talento norteño

Ecos de la frontera

Una charla con Ernesto Díaz, músico artiguense que durante 5 años grabó Cualquier uno, disco esencial para atender las novedades musicales que vienen desde el norte del país.Cantado parcialmente en portuñol y con la participación de importantes músicos invitados, sus 15 canciones lo convirtieron en uno de los materiales más interesantes editados en los últimos años, y a Díaz en un compositor al que no hay que perderle el rastro.

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Ernesto Díaz

Cualquier uno (Ayuí, 2014), ese disco cantado parcialmente en portuñol, lleno de matices y descubrimientos que presentó al artiguense Ernesto Díaz como un compositor valioso, y significó un trabajo titánico para sus productores Fernando Ulivi y Guilherme de Alencar Pinto, llegó como una bofetada a un sonido Montevideano que suele hacer oídos sordos a esa música que ocurre en los otros Uruguay, sobre todo en los más lejanos y desconocidos que están en la frontera.
La mejor música de los dos territorios vecinos conviven en este percusionista y futbolero que no busca poses ni quiere generar un público. Dice que su disco, uno de los mejores del 2014 y de los más singulares que se hayan editado en los últimos años, es un espejo de sí mismo.

—Al poco tiempo de salir Cualquier uno, comentaste que necesitabas una distancia para saber qué sentir al respecto.

—Lo que pasa es que pensar al disco es pensar en toda mi carrera, quise componer con mucha introspección y mucho rigor y no sabía si lo iba a lograr, y nunca estaba conforme. Así como hay gente que atiende a cómo lo recibe el público, si le tira más o menos flores, yo pensaba en mis amigos músicos, que son mis referentes. Cuando salió el disco yo estaba cansado del proceso, y me cuesta escucharme, y de esos amigos recibí muchos elogios y empecé a amigarme con el disco como obra mía, porque cuando escucho discos de otros los escucho 15 veces de corrido.

—¿Por qué esa escucha casi obsesiva?

—Porque escucho de verdad.

—¿Cuándo empezaste a pensarte como músico?

—Yo escribía, y había un dúo en Artigas del "Pocho" López y el "Chumbo" Sánchez, que eran vecinos y cantaban canciones del repertorio popular folclórico de Uruguay y Argentina y yo los imitaba. Pero cuando quise hacer canciones me di cuenta que sin tocar guitarra era más difícil lograr aquella enteridad, entonces estudié con Rubén Olivera. De entrada me costó terminar las canciones: las hacía de a pedazos.

—¿Por qué decís que fuiste un mal alumno de guitarra?

—Porque no hacía los deberes. Agarraba para otros lados y Rubén me seguía la cabeza...me he dado cuenta de que evolucioné tocando la guitarra con mis cosas y no con piezas de otros.


—¿Qué ambiente musical se te impregnó en Artigas?

—Siempre escuché mucha música con percusión porque en la frontera la música brasileña estaba en la televisión. Jopeábamos la censura de la dictadura porque esos músicos prohibidos en todo el país se veían por televisión en mi ciudad, habitualmente veía un concierto de Caetano Veloso, de Chico Buarque, de Jorge Ben, de Ney Matogrosso, era glorioso. Me daba cuenta de que eso era de otro país, pero ese otro país me daba acceso a lo que el mío no podía darme.

—Tu primer paso musical fue estudiar percusión. Dijiste que tu músico preferido es Ruben Rada.

—A mí la percusión me empezó a interesar la primera vez que vi tocar a Rada, en el año 88. Vi a un tipo liderar una banda tocando percusión, sentado adelante, y para mí fue un antes y un después. Los escolásticos de la percusión no consideran a la de Rada una escuela pero yo sí, porque esa percusión sacada del candombe y llevada al salón es lo que pasó en otros lados. La jerarquía de Rada sentado adelante con las congas me parecía creíble y quise aprender eso, y estudié con Waldemar Carrasco.

—¿No pensaste en tener una banda con ese tipo de formación?

