HISTORIA DE VIDA

Gerardo Zucotti, el relator de fútbol que vive de las antigüedades en la ruta: "Soy un sobreviviente"

Fue el relator por más de 20 años de La Red. En 2002 quedó sin trabajo y desde entonces se dedica a vender antigüedades. Gerardo Zucotti y su historia de sobrevivencia en tiempos laborales adversos. 

Gerardo Zucotti.
Gerardo Zucotti.

“El día que estoy bien, me levanto y pienso: “¡Qué suerte que tengo todo esto!”. Pero cuando ando mal, miro para afuera y me pregunto: “¿Y ahora qué hago con este mundo de cosas?”. Gerardo Zucotti, relator y periodista deportivo por más de 20 años en la Red Uruguaya de TV, se gana (o se pierde) la vida dedicado a la colección y venta de toda clase de objetos antiguos: rejas, ventanas, adornos, juguetes, publicidades, vajilla, herrajes, electrodomésticos viejos y miles de artefactos que son testimonio de otros tiempos.

El lugar se llama “Antaño” y queda en Ruta Interbalnearia Km. 78.500, a la altura de Jaureguiberry. Entre valiosos hierros oxidados, Zucotti vive con menos de lo justo en una cabaña de madera, sin luz ni agua. Pero la escasez material no impide la abundancia en otros aspectos. "Me siento millonario en afecto", asegura en relación al reconocimiento que le prodiga mucha gente, en especial del lnterior por su labor en los medios y a las satisfacciones de la vida familiar.

Tiene cuatro hijos (Luis, Martín, María José y Dafne) y con sus tres nietos (Valentina, Matías y Uma), proyecta plantar unos plantines de roble que riega todos los días. Pero vive solo. Solo con las cosas. Y los espíritus de esas cosas. "Hay gente que piensa que esto es basura y porquería. Otros los ven como tesoros", dice.

Pues él trabaja para los segundos, aunque reconoce que cada vez son menos. En tiempos de "soltar", Zucotti aferra. "Si algo destaca a las personas que se interesan por estos objetos es la sensibilidad. Han venido muchos artistas de todo tipo y origen. Venir acá no es como ir al supermercado, adonde voy, elijo y compro sin mirarle la cara a la cajera. Aquí se viene a buscar y a compartir una historia", asegura. Los clientes recorren y conversan; algunos llegan a ser amigos.

Gerardo Zucotti.
Gerardo Zucotti.

Aunque trabaja para esa clientela, las visitas son menos frecuentes. Lo viejo no atraviesa por su mejor cotización. "Estamos en el auge del use y tire. Incluso para las personas", añade.

Con 61 años, a Gerardo Zucotti no le dan los años de aportes para acceder a una jubilación. Así que a falta de ventas, también se revuelve con changas de todo tipo.

"Lo único seguro que tengo cuando me levanto es que voy a gastar. Mi situación es un reflejo de lo que viven muchos uruguayos de mi generación o menores que están desempleados y aunque tengan las capacidades, no pueden reinsertarse en el sistema", asegura.

A lo largo de su relato, Zucotti se define varias veces como un "sobreviviente" y cuando lo dice se emociona. "Soy una persona muy emotiva", aclara. La voz radial que conserva también se desmorona al nombrar a sus hijos y nietos o cuando revive los años en que relató los máximos triunfos del fútbol uruguayo de los últimos años.

La gloria. Gerardo Zucotti fue el relator de las campañas de Peñarol 1987 y de Nacional en 1988 para medio país. También del Uruguay campeón de Copa América 1987. Eran los tiempos anteriores al cable, cuando los partidos clave del fútbol local se transmitían por TV abierta.

En Montevideo, los canales 4, 10 y 12 negociaban y se turnaban para hacer las transmisiones. Pero en el Interior era siempre la Red y Zucotti quien llevaba la imagen, la voz y la emoción de aquellas campañas. Daniel Ordóñez era el comentarista.

Además de los relatos, Zucotti estaba al frente de un programa deportivo que iba los domingos de noche y que cubría el desarrollo de los campeonatos del interior.

Se había formado como locutor y así ingresó al canal con llegada a todo el país (menos Montevideo) hasta que lo convocaron para los relatos en enero de 1987. "Fui tocado por la varita mágica porque justo en ese tiempo, el fútbol uruguayo tuvo un destaque internacional que no tendría nunca más", revive.

Por añadidura, los televidentes del Interior lo tienen muy presente, no solo por las cualidades de Zucotti como un narrador creativo, sino porque lo asocian a aquellas emociones de la gloria deportiva.

Creador de ocurrentes frases ("la mandó al rincón donde duermen las arañas", "hay que enterrarla (a la pelota)" o “a esa (pelota) no llega ni en motoneta”, Gerardo Zucotti quedó marcado en la memoria también por su inventiva. No tiene redes sociales, pero si se googlea su nombre, aparece una grupo de Facebook titulado "Yo vi a Gerardo Zucotti en La Red" y que cuenta con más de 1.000 integrantes.

