Ricardo Canaletti

Saber contar

Cronista policial durante 26 años en el diario Clarín, integrante de espacios vinculados al tema en El Trece y TN, y desde hace poco más de un año conductor de su propio programa, Cámara del crimen, Ricardo Canaletti es todo un personaje.

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Ricardo Canaletti. Foto: Artear

Con su peculiar estilo para contar historias, Ricardo Canaletti ayudado por la escenografía y una máquina del tiempo, ha ido ganando cada vez más adeptos. En esta entrevista habla del programa que también ha conquistado a muchos uruguayos, el caso Lola Chomnalez y su polémica con Víctor Hugo Morales. Además, cuenta sus sueños de ser médico, periodista deportivo o árbitro de boxeo, y los recuerdos que le despertó la película El secreto de sus ojos.

Camina de un extremo a otro de la escenografía, escribe en una pizarra, toma objetos de una mesa y habla, habla mucho, y con pasión. Cuando Ricardo Canaletti tiene que contar un caso en Cámara del crimen se posesiona de manera tal que el espectador se siente en medio de un film policial, aunque sabe perfectamente que lo que este hombre le está narrando es absolutamente real. ¿Hay algo de histrionismo o exageración? "Lo que buscamos el año pasado fue aferrarnos a las historias clásicas, a los grandes casos que todo el mundo ubica rápidamente, y contarlos desde nuestra perspectiva, nuestra óptica, siempre con el expediente judicial en la mano, pero dándole una interpretación a los hechos de esa historia. Lo que prima es lo que tenemos que contar, a veces son casos muy tenebrosos, por decirlo de alguna manera, y otras veces no tanto. El asunto es mantener al espectador interesado en el desarrollo de lo que estás contando", explica el propio Canaletti sobre ese estilo tan peculiar, defendido por unos, atacado por otros. Entre estos últimos podrían ubicarse los que dicen que apela al morbo o amarillismo.

"Acerca del morbo o no morbo, quisiera aclarar un punto: siempre se toca el morbo, siempre, el asunto es no quedarse con eso, no regodearse con el morbo y nada más. Si sirve para explicar, para que sea más clara la historia, explicar un punto de manera más directa, yo no lo veo mal. En la medida de que uno no se quede con esa cuestión, con ese dato, no me parece mal. Son ingredientes que hacen a la construcción de una narración de la comunicación de una historia, y desde que el mundo es mundo, a cualquier ser humano siempre le ha gustado escuchar historias", se defiende el periodista para quien Cámara del crimen, el programa que conduce en TN desde hace poco más de un año, nació de la necesidad de contar historias. Nada más humano que querer contarlas y querer escucharlas. "La idea es explicar estos casos que son tan tenebrosos, tan complicados, estas historias lúgubres, de la manera más llevadera para la gente y que se entienda. Porque muchas veces aparece mezclado con el lenguaje del submundo policial o judicial que impide la real compresión de la historia", detalla.

Y para contarlas se ha valido no solo de su muy buena labia, ha apelado también a elementos televisivos haciendo de la escenografía del programa un personaje más. "Los encargados de la escenografía me han dado bolilla en algunas cosas que no son más que ideas para mejorar la comunicación. No suelo pedirles cosas raras, pero están muy entusiasmados porque a ellos les gusta, se enganchan con el programa. Con la Máquina del Tiempo me podrían haber dicho ¡estás loco! Tomatela, pero no, se lo tomaron muy en serio y ahí está, el producto es buenísimo", cuenta haciendo referencia a una de las estrellas del periodístico: una máquina del tiempo con la que "viaja" al pasado para relatar casos policiales lejanos en el tiempo.

"No es un capricho. Primero, es un homenaje al autor de ciencia ficción H.G. Wells, tal vez junto con Julio Verne uno de los más importantes que ha tenido la literatura universal. Segundo, es un homenaje a la película de 1960 que ideó esa máquina del tiempo. Nosotros tomamos de la literatura y del cine lo que nos parece le puede ser útil a la gente, y a nosotros también, para transmitir algo. Entonces es un homenaje al cine, es un homenaje a la literatura y es una manera distinta de contar un caso viejo. Las historias, para mí, no tienen tiempo, pero es evidente que si me remonto al siglo XIX, estoy contando un caso antiguo. ¿Cómo hago yo con lo que ocurre en el mundo actual, en la modernidad, para irme tan lejos? Bueno, el recurso es atraer al público a través de la Máquina del Tiempo", explica con entusiasmo.

