ENTREVISTA

Gerardo Romano: "Hay más de 100.000 argentinos ladrones como dijo Mujica"

El actor argentino radicado en Laguna del Sauce habló sobre la polémicas declaraciones del expresidente. También recreó su día a día en el Este uruguayo. 

Gerardo Romano
Romano pasa sus días en una casa de piedra rodeada de verde y con una vista privilegiada a la Laguna del Sauce. Foto: Ricardo Figueredo. 

Es pleno enero, pero Gerardo Romano ni se entera del bullicio de la temporada puntaesteña que tiene su despliegue apenas a 20 kilómetros de su hogar en la Laguna del Sauce. La estrella argentina del cine, el teatro y la televisión se acomoda en un sillón de su casa de piedra rodeado de libros, artesanías e instrumentos musicales, y da rienda suelta a su verborragia. El diálogo con El País transcurre sobre el fenómeno de El Marginal, la última serie que protagonizó, y la coyuntura política argentina. “Hay más de 100.000 argentinos cagadores”, indica en referencia a los dichos de José Mujica.

—¿Cómo organizás tu tiempo entre tus días en la casa de la Laguna del Sauce y tus trabajos en Buenos Aires?

—A veces voy y vengo dos veces en la semana. He estado a las seis de la tarde regando las plantas en la casa de la Laguna y a las nueve de la noche en el Obelisco haciendo una función de teatro.

—¿No te gusta el ritmo frenético de la ciudad de Buenos Aires?

—En Buenos Aires salgo poco. Soy bastante ermitaño. Y en Uruguay estoy en el medio del campo. No hay timbre, no aparece nadie.

—Hace más de 20 años que vivís en una chacra en la Laguna del Sauce, ¿en algún momento tuviste prejuicios con respecto a Punta del Este?

—Los sigo teniendo. En Argentina los que me denostan dicen que estoy en Punta del Este, pero estoy a 20 kilómetros de Punta del Este. Estoy en el campo y ni me entero de nada. No me gusta ese quilombo de esperar en las rotonditas entre tanto coche con patente argentina. Hay más de 100.000 argentinos cagadores como dice Mujica, o ladrones como dijo Batlle. Es peor.

—Has sido muy crítico con el estado del agua en la Laguna del Sauce, ¿ha mejorado la situación?

—Uruguay es un país que se ha ido degradando en el sentido ambiental. Cuando hablé de ese tema, el agua estaba verde. Yo he llegado a tomar agua de la laguna con la mano hace años, y ahora hay días que ni se puede tomar el agua de Ose. Cuando confluye una crecida y hace mucho calor se complica la composición química. No sé cuáles productos están echando ni si están controlando más ahora.

—¿Probaste la marihuana estatal?

—Probé marihuana en Uruguay, no sé cuál era la procedencia. Me pareció muy positivo lo que hizo el gobierno uruguayo con la marihuana. Lo que me parece negativo son las fiestas electrónicas y que los pendejos se droguen con cosas que no conocen. En La Barra hicieron ayer una fiesta que empezó a las 10 de la noche y hoy pasé a las dos de la tarde y los chicos seguían saltando. Los pendejos estaban duros y las pendejas todas vomitadas. Me pareció un horror. Hay gente que lucra haciendo esa mierda. Se han muerto chicos con esas fiestas, no habría que autorizarlas.

—¿Qué evaluación hacés del fenómeno de El Marginal?, ¿le llegaste a otra generación o a otro público que no te conocía de tus trabajos anteriores?

—Los actores existimos en la memoria colectiva. Un actor del siglo pasado nadie sabe quién es. Los autores sí siguen su derrotero prestigioso. Si no hubiera existido El Marginal yo estaría desaparecido.

—¿En qué sentido?

—Nos produce Netflix; los pendejos nos miran ahí y la plataforma nos dispersa por todo el mundo. Me han mandado mis escenas en alemán, tailandés, francés, en las que parece que soy yo el que está hablando. Llegó a otras generaciones y a otras latitudes.

—¿El suceso fue gracias a Netflix?

—No, El Marginal estaba condenado al éxito sin ninguna duda. En cualquier lado hubiera pegado como pegó.

—¿Por qué el público se identifica en villanos como Sergio Antín, el corrupto director de la cárcel de El Marginal?

—No sé por qué motivo la gente se proyecta en los cagadores cuando son simpáticos. Sé que es un hijo de puta pero lo quiero igual. Bueno, la gente se ha identificado con Macri…

—¿Los comparás?

—Sí, Macri es simpático, sonríe, canta, baila, tiene una linda mujer, es machista...

—¿Qué le pasó a Macri al frente de su presidencia?, ¿no supo, no pudo o no quiso?

