NOTA DE TAPA

El profundo cambio de Déborah Rodríguez: "Necesitaba recuperar mi identidad de mujer negra"

La deportista resolvió un cambio radical en su imagen. Dejó de laciarse el pelo y permitió el crecimiento de su cabello mota al natural. “Me sentí liberada”, asegura.

Deborah Rodríguez
Deborah Rodríguez. Foto: Aureliano Fernández. Make up: Leonel Aita Musi. Diseños: Steven Vázquez. 

—Llevás dos años de entrenamiento en Estados Unidos, ¿Cuándo volviste a Uruguay?

—Volví a fines de marzo cuando estalló la crisis del Covid-19. Había estado del 1 al 10 de marzo por el cambio de gobierno. Me reuní con Sebastián Bauzá y las nuevas autoridades para ponerme al día. También le agradecí a Fernando Cáceres, el secretario de Deportes saliente, por el apoyo que me dio a lo largo de toda mi estadía en Estados Unidos. Volví a Philadelphia, donde estoy entrenando, pero a los pocos días se anunció la suspensión de los Juegos Olímpicos y la pandemia se empezó a poner peor. Yo no podía entrenar y todo el mundo quedó conmovido. Hablé con mi entrenador y le dije que prefería volver a Uruguay porque allá estaba completamente sola. Así que volví y estuve dos semanas y media en cuarentena estricta.

—¿Cómo se vivieron esos días?

—Al principio la pasé muy mal. Soy muy hiperactiva y pasar encerrada, sin poder relacionarme con nadie directamente, fue muy duro. Tuve ataques de pánico en la noche hasta que un día traté de armar una rutina y de cambiar la energía. Empecé a estudiar comunicación con Sebastián Giovanelli y también francés. Al mantener la mente ocupada, el resto de ese período de aislamiento se me pasó volando.

—Hubo un cambio de look muy importante, ¿Por qué?

—Fue un proceso, que se produjo quizás al mismo tiempo con esta pausa por la pandemia. Las crisis son para crecer. Hace tiempo que hago terapia con mi psicólogo deportivo. Él me ayudó muchísimo para pasar el trago amargo luego de los últimos Juegos Olímpicos, cuando pasé un momento difícil a nivel emocional por no haber conseguido los resultados deseados. Después de eso mejoré pero seguí con la terapia y en esas sesiones donde uno revuelve un montón de emociones y experiencias, me di cuenta de que yo no manejaba mi pelo desde hacía muchísimo tiempo. Desde los 12 años, por imposición de la costumbre y la cultura, yo me laciaba el pelo o usaba extensiones. Me di cuenta de que eso tenía un trasfondo mucho más profundo que el pelo en sí. Así que resolví dejarme el pelo natural.

Déborah Rodríguez. Foto: Aureliano Fernández
Déborah Rodríguez. Foto: Aureliano Fernández

—¿Qué tan difícil fue tomar la decisión?

—Como mujer negra este no es un cambio más. Vivimos en una sociedad en que si usás el pelo crespo o mota como el mío, es "desprolijo" porque queda parado. Pero pudo más la necesidad de volver a mi identidad. Así que dejé que me creciera mi pelo natural y corté las puntas que tenían laciado. Esta soy yo. Esto es lo que yo soy. No soy más Déborah Rodríguez que tiene el pelo lacio.

—¿Cuál fue tu primera sensación al verte en el espejo?

—Tuve una sensación extraña. Pero me sentí feliz porque fue una liberación.

—¿Qué repercusiones has tenido?

—Muy buenas. Un mensaje que quiero transmitir es que las mujeres se acepten tal cual son. Me parece importante que crezcan a nivel emocional y de su autoestima. Desde que me corté el pelo, muchas mujeres me preguntaron por qué lo había hecho y otras tantas se animaron a hacerlo, en especial las negras. Porque lo mismo que yo vivía le pasa a otras. Muchas amigas negras que tengo en el deporte me escribieron para decirme que estaban en un proceso similar y que mi caso las alentaba a dar el paso. Me di cuenta de que uno puede repercutir en la vida de otras personas. Creo que es el poder del ejemplo y de la palabra. Las repercusiones han sido buenísimas y me han animado a hacer cosas diferentes. Es más, me encantaría trabajar a nivel social o corporativo en un proyecto con foco en la autoestima de mujer. Faltan mujeres empoderadas. Faltan más mujeres exitosas.

—El problema del racismo en Estados Unidos subió a la primera plana luego de la muerte de George Floyd. ¿Cuánto se siente la discriminación en ese país?

—Depende de las ciudades. Yo vivía en Philadelphia, que es una de las ciudades con mayor segregación. Hay un sector de negros y otro de blancos. Convivimos en algunos espacios pero mayoritariamente el lugar está dividido. Estados Unidos tiene una historia con la esclavitud muy grande y los resabios persisten hasta la actualidad. Pero más allá del racismo, me parece importante condenar cualquier tipo de discriminación, tanto a negros, como a los gays o a los extranjeros frente al problema de la xenofobia.

—¿Fuiste víctima de discriminación?

