Océano tiene equipo

Diego González: el quinto pelotero 

El “coqueteo” existía hacía años pero el pase de Diego González a las filas de Segunda Pelota nunca había podido concretarse por diversos motivos. Océano FM le hizo la primera oferta en paralelo a la ida de Orlando Petinatti de Radio Futura. Diego era productor de Malos Pensamientos, esa emisora le propuso quedarse con el horario de 15:00 a 18:00 y aceptó. En 2013 entró a la radio de Lecueder para conducir Derecho de piso. Viajaba mucho por Plan de vuelo (Canal 10), tenía que salir al aire por teléfono y se volvió engorroso, así que tampoco pudo aceptar incorporarse esa vez. En diciembre pasado, Diego charló con Álvaro Pintos y Pablo Lecueder y la vuelta al fin se concretó.

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Junto a parte del staff de Segunda Pelota. Foto: Leonardo Carreño

Extrañaba la radio y esto "es como estar en el Barcelona, son todos amigos, con la mayoría trabajé y son buena gente". Lo presentaron el último programa del ciclo 2014 y tuvo un mes de licencia para aprontar su retorno. Diego González es el nuevo productor artístico y creativo de Segunda Pelota. Él se define como "el número cinco, si falta alguien hago aire". Necesitaban actualizarse, mover algunas secciones, evitar que el programa diario "se comiera a sí mismo", reforzar la pata de producción y ahí saltó su nombre.

Callejeros.

Este año la actualidad empezó a cobrar más relevancia: "intentamos darle más énfasis a las noticias, están más preparadas. Un programa que lo escucha tanta gente merece que si el tema del día es Lucía Topolansky (como pasó el primer día) se hable con ella. Segunda Pelota es un programa muy amigable, nadie tiene ningún problema en salir, no están peleados con nadie; hasta los políticos, que a veces tienen cierta reticencia a que lo llames muy sobre el pucho... Con Lucía se planteó en el mismo momento: estamos hablando de vos al aire, ¿salimos? y salimos".

—Mariano López dijo que el gran mérito de Segunda Pelota era que no se habían muerto en la dupla, siempre se suma gente...

—Creo que la magia de Segunda Pelota es que tienen la habilidad de mostrar un abanico de opiniones sobre un mismo tema que representa a muchísima gente de la audiencia: a veces uno está de acuerdo con Pablo (Fabregat), otro con Mariano, otro con Jorge (Piñeyrúa). Es una muestra representativa de la audiencia y es difícil que alguien se quede afuera de una opinión.

—Llegaste para la undécima temporada con una cabeza fresca, ¿qué ideas trajiste?

—Hay cosas que funcionan muy bien, pero siempre hay que actualizarse. Arrancamos con secciones nuevas que están buenas. Se hace mucho hincapié en el espacio Biografías musicales. Hasta el año pasado cantaban Los Brisconti, por suerte se tomó la decisión de que vinieran voces más acordes al aire. Empezamos a llamar músicos, les dijimos y todos han dicho que sí. La primera vez vino Francis Andreu a homenajear a Karibe con K, estuvieron Spuntone y Mendaro tributando a Los Buitres y el Fata Delgado a Los Nocheros. Se hace todo en vivo: el Fata, por ejemplo, trajo dos teclados, dos percusiones, vientos, la gente de técnica puso una consola y se armó todo en una tanda. Son el equipo Ferrari armando y suena increíble.

—Los pasacalles eran un emblema del programa, ¿van a volver?

—Florencia Infante fue quien los hizo en la última época y tuvo algunas situaciones difíciles con gente involucrada que salía a hacer algún reproche. Este año vuelven pero en un formato distinto: van a ser mensuales y se va a intentar resumir el mes de noticias en un pasacalle que va a elegir la gente. Todavía no sabemos si lo vamos a hacer siempre en el mismo lugar con alguna sorpresa para el público que está ahí en la vuelta o no.

Van a volver los móviles también. Somos un programa bastante callejero, la gente nos escucha en la calle: auriculares, autos, ómnibus. La idea este año es sacar el programa a la calle cuando amerite, mostrarlo. No tenemos ningún tipo de vergüenza, ni miedo al ridículo, es más, nos sale genial.

Pensamientos peloteros.

Diego supo ser escucha pero también rival de Segunda Pelota. Primero le tocó competir desde Malos Pensamientos y después solo. "Durísimo pero la competencia que hay durante la tarde en la radio le hace bien a la audiencia". Hay cierta puja entre Segunda Pelota y Malos Pensamientos pero Diego no la sintió jamás así, "porque ya era amigo de ellos de antes", aunque "cuando estoy produciendo me pongo la camiseta".

Asume que su rol como productor es hacer que los conductores se luzcan. "El reconocimiento del productor viene de la mano con el del conductor. Tenés que preocuparte de que no les falte nada, que todo salga bien, que parezca que se hace de taquito, aunque del otro lado del vidrio haya dos millones de problemas y que la audiencia no se dé cuenta". En este primer mes surgió un inconveniente. "Al Canario Pereyra le explotó el teléfono al aire en el Mundial de anécdotas. Lo llamábamos y no atendía hasta que cambió el chip de su celular para el de su mujer. La gente no se tiene por qué dar cuenta, pero Segunda Pelota es muy de blanquear: si hay una cagada, seguro lo digan y te dejen pegado y está bueno eso también".

