COMPROMISO SOCIAL

Entrevista a Horacio Nieves, actor de Rescatate y Rescatame

La primera vez que Horacio Nieves tuvo un guión en sus manos fue con 12 años. Iba a interpretar al cangrejito Tom en la obra Carlitos del mar pero una huelga docente complicó el estreno.A los 15 años retomó y cuando egresó del Taller Integral de Arte Escénico fundó Baco Teatro con su amigo Gustavo Bouzas. Hicieron HDP y Rescatate. Esta obra de gran crítica social se mantiene en cartel hace una década y la temática está más vigente que nunca, muy a su pesar. El actor estrenó Rescatame, que no es la segunda parte sino la resaca.

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Horacio Nieves en Rescatame. Foto: Nicolás Ciganda

—Integraste la comisión directiva de la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA) y siempre has tenido muy presente el rol social del artista, ¿decidiste estudiar actuación por una motivación social?

—Empezó desde muy niño, entonces estaba presente antes de que fuera consciente de algún tipo de temática social. Me cuesta decir cuándo empecé a hacer teatro, pero mi primer nexo fue en sexto de escuela con el maestro Julio Giordano que hicimos un grupo de teatro. A los 15 años reenganché con talleres y la militancia social empieza después. El arte me llevó hacia lo social. Incluso hoy en día si pudiese hacer una carrera nueva haría sociología.

—¿Qué obra hiciste en sexto de escuela?

—Se llamaba Carlitos del mar. Yo hacía el cangrejito Tom. Ensayamos dos meses pero no llegamos a estrenarla porque la huelga docente del 89 complicó todo. Pero igual lo tomo como el primer mojón porque fue la primera vez que tuve un libreto en la mano.

—Baco Teatro es una sociedad que formaron con Gustavo Bouzas después de deambular por distintos grupos porque tenían similitudes para encarar el arte, ¿cuáles eran esas coincidencias?

—Habíamos egresado del Taller Integral de Arte Escénico, éramos muy amigos y el primer motor fue querer generar proyectos propios y no esperar que nos sonara el teléfono. Empezamos a investigar con el teatro infantil. No hubo desde el principio un concepto acabado artístico que nos unía, lo descubrimos sobre la marcha. Lo común sería una necesidad de investigar sin tener muy claro sobre qué línea queríamos seguir. Teníamos 19 años. Si bien ya nos movía un discurso social no lo teníamos tan claro como ahora.

—Debutaron con El mago en el perfecto camino y los premiaron en la Movida Joven, ¿qué recuerdo tenés de esa primera experiencia?

—Lo primero que se me viene a la cabeza es Ricardo Prieto, el autor, que falleció hace unos años. Lo conocíamos de la escuela de teatro y Adriana Plas, una compañera, se comunicó con él, y estuvo encantadísimo. Nos juntamos en El Sorocabana. Yo estaba nervioso porque era el tipo que había escrito la obra. Nos fue a ver al Don Bosco que era donde se hacía la muestra de Teatro Joven. Era un público complicado. Lo que gustaba era lo más transgresor. Y nuestra transgresión iba por decir, vamos a hacer algo más convencional que no le va a gustar a ese público. Fue complicada la función. La gente gritaba cosas, entraban tomando vino. A los diez minutos se calmó la platea y el mérito fue haber logrado silencio en la sala porque alborotarlos era facilísimo.

—Rescatate fue el hijo mimado de Baco. La obra fue algo bombardeada al principio por los más intelectuales, ¿confiaron desde el principio en que sería un éxito?

—Un éxito no, pero confiamos en lo estábamos haciendo. Veníamos de hacer HDP en 2004 que nos había dado cierto respaldo con el público joven. Ahí convencimos a Daniel Abal, que dirigía el Teatro del Notariado, para hacer un trasnoche. Era un horario extraño. Después vino Rescatate que tenía que ver con una explosión de jóvenes insertos en medio de la crisis. Había muchas ganas de gritar y decir cosas: Rescatate tenía ese valor para nosotros. HDP podría haber sido nuestro hijo mimado porque fue la primera obra para adultos que hicimos como realizadores. Pero nos sorprendió todo lo que vino con Rescatate.

—Ganaron premios, llegaron a las mil funciones, pero lo más impresionante es que la mantienen desde hace diez años en cartel sin que pierda vigencia…

—Hace diez años estábamos denunciando una situación con la esperanza de que terminara y nos duele que siga siendo vigente. Nos gustaría que fuera un dato arqueológico más que una obra vigente. Esa es la parte frustrante del costado social.

