ENTREVISTA

Gerardo Sotelo al borde de la política: "El paso es un camino sin retorno"

El periodista analiza un ofrecimiento que le hizo Pablo Mieres de sumarse a la actividad política. 

Gerardo Sotelo. Foto: Fernando Ponzetto
Gerardo Sotelo. Foto: Fernando Ponzetto

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Sotelo se declara en una disyuntiva “existencial” entre la expectativa de hacer su aporte desde la trinchera partidaria y el convencimiento de que aceptar la invitación implica dejar el periodismo.

-Desde hace un tiempo augura tiempos confrontativos en materia política y social, ¿Se están confirmando?

-Más o menos. Estamos en una etapa de relativa paz. Quizás sea la paz que precede a la tormenta. Con las redes sociales se da como una lógica paralela. Hasta ahora, toda la propaganda política se podía vincular a un comando y a una candidato específico. Así que si era discriminadora o confrontativa, alguien se hacía responsable. Podía justiciarlo, cambiar o eventualmente pagar los costos políticos por ellos. Pero en las redes sociales cualquier cosa puede pasar y no hay manera directa de vincular eso con Fulano o con Sultano. Queda todo enmascarado. Los candidatos firmaron el pacto de las Fake News. Sé que APU (Asociación de la Prensa Uruguaya) tiene la mejor intención. Fueron todos los precandidatos, pero fue como la última cena. “Uno de ustedes me va a traicionar”. Existe ese riesgo ya hubo algunos ejemplos.

-¿Cómo analiza la campaña?

-Hay dos candidatos que sienten que tienen la interna bajo control que son Martínez y Lacalle Pou y están ya midiéndose con algún intercambio de conceptos. Eso en el marco de un discurso electoral y programático bastante serio y responsable. Es lo normal en un país como el Uruguay, que tiene el listón bastante alto en materia de debate político.

-¿Qué opina de Juan Sartori?

-Contrariamente a lo que dicen muchos, me parece fantástico su irrupción. En la peor hipótesis es un oportunista que vino a ver qué tajada podía sacar y si le va mal, desaparecerá y será una anécdota en la historia. Aunque sea así, en el camino ya hizo cosas positivas. Agitó una interna partidaria que parecía saldada, tiró algunas ideas que obligó a los demás a tener una posición sobre el tema del empleo, por ejemplo. La propuesta de los 100.000 puestos de trabajo tuvo un camino insólito. Todo el mundo empezó a decir que era una locura hasta que salió el propio presidente Tabaré Vázquez a decir dos cosas: que era una locura y que en los gobiernos del Frente se habían creado 300.000, lo cual es un poco contradictorio. Creo que los dos razonamientos tienen un punto frágil y es que la generación de miles de puestos de trabajo en el Uruguay no depende solamente de lo que hagamos acá.

-¿A qué atribuye el ascenso que le asignan las encuestas?

-Creo que lo que hace Sartori es revelarnos que el electorado uruguayo ya no responde a los cánones tradicionales. Tenemos un electorado que se siente más libre de cruzarse de un partido a otro o de un candidato a otro. Valora cosas que nos podrán parecer insuficientes pero que son relevantes. La gente valora en Sartori que representa la contracara de lo que se le critica a los políticos. No necesita del dinero público que pueda obtener del cargo, es simpático, escucha, sonríe y proviene de afuera del sistema. Estamos en un momento en que los partidos tienen un nivel de aprobación baja. Eso es lo preocupante, no Sartori en sí mismo. No hay que enojarse con él. En todo caso, hay que analizar qué pasa con los partidos políticos.

Juan Sartori. Foto: Gerardo Pérez
Juan Sartori. Foto: Gerardo Pérez

-Pero se le achaca que sus propuestas no serían responsables...

