Ximena Bedó

La canción desbocada

A los 26 años Ximena Bedó inició su camino solista editando un disco elogiado por la crítica, en el que luce sus habilidades como cantante y productora.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Ximena Bedó por Lucía Persichetti.

MARIÁNGEL SOLOMITA - FOTOS: LUCÍA PERSICHETTI

Si a la música local le faltaba más presencia femenina, el último año empezó a saldar la deuda. Se editaron varios discos protagonizados por cantantes mujeres, entre ellos La Cajita, presentación de Ximena Bedó que grabó a lo largo de un año acompañada de una banda de 11 músicos y con Mandrake Wolf, Carmen Pi y Sebastián Jantos de invitados. Sobre este primer paquete de canciones que dio a conocer a ritmo de bossa nova, jazz y balada, habla en esta entrevista.

—Integraste varios coros, ¿cómo creés que esas experiencias te afectaron como compositora?

—Por un lado entrenás mucho el oído armónico desde el punto de vista técnico pero también aprendés a vivir la música como algo compartido con otros, aprendés a atender las voces de los otros. Fueron coros muy distintos y el repertorio era muy distinto, eso me permitió aprehender varias emotividades y diversos lenguajes musicales.

—La voz, ¿qué protagonismo tiene cuando construís una canción?

—Tiene cada vez más protagonismo. Al principio fui muy exigente con el tema de la letra y de la instrumentación pero veo que cada vez va agarrando más terreno mi voz solista, porque lo que tienen los coros es que no conocés tu voz sola, hasta que en determinado momento empezás a hacerlo y a generar recursos.

—¿Cómo fue la búsqueda de encontrar una forma propia de cantar?

—Siempre tuve un oído melódico bastante rápido pero el timbre de la voz, la identidad de la voz, me costó encontrarla. Yo de chica escuché a muchas cantantes, Ella Fitzgerald, Billie Holiday y a Caetano Veloso y creo que eso me fue calando sin darme cuenta. Siempre presté atención a los detalles de los cantantes, a los gestos que pueden tener con la voz y lo fui buscando, trabajé técnicamente cosas que me parecían flojas y fui saliendo de un plano intimista y yendo a otro lugar con la voz.


—En una primera instancia encaraste el proyecto desde una formación de cuarteto, Jóia.

—Jóia fue varias cosas. Yo le ponía a todo esa palabra porque me gusta escucharla y me gusta como queda escrita y es el nombre de un disco de Caetano que a mí me gusta mucho. Primero fue un trío y luego un cuarteto que es el formato con el que más toqué: contrabajo, clarinete, percusión, guitarra y voz. Pero siempre fue un proyecto solista.


—En el disco te acompañan 11 músicos, sin contar los invitados.

—Siempre busco una paleta acústica definida pero la parte humana me lleva y a veces doy con un músico que me cae bien, trabajamos lindo y entonces conozco el instrumento que toca y empiezo a planear en términos de ese instrumento. Por lo general se me ocurren esas participaciones cuando estoy con ellos, no es que escribo a priori y llevo la idea: la trabajo con ellos, la construimos sobre una primera consigna de qué rol debe tener en cada momento el instrumento, que a veces es una base y otra es un comentario sobre lo que dijo la voz o incluso la letra. Cada instrumentista le dio un color nuevo y yo fui ambiciosa en el aspecto de las sonoridades; me di todos los gustos en este disco.

—Este proceso colectivo, ¿te motivó a trabajar las canciones, en un futuro, en formato banda?

—Me encantaría pero no creo que sea fácil. Primero tiene que darse un grupo con una identidad muy sólida para que luego funcione esa creación colectiva, y no creo que sea muy simple lograr ese grupo.

—Estudiaste 10 años de guitarra clásica, ¿pensás que el dominio de ese instrumento te habilitó a ser más experimental con otros, a perderle el miedo a la sonoridad de los instrumentos?

—Sí. No sé si fue específicamente la guitarra sino el tipo de estudio que tuve, que daba mucha importancia a la variedad tímbrica, a la relación que tenés con el instrumento para que no suene como tiene que sonar y listo, eso me marcó mucho. El cuelgue con las distintas sonoridades creo que tiene que ver con la música que fui escuchando compulsivamente, y que se da que son discos muy ricos instrumentalmente. En mis canciones creo que tienen más desarrollo esos momentos instrumentales que por ejemplo el propio estribillo.

