MIGUE GRANADOS

El más delirante de los Granados

Vago profesional. Así se define Migue Granados en su cuenta de Twitter. Tiene 29 años, será padre en dos meses pero no piensa madurar. “Andá a laburar o ponete a estudiar”, le dijo su padre Pablo Granados, una década atrás. Estaba hasta las manos. Pudo haber terminado como empleado en la Aduana, igual que su madre, pero atinó a lanzar el primer dardo en Ideas del Sur. Y hoy su carrera como cómico está en pleno auge. Hace radio, televisión y su gran anhelo es vivir de la música.

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Fue productor de 'Infama', 'Circo Criollo' e hizo radio con Homero Pettinato.

Esperó a Federico Hoppe en la puerta de Ideas del Sur y le dijo, “che, necesito laburo”. Esa misma tarde estaba adentro de la productora de Marcelo Tinelli. Migue se crió en los pasillos de Telefé, vivió la época de oro de Videomatch. El canal era Disney para él. Pasó por Sin Codificar, hoy está en Polémica en el bar (Telefé), Redes (ESPN) y Black and toc (radio Con Vos). Lo convocaron para el Bailando por un sueño y aunque le costó, rechazó la oferta. No se animó.

Golpear la puerta de Ideas del Sur fue simple para Migue Granados. Federico Hoppe había sido productor de su padre durante los ‘90 y el vínculo era estrecho. Lo conocía desde niño. Y recurre a una anécdota para ejemplificar el grado de intimidad. Una de las noticias más tristes que recibió Pablo Granados le llegó de boca de Hoppe. Migue se enteró de la muerte de su abuelo, Raúl Granados, y como su padre estaba en plena grabación, le avisó al productor y fue él quien se lo comunicó a Pablo.

Se asume "hijo de", y si bien su divertimento en la niñez era grabar cámaras ocultas con los humoristas de Videomatch, jura que nunca dijo, "yo quiero hacer esto". Se dio. No lo buscó. Tenía conocidos en ese entorno y recurrió a ellos desesperado por un trabajo. De hecho, hasta el día de hoy tampoco sabe si es lo que quiere para el resto de su vida. "Capaz que me doy cuenta a los 60 años y ya es tarde".

Su gran pasión es la música. Su padre le regaló un teclado, una guitarra de madera, y le enseñó a tocar los primeros acordes. Le encantaría ganarse la vida en ese palo pero se conforma con haber hecho la cortina musical de Sin Codificar, haber estado en la banda del programa -Natalia Natalia- donde tocó con monstruos de la escena rioplantense. Y encima se divirtió como loco.

En 'Sin Codificar' trabajó con amigos: Pachu, Yayo, Pichu, Korol y su padre.
En 'Sin Codificar' trabajó con amigos: Pachu, Yayo, Pichu, Korol y su padre.

—Dijiste que si tu padre hubiera trabajado en una zapatería hubieras terminado ahí, ¿por qué?, ¿por comodidad, admiración o ambas cosas?

—Yo estaba hasta las manos, mi viejo me dijo, "andate a laburar ya o ponete a estudiar", y fui adonde tenía los contactos. Por eso digo que si mi viejo hubiese laburado en un aeropuerto quizá iba a pedir trabajo ahí. Pero si no hubiera encontrado un empleo que me permitiera desarrollar algo artístico, que es lo que me gusta, a lo mejor hoy sería un ferretero pero youtuber.

—Vivías en Rosario y tu niñez coincidió con el auge de Vídeomatch, pero para vos eran tu padre y los amigos, ¿qué te decían en la escuela?

—Videomatch era lo máximo, se hablaba de eso al otro día en el colegio. Estaban los que amaban el programa y se cagaban de risa, y esos para los que Tinelli era el diablo, como sigue pasando hoy. Tenía gente que me tiraba buena onda y otros que me odiaban sin conocerme por entrar en ese combo.

—En Sin Codificar te reíste de eso cuando creaste la sección El Sindicato de Hijos de Famosos…

—Eso fue para joder, y decir, "sí, me asumo hijo de, no rompan más".

—Ir a las grabaciones de Videomatch para vos sería como estar en un parque de diversiones....

—Exacto. No solo era Videomatch. En ese entonces estaba Naranja y media, una novela explosiva, yo la miraba todas las noches. Y ahí me cruzaba con (Guillermo) Francella, veía la escenografía y para mí era el Magic Kingdom.

—¿Volviste a ir al piso de Showmatch últimamente?

—Fui cuando mi viejo estuvo en el Cantando, después no. Este año me llamaron para el Bailando y no me animé. Me costó decir que no porque es gente que conozco de chico: antes era el rompe quinotos, y que me convoquen para laburar está buenísimo porque me valoran, pero no me animo. Veo todas las noches el programa, me cago de risa, no pienso que sea anticultura, pero era demasiado, y soy medio cagón y tímido. En Sin codificar estaba rodeado de amigos y me sentía cómodo por el respaldo de ellos más que por mí. Pasar de eso a algo así, bomba, pum, pam, no puedo. Me agarra un ataque de pánico.

—Te nominaron al Martín Fierro por tu labor humorística en Sin Codificar, ¿te sorprendió?

—Sí, estaba muy nervioso. Pero desde que me enteré dije, "va a ganar (Sebastián) Presta". Porque me encanta, lo miro siempre en Youtube y me cago de risa. Tanto insistí que lo ganó. Es igual a que te nominen con Peter Capusotto, ¡mamá!

