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Los días de retirado de Ultratón: imágenes exclusivas

El robot más respetado de la TV está al cuidado de su "Gepetto": Carlos López un tallerista del barrio de la Unión. A pesar de que han intentado comprarle el muñeco, es categórico: "No está en venta".

Ultratón
Ultratón de paseo por La Unión. Foto: Marcelo Bonjour.

A 10 años de su últimos reportes de inconducta en los niños y de la semanal requisa de chupetes, Ultratón pasa sus días de retiro bien conservado y en casa de su creador, Carlos López, en el barrio de La Unión.

López, de 83 años, trabajó toda la vida en talleres de chapa y pintura, con especialización en coches de colección. En esas labores lo conoció Cacho de la Cruz hace 40 años y como vio que tenía mano creativa, le propuso la creación de muñeco-personaje que inspiraba respeto en los niños. No temor, pero sí una personificación de los límites. Por ese entonces, De la Cruz se afianzaba en la conducción de Cacho bochinche como propuesta infantil de Teledoce.

Después de varios bosquejos, a López se le ocurrió la idea del robot extraterrestre, una doble condición que seguramente intimidaría a los niños. A De la Cruz le gustó la idea y comenzaron a trabajar: el tronco de Ultratón es un tanque metálico de 200 litros, con brazos de manguera de tubos de aire acondicionado, cúpula de acrílico y un circuito eléctrico para las luces. En tres meses estaba pronto y a comienzos de los años ‘80, salió al aire por primera vez.

El suceso fue tal que el espacio de Ultratón era de los más esperados en cada sábado. El personaje llegaba cargado de cartas con informes sobre el comportamiento de los niños. El robot conocía la intimidad de todos los hogares del universo gracias a su capacidad de decodificar la información de las “ondas serchianas”.

Las caras de asombro se repetían entre los niños cuando aparecía el robot en escena. Y al retirarse, los más chicos no podían resistir dejarle el chupete, que Ultratón llevaría al espacio.

Carlos López descarta que haya creado a Ultratón por dinero. “Un día Cacho vino y me dijo: ¿cuánto te debo por el muñeco? Nos ha ido muy bien con él. Le dije: “No me debes nada. Yo no lo hice para vos. Lo hice para los niños”, cuenta López.

El tallerista compara a Ultratón con la saga de Pinocho. “Yo sería como Gepetto, el que creó el muñeco y luego vino el hada madrina que le dio vida. El hada fue Cacho”, dice.

Este robot no fue la única creación lúdica de López. Participó de gran parte de los personajes y juegos de Cacho bochinche.

Seguramente la imaginación para la creación lúdica la forjó en la ausencia. López da cuenta de una infancia muy pobre. “Yo no tuve ningún juguete de niño”.

Ahora, en su casa, conserva la mayoría de los juegos de aquel suceso televisivo. Junto a su hijo, López tiene ganas de generar un espacio de recuerdo del programa infantil más emblemático.

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Ultratón junto a su "Gepetto": Carlos López. Foto: Marcelo Bonjour.

En 2010, Cacho Bochinche cerró su ciclo televisivo. De la Cruz envió todos sus juguetes a un depósito que tenía con la expectativa de volver con presentaciones teatrales o en otro programa de TV encabezado por Laura Martínez.

Pero nada de eso ocurrió. En 2015, ya asumido el retiro de Cacho de la Cruz, el comunicador resolvió devolver al muñeco su Gepetto.

En un cumpleaños de López estaban cenando con familia y amigos y De la Cruz tomó la palabra: “Te voy a hacer un regalo que te va a gustar. Te voy a dejar a Ultratón”. “Fue el mejor regalo que me pudo hacer”, cuenta López.

Desde entonces, Ultratón comparte el día a día de la familia López en la Unión. Ha salido pocas veces. Cada día del niño, Carlos y su hijo suelen sacarlo a la vereda en una calle de La Unión. Pero más que niños, son los adultos de diversas generaciones los que quieren tener una selfie con aquel temible personaje.

Para una actuación de Los Mucahchos en 2018, en el Teatro de Verano, Ultratón se dio su último baño de multitud. Los López, padre e hijo, fueron cómplices de una sorpresa a Cacho de la Cruz y lo llevaron a la actuación carnavalera.

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Ultratón. Foto: Marcelo Bonjour

Un día sonó el teléfono en casa de Cacho de la Cruz. Un interesado quería comprar Ultratón. Daba un cheque en blanco para que él y López le pusieran precio. Pero Carlos López se negó.

“Ultratón no tiene precio y no se vende. Va a seguir conmigo hasta que me muera y después quedará para mi hijo”, asegura el Gepetto del robot.

Los López tienen el proyecto de fabricar una plataforma para que Ultratón pueda ser desplazado con mayor facilidad y así pueda ser exhibido. Le hacen mantenimiento pero no lo restauran. “Esto es como un coche de colección. Tiene sus golpes y sus desgaste. Es un ícono del país y así hay que conservarlo”, dice López.

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