Rafa Cotelo y Pablo Aguirrezábal

Choque de galaxias

Hay más asuntos que los unen que cuestiones que los separan. Integraron el staff del exitoso De Pie, escribieron en la revista Un Huevo, salieron en Murga Joven y Don Timoteo, confluyeron en el estudio de la CX36 y más tarde en Océano FM, filmaron un comercial que no prosperó, comparten barras de amigos, por ende, asados, reuniones y salidas y para completar son papás de dos niñas. Basta una charla breve para cazar en el aire que Rafa Cotelo y Pablo Aguirrezábal amalgaman sus estilos, coincidencias y diferencias a la perfección. Casi cualquier palabra les dispara un chiste; por cada idea absurda que tira uno, el otro le redobla la apuesta. Y en el escenario se potencian.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Cotelo y Aguirrezábal estrenan Al fin solos el 3 de abril. Fotos: Rafael Lejtreger

Hacía fácil cinco años que tenían ganas de hacer algo juntos y nunca terminaban de concretarlo: "tuvimos unos intentos furtivos, algunas reuniones improductivas, almuerzos donde íbamos rotando el partenaire para que nos escuchara y nos diera una mano pero nunca avanzábamos por culpa nuestra", comenta Rafa. Tuvo que llegar un tercero a poner orden y armar una agenda que equilibrara de forma eficaz el poco tiempo disponible que maneja Rafa y la cantidad de horas que Pablo dedica a la creatividad

En realidad fueron un tercero y un cuarto los responsables: Ernesto Muniz y Juan Pablo Olivera de Club de Comedia administraron esa sinergia de comunicación que se percibe en el aire entre estos dos amigos comediantes. Captaron esa energía especial que para Pablo y Rafa es apenas jugar de memoria y las ideas fluyeron en ese vaivén tan lúdico como absurdo. Así nació Al fin solos que se estrena el 3 de abril en la sala teatro Undermovie e irá todos los viernes a las 23:30 horas.

Amistad y oficio.

La Mojigata y Agarrate Catalina eran dos murgas que "se decían jóvenes" allá por el 2002, año en que se conocieron estos muchachos. El encuentro sucedió en la que era la casa de Pablo en aquel entonces, "que es exactamente el mismo lugar donde lo pasé a buscar hoy, la vida tiene muchas vueltas", se ríe Rafa. La primera experiencia laboral compartida -si se le puede llamar trabajo- fue un espacio en Radio Centenario que bautizaron Vos y cuántos más. Iba los lunes a las 23:00 horas y también participaban Christian Font, Yamandú Cardozo, Diego Waisrub, Fabián Cardozo, el Moncho, entre otros.

—(Rafa) Nuestros honorarios por la tarea eran 50 boletos para todos y un bip bip radio mensajes que Pablo usó hasta hace tres o cuatro años, era la única persona en Uruguay que todavía usaba ese servicio.

—(Pablo) Era nuestra etapa explorativa en la herramienta radio. Campiglia nació para la Catalina pero se empezó a hacer ahí, había otros personajes más y hacíamos pavadas. Yo salí algunas veces al aire pero ellos eran muy boludos y no me quedó otra que organizarlos un poco. Después me di cuenta de que había que ser boludo para trascender.

—(Rafa) También grabamos un comercial juntos.

—(Pablo) Con un micrófono que nos mandó Windows y un repasador en la casa de los padres de él en el Cerro. Era para una empresa de computación y ahí sacamos para unos taxis. Hicimos una obra para teatro joven en El Galpón que se llamaba La combinación es medio raronga y la disfrutamos mucho.

—(Rafa) ¿Hicimos cuántas funciones?

—(Pablo) Una sola función pero nos dieron mención a la Mejor Obra.

—(Rafa) Eso fue en 2005.

—Participaron de todos los ciclos de De Pie que fue un éxito de convocatoria y ahora solos…

—(Pablo) Al fin solos, por suerte. Tironeamos, tratamos de eliminar a todos los que estaban alrededor para poder quedar solos, fue una tarea ardua, más si tenés en cuenta que salimos en murga y son varios más para tirar, algunos pesados.

—(Rafa) Igual, por ejemplo, si se quisiera meter el Chino Recoba en el espectáculo no habría inconveniente, podríamos llegar a ver…

—(Pablo) Si estás pensando en plata me parece que le estás errando porque dijimos que esto iba a ser artístico.

—(Rafa) Bueno, si el Chino Recoba quiere financiar MI parte del espectáculo no hay ningún problema.

