ENTREVISTA

Camila Rivarola: Luchadora oriental 

La joven uruguaya vive en Francia y su carrera crece en las jaulas de las artes marciales mixtas de Europa. Su deseo: pelear en su país.

Camila Rivarola.
Camila Rivarola.

Camila Rivarola era una niña de año y medio cuando sus padres uruguayos llegaron a Suecia. Hoy, con 28 años, la joven oriental es una de las luchadoras de MMA (artes marciales mixtas) de mayor crecimiento en Europa. En la actualidad reside en Francia y pelea bajo la bandera sueca, pero también le gustaría hacerlo bajo la uruguaya.

“Me encantaría pelear en mi país”, asegura la joven, quien además se desempeña como modelo en especial de marcas deportivas.

Como buena uruguaya, de niña y adolescente practicó fútbol pero luego se dedicó a una carrera universitaria en comunicación y dejó el deporte de lado por un tiempo. “A los 21 años me di cuenta de que tenía un montón de energía que necesitaba ser canalizada”, cuenta la deportista.

Una sala de kickboxing cerca de su trabajo fue la solución. Comenzó a entrenar de forma amateur pero sus entrenadores se dieron cuenta de su potencial y la animaron al profesionalismo. Tras cinco años de entrenamiento, los resultaron fueron sorprendentes: obtuvo dos campeonatos suecos de kickboxing y se llevó dos medallas de bronce en mundiales de la disciplina.

Más tarde conoció a quien hoy es su pareja, el luchador de MMA francés Cyrille Diabate. Aunque ahora está retirado de la jaula, Diabate ha conquistado cuatro títulos mundiales en disciplinas diferentes y peleó para las organizaciones principales de las artes marciales, como la UFC o Pride.

“Nos conocimos en un contexto diferente en Estocolmo. Comenzamos a salir y lo invité a uno de mis entrenamientos... Ese mismo día se puso en campaña para que yo me dedicara profesionalmente al MMA. Para él yo tenía todos los ingredientes para llegar al UFC y poder vivir del deporte. Hoy en día es muy complicado vivir de un arte marcial que no sea MMA, sobre todo siendo mujer”, cuenta Rivarola.

En ese momento, la uruguaya tuvo que tomar una dura decisión porque en paralelo continuaba con su tarea profesional, trabajando en el área de comunicación de una empresa informática.

“Me ganaba muy bien la vida y entrenaba en paralelo. Pero mi ritmo de vida era tan agotador que llegué un punto en mi carrera deportiva donde tenía que elegir a qué me quería dedicar. Unos meses después me decidí. Era en ese momento o nunca que podía hacer una carrera de MMA”.

Camila Rivarola compite en la categoría menos 52 kilos, que está creciendo en cantidad y calidad de luchadoras. “Las top 10 mujeres del mundo son impresionantes”, dice.

-¿Qué balance hacés de tu desempeño en 2018?

-Estoy muy contenta con mis resultados el año pasado. He progresado como luchadora, sigo siendo invicta en MMA (5 peleas amateur y 3 peleas profesionales) y he tenido la oportunidad de pelear por organizaciones estupendas como la XFN.

-¿Cuáles son tus próximos desafíos?

-Tengo peleas programadas en los tres meses que siguen. La idea es tener un poco más de experiencia y firmar un contrato con una organización más grande antes de que se termine el año.

-¿Qué características tiene tu entrenamiento?

-Entreno 20 horas por semana. Tres de estas horas trabajo mi cardio y preparación física, el resto son técnicas de MMA que consiste de varias disciplinas diferentes, por ejemplo: Muay thay, lucha y jiujitsus. Casi todas las clases terminamos con “sparring”.

-¿Cuáles son las principales sensaciones que te atraviesan en los combates?

-Paso por etapas. Dos semanas antes del combate me cuestiono si el entrenamiento ha sido suficiente, si trabaje las técnicas necesarias... Es la peor etapa y estoy trabajando justamente la parte psicológica para no meterme dudas yo sola. La última semana antes de una pelea siento alivio, porque cambiamos el entrenamiento (más intenso pero menos horas) y generalmente me he sacado las dudas de encima. No tengo problemas de peso así que no es un gran obstáculo pero siempre es un gran alivio volver a comer carbohidratos y sentís aun más energía y ganas de pelear. Los peores nervios los siento en vestuario antes de la pelea. Por eso hago un calentamiento relativamente duro, eso te quita los nervios. Cuando entro en la jaula desaparece todo. Es como si los sentimientos se esfumaran y solo pienso en lo que tengo que hacer para ganar.

-¿Cuáles dirías que han sido los principales obstáculos para tu carrera?

-La economía. Cuando empiezas tu carrera profesional tienes que construirte una vida que te permita entrenar como quieras. Y el desafío más importante: yo misma. Soy demasiado autocrítica lo cual resulta en una progresión menos rápida. Aprendo con velocidad pero podría avanzar aún más rápido con una mente más positiva, Eso lo estoy trabajando también.

