LALI ESPÓSITO

Fiebre de un día

Cientos de fanáticas la esperan amontonadas en escaleras y pasillos de Montevideo Shopping, mientras ella viaja más lento de lo previsto (hay mucho viento) desde Punta del Este a la capital para una firma de discos que generó un revuelo de esos que pocas veces se ven por acá. Con su mejor sonrisa, Lali Espósito atiende a la prensa y luego una por una a cada ansiosa fan.

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Lali Espósito firmó discos en Montevideo.

Las que por precavidas se fueron el martes de nochecita a Montevideo Shopping para asegurarse uno de esos ansiados 300 pases, que parecen tantos y para ellas son tan pocos, les avisan a las que todavía están en sus casas que ahí el movimiento es bastante intenso. Hay 10 chicas, hay 20, hay 30, y ya cuando llegan a 100 hay otras que, a cuadras o kilómetros del lugar, les suplican a sus padres que las dejen ir a dormir a alguna escalera incómoda. Tampoco importa no dormir, si la recompensa es llevarse un disco firmado y con suerte un beso, un abrazo, algo de Lali Espósito.

Mientras, en Punta del Este y con un viento bastante intenso que anticipa que al otro día habrá que viajar despacio, Lali no para de publicar cosas en las redes sociales. El postre que comió, el show que se le viene, la publicidad que protagoniza y hasta una espontánea transmisión en vivo, que rápidamente convoca a más de 7.000 seguidores que la escuchan agradecerles por su apoyo o explicar que no usa Snapchat: todo lo que hace en su mundo virtual genera clicks y más clicks.

El miércoles 2 llega a Montevideo un poco más tarde de lo previsto y, de blusa blanca y tacos altísimos, atiende varias entrevistas, se saca alguna selfie y hasta le enseña a posar a una comunicadora de una radio, a la que le explica cómo colocar la pierna para que se le afine la cadera. La simpática muchacha de la televisión es la que está ahí, consciente del revuelo que la espera alrededor del local donde irá a firmar 300 discos, que terminarán siendo más de 400. Es que Lali ya le avisó a la producción local que si hay un poco más de gente que la establecida, prefiere atenderlos a generar un problema.

"Creo que uno no llega a tener noción de lo que realmente significa para esa persona, porque en la vida de esa persona significás algo que vos no te pensás a vos mismo en esos términos", le dice a El País sobre la fiebre que se está generando en su paso por Montevideo, adonde volverá en diciembre para presentar su disco Soy, ese que esa tarde firmaría una y otra vez. "La única devolución que tengo es que, aunque sean dos minutos, sean los dos minutos más especiales".

Esta nota es la última y en apenas una hora Lali debería estar ya lista en Todomúsica, ubicada en esa pequeña mesa blanca y regalando su mejor versión a los flashes constantes. Es posible que ni haya comido, porque al shopping llega con otro maquillaje y otra ropa (está toda de negro y resaltan sus labios rojos), y eso seguramente le llevó un largo rato. La fila empieza a moverse entre el bullicio y el llanto de niños y adolescentes, y ella estampa rubrica tras rubrica, manteniendo la sonrisa y la dulzura cuando abraza a los más chiquitos o a las más grandes, esas chicas que la ven y no contienen la emoción. Para estas generaciones de uno y otro lado del Río de la Plata, Lali es lo bastante importante como para dormir mal, pasar frío y tener más paciencia que nunca. Y ella lo agradece.

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