Los casos antiguos son una sección más de este programa que nació en TN el 11 de febrero de 2014 y se convirtió en una de las vedettes del fin de semana (va los sábados, a las 15 horas, y repite los domingos). Por lo general, se estructura en torno a dos casos centrales de actualidad. "Se eligen de acuerdo con la riqueza de la historia. No quiere decir que haya casos que nosotros descartamos porque no son buenos para contar; todos los casos son buenos para contar, pero hay algunos que tienen más idas y vueltas que otros. Por eso tenemos una sección dedicada a casos de actualidad o que en algún momento fueron de gran repercusión y después quedaron olvidados, que son secciones más informativas que otra cosa, pero por supuesto que nuestro fuerte es contar las historias", explica el periodista.

"La elección es arbitraria, como toda elección en el periodismo", continúa quien tiene por guión "los hechos del caso, porque no hacemos ficción. Son los hechos ocurridos los que van llevando el hilo de la historia y yo los voy narrando. Ahora que los casos muy conocidos se van acabando, buscamos casos que tengan una riqueza narrativa que nos permita mantener la atención del espectador".

Fans y detractores.

Cámara del crimen es una propuesta que fue creciendo en audiencia y popularidad. "El balance hasta ahora es muy positivo porque empezamos prácticamente de la nada, con una idea, pero sin mayor estructura", recuerda su creador. "Ya desde el inicio el programa fue teniendo su público y, con el correr del tiempo, lo que ocurrió fue que nos exigíamos y nos exigíamos cada vez más. Fuimos escalando hasta lograr una escenografía propia, que es única en el canal para un programa periodístico, una escenografía de ficción. Y llegamos a lograr una penetración en la gente que de ninguna manera teníamos pensada al inicio. El programa fue en un in crescendo permanente y el hecho de que esté haciendo esta entrevista significa que pasó las fronteras de Argentina, lo cual nos pone muy contentos", afirma quien dice no entender mucho "este asunto de incluir Cámara del Crimen en la sección Espectáculos de un diario. No es una crítica, pero es un programa periodístico. ¿Está hecho de manera diferente? Sí, pero no deja de ser un programa periodístico", subraya.

Sobre si la mayor difusión que los hechos criminales tienen en los medios de comunicación hoy en día explican parte del éxito de Cámara del crimen, Canaletti aclara que él habla "de este programa. Acerca de si hay más tiempo dedicado a las noticias criminales en los medios en general, es un debate… eterno. De hecho, ahora hay más difusión, pero también es cierto que la complejidad de la vida moderna produce más casos. No de diferente naturaleza, porque siempre hubo casos tremendos, horripilantes, perversos… siempre, pero ahora hay una situación en la que el río se desbordó. Volviendo a Cámara del crimen, intentamos contar historias, historias que tienen este tono".

Una de ellas, que tocó a los uruguayos muy de cerca porque ocurrió en nuestro país, fue el asesinato de la adolescente argentina Lola Chomnalez, caso que por momentos dividió o formó opiniones encontradas en ambas márgenes del Plata.

"Lamentablemente para nosotros, los argentinos, es una historia que ya vimos: la de los casos impunes, donde la investigación parece extraviada, equivocada, lenta… En un momento, leí algunos comentarios de uruguayos que planteaban una cuestión de territorialidad: porque ustedes esto, porque ustedes nos critican. Y en verdad no se trató nunca de eso, yo por lo menos nunca lo vi de esa manera. Para mí era un caso criminal que había que contar y si las irregularidades que uno advertía en la investigación se daban en cualquier otro país, lo hubiésemos marcado también. De hecho, una de nuestras firmes posiciones con relación a la investigación que realiza la Policía en la Argentina es la crítica, a tal punto que en este país han pasado tantas aberraciones judiciales por culpa de las Policías de las diferentes provincias, que ya no tienen más la investigación, no tienen más el manejo del sumario, a pesar de que siguen colaborando, eso no lo pongo en duda. Pero ya no dirigen más el sumario como en otro momento. Y eso es lo que vi en el caso de Lola, una estructura de investigación que dependía mucho de lo que pudiera hacer la Policía. Y la Policía no deja de ser un auxiliar, no le daría nunca la dirección de la investigación. La crítica, insisto, vale tanto para los que actuaron en el caso Lola como para los que actuaron en muchos casos argentinos que están todavía impunes. Las críticas nunca fueron porque los policías son uruguayos, que quede claro", insiste Canaletti.

