home sweet home

Figares otra vez rompe cabezas

Se define como periodista de opinión y todo lo que dice es sinónimo de polémica. Daniel Figares volvió al Espectador para hacer de vuelta Rompkbzas. Entrevista al periodista.

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La vuelta al dial de un gran periodista

Dejó Plan B (AM Libre) en 2003 y no paró. Realizó un proyecto por año, pero en cada entrevista que le hacían era inevitable que indagaran sobre su vuelta al dial. “La gente cree que te vas del aire y no hacés nada más”, comenta Daniel Figares. Fiel a su estilo, “le quemaba la cabeza a los oyentes” que reclamaban su retorno cuando iba a las emisoras para presentar la biografía de Buitres (2014). ‘Me encanta pero hace 11 años que no hago radio y no me morí, puedo vivir sin eso, a las pruebas me remito, estoy vivo’, repetía. En esas charlas tomó dimensión del asunto y pensó que nunca más iba a volver a la radio. La historia viró, “la gente que hizo lo imposible para me fuera del Espectador ya no está” y hoy Rompkbzas tiene su segunda oportunidad. 

Prefiere estar al costado y lo "erosiona" lidiar con el mote de figura pública. "Lo ideal sería no tener ninguna exposición y poder estar al aire pero me he dado cuenta de que eso no existe y a medida que acumulás años y trayectoria, menos". Es un generador de polémica nato, se define como periodista de opinión, aunque ha hecho trabajos de investigación. Cuando no tuvo un micrófono en mano, se amoldó a las redes sociales como vehículo para enviar sus mensajes. Ahí recibió mucho ‘bullying’ pero está acostumbrado porque "me han hecho bullying siempre, en la radio, en todos lados. Un periodista que opina siempre despierta empatía en los que piensan igual y antipatía en aquellos que opinan en contra". Reconoce que lo insultan mucho, aprovechan que está al alcance de la mano y reacciona: "el tipo te relaja y vos te ves obligado a contestarle. Yo me enrosco, la gente me dice, ‘no des bola’, pero a mí me divierte, tengo esa malicia sana, me gusta debatir, que me quieran ganar, me encantan esas batallas intelectuales".

—¿Cómo fue la sensación al volver a entrar a un estudio, volver a tener un micrófono, que no es lo mismo que las redes o un blog?

—Estuvimos trabajando un mes antes de salir al aire y pese a que todo fue muy rápido y sorpresivo, después descubrí que lo último que hice fue reconocer mi zona de trabajo: entré a la cabina de salida de aire el mismo día, nunca me había arrimado para ver dónde estaba, qué había, qué me faltaba, qué podía necesitar. Pasó en tiempo récord: en un mes me tuve que poner a tiro para estar de vuelta al aire, fue de la manera más brusca, pasar del cero al mil sin ningún paso intermedio. Todavía me sigue cayendo la ficha. Pese a los 12 años de ausencia, me di cuenta de que las mañas no se pierden, no me cuesta nada, es como andar en bicicleta porque es lo que hice la mayor parte de mi vida, desde el 77 al 2003.

—Durante la campaña electoral no tuviste un micrófono, ¿cómo la viviste desde afuera?, ¿la disfrutaste?

—No, la padecí. Es aburrido cuando no hay debate, es una puesta propagandística de cada uno donde hablan para su propia platea y repiten su discurso. Si estás hablando para tu hinchada, todos aplauden y vas a decir lo mismo. De la única manera que te salís del trille es cuando hay alguien que te pregunta algo distinto. La viví muy de afuera, no la seguí ni ahí ¿Qué fueron las elecciones? La bandera, una foto con unos fumando porro, la positiva con el logo de Twitter, no hubo ni campaña. Vamos a ser realista: lo más valioso fue el triunfo inesperado de Lacalle hijo en la interna, de ahí todo esperable, y lo otro sorpresivo fue lo mal que midieron las encuestadoras. El tema era si alcanzaban la mayoría o no pero fue muy chaucha.

—¿Qué le hubieras preguntado a los candidatos de los distintos partidos si hubieses tenido la chance?

—Por qué no debatió Vázquez con los demás. Por qué no debatir es algo que no entiendo, es una senda que hay que retomar para el bien de la gente. Vivimos en el mundo de la comunicación, no puede ser que no se pueda armar un debate cuando estamos híper conectados. Me parece insólito.

