ENTREVISTA

Gabriel Rolón: "Los violadores tienen una enorme capacidad de engaño"

El psicoanalista más famoso de la Argentina pasó por Punta del Este para presentar La Voz Ausente, su última novela que lidera el ranking de las más vendidas de la vecina orilla. "Me cuesta no sentirme en mi patria cuando estoy en Uruguay", asegura.

Gabriel Rolón. El best seller argentino estuvo en Montevideo para hablar de su nuevo libro, La voz ausente. Foto: Darwin Borrelli
Gabriel Rolón. Foto: Darwin Borrelli

-Se te ve por Uruguay cada vez más seguido, ¿cómo se ha construido tu vínculo con el público local?

-Mi relación con el público uruguayo es realmente muy fuerte. Fui por primera vez a Montevideo hace muchos años de la mano de Alejandro Dolina. En el Uruguay lo adoran, con justa razón. Y creo que heredé un poco de ese cariño y he intentado, no sólo sostenerlo, sino profundizarlo. En lo personal me siento muy cerca de los uruguayos. Me cuesta no sentirme en mi patria, con mi gente, cuando estoy allí. Y ustedes saben que lo que digo es cierto, por eso, para mi orgullo, sé que también me sienten como un compatriota más.

-¿Cómo surge en tu cabeza La Voz Ausente, tu última obra, en la que el protagonista está convencido de que el disparo que sufrió su amigo no fue un suicidio como concluye la policía?

-La idea surgió unos días después de que saliera publicada mi primera novela, Los Padecientes. Mi amigo Fernando Rabih me dijo que soñaba con una novela que empezara así: en un consultorio todo está prolijo, no hay huellas de peleas, nada está fuera de su lugar, sólo que en el sillón yace el analista con un tiro en la cabeza. Lo miré y le dije que yo iba a escribir esa novela. Fue todo un desafío, pero pude cumplir con mi palabra.

-¿Te ha pasado lo contrario, de identificar que un paciente puede ser un potencial suicida?

-Muchas veces, sobre todo ante casos de depresiones profundas, los analistas enfrentamos el peligro de que alguno de nuestros pacientes tome esa decisión fatal. Es un momento muy difícil, de mucha incertidumbre. A esta altura, tengo mucha experiencia clínica como para identificar cuándo se trata sólo de una idea que no es más que una fantasía y cuándo esa fantasía puede pasar al acto. Como los analistas no tenemos radiografías o tomografías que confirmen lo que escuchamos, ante la duda siempre he derivado a psiquiatría para hacer una interconsulta y manejar el caso junto con el profesional.

-¿Hablar de casos de suicidio es un tabú en los medios?

-Un poco. Algunos medios, especialmente en sus programas de noticias, oscilan entre las noticias más tremendas y, al segundo, la impostura de una gracia fingida. Es decir que pasan de la muerte de un chico en un accidente al tema que hace furor en la playa. He trabajado mucho en medios y conozco ese comportamiento pendular. Y es cierto que a la palabra suicidio se le teme y se la disfraza con algunos arabescos. Es a las claras una cuestión de la que no es grato hablar, sin embargo, mi percepción es que más que una decisión basada en el buen gusto, tiene que ver con que piensan que el público al escuchar la palabra cambia de canal o de emisora.

-¿Qué encuentra de fascinante el público en el psicoanálisis para que sigan surgiendo productos exitosos en televisión y cine en torno a este rubro?

-El mundo del Psicoanálisis es fascinante. Propone el más profundo y misterioso de los viajes, que no es al centro de la tierra como creía el gran Julio Verne, sino al interior de uno mismo. Allí donde habitan monstruos mucho más siniestros que los que pueda imaginar la ficción, porque, a veces, son monstruos que tienen el rostro de las personas que más amamos. Además, propone un desafío: enfrentar el dolor y la repetición de malas elecciones para encontrar un camino diferente que cambie nuestra vida. Y, como si todo esto fuera poco, el proceso analítico tiene algo de detectivesco, porque no buscamos al responsable de un crimen, pero sí buscamos un hecho traumático y reprimido que es causa de nuestro dolor.

-¿En qué momento te diste cuenta de que además de las capacidades de escuchar e interpretar propias de un psicoanalista, tenías la de comunicar?