—Ni supo, ni pudo y quiso otra cosa.

—¿Cuál fue el principal problema de su gestión?

—El neoliberalismo.

—¿El problema fue ideológico?

—Sí, esa es la base fundamental del fracaso de su gobierno. La redistribución del ingreso como la plantea el neoliberalismo: le sacó impuestos a los ricos y se los aumentó a los pobres. El gobierno de Macri fue siniestro.  

—¿Por qué lo volvió a votar más del 40% del electorado?

—Hay una porción de clase media muy grande en Argentina. Vivimos bajo el capitalismo, que es la codicia. Todos quieren ganar lo más posible: “¿a mí qué carajo me importa que haya gente pobre que come de la basura?, no me pongas más impuestos porque yo estudié y trabajé, y tengo lo que tengo bien ganado”.

—¿Te gusta Alberto Fernández como presidente?

—Sí, es el único candidato que hubiera encontrado para esta coyuntura. Tiene la capacidad de aplicar políticas que transformen.

—¿El discurso de las figuras de la cultura ayudó a que el kirchnerismo vuelva al poder?

—La cultura ayuda. Siempre tuvo un rol importante.

—¿Disfrutás ese nuevo rol analizando y debatiendo sobre política en los programas de televisión?

—Más o menos. Hay mucha violencia y descalificación. No se debaten ideas. Yo ya no voy a programas en los que hay alguien en total desacuerdo conmigo. No tengo ningún interés en colonizarle la subjetividad a nadie. Voy a programas en los que un periodista me hace preguntas, y a veces puedo parecer un poco avasallante.

—¿Te molestó la etiqueta de “actor k”?

—No me jode, pero no me parece bien. Estigmatizar con una letra es propio de las dictaduras fascistas. Es como cuando a los judíos en Alemania les ponían una “J” frente a la casa. Es un reduccionismo.

—¿El kirchnerismo no hizo lo mismo etiquetando a algunos periodistas solo por trabajar en determinado medio?

—Es que respondían y responden solamente a los intereses de esos medios. Si uno ve a un periodista que siempre critica a los mismos y habla bien de los otros no es objetivo. Ahí hay partidismo. El periodista no tiene que contar su historia, sino mostrar la historia y que cada uno saque sus conclusiones. Hay gente no tiene esa apertura. Yo considero que la tengo. No soy funcionario kirchnerista ni fui candidato a nada, así que tengo total libertad para decir que son una mierda o que son buenos.

Gerardo Romano
Romano tiene decenas de personajes que quedaron en el recuerdo. Carlo Patter Nostra (Hombres de Honor, 2005) y Julián de Zona de Riesgo (1992) son algunos de ellos.

—¿Miraste el documental sobre Alberto Nisman en Netflix?

—No.

—¿Qué opinás sobre las manifestaciones a cinco años de su muerte?

—La gente no discute cuestiones jurídicas del caso. Hay que leer un libro que se llama ¿Quién mató a Nisman? que incluye el expediente que muestra cómo es la historia. Fue un funcionario inepto y corrupto. Y su muerte fue un suicidio usado políticamente por sectores del poder que quieren denostar a Cristina.

—¿Cuál es tu punto de vista sobre la revisión que propone el discurso feminista, que condena situaciones que tiempo atrás eran aceptadas como naturales?

—Me parece bien. Entre que no se hubiera producido, y se produzcan ciertos excesos, prefiero que se produzca y haya excesos. Después hay que tratar de que las cosas se acomoden mejor.

—¿Hay excesos?

—Sí. Ahora basta la palabra de una mujer para quedar escrachado, arruinado y que se termine tu carrera y tu vida social para siempre. Después no hay quién te quite la mancha. Hay situaciones íntimas muy particulares. Está el caso del periodista que le dieron nueve años de cárcel porque el juez dijo que había violado analmente a su mujer, con la que tenía relaciones vaginales frecuentemente. En medio de las relaciones la forzó un poco a que se diera vuelta y fue nueve años en cana. Son desajustes jurídicos.

—¿Qué pensás del caso de Pablo Rago, acusado recientemente de violación por un episodio ocurrido en 2015?

—Pobre pibe. Es horrible. Yo soy abogado y creo en el debido proceso. No basta una palabra. Vos salís de acá y decís “me pegó”, y yo voy preso sin pruebas, testigos ni pericias. Como todo antecede mediáticamente, lo que está pasando es eso.

—¿Con Juan Darthés pasó lo mismo?

—Sí, y el colectivo de Actrices Argentinas, que tiene mucha carga, se le fue encima. Estamos siendo testigos de ese tsunami. Pero insisto en que me parece preferible que se produzca ese cambio, incluso con excesos.

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