—Las entrevistas que le hicieron Joel Rosenberg y Gabriel Pereyra a Lacalle Pou fueron de las más comentadas, ¿las escuchaste?

—La de Rosenberg no, vi la de Gabriel y me pareció una buena entrevista, un poco extendida la primera parte sobre un tema y hubo mucho énfasis en el tono campechano de hablarse, que no sé si eso hace a la cosa. Pero lo interesante fue que hubiera un periodista que preguntara, re preguntara, que fuera crítico, lo mismo que hice yo con el padre. Me parece que es sano porque todos tenemos derecho a pensar distinto, además los políticos están para servir a la gente, somos contribuyentes que les pagamos el sueldo, entonces tenemos derecho a preguntarles las cosas que no les gustan. No les vamos a preguntar lo que les gusta, para eso que se junten con amigos.

—Mientras hacías Non Fiction decías que los políticos no se animaban a una entrevista contigo, ¿qué pasa en Rompkbzas?

—Yo he cambiado el chip. No los quiero obligar, quiero que entiendan que puedo pensar distinto y ellos tienen que venir porque hay gente que está esperando que lo hagan. Hablamos de toda la gente que quería que yo volviera, bueno, la gente que me escucha quiere ese producto, sabe que soy un tipo que opino y son votantes de todos los partidos. Nosotros estamos para informar, para ser un puente de comunicación entre los políticos y la gente y los políticos tienen que entender eso.

—Cuesta que lo comprendan igual...

—Pero estoy encontrando menos obstáculos. Con cualquier político con el que he tenido diferencias -y son la mayoría- sepan que van a encontrar respeto, aún en la diferencia, pueden venir tranquilos que aquí se los va a tratar como debe ser.

—Te fuiste del Espectador con algunos problemas, ¿qué pasó para que se concretara la vuelta?

—Que las personas con las cuales tuve problemas no están acá. Cuando ellos se fueron, me llamaron. Yo no hubiese vuelto jamás si hubiesen estado las personas que hoy no están. Para mí fue muy importante porque El Espectador es una grifa en Uruguay, supe integrarla y jodía diciendo, home sweet home. Yo tuve dos casas, una es El Dorado que no existe más y la otra es esta.

—¿Por qué volver con el mismo nombre?

—¿Y por qué no? Es una segunda etapa. De los últimos 20 años en la historia de la radio, el quinquenio más importante fue del 95 al 2000, cuando estuvimos nosotros. Hubo gente que hizo lo imposible para que yo me fuera y lo logró, me parecía que era algo que había quedado trunco porque estábamos liderando audiencia. Entonces puse todo eso en la mesa y dije, tiene que volver Rompkbzas porque si no hubiéramos tenido problema con esta gente, hubiéramos estado hasta ahora.

—¿Te sorprendió la forma en que se viralizó el debate con Daniel Martínez sobre la ley de medios?

—No, porque hay una ausencia de debate, entonces es lógico y natural que pase cuando alguien debate, y más cuando se trata de una figura importante en el partido de gobierno, uno de los candidatos a la Intendencia. Lo básico y obvio es que no hay debate, entonces cuando hay uno, se viraliza.

—Martínez reconoció en la entrevista que la izquierda demoniza al que piensa distinto, ¿compartís ese pensamiento?

—Claro. Yo creo que esas líneas se tiran de arriba hacia abajo: creo que son los representantes los que de alguna manera inculcan cierta intransigencia para aquellos que opinan distinto. Hay que limarla porque el resultado de las últimas elecciones, más allá de la victoria del Frente Amplio, habla de un país dividido en dos, con gente que piensa A y gente que piensa B. Yo personalmente no pienso ni A ni B, por lo tanto, estoy muy acostumbrado a vivir en ese país donde no me siento representado por ningún partido político. Pero está todo polarizado, si no cruzamos esos dos caminos, la sociedad uruguaya peligra: es un mono ambiente Uruguay y tenemos que vivir unos con otros. Me parece correctísimo que Martínez diga eso, que vaya a los debates y que se abstraiga de si ganó o perdió. Felicité públicamente a Martínez y lo vuelvo a hacer porque acá no se quiere debatir, yo creo que hay que hacerlo: es la mejor forma de graficar una democracia. Me pareció bárbaro que Martínez viniera y que no se fuera caliente porque a veces te das cuenta de que para la radio está todo bien y se levanta enojado, para nada, después me lo encontré, lo abracé para felicitarlo y me volvió a saludar incluso mejor. La gente está tan acostumbra a la ausencia de debate que cree que cuando dos personas piensan distinto no se pueden juntar porque se van a acuchillar, la verdad que no. Por eso felicito a Martínez, no lo conocía, nunca lo había entrevistado porque estuve fuera del aire todo este tiempo y no tenía por qué tomárselo a bien y sin embargo sí lo hizo, fue natural, no fue actuada su tolerancia.

