ENTREVISTA

Diego Barnabé tras su salida de Teledoce: "Me sorprendió el afecto con el que me despidieron"

El periodista y gestor cultural cerró su etapa en Telemundo luego de 16 años en el informativo de Teledoce.

Diego Barnabé. Foto: Estefanía Leal
Diego Barnabé. Foto: Estefanía Leal

Diego Barnabé (54 años) estuvo 11 temporadas en la conducción de la edición del mediodía y era el especialista en información internacional. Una propuesta de ajuste salarial propició el final del ciclo, pero Barnabé valora los vínculos con el canal y con sus compañeros. “Me voy agradecido y me despidieron con un “tenés las puertas abiertas”. Más allá de los números, donde podemos no estar de acuerdo, lo más importante son los vínculos”, asegura el periodista. Si bien no tiene actualmente un ofrecimiento de trabajo, el comunicador apuesta a regresar pronto a la actividad periodística y también a la gestión de proyectos culturales.

-El 31 de octubre te despediste de Telemundo luego de 16 años. Hubo muchos mensajes con pena por el final del ciclo pero positivos también en cuanto a la valoración de tu trabajo en el informativo. ¿Cómo lo sentiste?

-Me sorprendió bastante. Hasta que no lo vivís y no pasás por ese momento, es imposible imaginarlo. Tuve una demostración de afecto impresionante de mis compañeros. Ese viernes me esperaron con una despedida sorpresa muy pensada y organizada, con mucho trabajo previo en la redacción. La decoraron con personajes franceses porque como mi padre era francés y hablo ese idioma como lengua nativa prácticamente, he quedado asociado a esa nación. Cuando llegás a un grupo humano en Uruguay, buscan tu diferencia y en mi caso, ese origen hizo que fuera la característica que me diferenciaba de los demás. De hecho, Alberto Kesman me dice “Macron” o antes me decía “Sarkozy”. Las bromas iban siempre en ese sentido o me preguntaban la pronunciación cuando había que mencionar nombres o palabras en francés.

-¿Qué te dejan estos años en Telemundo?


-Mucho crecimiento y agradecimiento. Agradezco mucho también el buen humor con el que se trabaja. Cuando llegue a Telemundo en 2004, una cosa que me llamó la atención enseguida fue justamente eso: cómo algunos compañeros, aún en momentos de estrés o nerviosismo, no dejaban de trabajar con humor. Me adapté rápidamente y me hizo muy bien.

-¿Qué propició este cierre de ciclo?


-En estas cosas no hay misterio. Cuando uno se va de un lugar es por decisión de una parte o por situaciones a mitad de camino. Fue el caso. En un contexto económico difícil en Uruguay y en particular para los medios de comunicación, el canal me planteó un ajuste salarial. Después de una reflexión profunda y así como en otros momentos acepté la resignación de algunas cosas, esta vez dije que no. El planteo fue hecho en muy buenos términos y conversamos en buen tono en todo momento, desde el respeto y desde un vínculo que fue y seguirá siendo de mucho aprecio mutuo. Pero al no aceptar, para el canal no quedaba otra opción que ir a una desvinculación. Una cosa son los números donde a veces un empleador puede no ponerse de acuerdo con el empleado y otra cosa son los vínculos, que realmente fueron los mejores. Por eso para mí el centro de mi despedida no es “por qué me fui”, sino “cómo me fui”. Lo que más me importa es el vínculo con el canal y con mis compañeros en lo humano. Me voy agradecido y me despidieron con un “tenés las puertas abiertas”. Eso habla de la relación que cultivamos durante este tiempo.

-Luego de varios años en radio, ingresaste a Telemundo para la edición de la mañana y luego estuviste mucho tiempo en la conducción del mediodía...

-Sí, ese fue el período más largo. A partir de 2007 comencé a conducir la edición mediodía con Iliana Da Silva primero y luego con Gabriela Santini. Eso fue hasta finales de 2018. En ese momento, ingresaron Mariano López y Malena Castaldi para la conducción del mediodía. Permanecí con ellos un tiempo en la información internacional y más adelante, ellos pasaron para el información central y se pasó a una conducción de tres en el central. Yo fui también para noche específicamente con la información internacional.

-Ese fue siempre tu métier...

-Sí. Desde los tiempos de Radio El Espectador, me dediqué a la información internacional y también en contenidos culturales. En el canal se prolongó un poco eso.

-¿Cuál es tu visión del lenguaje televisivo?