—Tu padre subió una foto vieja de los dos a Twitter que dice el monstruo que yo inventé, ¿lo sentís así?

—Puede ser, igual yo en Rosario estaba rodeado de gente bastante enfermita, loquitos, no fue solo mi viejo. Mi abuelo (Raúl Granados) era Tinelli en Rosario. Conducía El Clan, y era el típico animador de traje, bronceado todo el año. En Rosario copó todo.

—O sea que sacaste piques de tu abuelo también…

—Sí, de hecho creo que mi viejo y yo heredamos eso de mi abuelo. Mi viejo estuvo estimulado por él.

—¿Intentás diferenciarte de tu padre a la hora de hacer humor?

—En realidad no lo intento: tenemos diferentes estilos Mi viejo es más tipo un artesano de lo que sería el chiste o la gracia. Él es un enfermo del laburo, entonces se sienta, escribe, edita, se mete. Quiere estar y chequear todo. Lo mío es más delirio. Deportes en el recuerdo, por ejemplo, era una bestialidad y había que laburar una semana para lograrlo.

—Pediste trabajo en Ideas del Sur y entraste ese mismo día, ¿cómo fue la experiencia?

—Fue el momento en el que Videomatch mutó a 30 segundos de fama: era todo casting. Yo no tenía nada que hacer, estaba todo el día al pedo, y no quería quedar como un vago justamente en el lugar donde mi viejo era el que más laburaba. Además, una novia que tenía se había ido a vivir a Europa, estaba medio roto y renuncié.

—Empezaste como productor, ¿cómo fue pasar delante de cámara?, ¿te dio temor?

—La palabra productor es enorme. Productor es Marcelo Tinelli, Fede Hoppe, el Chato Prada. Yo laburé en producción, empecé como asistente. Conocía a Gustavo Paván y le hablé por MSN, "che, estoy hasta las manos, ¿qué onda?" "Venite a laburar", me dijo. Fui por dos mangos a Sin Codificar, y éramos dos gatos locos. Me fui metiendo hasta que un día Gustavo me dijo, "¿te animás a cantar una canción?" Terminé cantando la cortina, la tocamos en vivo, armamos la banda Natalia Natalia y tocábamos con los invitados. Me pegué a Gustavo porque supe que con él iba a aprender una bocha. Sin codificar terminó pero nosotros seguimos laburando juntos. Queremos armar una obra. Tenemos una idea de llevar los personajes que hago en la radio al teatro. Si me animo y funciona, sería un golazo.

—¿Te sigue dando vergüenza decir que sos humorista?

—La verdad que sí, me parece demasiado. No sé cómo explicarlo. Es como que yo te dé una pastilla para el dolor de cabeza y me haga llamar neurocirujano. Humorista era Olmedo, "Minguito".

—¿Y tu padre?

—Sí, también. Yo le digo humorista a los grandes capo cómicos. Una cosa es que yo labure de eso, o que sea el gordo que hace los chistes, pero ni loco digo que soy humorista.

—Hiciste infinidad de personajes y sketches, ¿con cuál quedaste más conforme?

—Me divertía mucho cuando grabábamos El fan de Nahuel Mutti. Eso era un delirio. Lo hice antes con Boy Olmi también.

—¿Cómo se te ocurrió eso?

—Delirábamos con pavadas, nos reíamos y Gustavo (Paván), el productor, estaba más loco que nosotros y lo ponía en Telefé.

—¿Cómo se te ocurrió crear Martincito, el niño de Nordelta?

—Cuando empecé en Black and Toc con la Negra Vernaci, Humberto Tortonese y Diego Della Sala quise hacer un personaje que tuviera la voz de un nene porque ya lo había hecho con Homero Pettinato en Resacados (2013). Justo era el boom de los fanáticos de Cristina (Kirchner) y los enfermos anti K. Tenía que ir por ahí, y creé un nene bien mal criado. Estuvo buenísimo porque los que piensan así realmente lo aman, y los que no también porque es una burla. Cae bien parado siempre.

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—¿El hecho de que sea un niño te permite ser más cruel y sincero?

—Exactamente. Los nenes y los viejos tienen una impunidad terrible. Siendo un abuelo o un nene, vale todo.

—Tu perfil de Twitter dice, "vago profesional. Cumplir horarios acorta la vida", ¿hubieras entrado en la casa de Gran Hermano, por ejemplo, con tal de evitar las ocho horas?

—No me hubiese metido en la casa de Gran Hermano ni mamado, ni que me pagaran 500 lucas, bueno, así sí, pero por 200 no. Eso que escribí es como una metáfora de "ay, cómo me gusta divertirme". Pero después los que laburan en humor son medio mala onda. A mí me pasa, imaginate a un gran humorista, un Francella, por ejemplo. Mi novia me dice, "che, qué mala onda, contestá bien". Con tus amigos y tu familia no te pasa, pero te volvés más serio porque es tu trabajo, y no querés laburar afuera. Vos ves a Yayo por la calle y es un señor serio, agradecido, ubicado. Mi viejo lo mismo. La gente le dice, "che, qué cara de cu..." ¿Y qué pretendés, que esté cantando vestido de mina? Entonces, cuando se profesionaliza el romper los quinotos y empezás a cumplir horarios, ¿qué pasa? Ya no me divierte tanto porque ahora es una obligación.

—Pero por ahora es tu profesión, digamos…

—Sí, eso fue el destino, qué sé yo.

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