—En la escuela, me decían que era una "negra de mierda". Los niños son crueles pero en esa crueldad reflejan lo que aprenden de sus padres. Yo llegaba a mi casa llorando. Pero mis padres me decían que si lloraba por eso me ponían en penitencia. Porque yo tenía que estar orgullosa de lo que era y no tenía que sentirme avergonzada. Hoy agradezco porque de ese modo mis padres me ayudaron a aceptarme tal cual soy. Pero el bullying puede ser muy destructivo si el niño no encuentra un punto de apoyo en su vida. Para mí es importante decir que pasé por esto, que sufrí discriminación en Uruguay pero no me pongo en un lugar de víctima. Al contrario. Puedo decir que esas situaciones me ayudaron a crecer.

Déborah Rodríguez
Déborah Rodríguez. Fotos: Aureliano Fernández. 

—¿Crees que de no haber sido negra tendrías más oportunidades en el deporte?

—Estoy en un deporte como el atletismo que está comandado por los africanos, jamaiquinos o americanos negros. No he sentido discriminación en el deporte, pero sí en otros ámbitos. Me parece importante dar testimonio para que los niños puedan sentirse inspirados.

—Sebastián Bauzá asumió en la secretaría de Deportes. Más allá de la situación de pandemia, ¿Cómo evalúas su gestión?

—Tengo una muy buena relación con Bauzá. Creo que está haciendo bien las cosas, a pesar de la complejidad que implica la emergencia sanitaria. Cuando le planteé mi situación de seguir preparándome para Juegos Olímpicos (JJOO) 2021 me apoyó siempre y me dijo: “Vamos a darte todas las facilidades para que te sigas entrenando”. Y así ha sido: me entreno en la pista del Prado con el profe Martín Mañana y con mi entrenador que manda la planificación.

—¿Por qué te fuiste a Estados Unidos?

—Lo hice por razones profesionales. Ya no tenía competencia en Uruguay. Necesitaba dar ese paso en mi carrera. Yo entreno a primer nivel. Mis compañeras son las mejores del mundo.

—¿Cuáles son tus planes?

—En principio los JJOO serán en 2021 pero todo va a depender del proceso de esta pandemia. Si no se genera una vacuna o un tratamiento, se pondrían cancelar los JJOO de Tokio y pasaríamos directamente a París 2024. Eso reestructuraría todo el calendario. Por otra parte, en Estados Unidos la situación sigue crítica y por ahora no quiero viajar poniendo en riesgo mi salud. Mi idea es esperar a que la situación se estabilice para volver.

—Estás estudiando comunicación y periodismo con Sebastián Giovanelli, ¿por qué?

—Primero porque me gusta hablar y lo aprecio mucho a Seba. Más que un profe, es un amigo. Él propuso hacer este curso de comunicación y me encanta porque en el futuro, luego de finalizada mi carrera deportiva, me gustaría incursionar en la comunicación. Este momento de crisis me obligó a ponerme al día con ese proyecto. Creo que faltan mujeres en la comunicación deportiva. Hay pocas hablando de fútbol, de básquetbol, de atletismo... Me encantaría ir por ese lado y trabajar con otras colegas del periodismo deportivo.

—Hace dos años estuviste envuelta en una polémica por ser parte del programa “Pelota al Medio a la Esperanza” del Ministerio del Interior. Pedro Bordaberry fue crítico con esa situación. ¿Seguís en el programa?

—El programa continúa, aunque yo no soy parte ya. Hay colegas del atletismo y del rugby que son muy activos en el programa, que implica actividades con niños en situación de extrema vulnerabilidad. Les deseo todo el éxito porque es un programa social muy lindo. Por eso empecé la comunicación. Descubrí que los niños necesitan referentes.

—¿Lo dejaste por la polémica?

—No porque siempre supe que lo hice fue lo correcto. Lo dejé porque creía que era momento de dar un paso al costado.

—En redes se recordó que hace un tiempo trabajaste con Fernando Cristino, el productor y relacionista público tan cuestionado recientemente. ¿Cómo fue trabajar con él?


—Hice algunas cosas puntuales. Desde mis comienzos siempre quise mostrar femineidad en el atletismo. Cuando fui a los Juegos Olímpicos maquillada, la gente se preguntaba por qué corría así. Y la verdad es que el 95% de las atletas corremos maquilladas. Lo que yo quería mostrar es que una puede ser deportista y femenina a la misma vez. Para dar ese mensaje me pareció interesante trabajar con Cristino, que es una persona muy vinculada en el rubro moda. Lo hice por un tiempo pero generó un poco de polémica porque muchos pensaron que iba a dejar de correr para ser modelo y luego viajé a Estados Unidos.

—¿Terminó bien esa relación laboral? 

—Sí. Él es una persona emprendedora. Ahora está atravesando por un momento complicado y espero que las cosas se solucionen y aclaren, por el bien de las dos partes.

—En amores, ¿cuál es tu situación sentimental?


—Estoy contenta. Estoy sola. Creo que es momento de un crecimiento personal. Estoy saliendo con alguien pero por el momento la relación no es formal.

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