Yo me llamo Zitarrosa

El duro día a día del ganador de "Yo me llamo"

Gabriel González se coronó en el reality de Teledoce por su brillante interpretación de Alfredo Zitarrosa. El cantante se desempeña como artista callejero en los ómnibus, es padre de cuatro hijos y espera que su logro le abra nuevas puertas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Yo me llamo

Cierra el 2015 con doble alegría. Gabriel González levantó la copa de campeón en Yo me llamo 2 por su imitación a Alfredo Zitarrosa. Esa misma noche, abrazó a su padre después de 15 años sin verlo. El reality los acercó. Ninguno se animaba a dar el paso. El domingo dejaron de lado el orgullo y retomaron el vínculo. “Subió, se puso a llorar, me nombró a mi vieja que ya no está y fue como traérmela de vuelta. Me mató”.

Es martes de tarde. Gabriel interrumpe la mateada con su esposa para atender el celular. La tormenta le impidió salir a cantar arriba del ómnibus para hacerse unos mangos.

"Si mejora el tiempo saldré. Estaba hablando con el almacenero para que nos aguante hasta mañana porque estoy pelado. Vino mi viejo, salí a cantar, juntamos unas monedas e hicimos un asadito para festejar. Quedamos en cero para las fiestas", devela.

Hace 12 años que se gana la vida como artista callejero. Tiene cuatro hijos: Martín, Joel, Pablo y Melanie. Su esposa se quedó sin trabajo y la familia depende de lo que Gabriel recauda con su voz para sobrevivir.

Tiene la esperanza de que el triunfo del domingo le abrirá puertas y podrá asomar la cabeza. "El objetivo era salir del programa con mucho trabajo, así saliera décimo o primero. El objetivo es estar un poquito mejor. Nada más que eso". 

—¿Cómo es tu día?

—Me levanto, tomo unos mates, la patrona lleva a los chicos a la escuela, salgo, vuelvo al mediodía, mi esposa va a buscar a mis hijos, tomamos más mate, vuelvo a salir a cantar.

—La gente en los ómnibus te empezó a decir que cantaras como Zitarrosa…

—Arranqué con milongas. La gente misma me impulsó, che, flaco, con la voz que tenés ponete a cantar Zitarrosa. Ahí arranqué con Pal que se va. Se ve que gustó mucho y después seguí en ese estilo.

—¿No se te había ocurrido imitarlo antes?

—No, por el miedo al ridículo, no quería hacer una cosa tan amateur. Siempre estaba ese temor y por supuesto el respeto. Me encantaba. Incluso varios vecinos me decían, si te peinás para el costado y te calzás el traje vas a quedar muy parecido. Fue así.

—¿Qué te motivó a presentarte al casting de Yo me llamo?

—Vi el casting de la primera edición, se presentó un muchacho que hacía a Alfredo Zitarrosa, quedé encantado. Le dije a mi esposa, si llegan a sacar el 2 te juro que me presento. Llegó el día del casting y no me animaba. Ella me puso la manito en la espalda y me dio el empujoncito hasta portón.

—Era una mañana fría, de invierno...

—De mañana temprano estaba muy fresco y nublado. Esos días son especiales para seguir durmiendo pero me vestí y marché. Me crucé con Diego, un muchacho que también imitaba a Zitarrosa, en seguida nos conectamos. Recuerdo que cuando cantamos juntos la primera canción todos los ojos me empezaban a ver. Me sentí observado y pensé, epa, ¿lo habré hecho bien?

Comienzos.

En el casting, hipnotizó al jurado con una versión Recordándote. pero Gabriel tenía un gran pánico escénico. Jamás imaginó el resultado. "Ganar era inimaginable para mí".

—¿Qué es lo que más te gusta de Alfredo Zitarrosa?

—Es una pasión y me encanta defender lo nuestro. Las letras no tienen desperdicio. La canción que más me gusta es Adagio a mi país. La escucho y me conmuevo.

—Roberto Musso comentó que fuiste uno de los participantes con mayor interacción con el jurado, ¿te servían las devoluciones?

—Por supuesto, me quedaba con lo que me decían, volvía a mi casa y hacía los deberes. Estudiaba gestos, miradas.

—¿Cuál fue el consejo que más te sirvió?

—Recuerdo hasta ahora que me corregían la postura y la mirada. Estoy acostumbrado a interactuar con la gente arriba del ómnibus, entonces busco esa mirada simpática para arrimarme un poco. Ellos me decían que en el escenario había que pararse bien serio, todo lo contrario al ómnibus. Fue lo que más tuve que trabajar.

—¿Te vas a animar a probar tu voz sin imitar?

—Si me hacen algún otro tipo de propuesta, la agarro. La gente me dice: "Ahora ya mostraste lo que podés hacer, no te quedes con ese estilo porque puede haber caminos por otros lados". Así que trataré de salir de la imitación.

—Tu objetivo era salir del programa con mucho trabajo, ¿no?

—Sí, mi compañera está sin empleo yo también y queremos estar un poquito mejor, nada más.

—¿Qué se viene?, ¿recibiste alguna propuesta?

—Por ahora no tengo ninguna oferta concreta pero creo que con esto se van a abrir muchas puertas. Estamos esperanzados en que así sea. Yo soy medio cabecita agacha. Yo me llamo me subió un montón la autoestima, me dio un poquito más de confianza.

—¿Siempre pudiste vivir de lo que ganabas cantando en los ómnibus?

—Es como todo, tiene sus días buenos y malos. Pero soy muy agradecido con la gente porque laburás arriba del ómnibus con el obrero, un pesito o dos que te den sirve.

—El premio es un auto 0 KM, ¿pensaste qué vas a hacer con él?

—La idea es venderlo para arreglar la casa. Vivimos en un asentamiento en el barrio Las Cavas (Curva de Maroñas). Como le decía a la patrona, hay que poner cerámica y subir un poco más el techo.

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