Se ponen de acuerdo en un punto: la cantidad de escenarios que tienen encima no hace al talento sino al oficio. No hay mística.

—(Pablo) Igual que el carpintero o el taxista, tiene que ver con saber canalizar la energía para que rinda. En Murga Joven ibas y te quedabas toda la noche conversando con tus compañeros, acá tenés que hacer que el tiempo te rinda porque estamos más grandes, tenemos más laburos, hijas, ya pensando en la jubilación. Nos sirve jugar a ser cada uno el que es, pero exagerado. La contradicción, el choque entre dos formas de ver una misma cosa es un recurso que va bien. Dicho así parece fácil pero tenés que ir y hacerlo convencido y jugar es la mejor forma de estar convencido.

—(Rafa) Es mucho más un oficio que cualquier cosa, se aprende con horas y horas de trabajo, tirando, tirando y capaz que estando atento para dar forma a las cosas.

—(Pablo) Y ganas de hacerlo porque hay mucha gente que es una crá pero se decide a hacer otra cosa. Nosotros elegimos esto pero cuesta arrancar a vivir de esto, un poco porque lo disfrutás y lo que uno disfruta es raro que sea tu laburo y como es creativo te auto explotás. Todo eso dificulta que digas, me dedico a hacer humor, a laburar y sacar plata de esto.

Las huertas.

Tienen la oportunidad de pararse solos frente al público en eventos privados, empresariales e incluso en funciones independientes donde "nos podríamos ahorrar el 50% de nuestro cachet" pero la base de Al fin solos partió de esas ganas de compartir instancias arriba y abajo del escenario. Rafa es más terrenal y racional, está preocupado por sobrevivir; Pablo se mueve mucho más hacia el absurdo, no le interesa el consumo y está siempre elevado. Ese combo de viajes tan dispares se trasladará al escenario.

—(Pablo) A mí me rinde exagerar cosas en las que creo, formas que tengo de actuar y reírme de esos pensamientos.

—(Rafa) A mí me rinde muchísimo reírme de él.

—(Pablo) Terminamos todos riéndonos de mí. Pero también está buenísimo hacer que Rafa se ponga nervioso. Aunque parezca que nunca pasa, se le mueven los pantalones.

No hubo un proceso típico y tradicional de escritura conjunta. Partían de una charla, una conversación e improvisaban; acto seguido, Ernesto y Juan Pablo se encargaban de bajar a tierra esos conceptos y convertirlos en un guión. "Después nosotros vichábamos ese texto, lo destruíamos y ellos salían de vuelta a escribirlo", señala Rafa. Y agrega que no ve ningún peligro en ese bagaje amistoso y profesional que traen como dupla sino más bien "beneficios, horas de vuelo". Según Pablo, el único riesgo sería perder la sorpresa en el otro pero "estamos confiados porque los dos somos muy de meternos en lugares donde no nos esperábamos". Ni siquiera las bromas internas podrían resultar excesivas porque "son referidas a características de nuestra personalidad que están expuestas siempre. Puedo hacer chistes sobre la locura de Pablo y es inocultable, indisimulable, así que no corremos el riesgo de que se haga referencia a algo que la gente no sepa; aparte en el universo de Pablo todo es posible, cualquier cosa que diga sobre él la gente va a creer que es en serio y probablemente lo sea".

—Los dos salieron de la movida Murga Joven, ¿todavía sienten esa influencia al escribir o al pensar un espectáculo?

—(Rafa) La murga es un género que me apasiona y según mi juicio, sigue teniendo en Murga Joven el lugar de mayor creatividad; es un espacio donde encuentro sorpresas, ideas y formas nuevas de crear. Cualquier espectáculo de Murga Joven que veas, incluso de las que pasan al Carnaval para mí están en un nivel de creatividad muy superior al resto, pero la verdad y sinceramente generacionalmente nosotros estamos más cerca de ser una murga vieja que una murga joven, así que sería medio ridículo. Me parecen absolutamente patéticos algunos personajes que hay en Carnaval que todavía se la van de Murga Joven, pah loco, fijate que estás pelado y con canas.