Usuarios de Rivera, Salto, Durazno, Artigas, Cerro Largo... hasta del litoral argentino comparten recuerdos y frases del relator. Esa fama 3.0, de la que Zucotti se enteró por un “cliente-amigo” que lo buscó en Internet, hizo que tuviera un regreso temporal en 2018, durante el mundial de Rusia.

La Red transmitió los partidos de Uruguay en la cita mundialista y convocó a su histórico relator. “Fue indescriptible lo que viví en esos días. El cariño de la gente y de los compañeros. El homenaje me lo hicieron en vida”, cuenta Zucotti.

La caída. Cuando la crisis de 2002, Gerardo Zucotti tenía 44 años y su hija menor (Dafne), dos meses. Las autoridades de La Red lo convocaron para hacer una propuesta de reducción salarial. Como no aceptó, quedó sin trabajo tras 22 años en el canal.

“Me pegó mal. En primera instancia no pude superar la situación. Tenía una bebé y no tenía sustento”, dice.

Golpeó alguna puerta para continuar en el periodismo deportivo, pero “era un momento terrible del país” y no encontró salida en los medios.

“¿Qué hago?” La respuesta la encontró en un hobbie que siempre tuvo: la colección de objetos “raros”.

Zucotti y su familia vivían entonces en El Pinar y allí comenzó a vender sus “tesoros”. “Tenía de todo. Llegué a contar en mi acervo con 58 fotos originales del ataque a la base Pearl Harbor en 1941”, relata.

Mientras ejercía su carrera en los medios y con más razón después, Zucotti acudía a remates, ferias y ventas de garage con el objetivo de hacerle de objetos de valor. Era común cruzarlo en la calle con su camioneta atiborrada de cosas.

Un día le tocó ir a Durazno a relatar un partido. Supo que había un remate y entre los lotes descubrió unas lámparas antiguas con forma de sirena. Se enamoró de ellas, pero había un problema: el remate sería a la misma hora en la que estaría relatando. Le dejó una oferta al rematador y afortunadamente para sus intereses, nadie la superó.

En tiempos de vacas raquíticas, vendió aquellas preciadas lámparas. El costo afectivo no le importaba mientras el negocio caminara. Hasta atravesó por muy buenas épocas. Cuando aún estaba en El Pinar con visitantes/clientes/amigos que acudían de varios países.

Pero también hubo problemas. La acumulación de objetos le generó inconvenientes familiares en una casa, además, alquilada con fines residenciales. Al dueño no le hacía gracia el negocio de su inquilino con las piezas oxidades.

En 2008 y gracias al ofrecimiento de un amigo que tenía un terreno sobre la ruta en Jaureguiberry, Gerardo Zucotti se fue solo con su mundo de cosas a la actual sede de “Antaño”.

“Me instalé acá obligatoriamente porque tenía que sostener a mi familia. No convenía que fuera y viniera porque me gastaría la ganancia en combustible, tampoco contar con los servicios de agua o luz”, asegura. La energía eléctrica no la necesita en cuanto está abierto de día y con el agua, instrumentó un sistema para recolectarla de la lluvia.

Los comienzos fueron duros en un Jaureguiberry muy diferente al actual, con pocos pobladores y servicios. “Sufrí de mucha soledad y de carencias. Pero me tuve que quedar acá, aguantando la vela. La vida me ha puesto muchos desafíos. Siento que he tocado el cielo por las manos y también estuve muy profundamente enterrado”, dice. Su máximo orgullo: “En mi casa nunca faltaron las cosas básicas”.

A pesar de una apariencia desprolija del local, Zucotti asegura que hay un orden que tiene muy claro en su memoria. Él sabe dónde está cada cosa. La variedad de objetos es amplísima: “Tengo rejas, puertas, ventanas, maderas, piletas, bañares... y coleccionables: publicidad antigua, cosas de bares antiguos, apliques, artefactos... cubro toda la gama de la locura coleccionista”.

Zucotti ya no va a remates y tiene una relación diferente con los objetos. “Estoy en la etapa de vaciar la mochila”, confiesa.

Las visitas memorables son comunes en el local. “Un miércoles de tarde vino un señor. Recorrió bastante y se llevó un regadera antigua, de chapa zincada. Me contó que mesas atrás había perdido a su hijo. ‘Voy a llevarle a mi esposa esta regadera, llena de flores, para que pueda ver que, a pesar de lo sucedido, la vida tiene sentido’, me dijo. Te das cuenta del valor que puede tener un objeto”, asegura Zucotti.

Cuando pasan estas cosas, el relator siente que sigue ejerciendo el periodismo, aunque sin un medio. Quizás por eso no emplea plataformas de compra y venta por Internet para sus productos. “Yo soy a la antigua. Prefiero saber a quién le vendo y por qué me lo compra”.

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