-Yo leí el programa y no me pareció una colección de locuras. Es una cosa bastante sensata. Claro que no tiene el rigor de otros programas de gobierno. Lo que ocurre es que un candidato como Sartori, que proviene del 0, se puede permitir algunas incongruencias que no se pueden permitir los que pueden ganar. Eso mismo pasa con Oscar Andrade o con Manini Ríos. Pueden jugar al filo del reglamento, pero a medida que se acerquen, si es que eso pasa, tienen que hacer mejor los deberes. Ahora Sartori está marcando en las encuestas y debe mejorar en ese aspecto porque la diferencia no la va a hacer diciendo locuras, sino cosas con sentido. También Sartori nos está demostrando que nuestro escenario político no es tan previsible como mucha gente cree. Es decir, aquello de que “acá nunca va a aparecer un outsider”, se derrumba. Lo hay y está creciendo. De todos modos, es un outsider a la uruguaya porque está en uno de los partidos políticos más antiguos del mundo.

-¿Le ha dado entrevistas Sartori? Ahora hay una polémica sobre algunas negativas de notas...

-Hace tiempo que no lo entrevisto, pero sí me ha dado notas. Creo que después de todo, eso es una anécdota. Uno preferiría que todos los candidatos dieran notas a todos los periodistas. Pero eso no sucede, ni nunca sucedió. Tabaré Vázquez, por ejemplo, dio muy pocas notas a lo largo de su campaña. No es algo nuevo. Lo que importa es que la gente tenga la información sobre los candidatos. Y si hay algo que se ha investigado en esta campaña es quién es Sartori, qué antecedentes tiene, qué hace... Los medios lo han investigado mucho en este tiempo. En parte, porque él mismo empezó especulando con el misterio.

-El Partido Independiente le hizo el ofrecimiento de integrarlo a sus filas. ¿Qué resolución va a tomar? ¿De qué depende?

-Depende de un tema existencial y personal. ¿Yo quiero dejar los medios para dedicarme a la política? Siento que, en caso de tomarlo, es un camino sin retorno. Me podría ir bien o mal, aburrirme o darme cuenta de que me equivoqué dentro de dos años y no puedo volver a hacer lo que he hecho hasta ahora. Uno puede pasarse al otro lado del mostrador porque la actividad política es una tarea legal y honorable, pero es incompatible con un rol de neutralidad que ocupo como periodista. Por lo tanto, sería definitivo. Y a mí, todavía me excita mi oficio, como dice Sabina. Me gusta lo que hago y me siento útil. Entonces me hago esa pregunta: ¿Estoy dispuesto a dejarlo? Es cierto que puedo desarrollar otras tareas periodísticas, no hay que dramatizar tanto, pero no puedo hacer los programas que hago o escribir desde un lugar de independencia. Esa es mi principal disyuntiva.

-¿Hay más disyuntivas?

-Sí, la otra pregunta que me hago es la inversa: ¿tengo algo para aportar en el sistema político? Yo soy un periodista medianamente competente. Conozco bien el oficio. ¿Podría decirse lo mismo si me dedico a la política? ¿La sociedad no perderá a un periodista competente para ganar a un político incompetente? Lo digo un poco en serio y un poco en broma, pero no me gustaría equivocarme. Por eso analizo todos los factores.

-¿Está más cerca del no que del sí?

-No. Estoy en el medio. Porque también debo decir que la oferta me hizo sentir halagado. Y tengo la expectativa de que en la actividad política también me pueda sentir útil. Todo esto me lo planteo también analizando la variable de la edad. Tengo 61 años y me pregunto cuánto tiempo más voy a estar dando vueltas tratando de hacer una actividad útil.

-¿Siente que el periodismo está cada vez menos útil?

-No. Al contrario. Pero la gente también está dividida al medio. Algunos me dan para adelante. Me dicen: “Dale, que hace falta gente nueva en la política” y otros me advierten que no entre a ese sistema, que es algo sucio e inútil, cosa que yo no creo.

-¿Su familia que dice?

-Tienen mayoritariamente una opinión negativa de la idea. Tampoco han tenido una vida apacible con mi vida periodística, pero los daños ya los tienen conocidos y asumidos. Lo de la política sería un escenario nuevo. Uno de mis hijos dirige coros de murga y me decía: “Viejo, el año que viene vas a ser el tema del couplé”. Ellos ya cargan con el peso de ser mis hijos, pero están más o menos acotados.

-Pablo Mieres le habrá dado un plazo para su respuesta, ¿o no?