-¿De dónde es tu familia en Uruguay?

-Somos de Montevideo. Mi primer casa fue en el Prado en lo de mis abuelos maternos. Cuando volvía de visita, alternaba entre la casa en el Prado y la casa de mis abuelos paternos en la Ciudad Vieja. Cuando empezó la crisis del 2002, mis abuelos maternos se fueron a vivir a España y mi hogar en Uruguay terminó siendo la calle Maciel. Desde pequeña siempre he adorado el barrio, con sus buenas y malas.

-¿Cómo es tu día a día en Francia?

-La mayor parte de mi tiempo entreno o me dedico a lo que tiene que ver sin mi carrera deportiva (estudiando técnica en YouTube, cocino sano, hasta las siestas entran en esta categoría). También trabajo como entrenadora y doy clases en un club y a domicilio. De vez en cuando hago trabajos de modelo, sobre todo publicidad que tiene que ver con deporte.

-¿Qué es lo más positivo de vivir en Europa? ¿Y lo más desventajoso?

-Lo mejor es el acceso a otras culturas y la educación. Aprendemos inglés desde muy pequeños y luego en el liceo podemos aprender aún más idiomas. Eso ha facilitado mucho mi vida. Me ha dado oportunidades de trabajo. La oscuridad en el mes de diciembre en Suecia es, sin duda, lo peor. Estoy muy agradecida que mis padres me mandaron à Uruguay casi todos los años, así por lo menos esquivaba un mes de depresión.

-¿Qué es lo que más extrañás Uruguay?

-Las emociones que me provoca estar ahí. Soy muy sensible a cosas que para un uruguayo que vive en el país deben ser totalmente banales. Los olores me dan una sensación de estar en casa. Las comidas: el dulce de leche, chivitos, milanesas, las pizzas... (puedo seguir una hora) no dejan de ser lo más rico, y eso que aquí, en mi casa, solo como comida vegana. Pero sobre todo es la manera de relacionarse, tener una conversación breve con un vecino o alguien que está sentado al lado en el bus. Hasta el relacionamiento con la familia es diferente. Por ejemplo tomarse el tiempo de ir a ver los abuelos una vez por semana. En Suecia y en Francia, no son cosas obvias.

-¿En qué crees que eres más uruguaya?

-En eso, en el sentido de la familia. A la distancia trato estar ahí por mis padres, mis hermanos, mis abuelos. Es importante para mí que sepan que pueden contar conmigo. Y bueno, siendo luchadora, no puedo no decir otra cosa que “¡la garra charrúa”! Me ha llevado a la victoria en muchas peleas que en teoría no debería haber ganado. Es algo que sale de adentro y que es difícil de explicar.

-¿Mantienes algún tipo de “tradición” uruguaya?

-Tengo mi mate, tengo mi yerba pero no tengo la compañía. Siempre me ha gustado tomar mate con alguien, pero no conozco ningún francés que haya probado y le haya gustado… Es muy amargo para el paladar francés y no lleva manteca ni azúcar (risas).

-¿Qué familiares conservas en Uruguay?

-Ahora está mi abuelo y todos los tíos/primos de la parte de mi mamá. Mis abuelos maternos se fueron a vivir a España durante la crisis. He sido muy afortunada porque desde pequeña he viajado con o sin mis padres casi una vez por año. Mis padres me tuvieron muy jóvenes (17 y 19 años), lo que los hizo emigrar a Europa en 1991 en busca de mejores horizontes económicos. Conocí a todos mis bisabuelos y obviamente mis abuelos siempre han sido muy presentes y formado una gran parte de mi vida, mi educación y el lazo con Uruguay. Cuando falleció mi abuela hace 4 años fue muy difícil para mí porque ella siempre ha formado una gran parte de lo que es “mi casa” en Uruguay. No he vuelto desde entonces.

-¿Pensás en regresar en algún momento? Quizás a pelear...

-Me encantaría pelear en Uruguay. Cuando vi que se estaban organizado peleas de MMA en Punta del Este con Gastón Reyno en el papel principal, vi una oportunidad para crear otro vínculo que fuera mío y que me dé una excusa para poder regresar más seguido. Contacté la organización del evento y a algunos entrenadores en Uruguay pero no ha salido nada desde entonces. Para mí seria ideal pelear y hacer campos de entrenamiento en Uruguay o en las cercanías. Por el momento estoy bien profesionalmente en Europa. Teniendo el vínculo con Suecia y viviendo en un país grande como Francia se dan muchas oportunidades de peleas. Más allá de eso, con mi manager nos gustaría explorar las oportunidades en Sudamérica. Veremos que se da en el futuro. ¡Ojalá! Sería un sueño cumplido.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)