—¿Por qué dicen que Rescatame es la resaca y no la segunda parte?

—Tiene que ver con haber esperado que las cosas evolucionaran de una manera que no pasó. Nos hubiese gustado que la obra tuviera otros temas pero tener que recurrir a mirar la misma realidad social desde otro ángulo nos deja la sensación de resaca. Seguimos en el fondo del tarro. Yo no discuto que hay cosas de los gobiernos del Frente Amplio que han sido mejores, pero ponerte eso como meta era bastante mediocre. No me conforma pensar en que mejoramos un poquito. Estamos tomando los antiácidos para tratar de mejorar esa resaca, pero seguimos ahí.

—¿Qué pasará con Rescatate el año próximo?

—Yo tengo planificado dejar Rescatate. Pienso hacer las últimas funciones la temporada que viene y que venga alguien en mi lugar. Creo que yo sí cumplí una etapa, la obra no.

—¿Por qué?, ¿te querés desprender del personaje (Willy)?

—Sí y un poco poder meter cabeza y dedicarme a otras cosas. Yo empecé a hacer la obra con 27 años, ya tengo 39, estaría bueno que el personaje lo hiciera alguien más joven también.

—¿Cómo fue convivir con Willy durante diez años?

—Muy raro. Hubo momentos en que un poco lo sufrí. Me demanda mucha energía, está siempre muy pasado. En un momento hasta invadía mi vida en el sentido de que al principio jugaba con el personaje fuera de la escena, en una fiesta o donde fuera. Después eso se fue calmando. Envejecí con el personaje y siento una necesidad de cerrarlo, despedirme de él, pero no puedo dar una explicación muy racional a eso.

Rescatame pudo no haber existido o haberse llamado de otra forma, ¿cómo fue el proceso?

—Empezamos a trabajar con ganas de hacer algo nuevo pero no sabíamos qué. La premisa inicial con Gustavo Bouzas, Mariano Sabariz y yo era juntarnos para entrenar. Cada uno proponía premisas e improvisábamos. Una noche Gustavo planteó que tenía en la cabeza la idea para una obra pero lo único que tenía claro era un secuestro en un sótano a dos personas con los perfiles que tienen los personajes de Rescatame. Nos pusimos a improvisar con Mariano durante una hora y Gustavo usó eso como disparador para empezar a escribir la obra que tenía otro nombre inicialmente.

—¿Cómo se iba a llamar?

—No lo queremos decir porque develaba un poco la trama. Empezamos a pensar en otro título. Mariano insistía con Rescatame, pero con Gustavo teníamos dudas y empezamos a hacer una especie de encuesta, algo que ya habíamos hecho con Rescatate, que tampoco se llamaba así. Rescatate ganó el premio anual de literatura de Agadu como Pibes Chorros. Cuando la fuimos a llevar a escena vino el cambio de nombre. Agarramos tres títulos posibles (Pibes Chorros, Angelitos Chorros y Rescatate) y le preguntábamos a personas con diferentes perfiles qué le decía cada uno. Aquí pasó igual y con muchas dudas le pusimos Rescatame.

—¿La idea era continuar el título como enganche?

—Cuando empezamos a hacer la obra nos dimos cuenta de que había muchas guiñadas y puntos de contacto con Rescatate. Y a su vez no dejaba de atacar los temas sociales de los que Rescatate también habla.

—A Willy lo armaste de tanto observar pibes como él en la calle, ¿cómo fue el proceso con el arquitecto de Rescatame?

—Más difícil porque yo vengo de un barrio que no es muy ajeno a situaciones sociales como las que vive Willy. Para nosotros era muy fácil ir con un vino, sentarnos en la explanada de la Intendencia y hablar con gente. Pero en el caso de Rescatame no tenía ningún contacto con un empresario joven y arquitecto. Tenía esa complejidad para investigarlo y observarlo. Miré videos en Youtube, incluso vi un documental de una bienal que se hacía en Italia donde había entrevistas a arquitectos jóvenes y observé cómo hablaban, sus gestos, cómo agarraban el lápiz. Me colgué pila con este personaje porque es un tipo que viene con una carga personal importante, una separación, un hijo, lo secuestran. Es muy loco armarte la cabeza de un tipo que tiene esa vida, que está en esa situación límite extrema.

En Rescatame conviven en un sótano dos personas de mundos opuestos pero que viven en la misma calle (Bolivia)....