—Lecueder te convocó y se reunió contigo antes de que Joel Rosenberg estuviera en la mañana de Océano, ¿la única razón por la que no aceptaste fue porque era de mañana?

—Es cierto.

—¿Nunca te arrepentiste?

—No, lo que digo ahora que soy más viejo es, pucha, ahora me estoy levantando temprano para hacer esto. Hay momentos para todo, en ese momento no. Yo no me arrepiento de nada de lo que he hecho.

—¿Qué tan distinta sería la mañana de Océano contigo?, ¿no estaría Darwin Desbocatti, por ejemplo?

—Al revés porque Darwin estaba en ese momento en Justicia Infinita y a mí me interesaba muchísimo. Todo lo contrario, te diría que yo había pensado en él, no descubro nada, pero ya había reparado en él.

—¿Lo escuchás?

—No.

—Carlos Tanco habló mal de vos en una entrevista y le respondiste, diciéndole blandito, transero y negociante...

—Él escribió a Montevideo Portal y yo publiqué su carta donde pidió disculpas y dio detalles de cómo fue la charla, que pensó que no iba a salir eso, que no iba a quedar porque era para un medio escrito (Voces del Frente). Fue una cosa fea porque estaban con Daisy Tourné que era ministra del Interior. Era una ministra hablando con un humorista sobre un periodista diciendo que era no transero. No quiero reavivar la polémica que para mí está cerrada completamente y no había dejado ninguna rencilla pero no me gustó, me pareció un garrón y se lo dije. Él estaba en la cresta de la ola y yo estaba ensucuchado en Montevideo Portal, con sumo gusto porque todo lo que hago es lo que quiero, pero la estrella era él. Al decir que yo no transaba, el mensaje del tipo que es exitoso a la botijada es que es mejor transar. No lo dijo pero es el mensaje que quedaba. Y yo humildemente pensé en todos los tipos que lo siguen a él y no me pareció un buen mensaje. Si el mensaje es de él y personal, está bárbaro, pero si me usa a mí como ejemplo, ahí sí me meto. No transar no significa decirle que no a todo, significa no vender su autenticidad para otras cosas. Yo vivo así, así me enseñó a vivir mi vieja. Según mi punto de vista, lo mejor es no ser transero, capaz que no me fue tan bien si lo miro objetivamente porque me tuve que comer las verdes durante un buen tiempo, pero hay muchos que eligen vivir a mi mismo compás y me parece mal que venga alguien que está en la cresta de la ola a decir, no, mirá lo mejor es hacer lo contrario a esto que hace este tipo.

—En cada entrevista que das es inevitable que te pregunten por Petinatti…

—Cada vez menos, por suerte.

—¿Qué te pasa cuando te lo nombran?

—No me hace nada.

—¿Por qué cuando hablás de él lo llamás Freddy?

—Porque se llama Freddy, lo conocí como Freddy, el nombre Petinatti se lo puse yo y después la gente lo conoció así. Bueno, yo lo conocí como Freddy, entonces hablo así de él.

—Tuviste un cruce con Luis Alberto Carballo porque él sacó a relucir tus dichos en La Taberna, donde mandabas a Petinatti al psiquiatra...