-Sí, tengo unas semanas más para que se cumpla el plazo. No me quiero apresurar.

Pablo Mieres. Foto: Leonardo Mainé
Pablo Mieres. Foto: Leonardo Mainé

-¿Conceptualmente se siente identificado con los principios del Partido Independiente?

-Sí. Yo hace más de 30 años que dejé de tener un vínculo partidario, que nunca fue muy firmes. Estuve vinculado al Partido Socialista, pero sobre todo en tareas de comunicación. Luego me aparté por razones de mi profesión. Lo que dije hace un tiempo en una entrevista fue que era votante del Partido Independiente, pero no militante. Tengo un nivel de afinidad que no tengo con ningún otro partido. Con Pablo Mieres, además, nos une un vínculo muy estrecho. Fue vecino de mi madre y de mis abuelos por mucho tiempo. Mis hijos son amigos de los suyos. Tomaré la decisión en los próximos días. Lo que nadie puede decir, en caso de que acepte sumarme al PI, es que lo hago por oportunismo.

-¿Ha tenido otros ofrecimientos?

-Sí. Me ha contactado gente que respeto mucho, de otros partidos, pero no es un tema de querer estar.

-Ahora a la distancia, ¿estuvo bien al haber ido como orador a Un solo Uruguay?

-Totalmente. Lo que pasa es que coincidió con que Un solo Uruguay ha entrado en “horas bajas”, digamos. Se ha focalizado en la crítica más radical contra UPM y está desapareciendo como foro de los sectores productivos del campo. Lo que yo dije en el encuentro de Durazno podría decirlo en cualquier otro lado. Me dijeron fuera a decir lo que quisiera. Es más, yo llamé dos días antes para preguntar si no había algún lineamiento, indicaciones de tema, o algo. Yo lo enfoqué por el lado del año electoral y que no se degrade el debate. “Sí, perfecto”, me dijeron. Allá fui y lo dije. Yo no fui vocero de Un solo Uruguay, como no sería vocero de nadie. Fui vocero de mí mismo. Hubiera dicho lo mismo en el Pit Cnt o donde fuera.

-Desde el oficialismo se lanzaron críticas a Lacalle Pou, por vivir en la Tahona, ¿crees que el nivel de la campaña irá por ahí?

-Creo que no. Eso fue la mayor estupidez que he escuchado en mucho tiempo. Están convirtiendo a Lacalle Pou en víctima de discriminación. Nadie es mejor ni peor por vivir en un barrio pobre, ¿verdad? Lo mismo hay que decir de un barrio de contexto rico. Además, Lacalle Pou ha recorrido todos los rincones del país. Fue un recurso berreta, que no está a la altura del debate político uruguayo. No creo que sigan por esa vía. Hasta ahora, lo que se vio de la campaña de Daniel Martínez es sofisticado, desde los colores, los planos de la fotos, el ánimo que transmiten. Es perfecta la campaña, no es suficiente porque finalmente el candidato tiene que poner lo suyo, pero los deberes están bien hechos. La de Luis está bien hecha también, pero bueno, siempre defender al gobierno es más difícil y lo están haciendo bien.

-Las elecciones se definirán entre la continuidad del Frente Amplio o un gobierno de la oposición. ¿Cree que hay más chances para ese cambio de signo?

-Todas las encuestas indican que el Frente Amplio está por debajo de lo que votó en 2014, algunas marcan hasta 14 puntos menos. Mi punto de vista es el siguiente: la ciudadanía está dando señales de cambiar. “Gracias por los servicios prestados”, podría ser el mensaje. “Pero necesito otro para encargarse del establecimiento y quizás no lo termino de encontrar. Así que no descarto continuar con el actual gerenciamiento”. Falta mucho, pero parece que todo girará por ahí: el Frente tendrá que convencer al electorado de continuar así y la oposición de cambiarlo. Si me pedís una opinión con los números de hoy, me da la impresión de que el Frente tiene chances de ganar todavía pero los signos van en sentido contrario. Nada es definitivo. Este sería el análisis previo al partido. Faltan que salgan los jugadores a la cancha y se juegue el partido.

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