Y si de polémicas con uruguayos hablamos, el periodista tuvo la suya con el comunicador Víctor Hugo Morales. "La crítica de Morales no fue por el programa, fue por un caso concreto, el de Ángeles Rawson. Morales tiene una cuestión contra el Grupo Clarín, yo soy un empleado del Grupo Clarín, y confundir a los responsables del Grupo con los empleados me parece que es una cuestión fuera de lugar, por decirlo de una manera suave", explica el cronista. "Creo que mal asesorado o más que mal asesorado, se metió en cuestiones que no conoce, como son las judiciales. Se metió cuando se citó a una testigo que resultó ser una testigo mentirosa para denostarme y denostar al Grupo. Me parece que no hace falta llegar tan bajo para mostrarle a su público su manera de pensar o la posición que tiene. Confundió cosas, mezcló cosas… en fin".

El tono de Canaletti evidencia que el asunto lo ofusca y no lo oculta. "Yo no soy un tipo acostumbrado a la polémica, tengo perfil alto ahora porque la televisión es así y hago un programa que tiene, por suerte, éxito", dice y enseguida agrega: "me molestó esa polémica, primero porque me enfrenté con alguien que no es periodista. Un periodista conoce las reglas de esta profesión y sabe cómo se maneja esto. Me encontré con alguien que está en una batalla política que yo no peleo, yo laburo para mi sustento, trabajo para mantenerme y vivir más o menos dignamente. No tengo aspiraciones políticas ni contratos con políticos. No busco otra cosa más que contar historias para que entienda la gente y verme metido en este lío la verdad que me molestó bastante. Pero bueno, en definitiva lo tuve con un relator de fútbol".

Italia, fútbol y cine.

Hijo de un verdulero y un ama de casa, Ricardo Canaletti se recibió de abogado pero nunca llegó a ejercer. Trabajó durante diez años en Tribunales, cosiendo expedientes, hasta que una desilusión amorosa, la dictadura argentina y la situación económica de su país lo decidieron a emigrar a Italia en 1983. Se fue sin saber una gota de italiano y aún así intentó revalidar el título. No pudo y para ganarse la vida levantó nieve para el municipio de Milán, y trabajó en una ferretería y en una lechería. Volvió a la Argentina de vacaciones en el 86 y no pudo irse, la tierra y los afectos pudieron más. Gracias a un hermano que trabajaba como administrativo en el diario Clarín y un antecedente de pequeña colaboración periodística en el italiano Il Messagero, empezó a escribir para el periódico argentino siendo su primera nota los diferentes métodos que tenía la gente para jugar al Prode. Tiempo después ya era un miembro más de la sección Policiales, en la que estuvo 26 años y terminó siendo el jefe. En 2006 debutó en la pantalla chica, ganando espacio en los noticieros de El Trece y TN en los que sigue- y llegando en 2014 a conducir su propio programa en TN, Cámara del Crimen, además de contar con espacios semanales en los que se centra en episodios o personajes. Lleva escrito seis libros, cinco junto al actual editor de Policiales de Clarín, Rolando Barbano (Crímenes argentinos, sobre dieciséis casos, y otros sobre casos individuales), y el último en solitario, Crímenes sorprendentes de la historia argentina. Está casado hace 25 años con Pilar y tiene una hija, Leticia, de 18 años.

-Muchas veces se lo menciona a usted como el sucesor del fallecido Enrique Sdrech.

-Sdrech formaba parte del equipo de la sección Policiales de Clarín. Lo recuerdo a él como recuerdo a tantos otros periodistas que no pasaron a la televisión, que tal vez no fueron tan famosos, pero que eran muy buenos. Me enseñaban mucho. Puedo mencionar también a Emilio Petcoff padre, entre otros, que eran periodistas que hacían policiales, y tenían una pluma y una cultura realmente envidiables, además de la experiencia en esta rama en concreto.

-A pesar de los años que lleva metido en el tema, ha admitido que en la TV más de una vez se le piantó un lagrimón aunque la audiencia nunca lo notó. ¿Es así?