-El comienzo me costó. Acostumbrarse a la cámara no es fácil. La TV en vivo tiene la adrenalina de sentir que no te podés equivocar porque no hay vuelta atrás. Es un lenguaje diferente, con mucha importancia de lo gestual y el trabajo sobre la imagen. Lamentablemente en Uruguay sigue habiendo programas que son productos de radio en televisión. Hay una mesa, un micrófono y un periodista haciendo una entrevista y no se ve un trabajo visual ni estético.

-Los noticieros y Telemundo en particular hicieron un cambio muy fuerte en ese sentido, con informes gráficos en la pantalla y los periodistas parados en cámara con más interacción. ¿Te costó ese cambio?


-Diría que al contrario. Me resultó mucho más fácil este nuevo formato que el anterior. Yo me sentía más encorsetado en la formulación previa de Telemundo. El nuevo formato invita a una comunicación un poco más informal y me va bien ese estilo. Sin perder el rigor y la precisión, me gustó muchísimo el cambio estético y de dinámica. Creo que muchos televidentes lo valoraron así.

-Más allá de la reacción de los compañeros y la despedida sorpresa que mencionaste, ¿qué valoración hacés de las repercusiones en el público del final de este ciclo?


-Fueron muy lindas y positivas las devoluciones que he tenido en estos días. Hasta que no pasa algo así y cerrás un ciclo y tenés la oportunidad de despedirte como quería hacerlo, hasta que no pasa eso, no sucede que tanta gente se exprese y diga lo que siente hacia tu trabajo y lo califique y valore. Yo he recibido muchos mensajes de televidentes anónimos como de figuras públicas y me sorprendió positivamente todo lo que dijeron sobre mí y mi trabajo. Sentí una gran satisfacción.

-Te dedicás también a la gestión cultural, ¿cómo seguirá tu futuro profesional?


-Al día de hoy, yo no tengo ningún ofrecimiento de trabajo ni en periodismo ni en gestión cultural. Sí tengo muchos proyectos e ideas que estaban esperando. Seguramente voy a seguir en el mismo camino. En estos años, combiné mi trabajo en la televisión como periodista con un trabajo como gestor cultural. También hice un programa de radio que se llamó La canoa durante tres años y me encantaría retomarlo. Era un programa enfocado hacia el patrimonio y la identidad. Era un programa muy alineado con el proyecto cultural en el que más trabajé estos años que fue “Música de la tierra”. Además y desde hace un año, soy presidente de la Cámara de empresas y agentes culturales del Uruguay. Voy a seguir trabajando en ese cruce de caminos entre la comunicación y la cultura, que tienen mucho que ver por cierto,

-¿No estás extrañando? Esta semana fueron las elecciones en Estados Unidos...


-Hay hábitos que no se van de un día para el otro. Me costó estos días no poder estar viviendo lo que sucedió en Estados Unidos y no poder contarlo a los televidentes. Es una de las cosas que lamenté de este cierre en estas fechas. Hay otras situaciones complejas en el mundo, atravesado por la situación de pandemia. Para un periodista que se especializó en información internacional es un momento muy interesante para intentar comprender lo que pasa y ayudar al público a hacer lo mismo.

-Son tiempos difíciles para la comunicación y quizás también para la gestión cultural...

-Sí. Creo que hay un gran debe del sistema político en su conjunto que no ha logrado comprender la incidencia e importancia del sector de la cultura en la sociedad uruguaya. Tanto en el impacto económico como en lo social, es decir, la importancia del valor agregado de la cultura. Desde la política se percibe a la cultura como una especie de barril sin fondo donde se vuelca dinero “sin retorno”. Y es todo lo contrario: Uruguay cuenta con una cantidad enorme de artistas en todas sus rubros en un fenómeno que es comparable al fútbol. Para la escala demográfica, es increíble la cantidad y calidad de creadores y productos culturales que tenemos. El país todavía no ha sabido cómo transformar ese capital en algo productivo tanto económica como socialmente. Más allá de la pandemia, hay un gran debe en este rubro.

-Da la sensación que hace falta profesionalizar el vínculo cultura-política. En la última campaña quedó expuesta la concepción de una cultura alineada con expresiones políticas.


-Absolutamente. Más allá de que haya artistas que públicamente asumen su adhesión a un partido político, lo que es muy respetable, creo que es muy triste la asociación política generalizada en la cultura. En lo personal me gusta decir que defiendo al “partido de la cultura”. Creo que los actores culturales tienen mucho para ganar en la medida en que se trasciendan las simpatías políticas. Debería ser un ámbito en el que los apoyos o las legislaciones que se puedan perfeccionar no tienen que depender del gobierno de turno y su eventual simpatía o no con actores culturales. Como la educación, la cultura es demasiado importante en un país como para que su suerte esté asociada a los vaivenes y las luchas de la política partidaria.

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