HISTORIA DE BAILARÍN

Daniel Galarraga, la estrella del Sodre que se rompió los tobillos y debió dejar la danza

El bailarín se sometió a cinco operaciones por lesiones en los tobillos luego de bailar en el Sodre desde 1996. Se debió colocar una prótesis en un pie y se operará el otro el próximo año. "Todo fue exclusivamente por mi cuenta", asegura sobre las costosas intervenciones.

Daniel Galarraga. Foto:Leo Mainé
Daniel Galarraga. Foto:Leo Mainé

Al bailarín Daniel Galarraga le cuesta desplazarse con facilidad. El artista era una estrella del escenario del Sodre, pero tuvo que dejar esos días atrás y hoy se recupera de una delicada operación de prótesis de tobillo tras sufrir una “artrosis severa”. Antes, había pasado por el quirófano otras tres veces. Y el año que viene le espera una cirugía más. Se va a colocar la prótesis en el otro pie, lo que le permitirá volver a su vida normal tras haber vivido un infierno durante los últimos dos años. Él explica que para un bailarín, los pies son su vida. Y por dos años, él no tuvo pies.

Para Galarraga, la profesión es tan importante en su vida que cada vez que recuerda un episodio, lo vincula a la cantidad de años de carrera que tenía en ese momento. “Empecé a tener dificultades en un tobillo a los siete años de carrera”, expresa, por ejemplo, sobre el inicio de un camino sin retorno.

Daniel Galarraga.
Daniel Galarraga debió operarse en Buenos Aires, donde compararon sus lesiones en los tobillos con el recordado caso de Gabriel Batistuta.

La exigencia que se imponía el bailarín en su profesión derivó en malformaciones óseas en un tobillo que lo llevaron directamente al quirófano. Técnicamente, Galarraga sufría de “osteofitos”: “La operación era como una limpieza en la articulación para poder seguir trabajando normalmente”, explica.

El artista pudo superar las dificultades para volver a lucirse en el escenario, pero a medida que pasaron los años, su tobillo se siguió deteriorando. El dolor reapareció y un día no lo soportó más. “Sentía la mordida de un perro clavada en cada tobillo”, recuerda. Resolvió arrancar el problema de raíz y se lo planteó a Julio Boca, por ese entonces director del Sodre: “Voy a parar porque no puedo más. Me tengo que operar el pie. Estoy muy dolorido, ya no puedo ni caminar”.

Con una nueva operación, pudo seguir cinco años más. En ese tramo, Galarraga se integró como docente al equipo artístico de Boca. Sin embargo, al tiempo tuvo que volverse a operar, y se le comenzó a atrofiar el otro pie, que lo sostenía mientras el primero estaba afectado.

El problema pasó de castaño a oscuro. Para 2017, Galarraga estaba relegado a roles solo de caracterización en el escenario del Sodre. “No podía ni estar parado en el escenario por mucho tiempo”, lamenta. La opción médica que encontraba en Uruguay para recuperar sus tobillos no era alentadora. Le ofrecían practicarse una “artrodesis”, que implicaba “fijarse” los pies. Esta intervención le quitaría movilidad en la articulación del tobillo: no podría volver a bailar.

El bailarín encontró una alternativa al otro lado del charco. En una clínica de Buenos Aires le propusieron colocarse prótesis en los tobillos, lo que le permitiría retomar su vida normal tras la cirugía. Fue así que se embarcó rumbo a estas delicadas intervenciones. Se colocó la primera prótesis en abril de este año de forma exitosa, y lo hará en el otro pie el año próximo.

Desde luego que alcanzar la mágica solución porteña no fue sencillo. Para realizarse la costosa operación, Galarraga debió recurrir a más de un préstamo y a mucha ayuda de su familia. “Fueron varios miles de dólares”, se sincera con la voz quebrada. De hecho, ahora está a la espera de recuperarse física pero también económicamente para enfrentar la segunda operación en 2020.

“Todo fue exclusivamente por mi cuenta”, sentencia. El bailarín aclara que no recibió ninguna atención especial por parte del Sodre, “que no cubre este tipo de cosas”. Él denuncia que la compañía no tiene una cobertura médica que tenga en cuenta estos accidentes que están a la orden del día y en los que puede ser necesaria una intervención quirúrgica compleja. “Hay un equipo de fisicoterapeutas que están en la compañía, pero otras cosas como operaciones no se cubren”, subraya.

Para colmo, en medio de ese período el Sodre renovó sus autoridades. Julio Boca, que ya se había convertido en su amigo, se apartó de la dirección, y asumió una nueva administración con otro equipo. Es decir que Galarraga dejó de formar parte del equipo artístico y volvió a su cargo de bailarín. Ahora como amigo, Boca le recomendó que diera a conocer públicamente su estado de salud: “Dijo que sería bueno contarlo porque podría haber otras personas que estuvieran pasando por lo mismo que yo”, revela.

Los entuertos de salud no solo lo hicieron a un lado de la pista de baile. “Me cambió la vida anímicamente. No me daban ganas de salir y tenía otro humor”, comenta. Sus tobillos lo condenaron a quedarse inmóvil en su casa viendo pasar el tiempo. “Organizaba todas las salidas que tenía que hacer para que fueran juntas y hacerlas de un tirón para sufrir menos”, recuerda sobre su amarga rutina durante los últimos años. Apagó la llave de una activa vida social y se refugió en su círculo más íntimo.

Por otro lado, Galarraga debió enfrentarse a un fantasma mucho más siniestro que dejar su vida social: la permanente incertidumbre sobre si podría volver a bailar alguna vez. “Psicológicamente, para un bailarín el hecho de saber que tenés una afección en tus pies acentúa más la preocupación y la ansiedad. No te desprendés nunca de eso”, afirma con desesperación.

Actualmente, Galarraga se encuentra en rehabilitación. Debió andar con muletas y llevar una “bota walker” para fijar el pie por un tiempo tras la colocación de la primera prótesis. Pero a tres meses de haberse operado ya puede apoyar el pie y moverse de forma independiente. Le quedan semanas de fisioterapia, que comprenden cinco tipo de ejercicios, “y de ponerle espíritu”, tal como bromea con optimismo. Ya se anima a ir despacio en bicicleta al gimnasio, para entrenar la parte superior del cuerpo. Con mejor ánimo, se introdujo en el mercado de la cerveza artesanal con la representación de la firma Porco Negro. Todo indica que en pocas semanas caminará normalmente.

Mientras se recupera, toma fuerzas para volver por quinta vez al quirófano en 2020. Espera que esta oportunidad, cuando le coloquen la segunda prótesis, sea la definitiva. Galarraga sueña con que llegue ese día y dar el gran paso de su recuperación. Se imagina volviendo a bailar y a tener “calidad de vida”. Hoy ve ese día cada vez más cerca.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)