—(Pablo) Yo creo que la Murga Joven carga con la palabra joven, pero tiene que ver con lo contemporáneo. Nosotros ya dejamos de ser contemporáneos de los jóvenes de ahora pero en su momento tuvimos una forma de ver la murga distinta de lo que lo veía la murga post dictadura. Entramos como contra culturales, pero ya hay una Murga Joven que es contra cultural a nuestra propia cultura. Lo que más me gusta de la Murga Joven es lo que te decía de sorprenderte, no encajarte en ningún lado. Pero decir que sos Murga Joven y tener 40 años es como querer ponerte un traje que no te queda. Lo fundamental es la honestidad artística: si sos esto, no te pintes de otra cosa porque se nota arriba del escenario, el público lo siente y tenés que ser sincero contigo mismo.

—Forman parte de una generación que tenía y tiene una manera particular de ver y analizar la realidad, ¿lo sienten así?

—(Pablo) Sí, sin duda. Más allá de que somos distintos, que venimos de dos murgas distintas, las dos se encontraban en ese lugar donde para mí se estaba re pensando el género murga, de qué nos estábamos riendo.

—(Rafa) Somos parte de una generación súper heterogénea no solo de murguistas sino también de comunicadores que pueden confluir en el encuentro de Murga Joven, en Carnaval o en Océano FM, por ejemplo. En la diversidad está la riqueza y está buenísimo. Y también está buenísimo que sigan apareciendo, nosotros aprovechar, nutrirnos, abrir paso, dar lugar, compartir y aprender. Está mortal, pero es eso, un grupo de gente que no vino a patear ni ningún tablero sino que tiene una manera de ver y entender la comunicación hecha murga, hecha radio o hecha lo que sea, que se le abrieron algunas puertas y que ojalá pueda dejarlas abiertas para lo que venga.

—Integraron el staff de Un Huevo ¿qué les dejó esa experiencia, además de deudas?

—(Pablo) Es lo del ensayo y el error. Cuando sos creativo vas y cultivás ahí a ver si te crece alguna fruta y ves qué sale de ahí. Es parecido a tener una huerta pero no sabés qué te va a salir después.

—(Rafa) Se te entreveran las semillas, tirás y ves. Pablo estuvo más al frente que yo y cinchando de la revista pero estuvo buenísimo. Para mí siempre fue un mejor producto que un producto comercial. A la luz de los hechos: así la revista haya sido una cagada, como emprendimiento comercial fue peor.

—(Pablo) A mí me enseñó, por ejemplo, que cuando me vienen a proponer algo lo único que les pido es que no me permitan administrarlo, después doy lo mío creativamente con muchas ganas y entusiasmo, pero ya sé que no puedo hacerme el director de nada porque soy un peligro.

Perlitas.

Se dispersan con facilidad y esta charla no fue la excepción, pero en ese vuelo surgen las excentricidades más divertidas. Pasen y vean las respuestas sin filtro, ni orden lógico que dieron Rafa y Pablo ante distintas preguntas.

—Se conocen hace varios años, ¿cuándo y cómo surge esta amistad?

—(Pablo) Nos conocemos desde 2003, por ahí, ¿no?

—(Rafa) 2002, él no es bueno para las fechas. Fue un martes 2 de abril, nos conocimos en su casa.

—¿Cómo te acordás la fecha exacta?

—(Pablo) Tenía un grano él y contó los días.

—(Rafa) Vos tenías toda la cara rota, ¿te acordás? Porque le habían pegado en un festival de murga.

—¿Qué cosas saben que no les rinde arriba del escenario?

—(Pablo) El desnudo mío no rinde.

—(Rafa) Yo no sé tocar el piano, hice un concierto y no rindió.

—¿Hay vicios de la murga que les cueste sacarse cuando hacen stand up?

—(Rafa) ¿Hablás del vino?

—(Pablo) Yo no tengo ninguna gana de sacarme ningún vicio.

—(Rafa) Pablo cuando hacemos funciones juntos a veces empieza, ¿cómo estamos?, ¿ganamos? Esas cosas bien carnavaleras.

—¿A qué temas le escaparon cuando armaron y pensaron este show?

—(Rafa) Pablo tenía un monólogo en contra del Movie y al final no.

—(Pablo) Porque creí que iba a ser en El Galpón y no me rinde darlo vuelta porque todo rimaba con Movie.

—Pablo, seguís sin celular, ¿complicó mucho la comunicación?

—(Rafa) Imaginate, recién lo pasé a buscar por la casa y le mandaba mails diciéndole, estoy en la puerta, salí, por favor, estoy mal estacionado, yo deseando que apretara F5.

—(Pablo) Una vez no llegué a una nota que tenía en Radio Sarandí, le erré de ómnibus. Me tomé el 76 en vez del 17.

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