraces que se puso a los 7 años, para una fiesta de Halloween. "La admiro porque destilaba naturalidad. Eran tan bella. Era tan...ella".

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