—Es el mismo recurso que usa Gustavo Bouzas en Rescatate. Ahí es Hipólito Irigoyen la calle que une a la "cheta" que atiende el Abitab, el policía que vive en el asentamiento de Malvín Norte y los planchas. Se da algo similar en Rescatame entre Carrasco y la Cruz de Carrasco, donde separados por muy pocas cuadras viven dos personas con realidades absolutamente opuestas, pero de fondo siempre hay un vínculo que los puede unir. En la vida no lo identificás pero si hurgás un poco en la otra persona hay cosas que reconocerías de vos porque de última somos de la misma especie. Lo que nos pasa orgánicamente es exactamente lo mismo.

—También hay una crítica importante a los medios amarillistas y el sensacionalismo. Incluso el conductor del programa se llama Pancho Alvez, ¿hay cierto guiño a Santo y Seña?

—Podría ser y no porque no es la idea individualizar en una sola persona. Comunicar a través de un medio es una herramienta increíble para mejorar la sociedad. Cuando se usa solo pensando en rating a mí me hace ruido. No es que yo quiera juzgar moralmente a nadie, pero así como el periodista tiene un rol, el artista tiene el suyo y cuando ve algo en la sociedad que le parece que puede transformarlo, debe devolverlo como un espejo para intentar mejorarlo.

—En las obras de Baco se mantiene el lenguaje frontal, directo y fuerte como estandarte, ¿no?

—Tiene que ver con no adornar. Creo que esas dos personas encerradas no podrían hablar de una forma que no fuera explícita. Me gusta que sea directo. Lo buscamos por ese lado a propósito siempre porque mi finalidad cuando hago teatro es poder contribuir a que se generen otras cosas más allá de lo que pasa en la función: provocar discusiones, debates, reflexiones o en algunos casos solo risas. Hay gente que va solo a reírse y no lo juzgamos.

—Cuando hiciste la ficción Constructores algunos te quitaron mérito artístico, ¿fue un acierto en tu carrera?

—Lo disfruté pila. Fue muy loco. Me enteré del casting de rebote. Estaba yendo a SUA por un tema sindical en bicicleta, todo transpirado y veo una fila de gurises de mi edad todos bien arreglados. Tuve la reunión y al salir me encuentro con Álvaro Armand Ugón, me miró y me dijo, "¿querés hacer un casting?" Con las gotas de transpiración que me caían, le respondí, "hoy no". "No, no, mañana". Para mí fue muy importante, me sirvió mucho. Que HDP haya ido bien seguramente tuvo que ver con que yo era una cara conocida. Trabajé con un equipo de gente increíble. Mis padres eran Jorge Bolani y Laura Sánchez. Actuaban Gabriela Iribarren, María Mendive, Mario Ferreira. En un momento sentí como una cosita por haber tenido cara televisiva y sobre todo por haber hecho un galancito. Ese tipo de historias tampoco son las que más me interesan hoy.

—En 2008 te definías como un laburante teatral. No querías decir que eras solo actor para no dejar por fuera la pata de producción, ¿cómo te ves hoy?

—Más o menos igual. Hoy me dedico mucho menos a difundir la obra, se usan mucho más redes sociales. Esa parte del trabajo era la que más me estresaba y buscar sponsors, que casi nunca pudimos conseguir. Hoy me definiría más o menos igual, pero no dejaría de lado la parte de la militancia social que es fundamental. Uno milita socialmente desde el lugar que puede, pero me parece que está bueno no abandonar por más que te desilusiones políticamente.

Hace poco estuvimos en una ONG en Casavalle. Habían visto la obra en formato audiovisual e hicimos un foro. Hay una inteligencia espectacular en muchos gurises y con mucho dolor ves que la comunidad la va a perder porque es muy difícil que puedan llegar a desarrollarse. Quedan en el camino: en algún trabajo siendo explotados en el mejor de los casos, o estás haciendo caldo de cultivo para que alguien diga, "váyanse todos a cagar, yo agarro un arma y lo hago más fácil". No se puede bajar los brazos, hay que evitar que se sigan perdiendo generaciones.

Una calle me separa.

En Rescatate los personajes tenían realidades opuestas pero vivían en la misma calle, Hipólito Irigoyen. En Rescatame, Gustavo Bouzas, actor y director, repite el recurso. El arquitecto y el joven "plancha" que son secuestrados habitan en la calle Bolivia. Los separan diez cuadras de distancia pero tienen vidas bien distintas. O al menos eso aparentan porque encerrados en un pozo y sin poder satisfacer sus necesidades básicas, las distancias entre ellos se acortan.

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