VOCACIONAL

Fernanda "Peke" Sander, la movilera de Momo y la pelota

Era chica y ya inventaba programas de radio y armaba copetes informativos frente al espejo. Fernanda “Peke” Sander siempre supo que su vocación eran los medios.

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Foto: Jimena Del Río

Es egresada de la Escuela Superior de Comunicación Social de la UTU, trabaja como administrativa en el Poder Judicial, pero despunta el vicio de periodista cada febrero haciendo los móviles en Pasión de Carnaval. Y desde octubre del año pasado le pone color a las seis horas de Aguante Celeste en la previa a los partidos de Uruguay por la Eliminatoria rumbo a Rusia 2018. La pasión por el deporte y por Momo es un legado familiar. La “Peke” Sander le atribuye la responsabilidad entera a su padre. Aquí la entrevista.

—El fútbol y el carnaval son dos pasiones, ¿quién te las inculcó o cómo aparecieron en vos?

—Vengo de una familia muy futbolera y sobre todo bien carnavalera. Cuando hay asados, cumpleaños o fiestas tradicionales siempre se cantan retiradas y saludos de murga. Desde muy chica me llevaron al tablado y lo mamé desde el lado familiar.

—¿Eras hincha de alguna murga?

—En mi casa se escuchaba mucho Contrafarsa, que era la que estaba en auge cuando empecé a escuchar carnaval, sobre el 98. Mis padres eran muy amigos del Negro Alberto Mena, un gran carnavalero que falleció hace unos años, con él solíamos recorrer tablados, sobre todo el club Malvín, que era el que teníamos más cerca. Cuando fui más grande me empezaron a gustar los parodistas. Mi padre es muy hincha de la Milonga Nacional, así que también se escuchaba mucho en casa.

—¿Te llevaban al estadio?, ¿de qué cuadro sos?

—Soy de Peñarol. Al estadio también me llevaba mi padre siempre. De grande me tiré un poquito más hacia el basketball, soy hincha de Trouville. Papá es el gran culpable de que me guste el carnaval y el fútbol. Es responsabilidad de él.

—Fútbol o carnaval, ¿con cuál te quedas?

—Con el carnaval porque me provoca sensaciones que el fútbol no me genera. Con muchos espectáculos de carnaval me he reído, me he emocionado en la bajada y me ha pasado de pensar mucho. El fútbol no me genera esos sentimientos al extremo. Me quedo con el carnaval.

—¿En qué se parecen estos dos ambientes?, ¿encontrás semejanzas?

—La principal coincidencia que noto es que son las pasiones más multitudinarias de este país. Son las actividades que más convocan.

—¿En qué cancha te sentís más cómoda?, ¿haciendo la previa en el Aguante Celeste o en el Teatro de Verano?

—En el Teatro de Verano porque hace más años que trabajo en carnaval y conozco más gente, más componentes, mismo con el público. Yo siempre digo que el primer día del Teatro de Verano es como el primer día de escuela, vas y te encontrás con un montón de gente que no la veías desde el año anterior. Por un tema de tiempo que hace que estoy trabajando en una cosa y en la otra, el Teatro de Verano es como mi segunda casa.

—En ambos ambientes los hombres son mayoría, ¿se nota?, ¿pesa?

—Sí, pero nunca me pasó de sentirme discriminada. Si bien a nivel de componentes son mayoría hombres, en la prensa somos varias mujeres y nunca me pasó de tener vergüenza para hacer una nota o que alguien se desubicara. Al contrario, quizá por ser mujeres nos tienen más respeto.

—¿Nunca te tocó vivir una situación complicada?

—No, jamás. Incluso me ha tocado tener que salir de recorrida en las bañaderas con los conjuntos de carnaval y más allá de algún chiste, nunca me sentí mal o incómoda.

—Hay cada vez más mujeres en el periodismo deportivo pero, ¿es difícil hacerse un lugar?, ¿cuesta?

—Yo tuve suerte, no me da vergüenza decirlo. Me escuchó determinada persona que me hizo contacto con Colados al camión, que fue mi primer trabajo. Y de un tiempo a esta parte somos muchas más. Antes capaz que una mujer era periodista deportiva y te decían, "¿cómo se te ocurre?, ¿te vas a meter en los vestuarios?" Hemos logrado abrir la cabeza bastante. Incluso en el carnaval antes las periodistas mujeres éramos muchas menos, y hoy vas al escenario a hacer una previa con un conjunto y el número está bastante más parejo.

—El Aguante Celeste arrancó en octubre del año pasado y desde entonces la Selección no perdió ningún partido de local...

—El Aguante Celeste versión Montevideo viene invicto. Veníamos incluso con el arco en cero, con Ecuador recibimos un gol, pero bueno.

—¿Cómo se reman seis horas de transmisión?, ¿es difícil?

—Cuando me llamaron me pareció que era muchísimo, pero se generan contenidos tan variados que las seis horas se pasan volando. Tenemos el análisis de los periodistas en el estadio, está Nadia Fumeiro que recoge testimonios de exfutbolistas, hay móviles en la concentración de los equipos y lo mío es más el color, la diversión y buscar lo extra futbolístico. A priori las seis horas pueden parecer mucho pero para los que estamos en la calle se pasa rapidísimo yendo de un lugar al otro. Es muy comparable a lo que sucede en una noche de fallos. Son noches larguísimas pero ir de un lado al otro y con esa adrenalina hace que cuando te querés acordar ya terminó.

—Vos aportás la cuota de color en el Aguante Celeste, ¿qué te interesa mostrar?

—Tratar de descontracturar y descomprimir horas que para los futboleros son de mucha tensión porque la Selección siempre se está jugando cosas importantes. Los días en que hay partido de Uruguay se viven muchas emociones. Entonces, desde mi lado, por ejemplo, traemos algo de música, en las últimas tres transmisiones fuimos a buscar comidas que se asemejaran a las típicas de los rivales. Estuvimos en un restaurante venezolano, cocinamos con bananas, que es un producto típico de Ecuador. Lo mío va por el lado extra futbolístico para demostrar que se pueden hacer otras cosas vinculadas al partido pero no referentes exclusivamente al fútbol.

—¿Cuánto más fácil es hacer la previa con este gran resultado de Uruguay en la Eliminatoria?

—Es más fácil porque la gente está con otra energía y más predispuesta. Cuando los resultados te sonríen hay mucho más clima: ya desde temprano están los puestos de banderas cerca del estadio o gente ofreciendo pintarte la cara. Ya no estamos tan tensionados o con la calculadora, como nos pasa habitualmente. Estamos viviendo una Eliminatoria de ensueño.

—¿Tenés contacto con los jugadores de la Selección?

—No, en el partido contra Ecuador fue la primera vez que me quedé aprovechando la acreditación de prensa para conocer un poco más. Recorrí las instalaciones, me metí en la zona mixta. Los jugadores pasaban por delante mío y si bien no hablé con ellos, los miraba, sacaba fotos, grababa. Fue la primera vez que los tuve cerca. Mis compañeros se reían de mí y me decían, "parecés un chiquilín chico". Y era tal cual.

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