#IRIS2018

Coco Sily: El actor en la gala

Coco Sily pasó por los Premios Iris en Enjoy Punta del Este y confesó que planea mudarse definitivamente al balneario uruguayo, donde hace teatro desde hace años. También apuntó contra el gobierno de Macri: “Hay un terremoto y ellos siguen tomando la sopa”.

Coco Sily. Foto: Leo Mainé
Coco Sily presenta su show "La súper cátedra" el 14 de octubre en Enjoy Punta del Este y el 19  de octubre en El Galpón. Foto: Leo Mainé

—¿Qué te llamó la atención de los Iris, en comparación a otras premiaciones de las que participaste?

—Fue una fiesta increíble. En comparación a los Martín Fierro de Argentina, por ejemplo, me llamó la atención el respeto: en los Martín Fierro nadie le da bola al que está hablando, todo el mundo se va a la mierda en la mitad de la fiesta y el salón queda vacío, lo que es un espanto. Los Premios Iris fueron otra cosa. Estuvieron muy bien organizados y no falló nada.

—¿Cómo es tu vínculo con Punta del Este, donde hacés teatro hace años?

—Debo haber sido de los primeros que se instaló en Punta del Este para hacer temporada. Empecé haciendo funciones en el Cantegril. Pensaba que no iba a ir nadie, que "los chetos de Punta del Este" no iban a ver un espectáculo de barrio como La cátedra del macho, pero se llenó. Mariana Sagasti (productora) es una amiga que vive en Uruguay y me facilitó las cosas para seguir viniendo. Desde entonces me instalo todos los veranos con mi familia. Me compré un terreno y me gustaría venirme a vivir a Uruguay. Geográficamente, Punta del Este es una bendición.

—¿Dónde lo compraste?

—Es gracioso. Yo hago La cátedra del macho y me lo compré en Chihuahua. Es una playa preciosa. Si Dios me ayuda y Uruguay me acepta definitivamente, me voy a venir a vivir. Me gustaría ir y volver a Buenos Aires, la vida de Gerardo Romano o de Carlos Perciavalle en una época.

—¿Es más difícil hacer reír cuando la situación económica del país es delicada?

—Es mucho más necesario. Lo tomo como un deber, no puedo fallar. Me pongo más las pilas para que durante una hora y media se caguen de risa y olviden todo. Es lo que me dicen a la salida: "menos mal que vinimos, tuvimos una semana de mierda". Me agradecen con una pasión enorme.

—¿Cuál es la perspectiva?

—Negrita, por no decir negraza. No va a venir alguien mágico a pagar todo lo que nos endeudamos. Esta situación va a tener consecuencias a largo plazo.

—¿Cómo ves parado al gobierno de Mauricio Macri frente a la crisis?

—Está empecinado en algo y van a fondo, como cuando alguien no quiere ver. Hay un terremoto y siguen tomando la sopa en la mesa.

—Esa metáfora es parecida a la que usó Alfredo Casero diciendo que la gente pide flan mientras se incendia la casa. ¿Cómo lo ves en su  nuevo rol de analista político?

—Yo estoy en las antípodas de su pensamiento y de su comportamiento en general. Mantengo un enfrentamiento público con él, y uno de los motivos tuvo que ver con Uruguay. Cuando él escribió en contra de Uruguay, yo salí a darle con un palo porque en ese sentido tengo sangre charrúa. Mi viejo laburaba mucho acá y tengo mucho lazos. Cuando leí el comentario que puso criticando a Uruguay por un caso policial de hace unos años, me pareció espantoso y salí enseguida a enfrentarlo. 

—Vos te has declarado peronista, ¿cuál es el rol de este movimiento ante este panorama de crisis?

—El kirchnerismo está muy comprometido con todas las causas judiciales vinculadas a la corrupción y el peronismo está durmiendo la siesta. Nadie quiere asomar por miedo a que le corten la cabeza. Si no aparece una alternativa potable, va a estar complicado. 

—¿Cuál es tu visión sobre los casos de corrupción vinculados al kirchnerismo que todavía se siguen destapando?

—A mí me afectan porque yo apoyé la primera etapa del kirchnerismo. Después tuve un alejamiento que hice público. Yo estoy bastante alejado de ese proyecto, pero no aparece en otro lado que diga "vamos nosotros con algo nacional y popular a pensar en los que menos tienen".

—¿Los tiempos de feminismo han cambiado tus shows? 

—No porque la cátedra no habla sobre la mujer. El enemigo de la cátedra es la modernidad: ese mundo de mierda depilado y encremado, en el que el hombre perdió un montón de cosas. 

—Lo definís como puto.

—Sí, pero metafóricamente. Los humoristas trabajamos mucho con esa palabra porque es graciosa como palabra, pero no es un espectáculo "mata putos". La comunidad homosexual viene a verme mucho y soy muy amigo de un grupo de la comunidad gay. He ido a todas las marchas del orgullo. 

—¿Cuidás más lo que decís en los shows por la sensibilidad que hay ahora? 

—Al contrario, incorporé unas cositas del feminismo que otros humoristas no quieren ni nombrar porque tienen pánico. La gente acompaña porque es un tema muy instalado en Argentina. Yo tengo una hija militante del feminismo que me ayudó con todo lo que tiene que ver con la deconstrucción. La cátedra va por otro lado. 

—Pero estos colectivos hablan de "muerte al macho" y militan contra el estereotipo que vos en algún punto has defendido...

—No, los colectivos militan contra la sociedad patriarcal que ha cometido muchas cagadas. La mujer ha sido relegada y yo banco esta revolución. Lo que más me gusta de la revolución feminista es ir mañana a la inexistencia del género. Quiero que las personas sean evaluadas por sus condiciones y sus talentos y no por su género. Antes, una mina siempre iba a ganar menos que un tipo por su condición de mujer. Eso está mal. 

—¿Cuándo empezaste a pensar y preocuparte por estas cuestiones?

—Yo antes no entendía nada, hice una decosntrucción de locos. Vengo de una casa en la que la situación lógica era que las mujeres se levantaban para lavar los platos y nosotros nos quedáramos fumando un pucho. Mi hija de 26 años me fue explicando y yo entendí por donde pasa. 

—¿Todo el mundo lo entiende o muchos acompañan solo porque es lo políticamente correcto?

—Sí, hay mucha gente que está cagada. Pero yo no lo hago por el hecho de que sea lo políticamente correcto. Los cincuentones tenemos eso de que hacemos lo que queremos. Cuando uno está más o menos instalado, las cosas que hace las hace por convicción. 

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