—Es que con la percusión me pasa lo mismo que con la guitarra: me interesan los percusionistas que no son de escuela, el percusionista que más me importa de este país fue Eduardo Mateo, que no sabía cómo meter las manos, y tenía una escuela. Me gustan más los músicos inventivos. Yo toco percusión pero por intuición en la composición, en la forma de acompañar. Hay muchas formas de tocar candombe acá, sin embargo la guitarra no se discute mucho porque es un ritmo puro, de la calle.

—A la hora de componer, ¿cuál es tu instrumento preferido?

—Depende, hay canciones que hice con guitarra y otras en que la guitarra la puse tiempo después. Nunca escribo las letras antes.

—Algunos temas surgieron mientras escribías una novela, las canciones eran una especie de banda de sonido para escenas y para personajes.

—Mi música siempre es una banda de sonido, siempre es para alguien. Yo hago las canciones por eso: para una persona, o para lo que me sugiere cantando una persona. Son como pretextos, digamos que esa técnica es un incentivo.

—Hay varias canciones dedicadas a músicos (Jorge Ben, Fredy Pérez, Edú Lombardo, entre otros), por ejemplo para Ney Peraza, ¿que te motivó? ¿La persona o su obra?

—La canción es para él porque yo soy muy amigo de Ney, es mi hermano, y un día lo vi por primera vez triste y fuimos a inaugurar un parador que tiene en Neptunia donde nos reunimos a tocar, y me quedé con una imagen de que estaba amaneciendo y él estaba tocando. La música fue para ese momento, dice "quiero este carnaval/ una belleza igual/ tu todo musical."


—¿Disfrutás más de componer que de grabar y tocar?

—Sí, y me gusta cuando escucho a otros músicos ponerme en el lugar del compositor, encontrar la propuesta compositiva concreta de un disco cuando está bien expuesta, como en Todos detrás de Momo de Los Olimareños, Ben de Jorge Ben, Araçá Azul de Caetano Veloso, los dos primeros discos de Lazaroff, Falta un vidrio de Leo Maslíah, con Mateo, los primeros discos de Jaime Roos. Me gusta encontrar esos desarrollos, esa verdad musical de la que habla Jaime, según la que hay una conexión entre todo lo que forma parte del disco.

—¿Con qué frecuencia hacés canciones?

—Hay gente que le tiene pelos a eso, pero a mí me gusta el ejercicio de componer, como me gusta jugar al fútbol y pescar. Me gusta mucho comparar, y me voy, me voy, y de repente algo me sale y busco una letra vieja y me cuelgo. Voy y vuelvo, en el disco hay una canción de 1994 y otras del 2009; es medio atemporal el asunto.

—El disco tiene a importantes músicos invitados, entre ellos a Leo Maslíah, Martín Morón, Santiago Montoro, Francisco Fattoruso, "Nego" Haedo, Jorge Galemire, Braulio López, Ney Peraza, Lucía Gatti...

—Hay que dejar en claro que el disco fue idea de Fernando Ulivi y enseguida se subió al carro Guilherme de Alencar Pinto y los dos decidieron a quién invitar; la arreglística del disco la compartimos.

—Según comentaron, el trato con Ulivi fue que te comportaras como un músico más, ¿cómo fue ese proceso?

—Fui a todas las jornadas de grabación a lo largo de los 5 años que duró.

—Un disco como este recuerda a Aguaragua (1974, "Pájaro" Canzani), en el sentido de reagrupar a un montón de músicos contemporáneos para el primer disco de un artista.

—En ese sentido sí, este es un disco de laboratorio. Pero yo ni lo había pensado así, fue pensamiento de los productores, es más, cuando yo entré al estudio no sabía ni si iba a cantar yo.

—¿Cuál iba a ser tu función?

—Yo tenía el ejemplo de Edu Lobo, lo había visto en una entrevista por un lanzamiento de un disco en el que no tocó ni cantó en ningún tema, y él le dice al entrevistador "decime, ¿en tu casa tenés discos de Mozart y Beethoven?", "sí", "¿y son ellos los que están tocando?" El disco siempre iba a ser mío, pero así como pensaba en invitar gente para tocar la guitarra podía invitar a otros para cantar, pero al final hubo un tema con la lengua, con cantar en portuñol y otros dialectos de la frontera. Había invitado a Braulio López a cantar a dúo conmigo el tema Naná de agua, pero al final la tonalidad no iba con su voz y quedó como un coro.