—Hay un video sobre la grabación del disco que muestra que experimentaron con muchos objetos para producir ruidos.

—Esos detalles se supone que son lo último en lo que uno tiene que pensar en términos del sistema para grabar un disco: primero las bases, las estructuras de la canción...y yo lo hice pero lo primero que se ocurría era "a esto le voy a agregar un cartón rompiéndose". Tenía el disco tan planeado en mi cabeza hasta ese punto. Esos aspectos me hacían mucha ilusión.


—Fuiste la productora del disco...

—Ese fue todo un tema porque no tenía idea de cómo grabar un disco cuando entré al estudio, y mi hermano Andrés me dijo que él me lo iba a producir y dije "genial". Pero empezó a pasar que en los primeros días yo ya tenía todo muy decidido y no había lugar para alguien más. Aunque mi relación con los músicos es de amistad y se meten con mucha identidad en las canciones, Andrés estuvo más apoyando que produciendo.

—Algunas de las canciones las escribiste en la adolescencia, ¿hubo escrituras específicas para el disco?

—No, fue todo enfrentarse a hacer el disco ni bien surgió la posibilidad de financiarlo, pero no hubo una preparación previa. Son todas canciones que aparecieron durante muchos años sin ningún tipo de objetivo, me acompañaron durante mucho tiempo y son muy identitarias. Lo que hice fue clasificarlas y elegir un grupito que valiera la pena instrumentalizar y grabar.

—Decías que algunas te tomaron en un momento creativo más libre, por la edad sobre todo, ¿es un estado que te gustaría mantener?

—Claro. Cuando uno es chico está jugando, no persigue una imagen ni quiere ser un tipo de músico: tenés un instrumento, recursos que no sabés cuáles son y es un juego. Yo escribía, cantaba, hacía muchas canciones, fui una niña muy productiva, me grababa mucho y cuando aprendí guitarra la sumé. Pero luego aparecen otros celos, estudiás música y empiezan a aparecer pelos en la lengua. Esas canciones las incluí porque me permiten divertirme mucho, me dejan ser libre.

—Dijiste que más que emociones buscás estados, ¿en qué momentos componés?

—Me doy cuenta que un buen momento es el verano. No persigo a la música, dejo que aparezca y ahora están apareciendo cosas todo el tiempo, la mente parece que se me hubiera transformado en un colador al punto que me dicen una frase y me gustan tres palabras juntas y me las quedo en la cabeza y les voy buscando capas, que me despierten pensamientos. Muchas veces es por las palabras y muchas otras por tararear. Las canciones se meten de prepo en la vida cotidiana, porque no les doy espacio, o aparecen cuando estoy sola y sobre todo cuando estoy en un lugar de mucha intimidad o con naturaleza.

—¿Cuál sería el estado ideal de un escucha de tu música?

—Es difícil. Sería ideal generar un estado de empatía absoluto con el otro. Uno elige un conjunto de palabras y una musicalidad y le pone un gesto y que el otro lo pueda recibir. Está bueno dejar a la gente en un estado contemplativo, no acribillarla con sonidos, sino irla trayendo de a poquito. A mí me gusta el momento en vivo, cuando veo que el otro está recibiendo lo que le quiero dar.

—En el próximo disco querés cantar más "a viva voz".

— Sí, este disco tiene unas cuantas canciones en que la forma en que está concebida la melodía no es simple, tiene saltos grandes melódicos, intervalos un poquito complicados o un recorrido de registros distintos en una misma canción, eso hace que no sean canciones coreables. Con el despertar de algunos recursos técnicos se me despertaron cuestiones estéticas, porque te das cuenta que podés cantar de determinada manera y quiero cantar más descontroladamente y para eso necesito una música más simple que no me haga estar tan pendiente de la afinación. Ahora me atrae mucho más ese lado visceral y no tanto la melodía ingeniosa.

Confianza en la cajita

Ximena es hermana menor de Andrés Bedó, quién la impulsó a grabar en un disco las canciones que venía compartiendo en distintas formaciones. Presentó el proyecto al FONAM y consiguió la ayuda. Logró el apoyo del sello Perro Andaluz. Con Ángel Atienza como productor ejecutivo, reunió una banda de 11 músicos y eligió invitados; la grabación se hizo a lo largo de un año en estudios. Próximamente el disco se compartirá en internet.

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