—Sacó de contexto unas declaraciones que hice en La Taberna. Mi opinión es que el tipo es un desagradecido. Lo que digo es de dominio público: después que se fue estuvo 15 años sin nombrar al Dorado. En el libro de Mauricio Rodríguez, En la noche, uno de los propios hijos del dueño del Dorado dice que Freddy no nombraba al Dorado ¿Cómo se le dice a una persona que nació y estuvo trabajando en una radio y no la nombra por 15 años? Y lo que es peor, después la nombra. Yo soy muy agradecido. No me importa que me agradezca a mí, aunque debería porque le di laburo yo, porque El Dorado es una radio, no es un ser animado. Él vivía enfrente, estuvo un año entrando y en ese año nadie le dio laburo, el que se lo di fui yo. Eso es lo que menos me importa.

—Le viste talento entonces…

—Claro, yo no le regalé nada. Sería un estúpido si dijera eso. Pero de todas maneras, nadie se lo había conseguido antes y el tipo iba ahí todas las tardes. Me preguntaron por él y dije, pucha, entiendo que puedas estar por la situación que se dio (que no lo re contrataran) un año o dos años chupeteado pero después medio que se te tiene que pasar. Efectivamente los propietarios de la radio no lo contrataron, pese a que yo intercedí para que le hicieran un contrato aparte y él tuviera su programa dentro del Dorado, el dueño no quiso. Y ahí fue donde hice el comentario jodiendo que tendría que hablarlo con un psicólogo o un psiquiatra, entonces Carballo agarró el pedacito ese... Pese a que hice media carrera de psicología, no estoy capacitado para mandar a nadie a un psiquiátrico, en todo caso estoy capacitado para ir yo. Pienso y seguiré pensando que el tipo ha sido un desagradecido. Ahora igual nombra al Dorado, que es lo más curioso, pero hace bien.

—Salvador Banchero dijo en una entrevista con La República que en su momento vos habías cambiado la radio, ¿lo sentís así?

—Le agradezco, es un amigo. Yo creo que El Dorado cambió la radio y ahí dentro algunos tuvimos papeles más o menos importantes. Carlos Dumpiérrez fue quien craneó el Dorado, ese fue el tipo que cambió la radio, después el Dorado cambió la radio y había mucho trabajo en equipo: a Jean Lousteau en Radio Rock le hice separadores escritos por mí, le puse el texto, la música y lo único que hizo el tipo fue la locución. Para nosotros la radio era todo. Me levantaba, me bañaba, me iba para la radio, pasaba todo el día, volvía de noche a mi casa. Fue una especie de gran club, un gran semillero.

—Sos un tipo que denuncia, ¿sos tan crítico para tu vida personal?

—Totalmente, no podría ser de otra manera. Todos tenemos una historia de vida compleja, la mía no es la excepción y vaya si tendré críticas para mí, para mi vida, mi entorno y las cosas que he hecho.

—Dijiste que si hay un esto no me lo preguntes es lo primero que vas a preguntar, ¿con qué político te querés sacar las ganas?

—Para todos tengo una pregunta que no van a querer que les pregunte, pero me las guardo porque capaz que tengo suerte, vienen y se las hago.

—Por último, Ana Nahum te felicitó vía Twitter por la vuelta al dial días antes de su muerte...

—Fue una de las co conductoras que tuvo Rompkbzas. Nos habíamos reencontrado después de muchos años invitados por el Gran Gustaf al estreno de su último espectáculo. Ella no sabía que estaba enferma todavía. Hasta el lunes de la semana que murió cambiamos unos mails. Fue una tristeza tremenda. El viernes, cuando me entero que muere, estábamos laburando acá y no me cayó la ficha, pero lloré toda la noche y tuve que llamar a unos amigos. El lunes abría el programa, fue una situación muy jodida, me puse a releer los mails y te encontrás con que no estuviste a la altura para contestarle. Me partió al medio. Me dijo cosas muy importantes que atesoro para mí, lamento no haber estado a la altura de las circunstancias para decirle algo que fuera valioso para ella, capaz que igual lo fue, de hecho, ella valorizó nuestro encuentro de una manera muy especial. El primer programa fue dedicado a ella y Rompkbzas está en esta segunda etapa dedicado a ella porque formó parte de esto y porque tuvo la entereza de dejar un último twit sabiendo que tenía las horas contadas para alegrarse por un amigo que volvía al aire.

Para escuchar completo el debate sobre la ley de medios que tuvo lugar en el ciclo Rompkbzas haga click aquí

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