—Te presentaron el último programa del ciclo pasado y en seguida la gente empezó a preguntar vía Twitter quién se iba…

—Se aclaró en seguida que no se iba nadie. Pasa algo raro con la audiencia de Segunda Pelota: está acostumbrada a los cambios, saben que un día hay uno, al otro día hay otro, vienen dos, hay tres. Los viernes ahora tenemos El tertuliazo que es otro gran espacio. Se fusionan Segunda Pelota y Abre Palabra, queda Gustavo Rey como rehén porque tiene que aguantar las barbaridades de Campiglia y del Tío Aldo. Va de 17:30 a 18:30, se roba media hora de cada programa.

—¿Pagaste derecho de piso?, ¿te hicieron alguna broma?

—Me agarró Campiglia el primer día, me bautizó como el gordo Gonzalo y eso quedó. Es más, en las redes sociales hay cuarenta que me dicen así.

—Hasta el día de hoy ninguno está convencido con el nombre del programa, ¿qué te parece a vos?

—Al principio me rechinó, pero como todos los nombres. Si Natalia Oreiro se acostumbró a Merlín Atahualpa, nosotros nos vamos a acostumbrar a Segunda Pelota tranquilazos.

—Cuando uno escucha es como una charla entre amigos, ¿qué cambio notaste desde dentro?

—Es así. Lamento si le quemo el truco al mago pero soy honesto: llegan, se sientan y hablan. No hay filtro, hay cosas muy preparadas sobre la marcha. Cada uno sabe cómo piensa el otro y en base a eso acomodan su pensamiento para provocar o para estar de acuerdo. Sabés que Mariano va a decir algo y le tirás algo opuesto para hacerlo reaccionar, enojar. Creo que lo más difícil es jugar de taquito y estos ya lo tienen.

—¿Hay códigos dentro del equipo?

—Sí, pero son códigos entre compañeros, nada mucho más exótico que lo que puede tener cualquiera en su laburo. Todos aguantan camiones, le podés tirar con lo que le tires pero cada uno internamente ya tiene el hasta dónde o el con qué meterse y con qué no pero nunca se habla de eso. Eso habla de la buena onda y el compañerismo. Vos sabés hasta donde vas, el otro sabe que vos le vas a tirar con un cañonazo pero con onda, que va a poder salir, lo va a poder esquivar. Ese juego, esa tirantez, ese límite siempre está bueno. Se camina por la cuerda floja, a veces nos pasamos para un lado o para el otro, pero a nivel personal el máximo respeto.

—Fuiste productor de Malos Pensamientos, ¿era complicado?

—Al igual que en Segunda Pelota, lo complicado era el volumen de oyentes. Tenés que ser muy consciente de que hay un micrófono adelante: lo que digas lo escuchó medio Montevideo. Tenés que medir. El Malos Pensamientos en que yo trabajé es otro al que existe ahora, estuve cuatro años y el programa ha ido cambiando. Estás produciendo el programa más escuchado de la tarde en el caso de Segunda Pelota y cuando estuve en Malos Pensamientos también me tocó producir el programa más escuchado de la tarde. El desafío es ese.

—Una buena y una mala de Malos Pensamientos…

—Aprendí muchísimo, aprendés a trabajar con un cuete ahí. La mala es remar contra la quietud de la audiencia: a veces uno quiere modificar cosas y la audiencia uruguaya, por lo general, es de acostumbrarse y es difícil imponer cosas nuevas, tenés que insistir mucho o estás muy convencido de que está bueno, le damos y le damos hasta que la gente lo acepta. Era un tire y afloje. La audiencia en cualquiera de los dos casos es parte del programa, influye muchísimo. Tenés que tener un oído en la audiencia y otro en tu convicción de que lo que les querés mostrar está bueno.

Hoy y mañana.

Tiene dos metas: salir en Carnaval y hacer cine. "Tuve que decirle que no al Carnaval. Me invitó Christian Font a Los Diablos Verdes pero ese año me casaba en marzo, tenía que dejar a mi señora los tres meses antes sola y preferí que no, me lo iba a cobrar", se ríe. No sabe cantar, lo hace horrible pero "podría ayudar en la parte más de comedia. En algún momento lo voy a hacer".

La película "está al caer", aunque nunca recibió una oferta. Lo convocaron para hacer publicidad pero "soy muy reticente. Me sale bien hacer de mí, entonces tengo que explorar un poquito más. Inclusive estoy pensando en arrancar un taller con mi amigo Robert Moré que me está insistiendo, no para ser actor, sino para sacarme las ganas y tener un poco más de espalda con alguna técnica".

—Se te abrió esta puerta en Océano pero se terminó En su salsa y Yo y tres más tampoco va más, ¿cómo te cayó eso?

—He tenido pila de ciclos que han terminado. En Su salsa fueron cuatro años, Yo y tres más fueron tres: cada vez los ciclos largos se dan menos en televisión y te acostumbrás más a terminar ciclos sabiendo que vas a empezar algo nuevo. Eso te obliga a no achancharte, a no estar confiado en que lo que hacés es de por vida. Está bueno porque estamos con cosas nuevas en el canal.

Estamos preparando Escape perfecto de famosos que lo conduzco con Annasofia Facello. Tengo la cobertura de la Copa América, un mes en Chile. Y hay invitaciones de muchas embajadas para que vayamos a conocer sus países con Plan de Vuelo, algunos sitios bastante exóticos. Y seguramente lo hagamos en la segunda mitad del año.

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