-Es verdad. Uno, después de tanto tiempo, como que se va acostumbrando a ciertas cosas. Yo empecé a trabajar en Tribunales a los 18 años y recuerdo que la primera vez que vi una persona esposada me impresionó, al punto que quedé mirándole las muñecas durante unos cuantos segundos. En verdad uno se acostumbra a esa historia, a lo que no se acostumbra es que la historia después se repita con la misma o con mayor crueldad. Tal vez sea eso, ciertos grados de crueldad que uno encuentra cada tanto, en algunos casos, son los que te mueven. Hay algunos casos que me conmueven todavía.

-¿Por ejemplo?

-Las circunstancias que llevaron a la muerte de María Soledad Morales me siguen revolviendo un poquito el estómago. O lo que le hicieron a un señor llamado Nelson Madaf, en la provincia de San Luis, que lo torturaron para que confiese un crimen que no existió; no que no cometió, el crimen no existió. Y ciertas cuestiones como la agresión de cualquier naturaleza contra jovencitas. No digo que no hayan ocurrido en el pasado siempre, pero ahora con la difusión y con el desarrollo de la vida urbana, se ven con más frecuencia. Esas cosas me siguen molestando, la vida truncada desde tan corta edad.

-¿Siente nostalgia de no haber sido periodista deportivo o árbitro de boxeo?

-Son épocas de la vida en las que uno busca para dónde ir (risas). También me hubiese gustado ser médico, pero siempre fui muy malo en Matemáticas, Química y Física, así que ahí tenía un escollo en el examen de ingreso. Después, en esta veta de periodista de casos criminales, de manera personal estudié mucho no hice ningún curso- Medicina Forense por mi cuenta, siempre con la orientación de algún que otro médico conocido, amigo, fuente y demás, que me aclaraba alguna duda. También me gusta mucho el boxeo y como no podía ser boxeador, una posibilidad era ser árbitro o jurado. Y me gusta el fútbol, soy fanático de Boca. Cuando era chico el ocho de Boca era "Rojita", "El Tanque" Rojas, ¡quién no lo quería imitar! Después, con el tiempo, pensé seriamente en ser periodista deportivo.

-¿Va a la cancha?

-No, iba. A la Bombonera hace veinte años que no voy. Me perdí toda la época de Carlos Bianchi, no iba de cábala. Hace muchos años tenía platea en Boca, pero dejé de tener. Sí recuerdo una ida a Montevideo cuando Boca jugó la final con el Cruzeiro en el Centenario, el día del penal que atajó Gatti, algo que pasó en el año 76.

-¿Es de ver películas policiales?

-Sí, veo. Me gusta ese tipo de cine, el cine negro, y las películas de ciencia ficción. Si traslado las historias a la Argentina, definitivamente no son así, las cosas no pasan tan rápido como en la hora y media de la película. La película que me hizo recordar cosas de Tribunales fue El secreto de sus ojos, porque tiene que ver con empleados judiciales y yo estuve diez años en Tribunales de Buenos Aires.

-¿Usted sería el personaje de Guillermo Francella o el de Ricardo Darín?

-(risas) Yo tuve el cargo de Darín. Había un par de postulantes para Secretario Judicial de un juzgado federal y estaba por dar ese examen cuando diversas circunstancias me decidieron a dejar Tribunales e intentar suerte en Italia. Me voy con la idea de revalidar el título de Abogado. Hice una locura, fui sin saber italiano y tardé seis meses en aprender bien el idioma. Me quedé sin plata, entonces tenía que trabajar para mantenerme, y entre una cosa y la otra dejé la posibilidad de revalidar.

-Y después vino de visita y no se pudo ir más.

-Vine en una vacación, en agosto, y me reencontré, después de tres años, con mi familia y me quedé acá. El Río de la Plata tira, la tierra de uno tira.

-¿Volvió a Italia luego de eso?

-Dos veces más, una por cuestiones de trabajo, fui a visitar el diario La Republicca, y la otra por placer.

-¿Le interesaría llevar Cámara del crimen a la TV abierta?

-Depende qué implique. Ahora en TN, con esta escenografía y con este equipo de producción, que es el alma del programa, llego al público y el público me sigue. Si la TV abierta implica más cantidad de televidentes, bienvenido sea. Pero hasta ahora no me han propuesto nada. La idea es seguir este año con Cámara del crimen, y con las columnas de TN y Telenoche (El Trece). Uno siempre aspira a más. Con que se mantenga el objetivo que nos planteamos el año pasado, que era tener nuestro público y que nos siga porque le interesan las historias, yo estoy satisfecho.

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