—Tocás como percusionista en su banda, ¿vivís de la música?

—Sí. Es una de mis fuentes de alegría y de dinero, pero es difícil.

—También debe ser complejo llevar este disco de estudio al escenario.

—No se puede. Pero salvo un par de temas logré adaptar el resto de las canciones a tocar al mínimo con la guitarra yo, y a prepararlas con un formato cuarteto junto a Andrés Wels, el "Ñato" de la Peña y Ney Peraza. Vamos a salir a tocar canciones del disco, canciones que no quedaron y otras nuevas.

—Estas primeras canciones surgieron de la añoranza por tu pueblo, paisajes, lengua, estando en Montevideo, ¿las nuevas canciones nacen desde el mismo sentimiento?

—Siempre está presente. Yo escucho mucha gente que no está en la radio, no estoy ni ahí con los dictámenes de las radios ni de algunos colegas que están en instituciones dirigiendo el tránsito. Escucho a gente que se ganó el lugar por fuera de los medios, como Los Olimareños, el "Chito" de Mello, tocando en los pueblitos más ignotos, recorrieron el país hasta meterse en el esqueleto de las personas; eso me parece más interesante que llegar por los medios.

—¿Vos hacés lo mismo con tu música?

—Sí, siempre toqué por todos lados, y es contradictorio porque a mí me encanta comprarme discos y estudiarlos pero también me interesa llegar a los músicos que no están grabados. Entre los más interesantes me gustan Rodrigo Mendaro, su tío el "Pato" Mendaro, el "Guta" Leyes, el "Fena" Canale, Florencia Núñez, Alessandro Podestá, Charly Ferret, Diego Azar, el coro Oigo Voces, Marcos Abramovich, Yair, Asamblea Ordinaria, "Pope" Pérez, Ney, Fredy Pérez...

—A la música del interior y sobre todo de la frontera le cuesta más llegar para este lado, parece venir de un país distinto.

—Es que es distinto, me di cuenta cuando vine para acá, saludablemente distinto. Este estado que es Montevideo, en lugar de enriquecerse con la diferencia lo que hace es pasar como una aplanadora y recortarte a su gusto, para ser todos uniformes. Yo me enojo con algunos músicos que se burlan del interior, mientras que en el interior mis amigos dicen que hay ritmos que allí subsisten como la polca, porque nunca se dejó de bailar la música popular en el norte -eso que acá cambió con la dictadura-, pero parece que esos ritmos particulares se están perdiendo por una música que triunfa comercialmente. No me gusta el centralismo que va absorbiendo a la gente del interior y que la devolución se complique para llegar con propuestas para aquellos lugares. Tiene que ver también con políticas culturales que hasta hace poco no teníamos cómo enterarnos que existían del Río Negro para arriba. Me agarro muchas calenturas, como las calenturas de fútbol.


—¿Sos muy futbolero?

—Sí, a mí me gusta más jugar al fútbol que hacer música.

—Venís de tocar en Córdoba.

—Con la banda de Braulio, no llevé ni un disco mío, los regalé todos.

—¿Cuándo vas a tocar vos?

—Si me invitan voy. Yo me debo a mis amigos, a mi gente; mi lengua es esa y mi música es esa.

—Pero editaste un disco con muy buenas repercusiones, el siguiente paso sería llegar a ese público que le gustó.

—Lo que pasa es que yo soy anarquista, yo no pienso así. El público para mí es una cosa espontánea que se va generando de la misma manera en que yo me transformo en público. El disco lo presenté para mis amigos en Neptunia, pero sé que lo tengo que tocar, que conseguir salas, y tenemos planes. Me cuesta, este disco es como un espejo, y yo no quiero vender poses, está perfecto que eso exista, pero no es para mí.

Planes
Continuará presentándose junto al poeta artiguense Fabián Severo y pretende tocar el disco solo y con la formación que ensayó junto a Andrés Wels, "Ñato" de la Peña y Ney Peraza. Además quiere hacer un show junto a otros artistas artiguenses y con ritmos del norte.

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