-Desde chico era el elegido para conducir los actos escolares, o era el delegado del curso para hablar con el director. Quizás por ser músico desde los seis años, subirme al escenario a cantar o tocar y hablar con el público, adquirí la capacidad de comunicarme de modo claro con los demás. A todo esto que parece innato y no lo es, le sumé mucho estudio. Más tarde apareció (Alejandro) Dolina y, con su generosidad, me dio un máster de comunicación invalorable. Es imposible compartir todos los días durante catorce años con semejante maestro y no aprender al menos algo.

-¿Haberte convertido en una figura de los medios limitó tu condición de psicoanalista, en el sentido de que un paciente puede preferir abrirse frente a otro con un perfil más bajo?

-Al comienzo puede haber pasado lo que vos decís. Alguien venía a analizarse y, al descubrir que yo tenía presencia en medios, dudaba o prefería cambiar de profesional. Hace muchos años que esto ya no ocurre. Hoy, quien decide contactarse conmigo sabe lo que hago en mis otros ámbitos y, no sólo lo acepta, sino que muchos me buscan porque valoran mis apariciones públicas.

-¿Las relaciones humanas han cambiado para bien o para mal a partir del fenómeno de la hipercomunicación a través de redes y nuevas plataformas?

-Han cambiado. Si para bien o para mal depende de la salud psíquica de cada uno. Si alguien conoce a una persona en las redes y construye luego un vínculo de respeto y compromiso, bienvenida sean las redes. En cambio si una persona se confunde y cree que tener cien amigos en Facebook es tener cien amigos de verdad, es posible que caiga en un error grave. Además, las redes generan una falsa idea de conocer a los demás y creo que es algo de lo que debemos cuidarnos mucho.

-Yendo a temas de actualidad, ¿es posible el “poliamor”, es decir tener dos parejas a la vez? O por otro lado: ¿es posible amar solo a una persona?

-Por supuesto que es posible amar a una sola persona. Pero que sea posible no significa que es lo que ocurra siempre. La sexualidad humana es muy amplia y en ella hay espacio para la monogamia, para las parejas abiertas, para los tríos o los vínculos swingers. En tanto y en cuanto sean acuerdos entre adultos en los que nadie sufra y todos deseen compartir libremente esa elección, como profesional no tengo nada en contra de ninguna de estas variantes.

-El tema que acaparó a los medios desde hace dos meses es la denuncia a Juan Darthés por violación. ¿Se puede establecer el perfil de alguien capaz de cometer un acto como ese?, ¿alguien que parece “buen tipo” en la vida cotidiana puede llegar a realizar una acción así?

-En primer lugar me gustaría aclarar que mi respuesta nada tiene que ver con el caso particular que citás, porque no tengo el conocimiento necesario como para emitir un juicio de valor sobre las personas involucradas en el mismo. Soy psicoanalista, tengo una matrícula profesional que me avala y me compromete y, por lo tanto, mi opinión no es como la de cualquier otra persona. Dicho esto, no es fácil detectar cuando estamos frente a una personalidad psicopática, justamente porque estos sujetos tienen una enorme capacidad de engaño. La ausencia de culpa y de empatía les permiten comportamientos que la mayoría de los seres humanos no podemos sostener por culpa, por miedo o por valores éticos. Claramente hablamos de personas que parecen “buenos tipos” pero no lo son. Y es posible que uno viva toda su vida junto a un violador sin enterarse, como pueden atestiguarlo aquellos que han sido víctimas de abusos intrafamiliares. Situaciones tremendas en las que alguien debe compartir su cumpleaños o la navidad con un tío, primo o abuelo que lo ha violado y está sentado en la misma mesa. La violación es quizás el peor de los delitos, y creo que tenemos que encarar el tema con la responsabilidad que el mismo nos impone.

Gabriel Rolón junto a un ejemplar de su nueva novela. Foto: Darwin Borrelli
Gabriel Rolón junto a un ejemplar de su nueva novela. Foto: Darwin Borrelli
GABRIEL ROLÓN

Terapias adaptadas

Los textos de Gabriel Rolón fueron llevados al cine, teatro y televisión. En todos los casos, él estuvo detrás de cada detalle y quedó conforme con el resultado. Una de estas producciones fue desarrollada en Uruguay: la miniserie Historias de Diván de 2013. Aquel ciclo fue protagonizado por Jorge Marrale y Humberto De Vargas, y contó con Canal 10 en la realización. “Todo fue un lujo. Fui muy feliz mientras duró la grabación de la serie y me siento orgulloso del producto que hicimos”, recuerda.

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